Los Tres Mosqueteros
Francia. Año 1625.
Reina Luis XIII, un rey bastante odioso e inútil, casado con Ana de Austria, un bombón de reina (más adelante se volverá ácida, como le ocurre a los bombones). El primer ministro es el Cardenal Richelieu, un hombre astuto y, en general, malísimo. (Nota: todos estos caracteres, y los que veremos más adelante, responden a la visión novelada de Dumas, que era un exagerado tendencioso. En próximas entradas veremos cómo eran históricamente).
Llega a Paris , desde su lejana provincia natal, el joven caballero, D’Artagnan. Flaco, de mirada penetrante, con un sentido del honor que se resuelve en pendencias a cada paso, sus 18 años están llenos de brío. Su máxima ambición es entrar a formar parte del regimiento de Mosqueteros del Rey, un cuerpo de guardia personal, especie de guardaespaldas de Luis XIII. Como el rey y el cardenal están constantemente de pica, éste también tiene su cuerpo de guardias, enemigos perpetuos de los mosqueteros.
Apenas llegado, se encuentra con tres desconocidos, mosqueteros ellos, con quienes comienza peleándose (como hace a cada paso) pero que terminan siendo sus amigos inseparables.
De ellos, Athos es pura nobleza y señorío, Porthos es un gigante forzudo sin mucha inteligencia, pero leal y bueno como el pan, y Aramís es un personaje lleno de misterios, medio cura y medio soldado, elegante, astuto e inteligente.
D’Artagnan, que pasará algún tiempo antes de ser admitido en el regimiento de mosqueteros, por medio de intrigas amorosas (era muy cariñoso, sobre todo con las mujeres ajenas) se entera de que la reina se pasó de amable con un muy rico y muy noble inglés, el duque de Buckingham, a quien regaló unos herretes de diamantes (nunca supe qué eran esos herretes. Recién me informo de que son unas terminales, como las que tienen los cordones de los zapatos, muy utilizados porque la ropa de aquel entonces estaba llena de cordones. También se usaban como adorno).
El malvado Cardenal , que odia a la reina vaya a saber por qué motivo, descubre el estofado gracias a sus espías y decide aprovecharlo para humillar a la reina y de paso sembrar un poco de discordia entre el matrimonio real. Monada de hombre.
Es aquí donde D’Artagnan y sus amigos mosqueteros entran en acción. Corren a Inglaterra, pelean a lo loco, revientan caballos y devuelven los herretes a la reina justo a tiempo para amargar al Cardenal. La acción se continúa con las fechorías de la también malvada (más que el Cardenal) milady de Winter, quien hace las mil y una para dar variedad y dramatismo al relato.
Hace asesinar al duque de Buckingham a través de un pobre fanático puritano a quien seduce, se encarga de matar personalmente a Constace Bonacieux, costurera de la reina y amor de D’Artagnan y para colmo, esta milady resulta ser la ex esposa de Athos, cuya verdadera personalidad es la de Conde de La Fere, a quien engañó e hizo tales perrerías que éste la colgó de un árbol. Al no ser marinero, por lo visto el nudo se le aflojó y la chica volvió a las andadas. Incorregible. Entre los mosqueteros y un verdugo, la juzgan y la ejecutan en el último capítulo, esta vez con muerte garantizada.
Los mosqueteros se separan, cada uno se va por su lado, y el único que queda enrolado, ascendido a teniente, es D’Artagnan. Queda sembrada la semilla para la continuación.
