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Top 15 amenazas extraterrestres

Info4/13/2013
Top 15 amenazas extraterrestres


Ultimátum a la Tierra (1951)


Mientras el pueblo norteamericano sucumbía a la paranoia de un inminente ataque soviético o de la infiltración del enemigo rojo en la tierra de la libertad y la prosperidad, Ultimátum a la tierra abogaba por la comprensión del otro y por la diplomacia, narrando la visita del ya antológico extraterrestre Klaatu y su tripulación a nuestro planeta. Un canto al diálogo intercultural en una era dominada por la xenofobia y la irracionalidad. Scott Derrickson actualizó el relato en 2008 de la mano de un impávido Keanu Reeves, como Klaatu, que llegaba a la tierra para cantarnos las cuarenta por nuestro egoísmo y arbitrariedad en el trato del medio ambiente.




El enigma de otro mundo (1951)


La desconfianza, el aislamiento y la atomización del individuo son los elementos que vertebran este inquietante relato, en el cual se inspiraría directamente el maestro John Carpenter a la hora de elaborar La Cosa. Christian Nyby, habitual colaborador de Howard Hawks, nos hablaba del descubrimiento de una nave procedente de Marte estrellada en el Polo Norte por parte de unos exploradores que, sin comerlo ni beberlo, acabarían enfrentándose a una esquiva e inasible pesadilla extraterrestre. Eso sí: las cualidades polimórficas presentes en la historia original de John W. Campbell no serían realmente explotadas hasta que llegara la magistral versión de 1980.




Vinieron del espacio (1953)


Las contribuciones al género fantástico por parte de Universal Pictures no se agotaron una vez culminada la etapa dorada de su cine de terror. Una buena prueba es esta modesta pero dignísima producción de ciencia ficción que, adaptando un cuento de Ray Bradbury, vuelve a interpretar las claves sociales de los Estados Unidos de la época sirviéndose como excusa de una ambigua invasión. Y hablamos de ambigüedad porque las intenciones de estos feos marcianitos suplantadores no queda clara hasta el desenlace. Esta pequeña joya no es otra cosa que una ácida y amarguísima mirada a las consecuencias del letargo paranoico en que vivía la sociedad del momento.




La invasión de los ladrones de cuerpos (1956)


Y llegamos a una de las obras fundamentales de toda la historia del género. Nada más y nada menos que Don Siegel se puso tras las cámaras para llevar a la pantalla por primera vez la novela de Jack Finney, que tendría dos adaptaciones más a cargo de Philip Kaufman y Abel Ferrara. Asistimos, como los impávidos protagonistas, a una invasión silenciosa, a la colonización física y mental de una América adormecida. Y pese a que habitualmente se ha señalado al filme como un ataque a la vil caza de brujas del senador McCarthy, lo cierto es que algunos apuntes anticomunistas ponen en solfa ese supuesto discurso. Se trata, al fin y al cabo, de una masterpiece del suspense cuya riqueza en matices la convierte en una obra que ofrece una multiplicidad de interpretaciones y, aún más importante, trasciende con firmeza el contexto en el que nació para reivindicar su universalidad.




La masa devoradora (1958)


Difícilmente podamos tomarnos en serio a día de hoy este entrañable delirio en el que debutaba un joven Steve McQueen y cuyo planteamiento no podía ser más elemental: una ameba gigante iba absorbiendo a todo el mundo a su paso para ir aumentando de tamaño. Esta “masa devoradora” podría ganar holgadamente el concurso mundial de criatura más pulp de la historia del cine. Una divertidísima y ultrabarata serie B que (ojo al parche) puede que en un futuro cuente con una readaptación de la mano de… ¡Rob Zombie!




V: La batalla final (1984)


Un clásico entre los clásicos de la ciencia ficción ochentera. Hilvanada a partir de un argumento típico en el subgénero de las invasiones, V relata la llegada de naves del espacio exterior a todas las grandes metrópolis de la Tierra. Tienen el mismo aspecto que nosotros y sus intenciones parecen perfectamente puras. Sin embargo, un reportero (Marc Singer) termina descubriendo que, en realidad, hablamos de reptiles antropomorfos que pretenden hacerse con nuestro planeta y merendarse a toda nuestra raza. La venenosa belleza de la zampa-ratones Diana (Jane Badler) nos cortaba el aliento a más de uno cada vez que aparecía en pantalla.




¡Están vivos! (1988)


¿Y si ya hubiésemos sido invadidos por una pérfida raza extraterrestre que ocupa todos los altos cargos políticos y económicos, teledirigiendo nuestras vidas para alcanzar sus propios fines? Un humilde wanderer se encuentra, por casualidad, con unas gafas que le permiten ver que estamos siendo controlados continuamente por mensajes subliminales que los invasores han situado por doquier. Este es el maravilloso planteamiento de esta deliciosa comedia negra de John Carpenter, que alterna el mal rollo con las carcajadas y apunta, sin un ápice de inocencia, a la invasiva intromisión de gobiernos y grandes corporaciones en nuestras existencias cotidianas.




Independence Day (1996)


El gran taquillazo del cine de invasiones extraterrestres durante los 90 es este subproducto que pide a gritos ser disfrutado con desinhibición y no ser tomado en serio. Y aunque más de uno haya señalado indignado el subtexto fachorro, lo cierto es que Roland Emmerich parece estar mofándose de cualquier tipo de épica política, saturando el metraje de discursos baratos y heroísmos de cartón piedra, sin un ápice de solemnidad. Un Will Smith en pleno ascenso al estrellato, Jeff Goldblum y Bill Pullman se reunían para salvar el mundo cargándose a unos bichejos muy malos y perniciosos cuyo fin último era destruir por destruir.




Star Trek: Primer contacto (1996)


En la que probablemente sea, junto a La ira de Kahn, la mejor entrega cinematográfica del Star Trek pre-Abrams, el capitán Picard y su tripulación deben evitar una catástrofe de proporciones universales trasladándose a través del tiempo y evitando que los Borg -magistral aportación de la serie La nueva generación- viajen a nuestro pasado y conquisten la Tierra. Los logros de la Federación podrían ser borrados de un plumazo y toda la esperanza se condensa en la USS-Enterprise.




La guerra de los mundos (2005)


Acaso estemos hablando de uno de los largometrajes más redondos del último Steven Spielberg y, sin embargo, de los menos valorados. Y es que, urdiendo una alegoría de doble filo que bien puede ser entendida como un eco lejano del terrorismo islámico o como la invasión de un país subdesarrollado por parte de otro hiperdesarrollado, esta deslumbrante adaptación de la novela de H.G. Wells propone una revisión oscura y fundamentalmente pesimista de las contradicciones éticas sobre las que se han sustentado los EE.UU. desde sus mismos orígenes.




Alterado (2006)


Eduardo Sánchez, que un puñado de años atrás había contribuido junto a Daniel Myrick a renovar el anquilosado panorama del cine de terror estadounidense en los 90 con El proyecto de la Bruja de Blair, es el autor de esta olvidada rareza. Una inusual película que merece la pena recuperar, marcada a fuego por el espíritu evocativo de la novelística de Stephen King: amistades resquebrajadas por el tiempo, una mirada desencantada a la adolescencia y una truculencia visual que nos lleva a apartar los ojos de la pantalla. No sabemos, todavía, si Alterado es más triste que terrorífica o terrorífica que triste.



Distrito 9 (2009)


El novedoso planteamiento de un cortometraje del sudafricano Neill Blomkamp sirvió de punto de partida a uno de los nuevos clásicos de la última hornada de ciencia ficción. Rodada, en su primer tercio, como si de un documental se tratase, Distrito 9 nos sitúa en un futuro cercano que utiliza la temática extraterrestre para trazar una radiografía del apartheid. Dado el carácter híbrido y derivativo de la ficción, la efectividad del conjunto es discutible, pero su original punto de partida hace que el viaje haya merecido la pena.



Monsters (2010)


El joven Gareth Edwards propone una muy saludable vuelta de tuerca al subgénero de las invasiones. En Monsters, en realidad, no existen ni los invasores ni los invadidos: unas mastodónticas formas de vida han llegado a una pequeña parte de nuestro planeta y, con el tiempo, lo han convertido en su hábitat. El ejército norteamericano se dedica a mantener a estos “monstruos” a raya, imposibilitando su expansión. Esta trama no es más que un mero envoltorio para presentar una bella historia de amor que trata de sobrevivir en un contexto político desolador, en el que reverberan los ecos de la América post-11S.




Falling Skies (2011)


Un tour de force de suspense y acción es lo que regala a los espectadores el Steven Spielberg productor en esta serie que ya ha superado la tercera temporada. Mientras la guerra entre alienígenas y humanos se libra a las puertas de nuestra propia casa, un profesor de Historia se prepara para rescatar a su hijo de las garras del inmisericorde enemigo. En nuestras manos queda un cóctel adictivo sin trampa ni cartón que no deja un respiro al espectador.




Galáctica, estrella de combate (2004-2009)


La guerra entre los Cylon y las Doce Colonias de la Humanidad toma proporciones épicas en esta última serie televisiva de la franquicia Battlestar Galactica, en su día popularizada por Glen A. Larson con una serie de 22 capítulos protagonizada por Lorne Greene, Dirk Benedict y Richard Hatch. Las aventuras del joven William Adama, que llegará a ser uno de los más relevantes líderes militares humanos, se enmarcan en medio de un enfrentamiento feroz con los enigmáticos seres cibernéticos cuyos planes amenazan reiteradamente la estabilidad de nuestra civilización.





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