Las múltiples campañas en el mundo en contra del uso de drogas podrán tener cierto éxito, pero no entre una población en particular: los animales.
A lo largo de todo el planeta, existen animales sin escrúpulos sobre la intoxicación con variedad de sustancias y sin distinción de especie o tamaño. Desde las mosquitas de fruta hasta grandes depredadores, estos son los junkies de la naturaleza:
El Jaguar y su gatina
Los Jaguares de la selva Americana son aficionados de la planta Banisteriopsis caapi, debido a su contenido de químicos psicoactivos. Sus efectos son similares a los que experimenta un gatito casero cuando expuesto a la hierba conocida como “cat nip.”
El Journal of Psychoactive Drugs publicó una investigación al respecto, en la que se incluye la interpretación del efecto por parte de la tribu Piaroa, de Venezuela. La antigua cultura del Orinoco, cree que la droga incrementa las capacidades sensoriales y habilidad para cazar del felino, por lo que intentan replicarla con su propio consumo.
Otras culturas usan las lianas para distintos rituales. Los chamanes a lo largo de Sudamérica crean mezclas alucinógenas con ella para crear la conocida como ayahuasca o yage.
El lado oscuro del Wallaby
Los adorables marsupiales de Tasmania tienen particular afición por la heroína. O bueno, por la planta que origina a la droga química que volvió locos a Renton, Spud, Sick Boy y su pandilla.
Parecido al efecto de Trainspotting, los wallabies se cruzan a los campos de amapola, empiezan a dar vueltas en círculo y luego se desploman sin remedio.
El pasatiempo de los animales es un problema para la industria farmacéutica local, aunado a otra especie que también es aficionada de la planta. Existen reportes de ovejas que invaden los campos y se dan su buena dosis de opio.
Volando como un caballo
Aunque “caballo” es un término utilizado para referirse a la heroína, los equinos le dejan el opio a otras especies. Ellos prefieren plantas ricas en swainsonina, endémicas del oeste de norte américa.
La swainsonina es un alcaloide que provoca, con el tiempo, comportamiento errático y pérdida de peso. El departamento de agricultura de Estados Unidos condujo un estudio para comprender el origen de su ingesta y descubrió que la preferencia inicial por ella podría deberse a que esta se mantiene verde durante más tiempo. Sin embargo, al cabo de cinco semanas de alimentarse de ellas, los caballos perdieron energía, peso y mostraron un comportamiento fuera de la común.
Pero los caballos no son los únicos que se enganchan con la hierba. Borregos, ciervos salvajes y alces la consumen y muestran los mismos síntomas. El envenenamiento por la planta se conoce como “locoísmo” y puede provocar problemas reproductivos y paros cardiacos.
Elefante ácido
Un experimento mal conducido llevó a un elefante a la muerte por intoxicación de LSD. En 1962 un elefante del zoológico de Oklahoma, recibió 300 mg de LSD. Los investigadores esperaban inducir una reacción agresiva propia de la especie, en la que se incrementan las hormonas reproductivas. En cambio, el animal empezó a barritar y correr alrededor. Al cabo de cinco minutos se colapsó y defecó encima.
Para contrarrestar al LSD, le inyectaron 2, 800 mg de promacina clorhidrato, que resultó una dosis demasiado alta y terminó por matar al elefante. Una carta enviada en respuesta a la publicación del artículo en la revista Science, indicó que ambas dosis fueron demasiado altas. La correcta hubieran sido 80 mg de LSD, no 300.
Tiempo después un grupo distinto de investigadores demostraron que los elefantes sobreviven al LSD, pero que su comportamiento mientras están bajo el efecto no replica la reacción agresiva que esperaban los investigadores en 1962.
Moscas borrachas
Dicen los que saben de mezcal y otros licores, que para saber qué trago tiene un nivel de alcohol más alto, confíes en las mosquitas de la fruta. Tienen razón, pero pocos saben los motivos.
Las mosquitas macho que son rechazados por las hembras durante la fecundación, ahogan sus penas amorosas en alcohol, de acuerdo a la publicación científica Science.
Para comprobarlo se colocó a moscas macho con hembras que ya se habían apareado y que por ende, no tenían interés alguno en intercambios sexuales. Los frustrados mosquitos fueron provistos entonces con una mezcla de agua azucarada y 15% de alcohol y otra con agua azucarada sola. El 70% del tiempo los machos eligieron la mezcla con alcohol, comparados con sus compañeros satisfechos sexualmente, que la eligieron sólo el 50% de las veces.
Sin embargo, el consuelo de los mosquitos podría resultar en un efecto contraproducente. Un neurobiólogo de la Universidad Estatal de Pennsylvania descubrió que la exposición repetida al alcohol le provoca a las moscas macho un frenesí sexual. Los insectos borrachos estaban tan excitados que dejó de importarles el género de la mosca a la que la hacían la corte. Los machos se perseguían entre sí, con sus alas vibrando a un tono distinto del que se utiliza durante el cortejo. Incluso los que tuvieron la suerte de copular con una hembra tuvieron rangos de éxito sumamente bajo, proporcional a sus altos niveles de ingesta de alcohol.
Las hembras, por su parte, no sienten los efectos alcohol. Ante la exposición, mostraron muy pocos cambios de comportamiento, posiblemente porque no requieren hacer gran cosa para cortejar a los machos.
Periquitos desinhibidos
El lori de cuello rojo es un perico de colores brillantes que se pone peligrosamente ebrio una vez al año: se tambalea por las calles, se cae de los árboles y se vuelve más amigable que nunca. Oriundo del territorio norte de Australia, el pájaro empieza la fiesta en junio o agosto y concluye en octubre o noviembre.
Los pericos pierden el miedo a las personas a medida que se tambalean, pero los veterinarios locales como Stephen Cutter del Hospital para Animales Ark, opina quelos motivos podrían no ser nada divertidos, sino tratarse de una enfermedad mortal.
A diferencia de las personas, las aves no pueden dormirse y deshacerse de los efectos del alcohol. Los síntomas duran varios días y están acompañados de problemas respiratorios y mucosidad despedida desde el pico, los orificios respiratorios y lo ojos. Cutter sospecha que no se trata de alcohol, sino de un peligroso virus.