Extraido del blog argentino de Abogados en San Isidro
Hoy traemos la opinión de Tre Critelli, abogado con experiencia en Estados Unidos, el Reino Unido y Japón, y autor de numerosas publicaciones sobre derecho penal.
¿Cómo se siente ser el abogado defensor de alguien que creemos firmemente que ha cometido el delito? Muchísimo mejor que ser el abogado defensor de alguien que creemos firmemente que era inocente.
Representar al culpable suele ser bastante sencillo. La carga la tiene la parte demandante para probar que tu cliente es culpable. Si tu cliente te dice que ha cometido el acto, se puede buscar una defensa afirmativa (por ejemplo que actuó en defensa propia) apoyándose en las pruebas existentes. Si tu cliente no te ha contado la verdad, entonces debes hacer tu mejor esfuerzo para demostrar su (falsa) inocencia, ya sea por destitución de los testigos, cuestionando las bases de las pruebas en su contra y debatiendo las inferencias que se realizan.
Representar al inocente, sin embargo, es completamente diferente. Además de lo anterior, también tienes un constante peso en tu conciencia, de que no importa lo que hagas, no va a ser suficiente. La carga ahora se posa sobre tus hombros para que pruebes la inocencia de alguien. Y es mucho, mucho más difícil probar un negativo (por ejemplo que alguien no hizo algo) de lo que es demostrar que alguien hizo algo. Un caso así te puede consumir fácilmente, poniéndose por sobre todo lo demás en tu vida, pues alguien que crees que es completamente inocente está en riesgo de ir a la cárcel o ser condenado a la pena de muerte, y eres el único que lo puede evitar.
Si el inocente es declarado culpable, tendrás que ir a dormir cada noche sabiendo que si ponías un poco más de esfuerzo, tal vez formulando una pregunta diferente a un testigo o invirtiendo sólo unas horas más revisando los documentos y buscando recursos, el resultado hubiera sido diferente y esa persona ahora estaría libre. Se convierte en tu culpa que la persona inocente esté en la cárcel, a pesar de que has hecho todo lo posible por evitarlo. Deberías haber hecho más. ¿Por qué no hiciste algo más? ¿Qué podría haber sido más importante que eso?
El caso te carcome durante meses, años e incluso décadas, y se convierte en una de esas cosas que nunca puedes olvidar.