

Carlos Gardel
Biografía
Biografía
El Zorzal Criollo
El Morocho del Abasto
El Jilguero de Balvanera
Carlos Gardel nació un 11 de diciembre y ya de joven se convirtió en cantor habitual de reuniones y cafés. Con casi 21 años, conoció a José Razzano, apodado "El Oriental" por ser uruguayo, con quien formó un dúo de canciones criollas. Al binomio se lo conoció como "El Morocho y el Oriental". En 1912 grabó quince canciones para el sello Columbia Records (luego CBS y, más tarde, Variety), acompañándose él mismo con su guitarra. El primero de los temas, "Sos mi tirador plateao", lo volvería a grabar más tarde con el título de "El tirador plateado". El repertorio aún se componía de canciones criollas. En 1917 fue el primer cantor oficial de tangos, al estrenar el tango-canción "Mi noche triste" (de Samuel Castriota y Pascual Contursi), ya que, hasta entonces, el tango era sólo música sin letra. Ese mismo año filmó y estrenó su primera película, "Flor de durazno", e inició su etapa discográfica junto a José Razzano con el sello Disco Nacional (luego Odeón, hoy EMI) y el tema de Ángel Villoldo, "Cantar eterno". En los años '20 llevó el tango por Europa, haciéndolo conocer en España y Francia. En 1925 se separó amistosamente de "El Oriental", José Razzano. Desde su regreso a Argentina en 1926 se dedicó casi exclusivamente a la fonografía. En los años '30 ya era una figura célebre en Argentina, Uruguay y en varios países europeos, motivo por el cual la empresa cinematográfica Paramount Pictures Corporation lo convocó para protagonizar cuatro películas, rodadas en Joinville, Francia. Entre 1934 y 1935 conquistó el mercado de Estados Unidos, donde grabó discos, cantó en radio y filmó películas muy exitosas que extendieron su fama a toda América, todas ellas dentro del género musical y destinadas a su lucimiento como cantante. Luego llegó la gira por Centroamérica en 1935: Puerto Rico, Venezuela, Aruba, Curaçao y Colombia (donde murió).
La leyenda
El lunes 24 de junio de 1935 el avión en el que viajaba cayó cerca de Medellín (Colombia) y terminó con su vida en el esplendor de su fama. Fue enterrado en el cementerio porteño de la Chacarita. Su tumba es visitada por admiradores de todo el mundo. La calidad de su voz y su muerte prematura ayudaron a convertirlo en un mito popular. Pero Gardel se ha convertido en una figura indiscutible de la que no es necesario reseñas ni alabanzas. Todo aquel que oyó hablar de tango, lo encontró pegado al nombre de Carlos Gardel.


Amores de estudiante
Música: Carlos Gardel
Letra: Alfredo Le Pera
Hoy un juramento,
mañana una traición
amores de estudiante
flores de un día son.
En unos labios ardientes
dejar una promesa
apasionadamente;>
quiero calmar los enojos
de aquellos claros ojos
siempre mintiendo amor.
Por un mirar que ruega
perder la quietud;
mujercitas sonrientes
que juran virtud.
Es una boca loca
la que hoy me provoca;
hay un collar de amores
en mi juventud.
Fantasmas del pasado,
perfume de ayer
que evocaré doliente
plateando mi sien.
Bandadas de recuerdo
de un tiempo querido,
lejano y florido,
que no olvidaré.
Hoy un juramento,
mañana una traición;
amores de estudiante
flores de un día son.
Música: Carlos Gardel
Letra: Alfredo Le Pera
Hoy un juramento,
mañana una traición
amores de estudiante
flores de un día son.
En unos labios ardientes
dejar una promesa
apasionadamente;>
quiero calmar los enojos
de aquellos claros ojos
siempre mintiendo amor.
Por un mirar que ruega
perder la quietud;
mujercitas sonrientes
que juran virtud.
Es una boca loca
la que hoy me provoca;
hay un collar de amores
en mi juventud.
Fantasmas del pasado,
perfume de ayer
que evocaré doliente
plateando mi sien.
Bandadas de recuerdo
de un tiempo querido,
lejano y florido,
que no olvidaré.
Hoy un juramento,
mañana una traición;
amores de estudiante
flores de un día son.
Cuesta abajo
Letra: Alfredo Le Pera
Música: Carlos Gardel
Si arrastré por este mundo
la vergüenza de haber sido
y el dolor de ya no ser,
bajo el ala del sombrero
cuántas veces embozada
una lagrima asomada
yo no pude contener.
Si crucé por los caminos
como un paria que el destino
se empeñó en deshacer;
si fui flojo, si fui ciego,
sólo quiero que comprendan
el valor que representa
el coraje de querer.
Era para mí la vida entera,
como un sol de primavera,
mi esperanza y mi pasión.
Sabía que en el mundo no cabía
toda la humilde alegría
de mi pobre corazón.
Ahora, cuesta abajo en mi rodada,
las ilusiones pasadas
ya no las puedo arrancar.
Sueño con el pasado que añoro,
el tiempo viejo que lloro
y que nunca volverá...
Por seguir tras de sus huellas
yo bebí incansablemente
en mi copa de dolor;
pero nadie comprendía
que si todo yo lo daba,
en cada vuelta dejaba
pedazos de corazón...
Ahora, triste en la pendiente,
solitario y ya vencido,
yo me quiero confesar;
si aquella boca mentía
el amor que me ofrecía
por aquellos ojos brujos
yo habría dado siempre más...
Letra: Alfredo Le Pera
Música: Carlos Gardel
Si arrastré por este mundo
la vergüenza de haber sido
y el dolor de ya no ser,
bajo el ala del sombrero
cuántas veces embozada
una lagrima asomada
yo no pude contener.
Si crucé por los caminos
como un paria que el destino
se empeñó en deshacer;
si fui flojo, si fui ciego,
sólo quiero que comprendan
el valor que representa
el coraje de querer.
Era para mí la vida entera,
como un sol de primavera,
mi esperanza y mi pasión.
Sabía que en el mundo no cabía
toda la humilde alegría
de mi pobre corazón.
Ahora, cuesta abajo en mi rodada,
las ilusiones pasadas
ya no las puedo arrancar.
Sueño con el pasado que añoro,
el tiempo viejo que lloro
y que nunca volverá...
Por seguir tras de sus huellas
yo bebí incansablemente
en mi copa de dolor;
pero nadie comprendía
que si todo yo lo daba,
en cada vuelta dejaba
pedazos de corazón...
Ahora, triste en la pendiente,
solitario y ya vencido,
yo me quiero confesar;
si aquella boca mentía
el amor que me ofrecía
por aquellos ojos brujos
yo habría dado siempre más...
Desdén
Música: Carlos Gardel
Letra: Mario Batistella
El día que comparezca
ante el tribunal de Dios
a dar cuenta de mi vida
que me complicaste vos....
El día que francamente
tenga yo que declarar
la verdad pura y palpable
que a Dios no puede escapar.
Y le diga que he faltado
a su ley de mala fe
al hacer de vos mi culto
¡al amarte más que a él!
Que robé por tu cariño
que maté ciego de amor,
pueda ser que dios piadoso
quiera darme su perdón.
Desdeñe mi vida entera
en la hoguera de tu amor
esperando lo que fuera...
sin decirte ni siquiera
que es mi pena y mi dolor.
Sin embargo, ante el eterno
será el mismo mi desden
y en mi amor profundo y tierno
por seguirte hasta el infierno
yo despreciaré el edén.
Pero el día de tu juicio
yo no sé qué le dirás,
cuando sepan que has pecado
por capricho y vanidad.
Cuando sientas la mirada
penetrante del señor
que te llegará hasta el alma
como un rayo escrutador.
Y te acuse tu conciencia
al mirar aquel puñal
que vos misma, tan cobarde,
le entregaste a mi rival.
Que, no contenta con eso,
me mandaste a la prisión...
por más que vos te arrepientas
no podrás tener perdón.
Música: Carlos Gardel
Letra: Mario Batistella
El día que comparezca
ante el tribunal de Dios
a dar cuenta de mi vida
que me complicaste vos....
El día que francamente
tenga yo que declarar
la verdad pura y palpable
que a Dios no puede escapar.
Y le diga que he faltado
a su ley de mala fe
al hacer de vos mi culto
¡al amarte más que a él!
Que robé por tu cariño
que maté ciego de amor,
pueda ser que dios piadoso
quiera darme su perdón.
Desdeñe mi vida entera
en la hoguera de tu amor
esperando lo que fuera...
sin decirte ni siquiera
que es mi pena y mi dolor.
Sin embargo, ante el eterno
será el mismo mi desden
y en mi amor profundo y tierno
por seguirte hasta el infierno
yo despreciaré el edén.
Pero el día de tu juicio
yo no sé qué le dirás,
cuando sepan que has pecado
por capricho y vanidad.
Cuando sientas la mirada
penetrante del señor
que te llegará hasta el alma
como un rayo escrutador.
Y te acuse tu conciencia
al mirar aquel puñal
que vos misma, tan cobarde,
le entregaste a mi rival.
Que, no contenta con eso,
me mandaste a la prisión...
por más que vos te arrepientas
no podrás tener perdón.
El día que me quieras
Acaricia mi ensueño
el suave murmullo
de tu suspirar.
Cómo ríe la vida
si tus ojos negros
me quieren mirar.
Y si es mío el amparo
de tu risa leve
que es como un cantar,
ella aquieta mi herida,
todo todo se olvida.
El día que me quieras
la rosa que engalana
se vestirá de fiesta
con su mejor color.
Y al viento las campanas
dirán que ya eres mía,
y locas las fontanas
se contarán su amor.
La noche que me quieras
desde el azul del cielo,
las estrellas celosas
nos mirarán pasar.
Y un rayo misterioso
hará nido en tu pelo,
luciérnaga curiosa que verás
que eres mi consuelo.
El día que me quieras
no habrá más que armonía.
Será clara la aurora
y alegre el manantial.
Traerá quieta la brisa
rumor de melodía.
Y nos darán las fuentes
su canto de cristal.
El día que me quieras
endulzarán sus cuerdas
el pájaro cantor.
Florecerá la vida,
no existirá el dolor.
La noche que me quieras
desde el azul del cielo,
las estrellas celosas
nos mirarán pasar.
Y un rayo misterioso
hará nido en tu pelo.
Luciérnaga curiosa que verás
que eres mi consuelo.
Música: Carlos Gardel
Letra: Alfredo Le Pera
Letra: Alfredo Le Pera
Acaricia mi ensueño
el suave murmullo
de tu suspirar.
Cómo ríe la vida
si tus ojos negros
me quieren mirar.
Y si es mío el amparo
de tu risa leve
que es como un cantar,
ella aquieta mi herida,
todo todo se olvida.
El día que me quieras
la rosa que engalana
se vestirá de fiesta
con su mejor color.
Y al viento las campanas
dirán que ya eres mía,
y locas las fontanas
se contarán su amor.
La noche que me quieras
desde el azul del cielo,
las estrellas celosas
nos mirarán pasar.
Y un rayo misterioso
hará nido en tu pelo,
luciérnaga curiosa que verás
que eres mi consuelo.
El día que me quieras
no habrá más que armonía.
Será clara la aurora
y alegre el manantial.
Traerá quieta la brisa
rumor de melodía.
Y nos darán las fuentes
su canto de cristal.
El día que me quieras
endulzarán sus cuerdas
el pájaro cantor.
Florecerá la vida,
no existirá el dolor.
La noche que me quieras
desde el azul del cielo,
las estrellas celosas
nos mirarán pasar.
Y un rayo misterioso
hará nido en tu pelo.
Luciérnaga curiosa que verás
que eres mi consuelo.
Estudiante
Música: Carlos Gardel
Letra: M. Batistela y A. Le Pera
Muchachita de mi barrio,
de la cita callejera
que ya nunca volverá.
Melancolía
del recordar.
Era en la calle maleva una flor,
linda como mañanita de sol
y yo un estudiante
soñador y amante,
que aquel romance
terminaría.
Ahora que anochese en mi corazón
vuelve el perfume de aquella ilusión;
sueño con la luz de un claro mirar,
alma a quien lloro al nombrar.
En los años de mi infancia
fue el sueño más hermoso
que mi mente ambicionó,
como a una diosa
la amaba yo.
Música: Carlos Gardel
Letra: M. Batistela y A. Le Pera
Muchachita de mi barrio,
de la cita callejera
que ya nunca volverá.
Melancolía
del recordar.
Era en la calle maleva una flor,
linda como mañanita de sol
y yo un estudiante
soñador y amante,
que aquel romance
terminaría.
Ahora que anochese en mi corazón
vuelve el perfume de aquella ilusión;
sueño con la luz de un claro mirar,
alma a quien lloro al nombrar.
En los años de mi infancia
fue el sueño más hermoso
que mi mente ambicionó,
como a una diosa
la amaba yo.
Guitarra, guitarra mía
Música: Carlos Gardel
Letra: Alfredo Le Pera
Guitarra, guitarra mía,
por los caminos del viento
vuelan en tus armonías
coraje, amor y lamento.
Lanzas criollas de antaño
a tu conjuro pelearon;
mi china, oyendo tu canto,
sus hondas pupilas
de pena lloraron...
Guitarra, guitarra criolla,
¡dile que es mío ese llanto!
Azules noches pamperas
donde calme sus enojos,
hay dos estrellas que mueren
cuando se duermen sus ojos.
Guitarra de mis amores
con tu penacho sonoro
vas remolcando mis ansias
por rutas marchitas
que empolvan dolores.
Guitarra, noble y florida,
¡calla si ella me olvida!
Midiendo eternas distancias
hoy brotan de tu encordado
sones que tienen fragancias
de un tiempo gaucho olvidado.
Cuando se eleva tu canto
cómo se aclara la vida,
a veces tienen tus cuerdas
caricias de dulces
trenzas renegridas.
Como ave azul sin amarras
así es mi criolla guitarra.
Música: Carlos Gardel
Letra: Alfredo Le Pera
Guitarra, guitarra mía,
por los caminos del viento
vuelan en tus armonías
coraje, amor y lamento.
Lanzas criollas de antaño
a tu conjuro pelearon;
mi china, oyendo tu canto,
sus hondas pupilas
de pena lloraron...
Guitarra, guitarra criolla,
¡dile que es mío ese llanto!
Azules noches pamperas
donde calme sus enojos,
hay dos estrellas que mueren
cuando se duermen sus ojos.
Guitarra de mis amores
con tu penacho sonoro
vas remolcando mis ansias
por rutas marchitas
que empolvan dolores.
Guitarra, noble y florida,
¡calla si ella me olvida!
Midiendo eternas distancias
hoy brotan de tu encordado
sones que tienen fragancias
de un tiempo gaucho olvidado.
Cuando se eleva tu canto
cómo se aclara la vida,
a veces tienen tus cuerdas
caricias de dulces
trenzas renegridas.
Como ave azul sin amarras
así es mi criolla guitarra.
Golondrinas
Letra: Alfredo Le Pera
Música: Carlos Gardel
Golondrinas de un solo verano
con ansias constantes de cielos lejanos...
Alma criolla, errante y viajera,
querer detenerla es una quimera...
Golondrinas con fiebre en las alas,
peregrinas borrachas de emoción...
Siempre sueña con otros caminos
la brújula loca de tu corazón...
Criollita de mi pueblo,
pebeta de mi barrio,
la golondrina un día
su vuelo detendrá;
no habrá nube en sus ojos
de vagas lejanías
y en tus brazos amantes
su nido construirá.
Su anhelo de distancias
se aquietará en tu boca
con la dulce fragancia
de tu viejo querer...
Criollita de mi pueblo,
pebeta de mi barrio,
con las alas plegadas
también yo he de volver.
En tus rutas que cruzan los mares,
florece una estela azul de cantares
y al conjuro de nuevos paisajes
suena intensamente tu claro cordaje.
Con tu dulce sembrar de armonías
tierras lejanas te vieron pasar;
otras lunas siguieron tus huellas,
tu solo destino es siempre volar.
Letra: Alfredo Le Pera
Música: Carlos Gardel
Golondrinas de un solo verano
con ansias constantes de cielos lejanos...
Alma criolla, errante y viajera,
querer detenerla es una quimera...
Golondrinas con fiebre en las alas,
peregrinas borrachas de emoción...
Siempre sueña con otros caminos
la brújula loca de tu corazón...
Criollita de mi pueblo,
pebeta de mi barrio,
la golondrina un día
su vuelo detendrá;
no habrá nube en sus ojos
de vagas lejanías
y en tus brazos amantes
su nido construirá.
Su anhelo de distancias
se aquietará en tu boca
con la dulce fragancia
de tu viejo querer...
Criollita de mi pueblo,
pebeta de mi barrio,
con las alas plegadas
también yo he de volver.
En tus rutas que cruzan los mares,
florece una estela azul de cantares
y al conjuro de nuevos paisajes
suena intensamente tu claro cordaje.
Con tu dulce sembrar de armonías
tierras lejanas te vieron pasar;
otras lunas siguieron tus huellas,
tu solo destino es siempre volar.
La canción de Buenos Aires
Letra: Manuel Romero
Música: Azucena Maizani y Oreste Cúfaro
Buenos Aires, cuando lejos me vi
sólo hallaba consuelo
en las notas de un tango dulzón
que lloraba el bandoneón.
Buenos Aires, suspirando por ti
bajo el sol de otro cielo,
cuanto lloro mi corazón
escuchando tu nostálgica canción.
Canción maleva, canción de Buenos Aires,
hay algo en tus entrañas que vive y que perdura.
Canción maleva, lamento de amargura,
sonrisa de esperanza, sollozo de pasión.
Ése es el tango canción de Buenos Aires,
nacido en el suburbio que hoy reina en todo el mundo.
Éste es el tango que llevo muy profundo,
clavado en lo mas hondo del criollo corazón.
Buenos Aires, donde el tango nació,
tierra mía querida.
Yo quisiera poderte ofrendar
todo el alma en mi cantar
y le pido a mi destino el favor
de que al fin de mi vida
oiga el llorar del bandoneón
entonando tu nostálgica canción.
Letra: Manuel Romero
Música: Azucena Maizani y Oreste Cúfaro
Buenos Aires, cuando lejos me vi
sólo hallaba consuelo
en las notas de un tango dulzón
que lloraba el bandoneón.
Buenos Aires, suspirando por ti
bajo el sol de otro cielo,
cuanto lloro mi corazón
escuchando tu nostálgica canción.
Canción maleva, canción de Buenos Aires,
hay algo en tus entrañas que vive y que perdura.
Canción maleva, lamento de amargura,
sonrisa de esperanza, sollozo de pasión.
Ése es el tango canción de Buenos Aires,
nacido en el suburbio que hoy reina en todo el mundo.
Éste es el tango que llevo muy profundo,
clavado en lo mas hondo del criollo corazón.
Buenos Aires, donde el tango nació,
tierra mía querida.
Yo quisiera poderte ofrendar
todo el alma en mi cantar
y le pido a mi destino el favor
de que al fin de mi vida
oiga el llorar del bandoneón
entonando tu nostálgica canción.
Lejana tierra mía
Música: Carlos Gardel
Letra: Alfredo Le Pera
Lejana tierra mía
bajo tu cielo,
bajo tu cielo,
quiero morirme un día
con tu consuelo,
con tu consuelo.
Y oír el canto de oro
de tus campanas
que siempre añoro;
no sé si al contemplarte,
al regresar
sabré reír o llorar...
Silencio de mi aldea
que sólo quiebra la serenata
de un ardiente Romeo
bajo una dulce luna de plata.
En un balcón florido
se oye el murmullo
de un juramento
que la brisa llevó con el rumor
de otras cuitas de amor.
Siempre está
el balcón
con su flor
y su sol...
Tu no estás, faltas tu...
Oh! Mi amor...
Lejana tierra mía
de mis amores,
como te nombro
en mis noches de insomnio
con las pupilas
llenas de asombro...
Dime, estrellita mía,
que no son vanas mis esperanzas;
bien sabes tu... que pronto he de volver...
a mi viejo querer.
Música: Carlos Gardel
Letra: Alfredo Le Pera
Lejana tierra mía
bajo tu cielo,
bajo tu cielo,
quiero morirme un día
con tu consuelo,
con tu consuelo.
Y oír el canto de oro
de tus campanas
que siempre añoro;
no sé si al contemplarte,
al regresar
sabré reír o llorar...
Silencio de mi aldea
que sólo quiebra la serenata
de un ardiente Romeo
bajo una dulce luna de plata.
En un balcón florido
se oye el murmullo
de un juramento
que la brisa llevó con el rumor
de otras cuitas de amor.
Siempre está
el balcón
con su flor
y su sol...
Tu no estás, faltas tu...
Oh! Mi amor...
Lejana tierra mía
de mis amores,
como te nombro
en mis noches de insomnio
con las pupilas
llenas de asombro...
Dime, estrellita mía,
que no son vanas mis esperanzas;
bien sabes tu... que pronto he de volver...
a mi viejo querer.
Los ojos de mi moza
Música: Carlos Gardel
Letra: Alfredo Le Pera
Son los ojos de mi moza
como el filo de un puñal,
son los ojos de mi moza
y yo no vivo sin ellos.
Virgencita del Pilar,
sin los ojos de mi moza,
Virgencita del Pilar.
Arroyito de mi aldea,
a ti te puedo contar,
arroyito de mi aldea
que por mi amor hoy la vieron
una lágrima derramar,
una lágrima derramar,
arroyito de mi aldea.
Mano a mano
Música: Carlos Gardel y José Razzano
Letra: Celedonio Flores
Rechiflao en mi tristeza
hoy te evoco y veo que has sido
en mi pobre vida paria
sólo una buena mujer,
tu presencia de bacana
puso calor en mi nido
fuiste buena, consecuente
y yo sé que me has querido
como no quisiste a nadie,
como no podrás querer.
Se dio el juego del remanye
cuando vos, pobre percanta,
gambeteabas la pobreza
en la casa de pensión,
hoy sos toda una bacana,
la vida te ríe y canta,
los morlacos del otario
los tirás a la marchanta
como juega el gato maula
con el mísero ratón.
Hoy tenés el mate lleno
de infelices ilusiones,
te engrupieron los otarios,
las amigas, el gavión,
la milonga entre magnates
con sus locas tentaciones
donde triunfan y claudican
milongueras pretensiones,
se te ha entrado muy adentro,
en el pobre corazón.
Nada debo agradecerte,
mano a mano hemos quedado,
no me importa lo que has hecho,
lo que hacés, ni lo que harás,
los favores recibidos
creo habértelos pagado
y si alguna deuda chica
sin querer se me ha olvidado
en la cuenta del otario
que tenés se la cargás.
Mientras tanto que tus triunfos,
pobres triunfos pasajeros
sean una larga fila
de riquezas y placer,
que el bacán que te acamala
tenga pesos duraderos,
que te abrás en las paradas
con cafhisios milongueros
y que digan los muchachos:
es una buena mujer.
Y mañana, cuando seas
descolado mueble viejo
y no tengas esperanzas
en el pobre corazón,
si precisás una ayuda,
si te hace falta un consejo,
acordate de este amigo
que ha de jugarse el pellejo
"pa" ayudarte en lo que pueda
cuando llegue la ocasión.
Me da pena confesarlo
Música: Carlos Gardel
Letra: Alfredo Le Pera y Mario Batttistela
Nace el hombre en este mundo
remanyao por el destino
y prosigue su camino
muy confiado del rigor,
sin pensar que la inclemencia
de la vida sin amor
va enredando su existencia
en los tientos del dolor.
Pero llega que un momento
se da cuenta de su suerte
y se amarga hasta la muerte
sin tener ya salvación,
pues comprende que la vida
fue tan sólo un metejón
al perder la fe querida
de su pobre corazón.
Me da pena confesarlo,
pero es triste, ¡qué canejo!
el venirse tan abajo,
derrotao y para viejo;
no es de hombre lamentarse
pero al ver cómo me alejo,
sin poderlo remediar,
yo lloro sin querer... llorar.
Si no fuera que el recuerdo
de mi madre tan querida
me acollara en esta vida
con sentida devoción,
no era yo quien aguantaba
esta triste situación,
ni el que así se contemplaba
sin abrirse el corazón.
Pero hay cosas, compañero,
que ninguno las comprende,
uno a veces se defiende
del dolor para vivir,
como aquel que haciendo alarde
de coraje en el sufrir
no se mata de cobarde
por temor de no morir.
Melodía de Arrabal
Letra: Alfredo Le Pera y Carlos Gardel
Música: Battistella
Barrio plateado por la Luna,
rumores de milonga
es toda tu fortuna.
Hay un fuelle que rezonga
en la cortada mistonga.
Mientras que una pebeta,
linda como una flor,
espera coqueta
bajo la quieta luz de un farol.
Barrio... barrio...
que tenés el alma inquieta
de un gorrión sentimental.
Penas... ruegos...
Es todo el barrio malevo
melodía de arrabal.
Viejo... barrio...
perdoná que al evocarte
se me pianta un lagrimón.
Que al rodar en tu empedrao
es un beso prolongao
que te da mi corazón.
Cuna de tauras y cantores,
de broncas y entreveros,
de todos mis amores;
en tus muros con mi acero
yo grabé nombres que quiero:
Rosa, La Milonguita...
Era rubia Margot...
En la primera cita
la paica Rita
me dio su amor.
Barrio... barrio...
que tenés el alma inquieta
de un gorrión sentimental.
Penas... ruegos...
Es todo el barrio malevo
melodía de arrabal.
Viejo... barrio...
perdona que al evocarte
se me pianta un lagrimon.
Que al rodar en tu empedrao
es un beso prolongao
que te da mi corazon.
Mi Buenos Aires querido
Música: Carlos Gardel
Letra: Alfredo Le Pera
Mi Buenos Aires querido,
cuando yo te vuelva a ver
no habrá más pena ni olvido.
El farolito de la calle en que nací
fue el centinela de mis promesas de amor,
bajo su inquieta lucecita yo la vi
a mi pebeta luminosa como un sol.
Hoy que la suerte quiere que te vuelva a ver,
ciudad porteña de mi único querer,
y oigo la queja de un bandoneón
dentro del pecho pide rienda el corazón.
Mi Buenos Aires, tierra florida,
donde mi vida terminaré,
bajo tu amparo no hay desengaños,
vuelan los años, se olvida el dolor.
En caravana, los recuerdos pasan,
como una estela dulce de emoción.
Quiero que sepas que al evocarte
se van las penas del corazón.
La ventanita de mis calles de arrabal
donde sonríe una muchacha en flor;
quiero de nuevo hoy volver a contemplar
aquellos ojos que acarician al mirar.
En la cortada más maleva una canción
dice su ruego de coraje y pasión;
una promesa y un suspirar
borró una lágrima de pena aquel cantar.
(Coro)
Mi Buenos Aires querido,
cuando yo te vuelva a ver
no habrá más pena ni olvido.
Por una cabeza
Música: Carlos Gardel
Letra: Alfredo Le Pera
Por una cabeza de un noble potrillo
que justo en la raya afloja al llegar
y que al regresar parece decir:
No olvides, hermano, vos sabés que no hay que jugar...
Por una cabeza, metejón de un día,
de aquella coqueta y risueña mujer
que al jurar sonriendo, el amor que está mintiendo,
quema en una hoguera todo mi querer.
Por una cabeza
todas las locuras,
su boca que besa
borra la tristeza,
calma la amargura.
Por una cabeza
si ella me olvida
qué importa perderme,
mil veces la vida
para qué vivir...
Cuántos desengaños, por una cabeza,
yo juré mil veces, no vuelvo a insistir,
pero si un mirar me hiere al pasar,
su boca de fuego, otra vez, quiero besar.
Basta de carreras, se acabó la timba,
un final reñido yo no vuelvo a ver,
pero si algún pingo llega a ser fija el domingo,
yo me juego entero, qué le voy a hacer.
Rubias de New York
Música: Carlos Gardel
Letra: Le Pera
Mary, Peggy, Betty, Julie,
rubias de New York,
cabecitas adoradas
que vierten amor.
Dan envidia a las estrellas,
yo no sé vivir sin ellas,
Mary, Peggy, Betty, Julie,
de labios en flor.
Es como el cristal
la risa loca de Julie,
es como el cantar
de un manantial.
Turba mi soñar
el dulce hechizo de Peggy,
su mirada azul
honda como el mar.
Deliciosas criaturas perfumadas,
quiero el beso de sus boquitas pintadas;
frágiles muñecas del olvido y el placer,
ríe su alegría como un cascabel.
Rubio cóctel que emborracha,
así es Mary,
tu melena que es de plata
quiero para mí;
si el amor que me ofrecía
sólo dura un breve día,
tiene el fuego de una brasa
tu pasión, Peggy.
Soledad
Música: Carlos Gardel
Letra: Alfredo Le Pera
Yo no quiero que nadie a mí me diga
que de tu dulce vida
tú ya me has arrancado.
Mi corazón una mentira pide
para esperar tu imposible llamado.
Yo no quiero que nadie se imagine
cómo es de amarga y honda mi eterna soledad.
En mi larga noche el minutero muele
la pesadilla de su lento tic tac.
En la doliente sombra de mi cuarto al esperar
sus pasos que quizá no volverán,
a veces me parece que ellos detienen su andar
sin atreverse luego a entrar.
Pero no hay nadie y ella no viene,
es un fantasma que crea mi ilusion
y que al desvanecerse va dejando su visión
cenizas en mi corazón.
En la plateada esfera del reloj
las horas que agonizan se niegan a pasar.
Hay un desfile de extrañas figuras
que me contemplan con burlón mirar.
Es una caravana interminable
que se hunde en el olvido con su mueca espectral.
Se va con ella tu boca que era mía.
Sólo me queda la angustia de mi mal.
Sus ojos se cerraron
Música: Carlos Gardel
Letra: Alfredo Le Pera
Sus ojos se cerraron...
y el mundo sigue andando,
su boca que era mía
ya no me besa más,
se apagaron los ecos
de su reír sonoro
y es cruel este silencio
que me hace tanto mal.
Fue mía la piadosa
dulzura de sus manos
que dieron a mis penas
caricias de bondad,
y ahora que la evoco
hundido en mi quebranto,
las lágrimas pensadas
se niegan a brotar,
y no tengo el consuelo
de poder llorar.
¡Por qué sus alas tan cruel quemó la vida!
¡por qué esta mueca siniestra de la suerte!
Quise abrigarla y más pudo la muerte,
¡Cómo me duele y se ahonda mi herida!
Yo sé que ahora vendrán caras extrañas
con su limosna de alivio a mi tormento.
Todo es mentira, mentira es el lamento.
¡Hoy está solo mi corazón!
Como perros de presa
las penas traicioneras
celando mi cariño
galopaban detrás,
y escondida en las aguas
de su mirada buena
la suerte agazapada
marcaba su compás.
En vano yo alentaba
febril una esperanza.
Clavó en mi carne viva
sus garras el dolor;
y mientras en las calles
en loca algarabía
el carnaval del mundo
gozaba y se reía,
burlándose el destino
me robó su amor.
Volver
Música: Carlos Gardel
Letra: Alfredo Le Pera
Yo adivino el parpadeo
de las luces que a lo lejos
van marcando mi retorno...
Son las mismas que alumbraron
con sus pálidos reflejos
hondas horas de dolor...
Y aunque no quise el regreso,
siempre se vuelve al primer amor...
La vieja calle donde el eco dijo
tuya es su vida, tuyo es su querer,
bajo el burlón mirar de las estrellas
que con indiferencia hoy me ven volver...
Volver...
con la frente marchita,
las nieves del tiempo platearon mi sien...
Sentir...
que es un soplo la vida,
que veinte años no es nada,
que febril la mirada,
errante en las sombras,
te busca y te nombra.
Vivir...
con el alma aferrada
a un dulce recuerdo
que lloro otra vez...
Tengo miedo del encuentro
con el pasado que vuelve
a enfrentarse con mi vida...
Tengo miedo de las noches
que pobladas de recuerdos
encadenan mi soñar...
Pero el viajero que huye
tarde o temprano detiene su andar...
Y aunque el olvido, que todo destruye,
haya matado mi vieja ilusión,
guardo escondida una esperanza humilde
que es toda la fortuna de mi corazón.
Volvió una noche
Música: Carlos Gardel
Letra: Alfredo Le Pera
Volvió una noche, no la esperaba,
había en su rostro tanta ansiedad
que tuve pena de recordarle
su felonía y su crueldad.
Me dijo humilde, si me perdonás,
el tiempo viejo otra vez vendrá,
la primavera de nuestra vida,
verás que todo nos sonreirá.
Mentira, mentira, yo quise decirle,
las horas que pasan ya no vuelven más,
y así mi cariño al tuyo enlazado
es como un fantasma del viejo pasado
que ya no se puede resucitar.
Callé mi amargura, y tuve piedad,
sus ojos azules muy grandes se abrieron,
mi pena inaudita pronto comprendieron
y con una mueca de mujer vencida
me dijo es la vida, y no la vi más...
Volvió esa noche, nunca la olvido,
con la mirada triste y sin luz,
y tuve miedo de aquel espectro
que fue mi locura en mi juventud.
Se fue en silencio, sin un reproche,
busqué un espejo y me quise mirar;
había en mi frente tantos inviernos
que también ella tuvo piedad.
Música: Carlos Gardel
Letra: Alfredo Le Pera
Son los ojos de mi moza
como el filo de un puñal,
son los ojos de mi moza
y yo no vivo sin ellos.
Virgencita del Pilar,
sin los ojos de mi moza,
Virgencita del Pilar.
Arroyito de mi aldea,
a ti te puedo contar,
arroyito de mi aldea
que por mi amor hoy la vieron
una lágrima derramar,
una lágrima derramar,
arroyito de mi aldea.
Mano a mano
Música: Carlos Gardel y José Razzano
Letra: Celedonio Flores
Rechiflao en mi tristeza
hoy te evoco y veo que has sido
en mi pobre vida paria
sólo una buena mujer,
tu presencia de bacana
puso calor en mi nido
fuiste buena, consecuente
y yo sé que me has querido
como no quisiste a nadie,
como no podrás querer.
Se dio el juego del remanye
cuando vos, pobre percanta,
gambeteabas la pobreza
en la casa de pensión,
hoy sos toda una bacana,
la vida te ríe y canta,
los morlacos del otario
los tirás a la marchanta
como juega el gato maula
con el mísero ratón.
Hoy tenés el mate lleno
de infelices ilusiones,
te engrupieron los otarios,
las amigas, el gavión,
la milonga entre magnates
con sus locas tentaciones
donde triunfan y claudican
milongueras pretensiones,
se te ha entrado muy adentro,
en el pobre corazón.
Nada debo agradecerte,
mano a mano hemos quedado,
no me importa lo que has hecho,
lo que hacés, ni lo que harás,
los favores recibidos
creo habértelos pagado
y si alguna deuda chica
sin querer se me ha olvidado
en la cuenta del otario
que tenés se la cargás.
Mientras tanto que tus triunfos,
pobres triunfos pasajeros
sean una larga fila
de riquezas y placer,
que el bacán que te acamala
tenga pesos duraderos,
que te abrás en las paradas
con cafhisios milongueros
y que digan los muchachos:
es una buena mujer.
Y mañana, cuando seas
descolado mueble viejo
y no tengas esperanzas
en el pobre corazón,
si precisás una ayuda,
si te hace falta un consejo,
acordate de este amigo
que ha de jugarse el pellejo
"pa" ayudarte en lo que pueda
cuando llegue la ocasión.
Me da pena confesarlo
Música: Carlos Gardel
Letra: Alfredo Le Pera y Mario Batttistela
Nace el hombre en este mundo
remanyao por el destino
y prosigue su camino
muy confiado del rigor,
sin pensar que la inclemencia
de la vida sin amor
va enredando su existencia
en los tientos del dolor.
Pero llega que un momento
se da cuenta de su suerte
y se amarga hasta la muerte
sin tener ya salvación,
pues comprende que la vida
fue tan sólo un metejón
al perder la fe querida
de su pobre corazón.
Me da pena confesarlo,
pero es triste, ¡qué canejo!
el venirse tan abajo,
derrotao y para viejo;
no es de hombre lamentarse
pero al ver cómo me alejo,
sin poderlo remediar,
yo lloro sin querer... llorar.
Si no fuera que el recuerdo
de mi madre tan querida
me acollara en esta vida
con sentida devoción,
no era yo quien aguantaba
esta triste situación,
ni el que así se contemplaba
sin abrirse el corazón.
Pero hay cosas, compañero,
que ninguno las comprende,
uno a veces se defiende
del dolor para vivir,
como aquel que haciendo alarde
de coraje en el sufrir
no se mata de cobarde
por temor de no morir.
Melodía de Arrabal
Letra: Alfredo Le Pera y Carlos Gardel
Música: Battistella
Barrio plateado por la Luna,
rumores de milonga
es toda tu fortuna.
Hay un fuelle que rezonga
en la cortada mistonga.
Mientras que una pebeta,
linda como una flor,
espera coqueta
bajo la quieta luz de un farol.
Barrio... barrio...
que tenés el alma inquieta
de un gorrión sentimental.
Penas... ruegos...
Es todo el barrio malevo
melodía de arrabal.
Viejo... barrio...
perdoná que al evocarte
se me pianta un lagrimón.
Que al rodar en tu empedrao
es un beso prolongao
que te da mi corazón.
Cuna de tauras y cantores,
de broncas y entreveros,
de todos mis amores;
en tus muros con mi acero
yo grabé nombres que quiero:
Rosa, La Milonguita...
Era rubia Margot...
En la primera cita
la paica Rita
me dio su amor.
Barrio... barrio...
que tenés el alma inquieta
de un gorrión sentimental.
Penas... ruegos...
Es todo el barrio malevo
melodía de arrabal.
Viejo... barrio...
perdona que al evocarte
se me pianta un lagrimon.
Que al rodar en tu empedrao
es un beso prolongao
que te da mi corazon.
Mi Buenos Aires querido
Música: Carlos Gardel
Letra: Alfredo Le Pera
Mi Buenos Aires querido,
cuando yo te vuelva a ver
no habrá más pena ni olvido.
El farolito de la calle en que nací
fue el centinela de mis promesas de amor,
bajo su inquieta lucecita yo la vi
a mi pebeta luminosa como un sol.
Hoy que la suerte quiere que te vuelva a ver,
ciudad porteña de mi único querer,
y oigo la queja de un bandoneón
dentro del pecho pide rienda el corazón.
Mi Buenos Aires, tierra florida,
donde mi vida terminaré,
bajo tu amparo no hay desengaños,
vuelan los años, se olvida el dolor.
En caravana, los recuerdos pasan,
como una estela dulce de emoción.
Quiero que sepas que al evocarte
se van las penas del corazón.
La ventanita de mis calles de arrabal
donde sonríe una muchacha en flor;
quiero de nuevo hoy volver a contemplar
aquellos ojos que acarician al mirar.
En la cortada más maleva una canción
dice su ruego de coraje y pasión;
una promesa y un suspirar
borró una lágrima de pena aquel cantar.
(Coro)
Mi Buenos Aires querido,
cuando yo te vuelva a ver
no habrá más pena ni olvido.
Por una cabeza
Música: Carlos Gardel
Letra: Alfredo Le Pera
Por una cabeza de un noble potrillo
que justo en la raya afloja al llegar
y que al regresar parece decir:
No olvides, hermano, vos sabés que no hay que jugar...
Por una cabeza, metejón de un día,
de aquella coqueta y risueña mujer
que al jurar sonriendo, el amor que está mintiendo,
quema en una hoguera todo mi querer.
Por una cabeza
todas las locuras,
su boca que besa
borra la tristeza,
calma la amargura.
Por una cabeza
si ella me olvida
qué importa perderme,
mil veces la vida
para qué vivir...
Cuántos desengaños, por una cabeza,
yo juré mil veces, no vuelvo a insistir,
pero si un mirar me hiere al pasar,
su boca de fuego, otra vez, quiero besar.
Basta de carreras, se acabó la timba,
un final reñido yo no vuelvo a ver,
pero si algún pingo llega a ser fija el domingo,
yo me juego entero, qué le voy a hacer.
Rubias de New York
Música: Carlos Gardel
Letra: Le Pera
Mary, Peggy, Betty, Julie,
rubias de New York,
cabecitas adoradas
que vierten amor.
Dan envidia a las estrellas,
yo no sé vivir sin ellas,
Mary, Peggy, Betty, Julie,
de labios en flor.
Es como el cristal
la risa loca de Julie,
es como el cantar
de un manantial.
Turba mi soñar
el dulce hechizo de Peggy,
su mirada azul
honda como el mar.
Deliciosas criaturas perfumadas,
quiero el beso de sus boquitas pintadas;
frágiles muñecas del olvido y el placer,
ríe su alegría como un cascabel.
Rubio cóctel que emborracha,
así es Mary,
tu melena que es de plata
quiero para mí;
si el amor que me ofrecía
sólo dura un breve día,
tiene el fuego de una brasa
tu pasión, Peggy.
Soledad
Música: Carlos Gardel
Letra: Alfredo Le Pera
Yo no quiero que nadie a mí me diga
que de tu dulce vida
tú ya me has arrancado.
Mi corazón una mentira pide
para esperar tu imposible llamado.
Yo no quiero que nadie se imagine
cómo es de amarga y honda mi eterna soledad.
En mi larga noche el minutero muele
la pesadilla de su lento tic tac.
En la doliente sombra de mi cuarto al esperar
sus pasos que quizá no volverán,
a veces me parece que ellos detienen su andar
sin atreverse luego a entrar.
Pero no hay nadie y ella no viene,
es un fantasma que crea mi ilusion
y que al desvanecerse va dejando su visión
cenizas en mi corazón.
En la plateada esfera del reloj
las horas que agonizan se niegan a pasar.
Hay un desfile de extrañas figuras
que me contemplan con burlón mirar.
Es una caravana interminable
que se hunde en el olvido con su mueca espectral.
Se va con ella tu boca que era mía.
Sólo me queda la angustia de mi mal.
Sus ojos se cerraron
Música: Carlos Gardel
Letra: Alfredo Le Pera
Sus ojos se cerraron...
y el mundo sigue andando,
su boca que era mía
ya no me besa más,
se apagaron los ecos
de su reír sonoro
y es cruel este silencio
que me hace tanto mal.
Fue mía la piadosa
dulzura de sus manos
que dieron a mis penas
caricias de bondad,
y ahora que la evoco
hundido en mi quebranto,
las lágrimas pensadas
se niegan a brotar,
y no tengo el consuelo
de poder llorar.
¡Por qué sus alas tan cruel quemó la vida!
¡por qué esta mueca siniestra de la suerte!
Quise abrigarla y más pudo la muerte,
¡Cómo me duele y se ahonda mi herida!
Yo sé que ahora vendrán caras extrañas
con su limosna de alivio a mi tormento.
Todo es mentira, mentira es el lamento.
¡Hoy está solo mi corazón!
Como perros de presa
las penas traicioneras
celando mi cariño
galopaban detrás,
y escondida en las aguas
de su mirada buena
la suerte agazapada
marcaba su compás.
En vano yo alentaba
febril una esperanza.
Clavó en mi carne viva
sus garras el dolor;
y mientras en las calles
en loca algarabía
el carnaval del mundo
gozaba y se reía,
burlándose el destino
me robó su amor.
Volver
Música: Carlos Gardel
Letra: Alfredo Le Pera
Yo adivino el parpadeo
de las luces que a lo lejos
van marcando mi retorno...
Son las mismas que alumbraron
con sus pálidos reflejos
hondas horas de dolor...
Y aunque no quise el regreso,
siempre se vuelve al primer amor...
La vieja calle donde el eco dijo
tuya es su vida, tuyo es su querer,
bajo el burlón mirar de las estrellas
que con indiferencia hoy me ven volver...
Volver...
con la frente marchita,
las nieves del tiempo platearon mi sien...
Sentir...
que es un soplo la vida,
que veinte años no es nada,
que febril la mirada,
errante en las sombras,
te busca y te nombra.
Vivir...
con el alma aferrada
a un dulce recuerdo
que lloro otra vez...
Tengo miedo del encuentro
con el pasado que vuelve
a enfrentarse con mi vida...
Tengo miedo de las noches
que pobladas de recuerdos
encadenan mi soñar...
Pero el viajero que huye
tarde o temprano detiene su andar...
Y aunque el olvido, que todo destruye,
haya matado mi vieja ilusión,
guardo escondida una esperanza humilde
que es toda la fortuna de mi corazón.
Volvió una noche
Música: Carlos Gardel
Letra: Alfredo Le Pera
Volvió una noche, no la esperaba,
había en su rostro tanta ansiedad
que tuve pena de recordarle
su felonía y su crueldad.
Me dijo humilde, si me perdonás,
el tiempo viejo otra vez vendrá,
la primavera de nuestra vida,
verás que todo nos sonreirá.
Mentira, mentira, yo quise decirle,
las horas que pasan ya no vuelven más,
y así mi cariño al tuyo enlazado
es como un fantasma del viejo pasado
que ya no se puede resucitar.
Callé mi amargura, y tuve piedad,
sus ojos azules muy grandes se abrieron,
mi pena inaudita pronto comprendieron
y con una mueca de mujer vencida
me dijo es la vida, y no la vi más...
Volvió esa noche, nunca la olvido,
con la mirada triste y sin luz,
y tuve miedo de aquel espectro
que fue mi locura en mi juventud.
Se fue en silencio, sin un reproche,
busqué un espejo y me quise mirar;
había en mi frente tantos inviernos
que también ella tuvo piedad.
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