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Hijo de padres divorciados....

Info10/25/2008


Cuando papá está lejos


¿Es posible para un padre mantener su vínculo con su hijo cuando, luego de una separación, ya no convive con él? Sí. Estar presente es mucho más que convivir.









Hoy muchos padres no despertarán junto a sus hijos. Deberán pasarlos a buscar a la hora previamente acordada con la ex y hacerles el paseo de rutina.

Otros quizá sí se levaten con sus voces, dado que así sucede todos los fines de semana. Estarán los que vengan compartiendo con sus pequeños ya varios días, ajustándose al acuerdo fifty-fifty al que llegaron con la madre y habrá algunos que deberán conformarse apenas con un llamado telefónico.

En el mapa de padres separados, las posibilidades se multiplican tanto como los consensos a los que arribe cada pareja, ex matrimonio. Y aunque no aparezcan en publicidades, estas son las clases de papá que cunden en la actualidad.

El problema es que un padre separado no parece muy marketinero.

¿Es posible acaso mantener el vínculo con un hijo pequeño cuando ya no se comparte el techo? (Dado que en la enorme mayoría de los casos, tras un divorcio los niños se quedan con la mamá). Mantenerse presente en esas circunstancias se vuelve un desafío. Lamentablemente muchas veces los padres se divorcian de la familia entera. Pero también se da el fenómeno opuesto.

Algunos padres redoblan sus esfuerzos y terminan estando mucho más presentes que otros que conviven.

El padre o madre divorciados pueden mantener perfectamente su rol paternal o maternal en ausencia de la convivencia diaria. Ese rol no pasa sólo por la presencia en casa, sino que es el puerto seguro al que el niño va a acudir en un momento de zozobra y es el modelo con el cual va a querer identificarse. Es decir, no basta con que el niño que vive con su papá lo vea ir y venir del baño, afeitarse o tomar mate, para decir que ese progenitor está presente.

Es mucho más que eso. Existen un montón de mitos, alentados por la idea de que la separación atenta contra el vínculo y no es así. Hay un montón de formas de estar presente: hacer actividades conjuntas, escucharlos, ayudarlos con los deberes.

De la misma manera, otros miedos que surgen en una separación son los mismos que puede tener una pareja que está junta, por ejemplo que, como el padre sea el que está poco y por eso rezonga menos, se convierta en el tipo simpático.

A veces no están muy presentes ninguno de los dos por el trabajo y los chiquilines rotan todo el tiempo de la casa de los abuelos a la de los tíos o a estar con la baby sitter. Entonces no hay ninguna figura muy presente y eso se ve en familias que no están separadas.
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CONTIGO, CONMIGO.



Una tendencia que se está viendo en el mundo es que, cada vez más, en lugar de determinar que el niño viva con uno de los padres y "visite" al otro, pueda alternar entre dos casas, compartiendo tiempos más o menos iguales con cada uno. Aunque no a todos gusta esa idea. Lo importante es que la situación sea flexible, en los días de visita, en las vacaciones, etc. Esto no quiere decir vivir una semana con cada uno, decisión rígida y que no contempla la estabilidad del niño.

Muchas veces ese acuerdo fifty-fifty es lo que se termina dando. Lo primordial es que el padre tenga un lugar para recibir al niño, señala, ya que muchas veces, tras la separación, el hombre termina "boyando", sin una casa propia. Lo ideal es que tenga un lugar donde estar con cada uno, y que ambos padres logren acuerdos en cuanto a las reglas básicas de educación del niño.

Muchas veces hay conflictos de autoridad: uno deslegitima las reglas que pone el otro. Yo he visto acuerdos de todo tipo y color. El niño, en general, no tiene mucho problema en jugar con reglas distintas en cada lugar. El problema es cuando no las hay.







Las cifras


8% Porcentaje de mujeres en edad reproductiva (de 15 a 49 años) que están separadas o divorciadas.

19% Porcentaje de mujeres en edad reproductiva que viven en concubinato. La mayoría de los niños nace fuera del matrimonio.

64% Porcentaje de emigrantes que mantiene el contacto con su familia en forma semanal. Otro 31,8% lo hace dos o más veces por semana.






A kilómetros de distancia



Existe otro tipo de paternidad a distancia, donde los problemas no son en qué casa pasará el niño el fin de semana o durante cuánto tiempo, sino los miles de kilómetros que separan a uno del otro.

Así como la emigración ha sido una alternativa posible para miles de jóvenes que buscan mejores posibilidades, también lo ha sido para hombres y mujeres maduros, con hijos que deben quedar aquí. De una u otra forma, esos viajes suponen la fractura de la familia, cuyos integrantes -padres e hijos- quedan de uno y otro lado del mundo.

En Uruguay, cuando la emigración no involucra a la familia completa, son los hijos los que más se van, según el estudio publicado en Demografía de una sociedad en transición, recientemente presentado (ver nota de tapa).

En esos escenarios, los caminos elegidos para mantener el contacto son múltiples, pero los más usuales son el teléfono y sobre todo Internet (con el correo electrónico y el Skype a la cabeza). El 64,3% se comunica con su familia en forma semanal, en tanto un 31.8% dice hacerlo dos veces por semana o más, según datos de la Encuesta Nacional de Hogares citada en el estudio.






Mensajes para tener en cuenta




Penas afuera. No hay que caer en la sobreprotección del niño por pena de lo que está sufriendo con la separación de sus padres. Hay que seguir tratándolo como un chico normal de su edad. De lo contrario, en lugar de ayudarlo a crecer, acabará comportándose de una forma inmadura, más infantil de lo que corresponde.

Seres reales. Los niños suelen idealizar a los padres. Es necesario explicarles que todas las personas tienen virtudes y defectos, incluidos sus papás. Cada uno debe hablar del otro progenitor con argumentos reales, sin caer en la ficción.

No a las visitas atestadas. Es preferible que los días de encuentro no se llenen excesivamente con actividades, pues si se ocupa el tiempo en hacer demasiadas cosas, no hay suficiente para charlar y comunicarse.

Conmigo o contra mí. Los puntos más conflictivos de los padres tras la separación suelen ser: los hijos, el dinero y las nuevas relaciones. Intente ser objetivo y no insista con poner al niño de su parte. Hay que tratar de solucionar estas cuestiones sin involucrar a los hijos.

La pareja nueva. Que vivan con la pareja nueva de su mamá o papá es bueno y puede reparar los vínculos dañados, aunque la aceptación de esa situación llevará tiempo.



Nunca desacredite a su ex-cónyuge delante de sus hijos, ya que ellos se sienten "parte de su mamá" y "parte de su papá", con lo que la crítica puede dañar su autoestima.


No utilice a sus hijos como mensajeros entre usted y su ex-cónyuge. Cuanto menos se sientan ellos parte de la pelea entre sus padres, mejor entenderán la situación.

Tranquilice a sus hijos haciéndoles entender que ellos no tuvieron ninguna responsabilidad en la separación. Muchos de ellos asumen como propias las causas de la ruptura.

Anime a sus hijos a que vean con frecuencia a su ex-cónyuge. Haga todo lo posible por estimular las visitas.

En cada paso de su divorcio, recuérdese a si mismo que sus propios intereses no son los de sus hijos, por los que no debe incluirlos en ninguna negociación.

Sus hijos pueden ser estimulados a actuar como su “corresponsal” en la casa de su ex-cónyuge. Trate de no pedirles que le cuenten nada que no sea del interés de ellos. Deje a sus niños ser niños.

Si usted siente que no puede asumir el trance de la separación con calma y responsabilidad, pida asesoramiento terapéutico urgente. Sus problemas pueden trasladarse a sus hijos, complicándoles aún más el poder enfrentar con éxito la situación.

Si usted es un padre responsable, debe pasar a la madre los “alimentos” de su hijo, en forma mensual y sin interrupciones. Sepa que de no hacerlo, el perjudicado será su hijo (mucho más que su ex-esposa), que además de tener que enfrentar una situación familiar compleja, deberá soportar faltas materiales, lo cual puede tener un efecto permanente por el resto de sus vida.

Si usted es una madre responsable, y no está recibiendo los “alimentos” por parte del padre, no traslade su enojo a sus hijos. Esto alimenta en ellos el sentimiento de abandono, y los pone en situaciones muy difíciles.

Dentro de lo posible, no efectúe demasiados cambios en la vida de sus hijos. Si además de soportar la separación deben cambiar de residencia y de escuela, tardarán mucho más en superar el trauma del divorcio de sus padres.











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