La razón por la que desde aquí, desde la Tierra, siempre vemos la misma cara de la Luna es que nuestro satélite tarda exactamente el mismo tiempo en dar una vuelta sobre sí mismo que en efectuar una rotación alrededor de nuestro planeta. Por eso, la “cara oculta” de la Luna no pudo ser vista hasta que, en 1959, fue fotografiada por primera vez por la sonda soviética Luna 3. Y ningún ser humano pudo contemplarla directamente hasta que los astronautas de la NASA la circunvalaran por primera vez a bordo del Apolo 8 en 1968.
Pero las cosas pudieron no ser siempre así. De hecho, una simulación informática realizada por Mark Wieczorek y Matthieu Le Feuvre, del Instituto para la Física Terrestre de París, apunta seriamente a la posibilidad de que, hace miles de millones de años, la situación fue exactamente la contraria: era precisamente la cara oculta de la Luna la que apuntaba directamente hacia la Tierra.
Esto es así porque el hemisferio oeste siempre apunta en la misma dirección en que la Luna se mueve. Y eso hace que tenga más posibilidades de recibir impactos, igual que es más probable que choquen más mosquitos contra la parte delantera que contra la trasera de un coche en movimiento.
La explicación es compatible con la idea de que, en algún momento del pasado, hace unos 3.900 millones de años, el impacto de un gran asteroide hizo que la Luna, literalmente, se diera la vuelta. Cosa que hizo en un periodo que los investigadores cifran en unas decenas de miles de años.