Francisco ante desafío de probar al mundo que un Papa cómplice de dictadura argentina puede ser tan retrógrado como un ex miembro de juventudes hitlerianas
Pares. Ahora un ex juventud hitleriana y un ex cómplice de la dictadura argentina lo podrían ser.
Los retos que enfrenta el sucesor de Benedicto XVI al frente de la casa mayor de la comunidad católica apostólica romana no son pocos. Desde luego, ninguno tiene que ver con siquiera maquillar el carácter ultraconservador y reaccionario de la Iglesia condenando y enviando a la justicia civil a los curas pedófilos o impulsando una ley de aborto legal, seguro y gratuito en todo el mundo, y mucho menos tiene relación alguna con la distribución equitativa de las descomunales riquezas que posee la Iglesia en todo el mundo o con la renuncia a subsidios millonarios por parte de los distintos Estados. En verdad, los desafíos más grandes tienen estricta relación con la necesidad de demostrarle al mundo que por más sudamericano y compatriota de Maradona (por Diego) y el Che (por Guevara) que sea, un Papa argentino cómplice de la dictadura puede ser tan retrógrado fascista como un ex miembro de las juventudes hitlerianas. “No va a ser fácil, Joseph (por Ratzinguer) puso la vara muy alta con sus leves llamados de atención a los curas pedófilos, sus escandaletes con las finanzas del Vaticano, sus secretos revelados por un íntimo de la Santa Sede, su rotunda negativa al aborto y demás cositas”, desconfía un monaguillo muy amigo de Jorge (por Bergoglio). Pero, al mismo tiempo, apuesto y torneado joven tiene fe en que Francisco lo logrará porque “como buen amigote de Jorge Rafael Videla (presidente de facto durante los cuatro primeros años de la última dictadura), algo va a inventar”. “Los argentinos podemos ser tan reaccionarios como un polaco fascista, como un alemán nazi, e inclusive podemos serlo más. Llegó la hora de demostrarlo”, se entusiasma inexplicablemente el delicado asistente. Y él sí que sabe cuándo entusiasmarse.