¿Y si Hugo Chávez se muere?
Mientras que el presidente de Venezuela, enfermo de muerte, se preocupa de sus planes de sucesión –o ausencia de los mismos- ¿qué harán después de su inminente desaparición los 1,2 millones de venezolanos que viven en el extranjero?
Desde que llegó al poder por primera vez en el 1999, el presidente venezolano Hugo Chávez ha aplazado más y más el fin de su mandato. Primero, redactó una nueva constitución que aumentó los períodos presidenciales de cinco a siete años con la posibilidad de relección inmediata.
En aquella época, anunció que se iría en el 2014 y entonces, en lo que fue una patente y descarada apropiación de poder, enmendó la constitución de modo que permitiera relecciones indefinidas. ¿Su nueva fecha de partida? El 2021. Pero quizás deba invertir las últimas dos cifras. La salud del Sr. Chávez está de nuevo en duda.
Está claro que el Sr. Chávez quiso perpetuar indefinidamente su estancia en el poder, y es posible que lo haya logrado. El problema es que en su caso “indefinidamente” puede que termine mucho antes de lo que él esperaba. A menudo he dudado de la veracidad de las declaraciones sobre las dolencias de Chávez y me he preguntado si todo era una estratagema para conmover a una base que se encogía, pero la abrumadora cantidad de información nos indica –contundentemente- otra cosa.
Este mes, el presidente venezolano pronunció un corto (para él) discurso televisado en que anunció que el cáncer le había vuelto y que planeaba volver a Cuba para otra operación y tratamiento adicional. El periódico español ABC informó en su edición digital que el Sr. Chávez había pasado por unos episodios muy difíciles y que la quimioterapia ya no era una opción. También informó que un equipo médico voló de Rusia a Cuba para proporcionarle al Sr Chávez la mejor atención para desahuciados que el erario venezolano puede pagar.
En su discurso al pueblo venezolano, el Sr. Chávez dijo que si quedara momentáneamente incapacitado, el vicepresidente Nicolás Maduro tomaría su puesto y “llevaría adelante el proceso revolucionario”, signifique eso lo que signifique. Maduro, el octavo y último de los vicepresidentes de Chávez, es un taciturno exconductor de autobús cuyo anterior desempeño como secretario de relaciones exteriores se pudiera describir, generosamente, como deslucido. Es curioso que Chávez haya sentido la necesidad de hacer tal pronunciamiento públicamente, ya que en su artículo 23 la Constitución venezolana define el proceso.
Es posible que en sus últimos días Chávez se dé cuenta de algo que hace rato nos es evidente a los demás: que la muerte de Chávez será también la muerte de su revolución. Hay demasiados “hombres fuertes” acechando entre bastidores, listos para sustituir al moribundo presidente, y lo más probable es que se anulen mutuamente. Por cierto, Maduro no es uno de ellos.
Mientras tanto, algunos de los 1,2 millones de venezolanos que viven en el exterior se preguntan qué hacer una vez que Chávez no sea más que un recuerdo. ¿Volverían? ¿Se quedarían en su nuevo país construyendo nuevas vidas?
Si usted es venezolano, nos gustaría leer su opinión y saber qué piensa hacer y por qué.
Fuente