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Un acorazado alemán hundido en el Río de La Plata

Info6/15/2013







El Tratado de Versalles prohibía a Alemania armar barcos de más de 10.000 toneladas; por esta limitación, los técnicos alemanes se habían ingeniado para montar verdaderas fortalezas flotantes en miniatura, que por su velocidad y potencia eran el orgullo de la ingeniería naval del Tercer Reich.










El Graf Spee era técnicamente un acorazado de bolsillo, con una estructura de planchas de acero, equipado con motares Diesel y 28 bocas de fuego. Antes del comienzo de la Segunda Guerra Mundial, el acorazado alemán debía tomar posición en el Atlántico sur para sorprender a las desprevenidas naves enemigas.

El alto mando alemán ordenó a su marina llevar el conflicto a las aguas del Océano Atlántico, a fin de evitar que llegaran, desde Estados Unidos, armas y alimentos a Inglaterra y los países que resistían la invasión. En diciembre de 1939 se produjo finalmente un combate naval entre barcos británicos y el Graf Spee, que fue obligado a refugiarse en el puerto de Montevideo.




El crucero del Admiral Graf Spee, destinado a operar en el Sur del Ecuador, resultó el más fructífero: del 30 de Septiembre al 7 de Diciembre de1939 hundió 9 vapores.

El buque tenía una tripulación compuesta por 44 oficiales y 1.050 suboficiales y marinos. Podía navegar a 26 nudos y tenía una autonomía de 19.000 millas.Contaba con dos torres, cada una con tres cañones de 280mm., y un blindaje de 140mm en la superestructura y partes vitales. El armamento secundario estaba compuesto por ocho torres de 150mm./cuatro por banda, además de armamento antiaéreo, seis tubos lanzatorpedos de 533 mm. y dos hidroaviones tipo Arado.









Su capitán tomó la decisión de hundirla cuando, con su tripulación, pasó a Buenos Aires. Las crónicas periodísticas de la época cuentan cómo llegaron a Dársena Norte, los trámites de identificación y su instalación en el Hotel de Inmigrantes. Pero por su condición de alemanes de Tercer Reich, fueron confinadas o internados en las serranías de Córdoba. Años más tarde, tres miembros de la tripulación del Graf Spee se convirtieron en propietarios de lotes en el balneario de Villa Gesell, cuyas primeros habitantes, como su fundador, fueran de origen alemán.











En diciembre de 1939, el acorazado alemán Graf Spee -gravemente averiado- se hundió, por su decisión de su capitán, al verse acorralado por una flota inglesa, frente a las costas de Montevideo.





Extracción del telémetro del Graf Spee - Foto Ambito Financiero 26/2/2004






Desde los primeros días de este año, reiteradas informaciones dieron cuenta de los intentos realizados por un grupo privado liderado por Alfredo Echegaray (con el beneplácito del gobierno uruguayo) para reflotar al legendario acorazado de bolsillo alemán Admiral Graf Spee. Hasta aquí, las noticias no se alejaban mucho de las historias que cada tanto llegan a las redacciones de los diarios, reseñando avances tecnológicos y descubrimientos científicos que de tan reiterados ya no nos asombran tanto, aplicados, en este caso, a expurgar los restos de un pasado bélico hundido en el fangoso lecho del Río de la Plata.
Coincidiendo con estos trabajos, un grupo de veteranos marinos (promedio de edad, ochenta y tantos años) se encaminó una abrumadora tarde de fines de febrero a los salones de un tradicional club de gimnasia que la coletividad alemana posee en Zona Norte, para dar a conocer su opinión, en exclusiva para LA NACION, sobre estas tareas que se realizan en las aguas frente a Montevideo.








Los cinco marinos, todos veteranos combatientes de la Kriegsmarine e integrantes del Círculo de Camaradería de los Ex Tripulantes del Acorazado Admiral Graf Spee se han reunido para expresar su sentimiento, totalmente opuesto al reflotamiento de su vieja nave. Aquí y allá, en una garganta que se quiebra, en una parrafada en alemán que nadie se procupa por traducir, en los ojos, en fin, velados por una indecible tristeza, se refleja el sentimiento compartido. Un sentimiento decididamente opuesto a perturbar el barroso lecho del río donde yace su nave. Hasta aquí, se trataría de un ejemplo más de la fuerte alianza que une a un marino con su barco, pero más aún, del recuerdo de su comandante, el capitán de navío Hans Wilhelm Langsdorff, cuya voluntad de hundir el barco donde está, dicen, debe ser respetada literamente.
Al recordar a Langsdorff, claro, viene a la memoria alguna vieja foto que mostraba al comandante alemán, en short y uniforme de verano, departiendo amigablemente en el puente de su barco con el capitán inglés de un barco hundido por él, al que había tratado con las clásicas leyes de la caballerosidad en la guerra en el mar. O si no, sus sobrios conceptos de aquella última entrevista que Julio Heller, redactor de LA NACION, le hizo pocas horas antes de que, volada su nave y puestos a salvo sus tripulantes, cumpliera una de las más viejas tradiciones del mar: hundirse (simbólicamente) con su barco y quitarse la vida. Un comportamiento, claro, que redondea una silueta digna, más propia de un relato de Joseph Conrad que de las sistemáticas carnicerías bélicas del siglo XX.
El Dr. Carlos D´Anna, asesor legal del Círculo de Camaradería de los marinos alemanes, menudo, nervioso y muy activo, nos muestra los documentos enviados a la embajada alemana en Montevideo, al embajador alemán en Buenos Aires, Rolf Schumacher, además del entregado al embajador uruguayo en Buenos Aires, Alberto César Volonté Berro. Este último, textualmente señala: "Mas allá de determinar la propiedad legal de los mismos (los restos del buque), y si se encuentran o no en aguas internacionales, queremos expresarle que ellos son sagrados para quienes servimos a bordo durante aquellos difíciles años de guerra, y aún más, para muchos argentinos y uruguayos que nos quieren y respetan. En su cubierta 36 jóvenes camaradas, que hoy descansan en tierra uruguaya, ofrendaron su vida y 60 resultaron gravemente heridos, sin olvidar a nuestro comandante, el capitán de navío Hans Wilhelm Langsdorff, el cual al sacrificar su vida quedó incorporado definitivamente a la historia como un verdadero héroe.
"Sr. Embajador, es tradición histórica naval, que a los buques de guerra hundidos en acción se los considere como `tumbas bajo el mar´, y este es un principio moral que su Gobierno debe respetar, permitiéndoles permanecer allí donde cayeron.
















Tres momentos del acorazado alemán GrafSpee. Cuando fue botado el 30 de junio de 1934; cuando fue volado por su capitán y por último fotografiado en el lecho fangoso del Río de la Plata. Foto Ambito Financiero
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