Kirchner acorrala a la prensa.
Su objetivo: estrangularla financieramente.
Su objetivo: estrangularla financieramente.

Los periódicos locales, la mayoría críticos con el Gobierno, no pueden tener publicidad de los supermercados. Una fuente de ingresos menos.
La presidenta de Argentina, Cristina Fernández de Kirchner, en un nuevo intento de acallar a sus enemigos ha puesto en marcha toda una maquinaria de destrucción de la prensa del país. Con el objetivo de acabar con ellos financieramente, éstos ya no pueden contar con publicidades de supermercados y tiendas de electrodomésticos.
La norma no escrita y bajo la falsa escusa de controlar la inflación, la Casa Rosada no permite a los diarios de la capital federal, no a los del interior del país que son más afines al Ejecutivo, publicar ningún tipo de promoción de los supermercados. Es en la capital donde están los medios más críticos, como Clarín, La Nación y Perfil. El 'cepo' publicitario se produce en un momento en el que Cristina Fernández no ha podido imponer con efectividad la Ley de Medios, a la espera de decisiones judiciales. Con dicha ley, y el posible desmantelamiento del Grupo Clarín, el Gobierno pretende mermar los intereses económicos del que considera su principal enemigo.

Los grandes medios, como Clarín y La Nación, ya no cuentan con anuncios institucionales, pero sobreviven gracias a la publicidad de las empresas privadas y entre otras a las de los supermercados, sobre todo a las que salen los fines de semana.
Congelación de precios
La subsecretaria de Defensa del Consumidor, María Lucila Colombo, intentó justificar el asunto diciendo que la promoción principal para los supermercados era el congelamiento de precios. Y es que esta medida caciquista llega después de un acuerdo político de congelar durante 60 días los precios de los alimentos. Hace unos días, el Gobierno acordó con las grandes cadenas de supermercados y de electrodomésticos, incluso pequeñas tiendas de chinos, congelar los precios.
Ante este hecho, Colombo explicó que no había necesidad de hacer promociones. "Va a ser más aburrido que chupar un clavo", espetó.
La congelación de los precios para frenar la inflación se ha intentado en varias ocasiones en la historia de Argentina y sin ningún éxito. La caída de poder adquisitivo de los ciudadanos se ha visto perjudicada desde el Gobierno de Perón hasta el de Alfonsín. Entre febrero de 1967 y noviembre de 1989 transcurrieron 24 ministros de Economía y 274 meses. Según un informe de la consultora Fiel, sólo en el 10% de ese tiempo hubo libertad de precios ya que en ese trance estaban controlados por la autoridad pública. Sin embargo, la inflación fue devastadora en todo el período y en sólo uno, de esos 23 años, fue menor al 10%.
El propio Néstor Kirchner, a mediados de 2005, había implementado duros controles después de criticar duramente a los supermercados. No obstante, la primera vez que un Gobierno argentino realizó una congelación de precios se remonta a 1973 con la presidencia de Juan Domingo Perón.
La hiperinflación se desató en julio de 1989. El 8 de ese mismo año, Carlos Menem asumió la presidencia y su ministro Néstor Rapanelli anunció que se congelaban durante 90 días los precios de 300 empresas líderes. Asimismo, se publicaba una lista orientativa de precios máximos de 30 productos.
En la actualidad, los precios al consumidor se incrementaron durante 2012 hasta el 10,8%, mientras que los consultores privados cifran el aumento en el 25,6%. Recientemente, el Fondo Monetario Internacional (FMI) emitió una declaración de censura contra la manipulación de las estadísticas en Argentina, especialmente los índices de inflación.