Tue, Dec 8, 2009
Los lunes arrancan ásperos en Saraza S.A.: la reunión del Departamento Comercial deja en evidencia la puja viril que hay entre los vendedores.
Digo viril, porque la venta en Saraza S.A. es llevada a cabo por el género masculino. La única excepción histórica es Lidia, una cuarentona que usa minifaldas -más mini que falda-, escucha los ramones y habla en un tono de voz dulce y pausado: usa el mismo tono para decirte buen día que para mandarte a la mierda.
Lo mejor es tenerla de amiga. Es estratega, bicha y rápida. Te puede desear la muerte con una sonrisa y una palmada en la espalda.
Definitivamene, si el mundo estuviera dominado por una junta directiva, Lidia formaría parte de ella (junto a Ronald McDonlad y Bill Gates).
Maneja un Volkswagen Beetle (no Fusca) verde.
Después está Facundo, que es de esas personas que no dicen absolutamente NADA. Es ìnsipido. No debe tener ni 30 años y ya perfila como el pobre tipo que cena acompañado de la laptop y el blackberry. Maneja un Chevrolet Corsa, gris plata.
Por otra parte está Ricardo, el gerente de equipos, que sería lo que debería convertirse inevitablemente Facundo en 20 años: un tipo calvo, panzón, triste, solitario, divorciado, que efectivamente cena en compañía de su laptop y su blackberry. Maneja un Toyota Corolla, gris plateado.
Finalmente está Gonzalo González, líder de soporte técnico. Un sub-25 que usa ortodoncia y gana tres veces más que yo. Es un pelotudo importante, que se define como un sex symbol insaciable. O como un bebedor empedernido. O como un ejemplo de descontrol y ebriedad. O como un adonis (con ortodoncia). Identikit: reloj pulsera desmedidamente grande; pantalón blanco; leñadores sin medias. Maneja un Peugeot 206 negro, generalmente con Coldplay de fondo.