Lo hemos visto varias veces, tanto en las películas como en el mundo real del deporte. Suele pasar al final cada temporada de la NBA o la NFL (fútbol americano). Los jugadores del equipo campeón se adueñan del tanque plástico que contiene alguna bebida isótonica o agua y vierten todo su contenido -generalmente, helado- sobre la cabeza del entrenador. En la mayoría de los casos, más allá de cuan serios sean los técnicos, responden con una sonrisa, cómplices de la broma de sus dirigidos. En Ucrania, el Shakhtar Donetsk se consagró campeón y los suplentes saltaron del banco para compartir la alegría con el resto de sus compañeros. En el camino hacia el campo, empaparon al DT rumano Mircea Lucescu, quien lejos de relajarse con el título y continuar con el festejo, mostró todo su enojo, con un rostro adusto y de pocos amigos. ¿Dos menos para la próxima temporada? link: http://www.youtube.com/watch?v=XcuPmq233qM&feature=player_embedded