

De ninguna manera podemos negar la existencia histórica de un tal William Shakespeare, nacido en Stratford-upon-Avon en 1564. Fue comediante, administrador de una compañía de teatro... Sin embargo, lo poco que sabemos acerca de su vida nos hace dudar en identificarlo con el escritor.
Testaferro es un término usado en la literatura, en leyes y psicología, para señalar a la(s) persona(s) que suplanta, encubre o se disfraza legalmente, prestando su nombre e identidad, firma, o bien su personería ya sea física o jurídicamente, emulando el rol social de la persona mandante a la que en el fondo representa.


Shakespeare reaparece recién en 1594: es miembro de la compañía de teatro del lord Charabelán. La compañía, puesta bajo la protección del rey Jacobo I Estuardo de Inglaterra en 1603, encabeza la vida teatral londinense hasta el incendio del teatro el Globo donde se presenta, en 1613. Pero ya hace tres años que Shakespeare se retiró a Stratford, donde administra sus tierras y sus rentas, preocupado únicamente por aumentar su fortuna hasta su muerte en 1616.

Aguada de Víctor Hugo (Guernesey, Hauteville House)

En parte, nacen de interrogantes legítimas: ¿pertenecían estas obras al repertorio del actor Shakespeare? ¿Cómo pudo tener tan poca resonancia su obra entre sus contemporáneos, hasta el punto que la muerte de Shakespeare no se mencione en ningún documento oficial? Además se basan en el prejuicio que un hombre, a priori sin cultura y de baja extracción social, a pesar de todo, no puede ser un escritor inmenso. El punto de vista más antiguo y célebre atribuye la obra de Shakespeare al filósofo Francis Bacon (1561-1626). Este gran espíritu, importante pensador del Renacimiento, está estrechamente ligado a las intrigas de la corte isabelina. Ahora bien, la obra teatral de Shakespeare revela un dominio sorprendente de los mecanismos de la vida política inglesa de la época. Bacon, ligado primero a un favorito de Isabel I, el conde de Essex, alcanza las cumbres del estado luego del advenimiento de Jacobo I de Inglaterra.

La tesis más común sigue siendo la de Bacon y es renovada en el siglo XX gracias a las técnicas de descifrado de criptogramas. Algunos trabajos mostrarían que en los textos de Francis Bacon, a partir de la caligrafía ligeramente distinta de algunas letras, se puede detectar una serie de indicaciones que componen mensajes secretos de este tipo: "Escribí diferentes tipos de obras, historia, comedia y tragedia. Gran cantidad de ellas han sido llevadas al teatro y bajo el nombre de Shakespeare han ganado un renombre duradero".
Sin embargo este tipo de descifrado depende esencialmente del arbitrio y de la fantasía del que lo lleva a cabo. Con un poco de imaginación, es posible reconstituir cualquier mensaje a partir de un texto aparentemente normal. Además, en varias oportunidades los "baconianos" se descalificaron atribuyendo a sus héroes la paternidad no sólo de la obra de Shakespeare, sino también de toda la literatura inglesa de su época, de Kyd a Johnson, de Marlowe a Milton. Por querer probarlo todo, la credibilidad siempre se debilita.

La mayoría de los estudiosos de fuste rechazan todos estos argumentos en favor de Bacon, y critican a la poesía atribuida a Bacon como demasiado diferente de la de Shakespeare como para haber sido escrita por la misma persona.

Mi Shakespeare, levántate. Yo no te alojaré cerca de Chaucer o Spenser o pediré a Beaumont ubicarse un poco más allá para hacerte un lugar. Tú eres un monumento sin sepultura Y estarás vivo mientras tu libro perdure y nosotros tengamos imaginación para leer y elogios para otorgar. Mi intelecto se excusa que yo no te asocie de esta manera: Quiero decir con famosas pero desproporcionadas Musas: ya que si yo pensara que mi juicio fuera de años te colocaría seguramente con tus pares, y diría cuánto has superado a nuestro Lyly en brillo o al arriesgado Kyd o al poderoso verso de Marlowe.
Y a pesar que tú has tenido poco Latín y menos Griego, de allí yo no tomaría nombres para honrarte, sino que llamaría a los tonantes Esquilo, Eurípides y Sófocles, Pacuvio, Accio, aquel de Córdoba muerto, nuevamente a la vida para oír el caminar de tu coturno y agitar el escenario. O cuando tus comedias eran representadas dejarte solo para la comparación con todo lo que esa insolente Grecia o la arrogante Roma enviaron, o que desde entonces vino de sus cenizas. Triunfa, mi Bretaña, tú tienes algo para mostrar, a quien todas las escenas de Europa deben homenaje. El no era de una época, sino de todos los tiempos. Y todas las Musas todavía estaban en su albor cuando como Apolo él vino desde allí para dar calor a nuestros oídos, o como un Mercurio para cautivar. La Naturaleza misma estaba orgullosa de sus designios y se alegró de usar el adorno de sus líneas que fueron ricamente hiladas y entretejidas tan adecuadamente, que desde entonces ella no avalaría ningún otro talento. El festivo Griego, el mordaz Aristófanes, el claro Terencio, el ingenioso Plauto, ahora no gustan sino que yacen anticuados y abandonados como si no fueran de la familia de la Naturaleza.
Sin embargo, no debo dar todo el crédito a la Naturaleza: tu arte, mi gentil Shakespeare, debe disfrutar de una parte. Pues aunque los Poetas importan y la Naturaleza es, su Arte imprime la forma. Y aquél que se lanza a escribir un verso vivo (como son los tuyos) debe sudar y golpear al segundo calor sobre el yunque de las Musas: volverse aquello (y él mismo con esto) que quiere fraguar; o si no como laurel él puede obtener desdén, puesto que un buen Poeta se hace al igual que nace. Y eso fuiste tú. Mira cómo el rostro del padre vive en su prole, asimismo, la estirpe de la mente de Shakespeare y de sus costumbres reluce brillantemente en sus versos bien torneados y limados en cada uno de los cuales él parece agitar una Lanza, como blandida a los ojos de la Ignorancia. ¡Dulce cisne de Avon! ¡Qué visión fuera verte en nuestras aguas aún aparecer y hacer esos vuelos sobre las orillas del Támesis que tanto arrebataran a Eliza y nuestro James! ¡Pero quédate, yo te veo en el Hemisferio honrado, y convertido allí en una Constelación! Resplandece públicamente, tú Estrella de Poetas...