La otra cara de Petrobras Desde la adquisición en 2002 de PeCom Energía al Grupo Pérez Compac, la petrolera estatal brasileña exhibe una trayectoria asimilable a la de otras multinacionales del sector. La integración “productiva” y “social” del Mercosur está en entredicho. Una investigación de Flacso analiza su actuación en la Argentina. En qué medida la inserción de Petrobras en el mercado petrolero argentino exhibe características que difieren del resto de las transnacionales que operan en el país? El interrogante no es menor. No sólo porque se trata de un sector estratégico. Tampoco se agota en el tamaño de la compañía. La pregunta adquiere toda su dimensión si la respuesta se inscribe en el complejo campo de las relaciones que tejen la Argentina y Brasil. Más aún cuando se analiza el desempeño de la petrolera estatal brasileña a partir de 2003, año en que ambos países redefinieron la agenda de la región, y del Mercosur en especial, en busca de una integración “productiva” y “social” que subraya la complementación y la reducción de las asimetrías. El trabajo “Las translatinas brasileñas: un análisis de la inserción de Petrobras en Argentina”, de los investigadores de Flacso Mariano Barrera y Engenia Inchauspe (Ver: www.dintev.univalle.edu.co/revistasunivalle/index.php/SyE/article/view/1562) permite una aproximación que trasciende lo actuado por la compañía en el plano económico desde que desembarcó en la Argentina a mediados de los ’90 y consolidó su posición en los primeros años de la década actual. El recorrido habilita una serie de interrogantes adicionales que transitan el terreno político. El rol del Estado, los límites a la integración que impone la lógica empresarial y las tensiones cruzadas entre los modelos de desarrollo de nacionales y regional quedan, entonces, en el centro de la escena. Los primeros pasos. La llegada de capitales brasileños a la Argentina registró un primer movimiento entre los 1995 y 1998. Lo hizo en el marco de un modelo de Mercosur donde el énfasis estaba puesto en los postulados del regionalismo abierto. Marcado por el paradigma neoliberal, la lógica implicaba la preeminencia del enfoque comercial y una suerte de complementación librada al mercado, subraya el trabajo de los investigadores de Flacso. En ese contexto, y con el telón de fondo del desguace de la entonces todavía estatal YPF, Petrobras se posicionó en la Argentina integrando en forma minoritaria un consorcio con Tecpetrol (Grupo Techint), la Compañía General de Combustibles, la australiana Ampolex y la propia YPF para explotar el yacimiento salteño de Aguarague, concesión recientemente extendida por diez años más a partir de su vencimiento original previsto en 2017. Barrera e Inchauspe puntualizan que, sin embargo, recién a fines de la década del ’90 comenzó a participar con fuerza en el mercado local: “En primer lugar, con la constitución en 1998, en conjunto con Dow Chemical (28%) e YPF S.A. (38%), de la compañía Mega”, encargada de realizar la inversión para conectar mediante un poliducto de 600 kilómetros el yacimiento Loma La Lata, en Neuquén, con una planta situada en Bahía Blanca para recuperar y fraccionar componentes pesados del gas natural. El tercer y último movimiento de la primera etapa de inserción se concretó en 1999, cuando Petrobras firmó un acuerdo con Repsol, que por orden de la Secretaría de la Competencia, la Desregulación y la Defensa del Consumidor debió desprenderse, antes de tomar el control de YPF S.A., de 681 estaciones de servicio EG3. Para la brasileña, el acuerdo significó su ingreso al segmento del dowstream argentino; para la española, la posibilidad de comercializar derivados en el mercado de Brasil. La gran jugada. El posicionamiento definitivo de Petrobras en el mercado hidrocarburífero nacional se dio en un marco económico radicalmente diferente. Ocurrió tras al implosión del régimen de convertibilidad y la posterior devaluación del peso. “Se materializó a través de la compra, el 17 de octubre de 2002, del 58,62% del paquete accionario de Pérez Compac S.A. por 1.028 millones de dólares. La adquisición de unos de los mayores grupos económicos del país, principal beneficiario del proceso de fragmentación de YPF y de las privatizaciones en general, le otorgó fuerte poder sobre el mercado a través de la integración vertical en sus actividades”. La adquisición posicionó a Petrobras como la segunda extractora de petróleo y la quinta de gas natural en la Argentina. El mapa relevado por Barrera e Inchauspes señala que el grupo tiene en la actualidad participación en el sector petroquímico, a través del Complejo Petroquímico Integrado Puerto General San Martín y de la Planta de Poliestireno y Bops. Sus intereses se extienden a la fabricación de lubricantes y la generación y distribución de energía eléctrica, en este último rubro a través de sus participaciones en Central Termoeléctrica Genelba, Piedra del Águila, Pichi Picún Leufú, Edesur S.A., Encor S.A. y Transportadora Gas del Sur. “En cuanto a su posicionamiento en el mercado hidrocarburífero, posee injerencia tanto en el upstream como en el downstream, a través del negocio en la comercialización y transporte de hidrocarburos, y de la propiedad de refinadoras y un gran número de estaciones de servicio. Esta fuerte inserción en el mercado doméstico la posiciona como un actor de marcado poder entre los grupos que integran el oligopolio petrolero energético”, destacan los autores. El desempeño. La adquisición de de PeCom Energía le permitió a Petrobras controlar las áreas que antes explotaba la empresa del holding Pérez Compac. ¿Cuál fue el desempeño de las áreas sobre el telón de fondo de una producción nacional de gas natural y petróleo declinantes desde 2001? Los investigadores señalan que la extracción de petróleo descendió entre 2003 y 2010 a una tasa anual acumulativa del 9,8%. “En los relativo a la extracción de gas natural, la tendencia es relativamente disímil –afirman Barrera e Inchauste–. Desde 2000 hasta 2002, la extracción se mantuvo constante con una leve alza. Luego de esa fecha tuvo un marcado incremento (14,2% interanual), para luego descender hasta el final de los años analizados (-7,6%)”. La dinámica difiere con el desempeño de Petrobras en su país de origen. El contraste es notorio. Los números de la empresa señalan que en Brasil su producción de petróleo y gas natural crecieron un 50% y un 44%, respectivamente, entre 2001 y 2010. “Indudablemente, esto responde a la magnitud del capital invertido en exploración y producción, que según publica Petrobras en su página web, se incrementó un 42,8% entre 2003 y 2010, al pasar de 3.522 a 18.600 millones de dólares”, puntualiza el trabajo. Al evaluar el desempeño de la compañía, Barrera e Inchauste destacan que “con excepción de los años 2006 y 2007, en los cuales la empresa brasileña realizó 7 pozos exploratorios terminados, en el período bajo estudio no ejecutó más de 1 pozo al año, alcanzando un mínimo en 2009 y con nula actividad exploratoria en 2010”. De allí, la caída de sus reservas y la pérdida de productividad del 61% en el lapso 2003/2009 –frente a un promedio nacional del 37%-. La dinámica de Petrobras en el downstream fue similar. La compra de Pérez Compac significó que se convirtiera en la cuarta refinadora del país. Con excepción de las inversiones realizada en la refinería de San Lorenzo –comprada por Cristóbal López el año pasado–, Petrobras se limitó a utilizar la capacidad instalada de las plantas que adquirió. Una vez más –señalan los autores–, el desempeñó local contrasta que el que exhibió en su país de origen. “El igual que lo acontecido en el upstream, la inserción de Petrobras en Argentina apuntó a posicionarse, a partir de la adquisición de una firma preexistente, en mercados oligopólicos, asumiendo una fuerte posición dominante en cada uno de los sectores, sin la necesidad de realizar fuertes inversiones para ampliar sus dominio”
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