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Darwinismo y Judaísmo
Aclaración: este artículo fue escrito por Gustavo Perednik
Las conflictivas relaciones entre ciencia y religión no son nuevas. En su tiempo, Charles Darwin, autor de la teoría evolucionista más famosa, fue duramente perseguido. Resulta lamentable que en el ardor de ese debate no hubieran logrado leerla con cuidado. Habrían podido notar que la Torá no rechaza la posibilidad de que un humanoide existiera antes de la creación de Adán. Y éste es un punto crucial.

El "preadamismo" (que sostiene que Adán fue la corona de un proceso evolutivo, y no su comienzo) fue explícitamente propuesto por primera vez en 1646 por Isaac de La Peyrere, quien así estimuló impensadamente la llamada Crítica Bíblica. Para la creación del primer homínido, el Génesis usa el verbo "hacer" (1:26); para el ser humano es "crear" (1:27). Había un ser previo al humano, desde el que éste evolucionó.

Adán se apareó con esos seres preadámicos para engendrar a su tercer hijo, Seth (4:25, 5:3). El Talmud lo comenta: "no eran seres realmente humanos, carecían de espíritu divino, constituían un animal con forma humana". Con los mismos términos se refiere Maimónides a "los hijos de Adán antes de Seth". Y también del máximo exegeta medieval, Rashi, puede deducirse que hubo animales con forma humana: Eva dio a Adán del fruto prohibido "para que no muriera ella y él tomara otra esposa".

Los intentos de compatibilizar la doctrina de Darwin con las enseñanzas bíblicas no son pues nuevos, sino que parecen resultar de una singular evolución. En su autobiografía, Darwin anotó complacido que acerca de El Origen de las Especies "hay incluso un ensayo en hebreo que muestra que la teoría está contenida en la Biblia". El texto había llegado a sus manos en 1876, junto con una carta en hebreo pletórica de citas bíblicas, cuya traducción aún se exhibe en la Colección Darwin de la Universidad de Cambridge.

El ensayo se titula "Toldot Adam" , y su autor fue un darwinista poco recordado, Naftalí Halevi (1840-1894). Halevi explicita el propósito de su ensayo: "enseñar el significado de la creación de acuerdo con nuestro gran maestro Moisés", desde la hipótesis de que la teoría de la evolución de Darwin se desprende de la sabiduría rabínica y de la Torá.

Halevi concluye que la humanidad es la parte más esencial de la naturaleza, porque sin humanos la naturaleza "no sabría de su propia existencia". Y trae un candoroso mensaje que parece promisorio aun hoy: "cuando mi pueblo perciba que su teoría, profesor Darwin, de ningún modo es un desvío de la divina Torá, portarán su nombre con reverencia y así glorificarán al Dios de Israel... porque el darwinismo sólo amplía los límites de la Creación, y ergo le atribuye altos logros al sublime Creador".

