
ADVERTENCIA: En caso de que la extensión del post te resulte excesiva a primera vista, piensa que al llegar al final del mismo siempre podrás retroceder en el tiempo, volver al instante en que no habías comenzado a leer y abandonar la idea. ¡Suerte!
Hola compañeros! tal como dice el título, lo que verán a continuación es una serie de preguntas (con sus respuestas) que seguro alguna vez se nos han ocurrido, y no sabíamos la gran respuesta.
¿Por qué tenemos pecas?
¿Por qué a algunas personas le salen pecas? No son besos de ángel, como dicen algunos cuentos populares. Son culpa de muchos años de evolución de nuestra especie humana. Culpa de una adaptación que desarrollaron nuestros ancestros homínidos cuando perdieron el pelo del cuerpo.
El pelo del cuerpo se cree que lo perdimos como una adaptación al estilo de vida que llevaban los primeros primates en caminar en dos patas, y que con el tiempo evolucionaron en los primeros integrantes de nuestro género humano. El Homo erectos, uno de los humanos más antiguos, ya contaba con una adaptación especial a poder recorrer grandes distancias sin que su cuerpo sufriese un recalentamiento, esto es gracias a que no tenía pelo en el cuerpo como casi todos los mamíferos, y también gracias a que tenían y tenemos millones de glándulas sudoríparas esparcidas por todo el cuerpo, algo que no sucede en otros mamíferos.
Al perder el pelo, había que protegerse del sol, así que la evolución favoreció la aparición del pigmento en la piel, el color negro que caracterizó a los primeros humanos. Las pecas son parches de pigmento, el pigmento conocido como melanina. Ese pigmento nos protege del los rayos ultravioleta del sol, que dañan nuestra piel.
Pero las pecas, así como los lunares, son acumulaciones de melanina, que se deben a dos razones, una es a la genética, es decir a una predisposición con la que nacemos, y otra es a la exposición al Sol. Si nos exponemos mucho al sol, nuestra piel generará más melanina para protegernos, por eso nos tostamos, pero también sucede que en algunos lugares falla y se acumula mucha melanina, dando lugar a nuevos lunares y a más pecas.
¿Cuánto sobrevive un espermatozoide?
Luego de la eyaculación, ¿cuánto sobrevive un espermatozoide? En cada eyaculación se pueden llegar a liberar hasta 250 millones de espermatozoides. Pero uno sólo podrá fecundar al único óvulo de la mujer, si es que al momento del sexo estaba justamente ovulando.
Pero, muchas veces a las parejas que se quieren cuidar de quedar embarazadas se les antoja la pregunta de cuánto puede sobrevivir un espermatozoide fuera de su hogar en los testículos del hombre. La supervivencia de los espermatozoides dependerá de la temperatura, principalmente, una de las razones de que nuestros testículos estén fuera del cuerpo colgando. Deben estar a una temperatura de entre 37 y 37,5 grados centígrados. También dependerá del grado de acidez del ambiente en el que esté: pH de 7 a 7,5.
La vagina es un medio hostil, en el que los espermatozoides sobreviven muy poco tiempo. Literalmente son achicharrados a los pocos minutos de entrar, ya que el pH allí está por debajo de 6. Cuando la mujer está ovulando, el pH sube, como para permitir que los espermatozoides sobrevivan un poco más, que suele ser de 2 a 16 horas.
Ahora, si son eyaculados en el exterior, a una temperatura de unos 15 grados, los espermatozoides puede sobrevivir hasta 2 días. Pero cuanto más calor haga, menos posibilidades tendrán.
¿Por qué las tapas de alcantarilla son redondas?
Las tapas de las alcantarillas suelen ser muy pesadas, pero llama la atención de muchos el que sean redonda, ya que algo típico en la sociedades humanas es que las puertas, entradas, ventanas, etc, sean cuadradas o rectangulares.
La razón principal de que las tapas de las alcantarillas son redondas es para que no se caigan accidentalmente hacia la alcantarilla o a ambiente subterráneo que están tapando. Algunas de esas tapas pueden pesar hasta 90 kilos, ya que son de acero sólido. Son así de pesadas para que no se salgan con facilidad, y para que sean duradera, pero claro, con semejante peso sería fácil que se deslizasen hacia abajo e hiciesen un destrozo, aparte de que sería muy incómodo tener que volver a subirlas.
Como ven en la imagen, los ángulos de una tapa cuadrada permitiría que se pudiese deslizar por la parte más pequeña, los ángulos opuestos. Una tapa circular no tiene ese problema, y son fáciles de volver a ubicar en su lugar, sin tener que andar haciendo coincidir las puntas.
¿Quién fué el primero en volar?
Noo eso no che
El que conoce un poco responderá enseguida que los primeros en volar fueron los hermanos Wright. Pero Orville y Wilbur Wright, fueron los primeros en volar con un aeroplano a motor, fueron decenas los que arriesgaron el cuello décadas y siglos antes de ellos para lograr volar, desde aleteando como las aves hasta planeando desde algún acantilado.
Los hermanos Wright fueron los primeros en volar con un aeroplano a motor, lo hicieron el 17 de diciembre de 1903, y el piloto era Orville, ya que Wilbur había intentado antes, sin lograrlo. Esa primera vez, apenas si volaron durante 12 segundos, y recorrieron unos 40 metros.
Pero el primero en volar no lo hizo con un aeroplano a motor, sino con globos aerostáticos inflados con aire caliente. Fueron los hermanos Joseph-Michael y Jacques-Ètienne Montgolfier, en 1783. La primera vez que lograron despegar del suelo, el 15 de octubre de 1783, fue Jean-François Pil"tre de Rozier, un químico y médico que los hermanos subieron al globo que se mantuvo atado al suelo, por las dudas.
Antes lo habían intentado con animales, pare estar seguros de que podían sobrevivir al hecho de estar suspendidos en el aire. Ese mismo año fueron los hermanos Montgolfier los que volaron por primera vez ya sin ataduras.
Incluso hay quienes dispuntan que fuesen los hermanos Wright los primeros en volar un aeroplano a motor. Ya que al parecer, un tal Henri Giffard logró hacer volar una especie de dirigible a vapor en 1852, y recorrió nada menos que 12 kilómetros, si bien cuando había viento, el avión comenzaba a andar en círculos.
Otro anterior fue fue Clément Ader, quién construyó en 1873 un planeador en forma de pájaro. Luego, siguió con una especie de avion similar a un murciélago, con un motor alimentado a vapor, y alas articuladas, que logró volar unos 50 metros en 1890.
Pero los primeros en hacer de todo esto algo eficiente fueron los Wright, por ello son los más recordados.
¿Cuál es la estrella más grande?
La estrella grande es la Estrella Pistola, que está rodeada por la nebulosa de la Pistola. Es la más luminosa de todas. Se encuentra a 25 mil años luz de nosotros. Se cree que es 100 veces más masiva que nuestro Sol, y 10 millones de veces más brillante.
En el cielo se la puede ubicar en la constelación de Sagitario, si bien no se la puede ver a simple vista por culpa del polvo estelar que hay entre ella y nosotros, por la gran distancia que nos separa. Los astrónomos la pudieron fotografiar con la cámara infrarroja del telescopio espacial Hubble, de la NASA, que les permitió quitar el polvo estelar.
¿Por qué el espacio es negro?
Cuando uno mira hacia el cielo nocturno, ve todo negro, aparte de las estrellas. ¿Por qué es negro el espacio?
El negro suele señalar la ausencia de luz, así que no se entendería por qué es negro, si el espacio está repleto de estrellas, que son soles. El Sistema Solar, que es el espacio más cercano que tenemos para observar en el cielo, está lleno de la luz de nuestro Sol.
Pero la respuesta está en que la luz viaja en una línea directa, a no ser que se refleje contra algo o sea curvada por un lente. Algo así como cuando vemos un puntero láser, que vemos el punto rojo que refleja sobre alguna superficie, pero no el haz de luz. La luz que hace el haz simplemente viaja hacia donde es apuntada, no hacia donde están nuestros ojos.
Así es que aunque el espacio esté repleto de haces de luz provenientes de las estrellas, la luz no se esparce hacia todos lados, anulando el negro. Hay que pensar también, que el espacio es inmenso, las distancias entre las estrellas y los planetas, entre los sistemas solares, y entre las galaxias son enormes. Así es que se puede decir que la mayor parte del espacio está vacío, por eso es principalmente negro.
¿Por qué levantamos los pulgares para indicar que todo está bien?
El levantar el pulgar o los pulgares de la mano para indicar que está todo bien, es una costumbre que nos llega desde la Antigua Roma, pero nos ha llegado con un error por culpa de una pintura muy popular.
En tiempos del Imperio Romano, era normal que se realizasen luchas de gladiadores en el anfiteatro de la ciudad. Si la lucha terminaba con uno de los luchadores derrotado en el suelo y moribundo, este podía pedir clemencia levantando las manos. Pero el vencedor no decidía él mismo si le perdonaba la vida o no, sino que le preguntaba al público.
Los espectadores se expresaban levantando el pulgar o bajándolo. Pero por culpa de un error histórico en el cuadro más hermoso y famoso de gladiadores, se ha popularizado desde el siglo XIX el hecho de que el pulgar hacia arriba significaba que estaba todo bien.
Lo cierto es que los espectadores, o el mismo emperador, si estaba presente en el evento, escondían el pulgar si creía que había que perdonar la vida del perdedor, indicando con el gesto que el ganador envainase la espada. Es decir, el puño cerrado, con el pulgar escondido. La expresión significaba pollice compresso favor iudicabatur (la buena voluntad se decide con el pulgar comprimido).
Si se votaba por la muerte del perdedor, el pulgar no iba hacia arriba, ni hacia abajo, tampoco, sino en posición horizontal hacia el cuerpo, señalando el punto donde debía ir el golpe mortal. El error proviene de una mala traducción de la línea latina pollice verso, que fue interpretado como pulgar hacia abajo, cuando en realidad significa pulgar extendido.
Todo surge del cuadro “Pollice Verso” (1872) del pintor francés Jean-Léon Gérôme. El más famosos, que incluso ha inspirado a películas como Gladiador, de Ridley Scott, y que comete el error que se propagaría en la costumbre actual.
A partir de ese cuadro quedó mal establecido, y se fue adoptando como gesto de que todo está bien el pulgar hacia arriba. Los pilotos estadounidenses de la Segunda Guerra Mundial lo adoptaron para indicar que todo funcionaba bien, y así se esparció por la cultura estadounidenses, que a través del cine lo difundió por todo el planeta.
¿Cómo se genera el ruido del trueno?
El trueno es el ruido que genera un rayo al caer, ¿pero por qué aparece ese ruido tan estruendoso que incluso puede hacernos doler los oídos si cae cerca?
El rayo es el camino que sigue la descarga eléctrica que une una nube cargada de estática con la tierra. El rayo transporta una enorme cantidad de energía que calienta de forma instantánea el canal por el que pasa al temperaturas de decenas de miles de grados centígrados que terminan generando una onda de choque. El aire, al calentarse, se expande dentro del canal del rayo, pero fuera de ese canal la temperatura es fría, lo que hace que el aire que se expandió se vuelva a contraer al irse la carga eléctrica. Esta rápida expansión y contracción generan una onda de choque que es la responsable de el sonido del trueno.
El rayo viaja a la velocidad de la luz, mientras que el trueno es un sonido, que tiene una velocidad menor, por eso existe siempre un retraso en la forma en que los percibimos. Pero ese retraso suele variar. Esto ayuda a calcular que tan lejos nuestro cayó el rayo, ya que dependiendo de que tan largo se al intervalo entre la luz del rayo y el sonido del trueno, más lejos habrá caído.
Un cálculo groso modo, sin tomar en cuenta muchos detalles técnicos, nos permitiría estimar que cada 2,9 segundos que pasen entre el rayo y el trueno, será indicador de que el rayo cayó a 1 kilómetro de distancia. Así que es fácil, cuando ven el rayo, comiencen a contar, y cada tres, será un kilómetro. Un trueno puede llegar a escucharse hasta a 20 kilómetros de distancia.
¿De dónde viene el nombre de América?
El mejor consejo que se le puede dar a un joven que está empezando en el mundo laboral es que se sepa vender bien. Sí, que sea el mejor publicista de sí mismo. Así era el italiano Amerigo Vespucci, cuyo nombre se ha popularizado en castellano como Américo Vespucio. ¿Y el nombre de América? ¡En eso estamos!
Cuando Cristóbal Colón (Cristoforo Colombo) partió en busca de una ruta hacia la tierra de las especias en Asia, se encontró con algo nuevo en medio, un continente del que no se tenía noticias en Europa. Pero Colón estaba equivocado, él pensó que el mundo era más pequeño, y que efectivamente había llegado a donde se había propuesto, las costas de Japón e India.
En 1502, el mercader y explorador Américo Vespucio, durante su segundo viaje hacia las tierras descubiertas por Colón, sospechó de que no se trataba de Asia, sino de un nuevo continente. En las cartas que escribió, comenzó a hablar del Mundus Novis, o Nuevo Mundo. Era tan buen publicista y marquetinero, que a lo largo de Europa se hablaba de sus propuestas, al grado de que América del Sur, que por ese momento se creía separada de las tierras a las que había llegado Colón, que eran las islas del Caribe, comenzó a llamarse América en los nuevos mapas de la región.
El primero en hacerlo fue el cartógrafo Mathias Ringmann en su tratado Cosmographiae Introductio. Le siguió el planisferio mural Universalis Cosmographia, dibujado por el cartógrafo alemán Martín Waldseemüller, donde América aparecía rodeada de agua y perfectamente diferenciada de Asia.
Así fue como América recibió su nombre, dejando de lado a Colón, y también a los pobres vikingos, que ya habían descubierto América del Norte en el año 1000, y nadie les prestó atención.
¿Por qué la Tierra se llama así?
¿Por qué nuestro planeta se llama Tierra? El nombre se confunde con la palabra tierra, que utilizamos para referirnos al suelo oscuro y fértil. De allí proviene la palabra, de su asociación con la diosa griega de la fertilidad Gea, que los romanos adoptaron y llamaron en latín Terra o Tellus.
Esta deidad estaba siempre en contraste con Júpiter, el dios del cielo, y era la representante del elemento tierra, uno de los cuatro elementos clásicos, junto con el aire, el agua y el fuego. Era tanto responsable de los cultivos, como de los terremotos.
No tiene el mismo nombre en todos los idiomas, pero sí está relacionado con la palabra destinada para el elemento tierra, suelo, o alguna deidad relacionada con este. Por ejemplo, en inglés es Earth, en alemán es Erde, significan también suelo. Pero los aztecas, por ejemplo, llamaban Tonantzin, Nuestra Madre, a nuestro planeta, era una deidad que a veces era llamada madre de todos, asociada en la actualidad al cristianismo. Entre los incas y otras poblaciones de los Andes, la Pachamama era la madre mundo. Entre los chinos antiguos existía la deidad Hou T'u, de la tierra y el suelo.
¿Sentarnos cerca de la TV nos daña la vista?
“¡No te sientes tan cerca del televisor que te vas a quedar ciego!”, suelen decir las madres a sus niños. ¿Qué hay de cierto en esto? Nada. La realidad es que ni mirar la televisión de cerca, ni de lejos, daña nuestra vista. El mito popular dice que si los niños se pegan a la TV, terminarán con anteojos a temprana edad, pero el origen del mito es otro.
Las televisiones son un invento bastante reciente, y sólo se han vuelto masivos, con varios aparatos en cada hogar, en las últimas décadas. En los años 1960s, en los primeros tiempos, existía un modelo de TV que comercializó General Electric en Estados Unidos, que emitían niveles de radiación bastante altos, 100 mil veces más altos de lo que se considera seguro para la salud. Cuando GE se enteró de ello, enseguida mejoró el diseño. Pero antes, con los primeros aparatos de los años 50, también emitían altos niveles de radiación que podían dañar la vista de las personas.
Los aparatos que siguieron emitían mucho menos, pero de ahí surgió la costumbre de evitar estar muy cerca del televisor. El asunto es que hace décadas que la apodada “caja boba” ya no emite radiación, gracias a un revestimiento protector. Por eso lo único que puede producir en los ojos una TV de hoy en día es cansancio, pero eso lo hará independientemente de si estamos cerca o lejos.
Lo mismo sucede con el viejo mito de leer con poca luz. Se solía decir que íbamos a terminar usando anteojos, o incluso que nos volveríamos locos como el Quijote, pero lo único que nos genera leer con poca iluminación es cansancio visual, e incluso sueño.
Nuestros ojos están preparados para lidiar con distancias largas y cortas, tanto daño puede hacerle al ojo estar siempre mirando de forma fija a algo lejos, como a algo cercano. Lo que hay que evitar es el estar mucho tiempo mirando fijo a algo, ya sea un libro, televisor, monitor de computadora, o lo que sea. Siempre hay que tratar de alternar, mirando hacia algún otro lado, más lejos, o más cerca, como para ejercitar los músculos oculares. Así que lo que nos hace daño, a la larga, no es mirar de cerca, sino quedarnos horas mirando fijo algún objeto.
¿Podemos aprender mientras dormimos?
¿Quién no deseó poder aprender mientras dormimos durante esos interminables días sin sueño previos a un examen? Al parecer, según un estudio publicado en Nature Neuroscience, es posible. Aunque, estudiantes del mundo, no se ilusionen, no sirve escuchar la lección del profesor en un grabador durante toda la noche.
Noam Sobel y colegas del Instituto Weizmann, de Israel, descubrieron que si ciertos aromas eran presentados luego de tonos durante el sueño, la gente comienza a olfatear cuando está despierta y escucha esos mismos tonos, por más que los aromas no estén presentes. Es decir, que la gente puede aprender nueva información mientras duerme, y esto puede modificar de forma inconsciente su comportamiento durante la vigilia.

Estudiar el sueño ya es complicado, y experimentar sobre cómo se puede aprender durante el sueño, es más complejo todavía. Hay que estar seguros de que los sujetos están dormidos y que así lo estén durante la lección que se pretende hacerles aprender. Todos los intentos por lograr que se aprenda escuchando a una persona hablar han fallado. Pero son muchísimos los estudios científicos que han demostrado que el sueño es muy importante para consolidar la memoria y lo aprendido durante el día.
Por eso Sobel y su equipo del Instituto Weizmann y del Hospital Loewenstein de Tel Aviv, realizaron experimentos con un tipo de condicionantes que involucran exponer a los sujetos a tonos, seguidos de aromas, y lograron que se exhibieran respuestas similares cuando escuchaban los tonos estando despiertos. La ventaja de este tipo de experimento es que ni los aromas ni los tonos despertaban a los durmientes, incluso algunos aromas pueden ayudar a mantener el sueño. Así y todo el cerebro procesó tanto los tonos como los aromas.
El sentido del olfato puede medirse de una forma no verbal de forma observable, al ver cómo una persona olfatea. Los investigadores descubrieron que el cerebro actúa de la misma forma cuando olfateamos, estemos dormidos o despiertos: inhalamos profundamente cuando sentimos un aroma agradable, pero cortamos la inhalación cuando nos asalta un mal olor. Esta variación en el olfateo puede registrarse, tanto si el sujeto está despierto, como si está dormido. El tipo de condicionamiento que los investigadores han probado parece simple, pero está asociado a regiones importantes del cerebro, como el hipocampo, que está involucrado en la formación de los recuerdos.
En el experimento, los sujetos durmieron en un laboratorio especial, monitoreados de forma constante. Se les hacía escuchar un tono, que enseguida iba seguido de un aroma agradable. Luego se tocaba otro tono, seguido de un olor desagradable. A lo largo de la noche, la asociación se reforzaba, así el sujeto a los mismos tonos y olores. Al día siguiente, los sujetos volvían a escuchar los tonos, con sus aromas asociados, pero esta vez permanecían despiertos. Si bien no tenían un recuerdo consciente de haber escuchado esos tonos durante la noche, su patrón de respiración contó una historia diferente. Respondían a los tonos ya sea olfateando en busca del aroma agradable, o cortando la inhalación al escuchar los tonos asociados a los malos olores.
Con otros experimentos pudieron descubrir que ese tipo de aprendizaje ocurre en la etapa del sueño conocida como REM, durante la cual ocurre un movimiento rápido de los ojos, asociado al momento en que soñamos. Según los investigadores, estos estudios sugieren que podríamos estar más abiertos a influencias de los estímulos que nos rodean durante la etapa de sueño REM, pero en realidad la fase en la que se consolidan es en la no REM, durante la que se sabe que se consolida la memoria. Ahora que conocen que algún tipo de aprendizaje es posible durante el sueño, los investigadores seguirán con los experimentos para ver cuál es el límite del aprendizaje, y qué información se puede aprender y cual no, al tiempo que investigan los procesos cerebrales de los estados alterados de la conciencia en pacientes en coma.
¿Por qué dura 9 meses el embarazo humano?
Si nos comparamos con otros primates, como por ejemplo los chimpancés, nuestros bebés humanos nacen subdesarrollados, totalmente indefensos y necesitados de cuidados maternos, ya que todavía les queda un largo camino de desarrollo fuera de la panza. El cerebro de los recién nacidos tiene un 30 por ciento del tamaño que tendrá de adulto, comparado con un 40 por ciento en chimpancés, nuestro pariente primate más cercano. Para que nuestros bebés humanos nazcan con el grado de desarrollo con que nacen los chimpancés, las mujeres deberían llevarlos en sus barrigas entre 18 y 21 meses. Pero claro, hay un pequeño problema, no podrían salir por el canal de la pelvis. Según la teoría hasta ahora, los embarazos humanos duran 9 meses porque sino las mujeres no podrían dar a luz a niños tan cabezones.
Pero un nuevo estudio de la antropóloga Holly Dunsworth y colegas de la Universidad de Rhode Island, Estados Unidos, no sería tan así, sino que el tiempo de gestación se debería más a una cierta capacidad metabólica de las madres, más que a un problema de pelvis.
Existe un dilema evolutivo en nuestra especie. Entre los antropólogos se llama el dilema obstétrico. Desde que nuestros antepasados primates comenzaron a caminar en dos patas de forma habitual, hace al menos unos 6 a 7 millones de años, la pelvis de las mujeres se redujo, y por ende el canal de parto por el que salen los bebés. Pero el problema es que al mismo tiempo la evolución favoreció el aumento del cerebro entre esas especies primates que fueron nuestros antepasados. Por esa razón, los bebés nacen antes de lo que sería el ideal, y nuestros antepasado tuvieron una infancia cada vez más prolongada.
Dunsworth sugiere en su estudio, publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences, que los humanos no están cortando la gestación, es decir, no dan por terminada la gestación a los 9 meses porque sino el bebé no saldrá por el canal de parto. Luego de hacer cálculos tomando en cuenta el tamaño del cuerpo, Dunsworth descubrió que estamos segundos después de los orangutanes, en la duración del embarazo, y sólo nos pasamos unos 37 días con respecto al tiempo de gestación de los gorilas y chimpancés.
Es decir que en realidad nuestra gestación no es más corta que el resto, sino que dura más de lo que pensábamos, si tomamos en cuenta la relación del tamaño corporal con el tiempo de gestación. Las madres humanas invierten mucha más energía en sus bebés mientras los llevan en la panza. Los investigadores descubrieron que los bebés humanos nacen con un cerebro un 47 por ciento más grande que el de los bebés gorilas, que son los primates segundos en la lista de bebés más grandes. Así es que nuestros bebés no están subdesarrollados, al contrario, son superdesarrollados.
Dunsworth y colegas también descubrieron que el tamaño de la pelvis no sería un problema, ni para caminar, ni para el nacimiento. Si debiésemos dar a luz bebés con un cerebro desarrollado al 40 por ciento de su tamaño adulto, como sucede en los chimpancés, la pelvis de las mujeres humanas apenas necesitaría unos 3 centímetros más de ancho. Esa medida extra no acarrearía problemas para caminar, ni un gasto de energía extra.
Así que tomando todo esto en cuenta, ¿por qué nuestros bebés detienen su desarrollo a los 9 meses de gestación? Para Dunsworth y colegas la respuesta está en la capacidad metabólica de la madre. Cuando se llega a los seis meses de embarazo, la madre ya está consumiendo el doble de la energía que necesitaría para los procesos metabólicos de su propio cuerpo. A medida que siguen pasando los meses, esa demanda de energía también aumenta.
Nuestro metabolismo es la forma en que el cuerpo transforma la energía, el quemar calorías, para mantener funcionando esa maquinaria corporal que nos mantiene vivos. El ritmo metabólico es la velocidad a la que nuestro cuerpo quema calorías. Se sabe que el cuerpo humano no pude tolerar un ritmo mayor a 2 o 2,5 veces el ritmo metabólico normal (excepto algunos deportistas profesionales). Por eso, según Dunsworth el metabolismo de las madres no está preparado para lidiar con la demanda energética de un bebé de más de 9 meses dentro de la panza.
Hasta la fecha se creía que la presión evolutiva de caminar erectos en dos patas, habían determinado el tamaño de los bebés al nacer, ya que sino no pasaba su cabeza por el canal de parto, pero al parecer es todo al revés, el metabolismo de la madre es el que pone un freno al tiempo de embarazo y el que dicta el tamaño del bebé al nacer, la pelvis femenina sólo se ha adaptado para encajar.
Se cree que antes de la aparición de la agricultura, y de la vida sedentaria, es decir hace unos 10 mil años atrás, los humanos no tendrían tantas energías como para que los bebés crezcan tanto, por lo que el parto no debería ser tan problemático como lo es ahora, todo podría ser más sencillo. Igualmente, el tamaño del bebé y de la pelvis es importante, ya que el recién nacido necesita ser ayudado a salir por el canal de parto, ya que tiene que dar una vuelta extraña para que pasen sus hombros y cabeza. También hay que tener en cuenta que el que nuestros bebés nazcan antes de que su cerebro esté más desarrollado, como ocurre en los chimpancés, no es una contra de la evolución, sino que permite que los bebés puedan aprender de la experiencia.
¿El que madruga es más feliz que el trasnochador?
No es noticia que a quienes les gusta trasnochar, el despertar temprano por la mañana es la peor tortura del mundo, razón por la cual se levantan con cara de pocos amigos, y de mal humor. Los madrugadores, la gente que no tiene problemas en levantarse temprano, al contrario, suelen evitar el famoso snooze del despertador, llegando a salir de la cama antes de que suene el despertador. Pero al parecer, no sólo es una cuestión de momentos, los tempraneros suelen ser más felices y suelen estar más satisfechos con la vida en general, según un nuevo estudio realizado por investigadores de la Universidad de Toronto, Canadá.
La tendencia de los adolescentes a ser noctámbulos suele desaparecer a medida que crecen, y según el estudio este cambio a madrugador podría ser la razón de por qué los adultos más viejos suelen ser más felices que los más jóvenes. Estudios anteriores sugerían que los tempraneros reportaban ser más felices que los trasnochadores, pero solían enfocarse sólo en adultos jóvenes.
El nuevo estudio se centró en el ciclo de vida completo, para poder elucubrar si los hábitos mañaneros de los individuos más ancianos contribuían a su visión sobre la vida en general. Para ello estudiaron a dos poblaciones, un grupo de 435 con edades de entre 17 y 38, y otro grupo de 297 adultos mayores con edades de entre 59 y 79 años. Ambos grupos llenaron cuestionarios sobre su estado emocional, qué tan saludables se sentían y obviamente su momento del día preferido.
Los investigadores descubrieron que llegando a los 60 años de edad, la gente es predominantemente madrugadora, mientras que sólo el 7 por ciento de los adultos jóvenes son tempraneros. Pudieron ver que los hábitos nocturnos y mañaneros cambian dentro de la misma persona a medida que va envejeciendo, ya que apenas un 7 por ciento de la población adulta sigue siendo trasnochadora pasados los 60 años.
Descubrieron que los adultos mayores reportaron más emociones positivas que los adultos jóvenes. El madrugar, al parecer, está asociado con una mayor felicidad en ambos grupos, no sólo en los adultos mayores. Los tempraneros también tendieron a decir que se sentían más saludables que los trasnochadores. Según los investigadores, esto podría deberse a que dormir mejor se asocia con una mejora en el sistema inmune, a la vez de que uno se siente más alerta. Para los autores la culpa de que los trasnochadores no sean tan felices, y se sientan menos saludables, podría deberse a que sufren de jet lag social, ya que están fuera de sincronización con el reloj biológico, también la sociedad en su conjunto suele estar organizada en horarios no aptos para trasnochadores.
Los trasnochadores deben despertarse temprano para ir a trabajar o para ir a la escuela, por más que no les guste, eso hace que se sientan infelices toda la semana por tener que hacerlo. Una buena siesta podría ayudar, si es que puedan darse el lujo…
¿Por qué nos apuramos a esperar?
A lo largo del día toda persona debe esperar, ya sea el autobús, el tren, en la fila del Banco, para conseguir un asiento en el restaurante, para ir al cine, para ir al baño luego de ver la película (si eres mujer), esperar es parte de nuestra vida social. Las esperas pueden ser de minutos o de horas si estás esperando que salga tu avión. Así que una persona curiosa, como un antropólogo, por ejemplo, podría sentarse no a esperar, sino a mirar a los que esperan, y descubriría que existen muchos y variados estilos de espera. Algunos necesitan estar haciendo algo, ya sea leyendo, escuchando música, o tejiendo. Algunos están tan pendientes que no pueden hacer nada más que esperar, y se la pasan mirando el reloj o el teléfono móvil. Sea como sea, hemos perdido la capacidad de otros animales de pasar el tiempo ociosamente, sin hacer absolutamente nada. La forma en que la gente espera es el resultado tanto de la personalidad como del ambiente social del individuo.
Tomemos dos ejemplos. Uno es la espera antes de abordar el avión, otro antes de entrar a ver una película en el cine. En ambos tenemos nuestros asientos asegurados, con número y todo, nadie nos los podrá quitar. También sabemos con exactitud la hora en la que podremos ocupar esos asientos. ¿Así que por qué la gente se suele agolpar en la entrada, incluso formando filas cuando no hace falta, mucho tiempo antes de que las puertas se abran? ¿Por qué el apuro por esperar?
Alrededor de esas entradas, seguramente habrá sillones para esperar tranquilamente sentados, habrá mucho espacio para que la gente no tenga que estar apretada. Sin embargo, bastará una única persona que acuda cerca de la entrada para que los demás se pongan nerviosos y acudan también, no vaya a ser que se queden sin lugar.
La espera es el período que transcurre hasta que ocurra algún evento esperado. No hay un método escrito sobre cómo se debe esperar, sin embargo, en ciertos contextos, todos tendemos a tener un patrón similar de espera, una impaciencia de grupo que puede llevar a estrategias agresivas para posicionarse mejor ante el evento esperado. Es una especie de respuesta a una necesidad de defender el territorio. Los territorios públicos se supone que son de todos, pero cada individuo toma posesión del espacio que ocupa mientras espera. Algunos prefieren abandonar el territorio invadido, como suele ocurrir cuando se nos para alguien cerca en el tren, en el autobús o se ubican en la misma mesa de la biblioteca. Pero si el sitio del que nos hemos adueñado momentáneamente nos profiere alguna cierta ventaja, no querremos abandonarlo.
Volviendo al ejemplo del cine y el avión, si bien el sitio que tendremos está asegurado, existe un beneficio psicológico al poder sentarse y reclamar el espacio, a la vez que también proporciona cierta calma, el acercarse a la entrada o al empleado que avisará cuándo se puede entrar. Muchos querrán llegar primero, para poder ser los que establezcan los límites alrededor de su asiento, y ver que alguien se prepara para hacerlo, el primero en ir hacia la entrada, predispone a los demás, que tal vez no tenían apuro, a querer hacer respetar su territorio, ese que todavía no han podido reclamar, pero que es suyo.
La espera larga que se acerca al final, así como las esperas cortas, predisponen a esta danza social complicada, en la que la gente la gente compite por un espacio, generando más ansiedad y ganas de que esa espera termine, que si uno sabe que tiene una hora o más por delante. Pero tampoco son tan malas las esperas, si no estamos pensando todo el tiempo en cuándo se terminará la espera, pueden resultar productivas, ya que nos permiten pensar en estos tiempos en que todo es rápido y casi sin oportunidades de meditar un poco. Acuérdense de esto, cuando les toque esperar nuevamente, no luchen por el puesto, y aprecien desde lejos esa el ajedrez social de la espera.
¿Estamos al borde de una extinción inesperada?
¿Cuáles son las amenazas globales de la Humanidad?
Un equipo internacional de científicos y filósofos se han reunido en el Instituto Futuro de la Humanidad de la Universidad de Oxford para investigar las principales peligros.
Han publicado un artículo científico titulado “Riesgos existenciales una prioridad global”, al que le tendrán que prestar atención los políticos y los hacedores de políticas.
Existe muy poca investigación, y se publica casi nada sobre los peligros que pueden llevar a nuestra especie a la extinción.
Si hacemos un repaso por los principales riesgos que enfrenta la especie humana, podemos quedarnos tranquilos que las epidemias y los desastres naturales no son una amenaza. Son los primeros que vienen a la mente, pero ya hemos sobrevivido a cientos de miles de años de enfermedades, hambrunas, inundaciones, depredadores, persecuciones, terremotos, y cambios climáticos.
No nos olvidemos que nuestra especie evolucionó hace unos 200 mil años en la sabana africana, bañada por el sol, y que ha sufrido varios cambios climáticos severos a lo largo de su historia, a la vez que se ha expandido por todos los climas y ecosistemas del planeta.
Los asteroides, lo otros grandes enemigos que suelen ser elegidos como los sospechosos de siempre, al menos en el cine y en la literatura, no serán una amenaza al menos en el próximo siglo, ya que se lleva un control estricto del Sistema Solar, y no hay amenazas cercanas.
Ni siquiera las dos grande Guerras Mundiales o la Gripe Española, en las que han muerto millones de personas, han detenido el aumento constante de la población humana. Una guerra nuclear, el mayor miedo de la ciencia ficción de los años 1950s y 1960s, sería devastador, pero sobrevivirían suficientes humanos como para continuar con la especie.
Hemos desbancado a los sospechosos de siempre, ¿quiénes quedan? Según los científicos del Instituto Futuro de la Humanidad, hemos entrado en una nueva era tecnológica con la capacidad de amenazar nuestro futuro como nunca había ocurrido. Son amenazas de las que no tenemos registros de haber sobrevivido, dicen.
A lo largo de miles de años hemos aprendido a controlar la naturaleza, al menos en un grado bastante importante. Con las nuevas tecnologías estamos perdiendo el control. Áreas como la biología sintética, la nanotecnología y las máquinas inteligentes nos están metiendo en un ambiente impredecible.
La nanotecnología, a un nivel molecular y atómico, puede ser muy destructiva si es utilizada como arma de guerra, dicen los autores. Por eso ya mismo habría que comenzar a restringir su uso desde los gobiernos nacionales. También la inteligencia artificial podría ser una amenaza, al ser indiferente a cualquier daño accidental.
Sistemas informáticos, algoritmos utilizados para manejar de forma automática los mercados de valores, podrían tener consecuencias destructivas en la gente, pueden llegar a manipular el mundo real.
También las modificaciones genéticas, que pueden ser llevadas a cabo con buenas intenciones, como la de prevenir enfermedades, pero podrían llegar a generar cambios catastróficos para nuestra especie. Algo que puede haber sido diseñado para ser benigno, puede convertirse en dañino cuando es transferido a un ambiente diferente, dicen los autores del estudio.
No se trata de alarmar y de aterrorizar a la gente. Sino de estar preparados. Existen computadoras suficientemente poderosas con la posibilidad de crear computadoras cada vez más poderosas. No es que pase como en Terminator y se vuelvan en nuestra contra, sino que la explosión de inteligencia artificial que estamos viviendo podría volverse impredecible e incontrolable.
Un pequeño proyecto local, por una reacción en cadena, podría terminar afectando a cada persona del planeta, gracias a las tecnologías que manejamos hoy en día. La principal amenaza hacia nuestra especie, hoy en día, somos nosotros mismos, y nuestras creaciones.
No estamos lo suficientemente adaptados a esta dependencia de la tecnología, no tenemos elasticidad, y por lo tanto se transforma en un riesgo de fragilidad social. El mundo está totalmente interconectado, tanto por medios de transporte, como por las comunicaciones. Un rumor se esparce de una punta del planeta a la otra en cuestión de minutos. Así que las consecuencias de algún error son mucho mayores que en el pasado.
La tecnología está avanzando a pasos agigantados, tan rápido que no hacemos a tiempo a comprender las implicancias que pueden tener sobre nuestra sociedad. Somos como niños jugando con armas. Estamos jugando con algo y no medimos el riesgo que tiene jugar con eso.
Según los autores del estudio, un gran cambio se avecina, estemos preparados o no. La condición humana cambiará, podría ser el fin, una catástrofe, o podríamos adaptarnos, como lo hemos hecho en los 200 mil años de historia que tiene nuestra especie. Pero si no nos ponemos a pensar en esos peligros, será muy difícil que no podamos adaptarnos a tiempo.
Bueno, por ahora eso fué todo! Hasta la próxima
Un equipo internacional de científicos y filósofos se han reunido en el Instituto Futuro de la Humanidad de la Universidad de Oxford para investigar las principales peligros.
Han publicado un artículo científico titulado “Riesgos existenciales una prioridad global”, al que le tendrán que prestar atención los políticos y los hacedores de políticas.
Existe muy poca investigación, y se publica casi nada sobre los peligros que pueden llevar a nuestra especie a la extinción.
Si hacemos un repaso por los principales riesgos que enfrenta la especie humana, podemos quedarnos tranquilos que las epidemias y los desastres naturales no son una amenaza. Son los primeros que vienen a la mente, pero ya hemos sobrevivido a cientos de miles de años de enfermedades, hambrunas, inundaciones, depredadores, persecuciones, terremotos, y cambios climáticos.
No nos olvidemos que nuestra especie evolucionó hace unos 200 mil años en la sabana africana, bañada por el sol, y que ha sufrido varios cambios climáticos severos a lo largo de su historia, a la vez que se ha expandido por todos los climas y ecosistemas del planeta.
Los asteroides, lo otros grandes enemigos que suelen ser elegidos como los sospechosos de siempre, al menos en el cine y en la literatura, no serán una amenaza al menos en el próximo siglo, ya que se lleva un control estricto del Sistema Solar, y no hay amenazas cercanas.
Ni siquiera las dos grande Guerras Mundiales o la Gripe Española, en las que han muerto millones de personas, han detenido el aumento constante de la población humana. Una guerra nuclear, el mayor miedo de la ciencia ficción de los años 1950s y 1960s, sería devastador, pero sobrevivirían suficientes humanos como para continuar con la especie.
Hemos desbancado a los sospechosos de siempre, ¿quiénes quedan? Según los científicos del Instituto Futuro de la Humanidad, hemos entrado en una nueva era tecnológica con la capacidad de amenazar nuestro futuro como nunca había ocurrido. Son amenazas de las que no tenemos registros de haber sobrevivido, dicen.
A lo largo de miles de años hemos aprendido a controlar la naturaleza, al menos en un grado bastante importante. Con las nuevas tecnologías estamos perdiendo el control. Áreas como la biología sintética, la nanotecnología y las máquinas inteligentes nos están metiendo en un ambiente impredecible.
La nanotecnología, a un nivel molecular y atómico, puede ser muy destructiva si es utilizada como arma de guerra, dicen los autores. Por eso ya mismo habría que comenzar a restringir su uso desde los gobiernos nacionales. También la inteligencia artificial podría ser una amenaza, al ser indiferente a cualquier daño accidental.
Sistemas informáticos, algoritmos utilizados para manejar de forma automática los mercados de valores, podrían tener consecuencias destructivas en la gente, pueden llegar a manipular el mundo real.
También las modificaciones genéticas, que pueden ser llevadas a cabo con buenas intenciones, como la de prevenir enfermedades, pero podrían llegar a generar cambios catastróficos para nuestra especie. Algo que puede haber sido diseñado para ser benigno, puede convertirse en dañino cuando es transferido a un ambiente diferente, dicen los autores del estudio.
No se trata de alarmar y de aterrorizar a la gente. Sino de estar preparados. Existen computadoras suficientemente poderosas con la posibilidad de crear computadoras cada vez más poderosas. No es que pase como en Terminator y se vuelvan en nuestra contra, sino que la explosión de inteligencia artificial que estamos viviendo podría volverse impredecible e incontrolable.
Un pequeño proyecto local, por una reacción en cadena, podría terminar afectando a cada persona del planeta, gracias a las tecnologías que manejamos hoy en día. La principal amenaza hacia nuestra especie, hoy en día, somos nosotros mismos, y nuestras creaciones.
No estamos lo suficientemente adaptados a esta dependencia de la tecnología, no tenemos elasticidad, y por lo tanto se transforma en un riesgo de fragilidad social. El mundo está totalmente interconectado, tanto por medios de transporte, como por las comunicaciones. Un rumor se esparce de una punta del planeta a la otra en cuestión de minutos. Así que las consecuencias de algún error son mucho mayores que en el pasado.
La tecnología está avanzando a pasos agigantados, tan rápido que no hacemos a tiempo a comprender las implicancias que pueden tener sobre nuestra sociedad. Somos como niños jugando con armas. Estamos jugando con algo y no medimos el riesgo que tiene jugar con eso.
Según los autores del estudio, un gran cambio se avecina, estemos preparados o no. La condición humana cambiará, podría ser el fin, una catástrofe, o podríamos adaptarnos, como lo hemos hecho en los 200 mil años de historia que tiene nuestra especie. Pero si no nos ponemos a pensar en esos peligros, será muy difícil que no podamos adaptarnos a tiempo.
Bueno, por ahora eso fué todo! Hasta la próxima
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