Hola amigos, amiguitos, amiguines, amiguillos, amigotes, amigones ,etc,etc de T!
Como siempre digo: Lo siento por la mala ortografia no se poner acento en la laptop
Disfruten...
La ahorcadita
Esta historia sucedió en 1827 cuando una mujer embarazada llamada Martina fue golpeada con un metate (piedra con que se muele maíz) por su suegra y su esposo, hasta morir, acusándola de haber sido infiel.
Al percatarse de que la habían asesinado a la mujer la envolvieron en un cuero de vaca, la llevaron arrastrando asta un lugar que se encontraba completamente solo, la colgaron a un árbol e hicieron creer a la gente que se había suicidado.
Con lo que no contaban los infames asesinos era con el hijo de Martina, un pequeño niño con retraso mental que había visto todo lo ocurrido y que en cuanto llego la policía a investigar a su casa contó toda la verdad, quedando así expuestos como los asesinos de la mujer.
Cuentan que alrededor del árbol en que colgaron a la mujer nacieron cuatro pequeños árboles que nunca crecieron y que representan los cuatro meses de su embarazo.
Se dice que hoy muchas mujeres que no pueden lograr un embarazo visitan el lugar para pedirle el milagro y, al rezar por el bebé que falleció, lo logran al poco tiempo.
Hotel California...
Estoy segura que como yo, mucha gente ha escuchado y hasta entonado algunas estrofas de esta famosa canción sin imaginar las leyendas urbanas que se entretejen detrás de la letra.
Interpretada por el legendario grupo The Eagles, surge este tema a mediados de los años 70s, cuyo álbum lleva el mismo título. Hotel California se ha convertido en un ícono de esa época que ha trascendido al paso del tiempo. En realidad fue tal su éxito, que en 1977 obtuvo el Grammy como el álbum del año. Este sencillo encabezó también el Billboard Hot 100 y la Asociación Americana de la Industria Discográfica lo certificó con el galardón de oro por la venta de 1 millón de copias ese mismo año. Desde su lanzamiento, se han registrado ventas por más de 16 millones de copias solamente en Estados Unidos. En esta melodía comparten los créditos Don Felder, Don Henley y Glenn Frey.
La controversial letra de Hotel California literalmente narra la experiencia de un hombre que extenuado por el viaje, llega en una noche obscura a un hotel donde se percibe un olor a marihuana en el ambiente (warm smell of colitas). Este personaje es recibido por una mujer que le ofrece una botella de vino y quien le muestra el camino alumbrándolo con una vela en la mano. Al ver que la mujer no regresa con el vino, éste le reclama al encargado, quien a su vez le responde: "no habíamos tenido a ese espíritu aquí desde 1969" (we haven’t had that spirit here since 1969).
Esta surrealista historia cuenta que todos los huéspedes de ese sitio son prisioneros y que no pueden salir. La leyenda supone que Don Henley en realidad estuvo hospedado en ese hotel, ubicado en el Pueblo Mágico de Todos Santos en la península de Baja California Sur, entre La Paz y Los Cabos (74 kilómetros al norte de Cabo San Lucas), y que fue ahí donde se inspiró para escribir la letra de dicha canción sin imaginar el éxito que ésta tendría. Lo cierto es que antes de que esto ocurriese, el Hotel California existía desde 1932 como un sencillo centro de hospedaje en la planta alta, mientras la planta baja fungía meramente como una tienda donde se vendía un poco de todo, desde gasolina, hasta latería, refrescos y hielo. Se decía que por las noches el espíritu de una mujer de nombre Mercedes se aparecía a los hombres invitándolos a tomar vino.
Aunque Don Henley ha declarado en innumerables ocasiones que él nunca ha estado en ese lugar y que la letra no supone ningún tipo de alucinación fantasmagórica, sino por el contrario, que es una descripción metafórica del mundo de las drogas y de los excesos, cierto es que sin duda alguna, se trata de una de esas letras en las que sólo el autor conoce el sentido real que deseó expresar.
Tras haber tenido varios dueños, el Hotel California es hoy propiedad de unos canadienses que lo remodelaron conservando su fachada original para ofrecer el servicio de hospedaje en este encantador lugar, que es un verdadero oasis con frondosa vegetación, hermosos atardeceres y un clima con una envidiable temperatura templada. En su pródigo suelo, otrora productor de caña de azúcar, crecen en abundancia el mango, el aguacate y la papaya. Aquí se puede sentir aún la tranquilidad de la provincia, la hospitalidad y calidez de su gente.
Este bello rincón Mexicano es refugio de artistas venidos de todos lados, principalmente norteamericanos. Por todos lados se pueden apreciar construcciones coloniales, calles empedradas y adoquinadas que parecen sacadas de antiguos libros donde el tiempo no ha pasado.
Los amantes del mar y de la vida animal encontrarán a tan sólo tres kilómetros de este pueblo encantado, las hermosas playas del Océano Pacífico, que ofrecen un reto a quienes desean surfear y cabalgar sus caprichosas olas. La diversidad de paisajes, los médanos, cactus, playas de arenas doradas, formaciones rocosas, el avistamiento de ballenas y de aves en la “Baja”, son sin lugar a dudas, un espectáculo natural sin igual.
Hoy por hoy, el lugar es visitado por cientos de personas que no sólo se detienen frente a la fachada del Hotel California para tomarse la foto del recuerdo, sino también para conocer las maravillas naturales circundantes. El éxito de The Eagles se convirtió sin querer en una leyenda de la leyenda. Nada mejor que visitar este pueblo y sacar sus propias conclusiones ¿no cree usted?
La mujer vestida de Negro
Hay una leyenda muy conocida aquí en La Paz, BCS, de una mujer de negro. Cuentan que esa mujer de negro sale del panteón; sale en las noches. Como a mí me han contado la leyenda es que iba en un taxi pasando por la noche frente al panteón y una mujer le hizo la parada; era una mujer vestida toda de negro. Entonces el taxi le dio raite y parece que el taxista no sabía esa historia y la llevó adonde la mujer le pidió que la llevara. No estoy seguro, pero creo que le pidió que la llevara a una iglesia. La mujer se bajó y le dijo taxista que la esperara. Entonces ella caminó y se hincó enfrente de la puerta de la iglesia que, como era noche, estaba cerrada, y luego se volvió a subir al taxi y le pidió al taxista que la volviera a llevar al mismo lugar donde la había recogido. Cuando regresaron al panteón la mujer se desapareció y dejó un olor como de flores, si como un aroma de perfume de flores. El taxista se dio cuenta que la mujer se había desaparecido y ni siquiera le había pagado el viaje y luego sintió como un viento muy fuerte y dicen que se enfermó. Estuvo enfermo del susto varios días y no había doctor que lo pudiera aliviar, hasta que ya lo llevaron con una señora que parece que le hizo una barrida con un huevo de gallina y así se curó él taxista.
El ahogado del Barco Fantasma.
Esa playa de los Cabos también tiene una historia que habla de otro ahogado. Como dicho barco era muy conocido por los aventureros que creían que había un tesoro, en cierta ocasión varios hombres bajaron a explorarlo, utilizando esnórquels solamente. Parece que uno de ellos se atoró y no pudo salir a tiempo; murió ahogado. Sus compañeros lograron sacar el cadáver y dieron aviso a las autoridades. A partir de aquel trágico accidente y por mucho tiempo, buzos y exploradores decían que al andar nadando cerca del barco un fantasma los agarraba y trataba de ahogarlos, incluso cortándoles las mangueras de los tanques de oxígeno. Años después, y ahora que el barco varado ya no está ahí, todavía hay gente que afirma que en ocasiones se ve flotar el cuerpo de un hombre ahogado, pero cuando van a rescatarlo, no hay nada. Creen que sea el fantasma de aquella persona que murió ahogado mientras buscaba el tesoro del barco.
EL NIÑO QUE ENSEÑA LOS DIENTES
El primer relato de esta horripilante aparición la dio don Hipólito Escopinichi, zapatero remendón que tenía su negocio en la esquina sureste de la bocacalle de 16 de Septiembre y Altamirano y que vivía en la zona de Reforma y Valentín Gómez Farías, área específica donde siempre se apareció aquella monstruosidad en forma de niño. Una noche que regresaba del trabajo a su casa, se encontró a bocajarro con el niño; le dio la moneda solicitada y fue entonces que recibió como gratitud la horrible escena de los dientes mostrados con todo y la encía y eso, aunque a la luz del tiempo resulte absurdo, provocó la psicosis colectiva más importante de que se tenga memoria antes de la aparición de la igualmente famosa "pideveintes".
Días después del caso del zapatero, un sargento de la Policía Municipal se encaminaba al antiguo edifico de El Sobarzo hacia el sur de la ciudad, cuando en la esquina de Reforma y Altamirano vio venir en la claridad de la noche, la figura de un chamaco de escaso un metro de estatura. Conocedor de la leyenda, que ya se había diseminado por toda la ciudad, se preparó para enfrentarse con el monstruo. Fue cuando, luego de pedirle a señas una moneda, el niño mostró su horrible sonrisa cadavérica al agente. Este, ya prevenido, tomó su fuete (instrumento policial suplido ahora por el "tolete" y se dispuso a azotar al niño aquel de la risa horripilante. El agente murió al día siguiente de un paro cardiaco.
Una mujer ya entrada en años, que regresaba del antiguo hospital Salvatierra de El Esterito, fue interceptada por el niño. Presa de terror, huyó a toda carrera por una de las calles oscuras del barrio de la Isla de Cuba, con tan mala suerte, que una jauría de perros bravos la atacó hasta dejarla maltrecha. Víctima de las terribles mordeduras caninas, la dama falleció días después.
Se decía que "el espanto" parecía salir de entre las paredes de piedra cantera que circundaban una huerta que con el tiempo desapareció y que pertenecía a los descendientes de la familia Toledo. Alguien se alcanzó a puntada de sugerir que se tirara la barda y así se hizo una mañana friolenta. Sería por la psicosis de la leyenda, pero los albañiles aseguraban escuchar horribles sonidos de entre las piedras de la pared desmoronada.
Con el tiempo, la leyenda se olvidó y nunca más se supo del muchacho aquel que espantaba con sólo mostrar sus deformes dientes y sus rojas encías a los trasnochadores de la época.
El Mechudo
En 1897, en un pequeño periódico de Baja California Sur, en México, apareció publicada en primera plana la siguiente historia:
A 40 millas del Puerto de la Paz, a 50 millas en frente de la isla de San Francisquito, junto a la de San José, hay una montaña que bañan las aguas del mar. Situada entre los 24ª 42' 30'' de latitud norte y 110ª 40' de longitud oeste, que desde tiempos muy remotos es conocida con el nombre de "el mechudo"
Uno de los buzos más antiguos de las costas de California, cuenta que cuando se decubrieron los criaderos de perla en la Baja California y que el todavía no venía al mundo, los yaquis (indígenas de la región) eran libres de efectuar la pesca de la perla. Construian como ahora (en el año de 1897 fecha en aquella época el buzo se untaba el cuerpo con grasa, se ataba el estómago con un soyate, una especie de soga, y llevaba una estaca de palo en la mano, para defenderse de la ballena, bufeo (delfín), cachalote, tiburón y otros temibles animales que abundan en aquel lugar.
Una vez que los buzos se preparaban de la forma antes mencionada se arrojaban al fondo del mar, llegando cada buzo a sacar en unas cuantas horas 300 o mas conchas.
Los yaquis tenían la costumbre de ofrecer a la virgen la última perla que sacasen en su faena o jornada, lo que hacían devota y rigurosamente cada jornada. Uno de tantos yaquis, al terminar su tarea, sin duda por darse aires de descreido o valeroso, antes de arrojarse al agua a buscar la perla que le tocaba a la virgen "dijo que iba por ella para regalársela al diablo"...dicen las crónicas que aquel desdichado no volvió a salir del fondo del mar y que sus compañeros huyeron despavoridos y comentando el resultado de aquella terrible blasfemia.
Desde entonces, según cuentan los lugareños, en ocasiones, sobre todo antes de salir el sol, muchas de las embarcaciones que por ahi pasan, han visto emerger del agua a un individuo de larguisima melena, pero al pretender acercarse para verlo de cerca, este vuelve a sumergirse. Con el paso del tiempo los yaquis abandonaron aquel fecundo criadero de perlas, pero la leyenda ya esta creada y en la región el nombre de "el mechudo" cada vez es mas conocido, respetado y hasta temido...
Asi concluye la historia publicada en aquel periódico... y cierto o no, pero aun hoy en dia aquel lugar inspira cierto temor a quienes conocen el cuento, pues la naturaleza ha dotado a aquella costa de desnudas e imponentes rocas, siempre batidas por el chapoteo de las aguas, ruido que aunado a una caprichosa neblina, da lugar a un ambiente siniestro que se quiera o no, ocasiona cierto miedo, temor y hasta cierto pavor a quienes antes de salir el sol se atreven a navegar por esas aguas...
La leyenda del tesoro de Pichilingue
Cuando en el siglo XV se iniciaron los viajes de los galeones de Manila recorriendo la ruta de Filipinas a Acapulco, aprovechando la corriente del Kuro Sivo que pasa frente a la península de California, muchos barcos piratas acechaban su paso con el fin de apoderarse de las riquezas que traían. Uno de esos galeones, el Santa Ana, fue apresado por el corsario Thomas Cavendish frente a las costas de San José del Cabo y después de apoderarse del botín lo incendiaron.
En 1615, otro pirata de origen holandés, Boris Von Spilbergen, salió del puerto de Vlissinger rumbo al continente americano en busca de los galeones a los que por cierto nunca encontró. En su recorrido llegó a las costas de la Baja California y se cree que sus barcos se refugiaron en la bahía de La Paz. Andando el tiempo esos piratas fueron conocidos como “Los Pichilingues”. La leyenda dice: “Corría el siglo XVI cuando fue inaugurada, en el año de 1565, la ruta marítima Manila-Acapulco, cuyo primer recorrido estuvo a cargo del fraile Andrés de Urdaneta. Desde esa fecha mil galeones siguieron el mismo camino durante 250 años, trayendo de Asia telas de seda, artículos de jade y marfil, muebles tallados, perlas y joyas valiosas. De la Nueva España se llevaban cacao, cobre, plata y otros productos.
El establecimiento de este comercio entre los dos continentes despertó la codicia de otras potencias como Inglaterra, que permitió a piratas de su país asaltaran a los galeones en sus travesías. Uno de estos corsarios fue Francis Drake, quien en el año de 1578 recorrió todo el literal del Océano Pacífico atacando y saqueando puertos, apoderándose de buques españoles. El botín así adquirido fue muy valioso, sobre todo por el oro y la plata que contenía.
Uno de los barcos que asaltó fue la Nao “Santa Fe” a la altura de Cabo Corrientes, que llevaba en su interior un riquísimo cargamento de monedas de oro, perlas y joyas. Perseguido de cerca por dos embarcaciones españolas, se dirigió al norte rumbo a la península de California. Penetro en la bahía de La Paz y fondeó frente a la isla de San Juan Nepomuceno que enmarca la bahía de pichilingue. Ahí, ante la amenaza de sus perseguidores, Drake decidió esconder el tesoro amparado por las sombras de la noche. Acompañado de tres hombres de su entera confianza bajó a tierra y en uno de los declives de la isla sepultó los cofres del tesoro, no sin antes tomar las debidas referencias geográficas para su posterior recuperación.
En ese lugar permaneció cinco días esperando que pasara el peligro, al cabo de los cuales el barco desplegó sus velas y enfiló al sur, con el fin de pasar por el Estrecho de Magallanes y retornar a su patria, llevando en sus bodegas parte de las riquezas obtenidas en sus correrías por los mares y costas del continente americano.
Lo que fue un secreto quedó al descubierto, por que unos indios pericués, que habían llegado unos días antes a las costas de la bahía provenientes de la isla de Espíritu Santo donde tenían su residencia, observaron de cerca los movimientos de los piratas, aunque sin saber con certeza lo que ocultaron. Así, de boca en boca, fue transmitiéndose la noticia hasta llegar a oídos de los colonizadores españoles, quienes de apresuraron a buscar el botín.
Han pasado más de 400 años y el tesoro no ha sido encontrado. Existe la creencia de que Drake simuló enterrarlo, pero lo que hizo en realidad fue arrojar los cofres al mar sujetos a una pesada ancla a fin de evitar que las corrientes marinas lo arrastraran. Prueba de ello es que en una ocasión dos pescadores que recorrían las aguas de la ensenada de Pichilingue, vieron brillar “algo” en la superficie, y al acercarse encontraron una plancha de fierro parecida a un cincho que trataron de halar sin lograrlo, porque estaba sujeto en el fondo.
Como esto sucedió al atardecer, decidieron permanecer en el lugar, acondicionando un lugar para pasar la noche. En la madrugada se levantaron y al dirigir la vista al sitio donde apareció el objeto metálico, éste había desaparecido y en su lugar rizaban las tranquilas aguas.
Bueno fue todo..! Amigos a continuacion el broche de cobre del post...ah nahh no es cierto XD de Oro
adios...!!! /
Como siempre digo: Lo siento por la mala ortografia no se poner acento en la laptop
Disfruten...
La ahorcadita
Esta historia sucedió en 1827 cuando una mujer embarazada llamada Martina fue golpeada con un metate (piedra con que se muele maíz) por su suegra y su esposo, hasta morir, acusándola de haber sido infiel.
Al percatarse de que la habían asesinado a la mujer la envolvieron en un cuero de vaca, la llevaron arrastrando asta un lugar que se encontraba completamente solo, la colgaron a un árbol e hicieron creer a la gente que se había suicidado.
Con lo que no contaban los infames asesinos era con el hijo de Martina, un pequeño niño con retraso mental que había visto todo lo ocurrido y que en cuanto llego la policía a investigar a su casa contó toda la verdad, quedando así expuestos como los asesinos de la mujer.
Cuentan que alrededor del árbol en que colgaron a la mujer nacieron cuatro pequeños árboles que nunca crecieron y que representan los cuatro meses de su embarazo.
Se dice que hoy muchas mujeres que no pueden lograr un embarazo visitan el lugar para pedirle el milagro y, al rezar por el bebé que falleció, lo logran al poco tiempo.
Hotel California...
Estoy segura que como yo, mucha gente ha escuchado y hasta entonado algunas estrofas de esta famosa canción sin imaginar las leyendas urbanas que se entretejen detrás de la letra.
Interpretada por el legendario grupo The Eagles, surge este tema a mediados de los años 70s, cuyo álbum lleva el mismo título. Hotel California se ha convertido en un ícono de esa época que ha trascendido al paso del tiempo. En realidad fue tal su éxito, que en 1977 obtuvo el Grammy como el álbum del año. Este sencillo encabezó también el Billboard Hot 100 y la Asociación Americana de la Industria Discográfica lo certificó con el galardón de oro por la venta de 1 millón de copias ese mismo año. Desde su lanzamiento, se han registrado ventas por más de 16 millones de copias solamente en Estados Unidos. En esta melodía comparten los créditos Don Felder, Don Henley y Glenn Frey.
La controversial letra de Hotel California literalmente narra la experiencia de un hombre que extenuado por el viaje, llega en una noche obscura a un hotel donde se percibe un olor a marihuana en el ambiente (warm smell of colitas). Este personaje es recibido por una mujer que le ofrece una botella de vino y quien le muestra el camino alumbrándolo con una vela en la mano. Al ver que la mujer no regresa con el vino, éste le reclama al encargado, quien a su vez le responde: "no habíamos tenido a ese espíritu aquí desde 1969" (we haven’t had that spirit here since 1969).
Esta surrealista historia cuenta que todos los huéspedes de ese sitio son prisioneros y que no pueden salir. La leyenda supone que Don Henley en realidad estuvo hospedado en ese hotel, ubicado en el Pueblo Mágico de Todos Santos en la península de Baja California Sur, entre La Paz y Los Cabos (74 kilómetros al norte de Cabo San Lucas), y que fue ahí donde se inspiró para escribir la letra de dicha canción sin imaginar el éxito que ésta tendría. Lo cierto es que antes de que esto ocurriese, el Hotel California existía desde 1932 como un sencillo centro de hospedaje en la planta alta, mientras la planta baja fungía meramente como una tienda donde se vendía un poco de todo, desde gasolina, hasta latería, refrescos y hielo. Se decía que por las noches el espíritu de una mujer de nombre Mercedes se aparecía a los hombres invitándolos a tomar vino.
Aunque Don Henley ha declarado en innumerables ocasiones que él nunca ha estado en ese lugar y que la letra no supone ningún tipo de alucinación fantasmagórica, sino por el contrario, que es una descripción metafórica del mundo de las drogas y de los excesos, cierto es que sin duda alguna, se trata de una de esas letras en las que sólo el autor conoce el sentido real que deseó expresar.
Tras haber tenido varios dueños, el Hotel California es hoy propiedad de unos canadienses que lo remodelaron conservando su fachada original para ofrecer el servicio de hospedaje en este encantador lugar, que es un verdadero oasis con frondosa vegetación, hermosos atardeceres y un clima con una envidiable temperatura templada. En su pródigo suelo, otrora productor de caña de azúcar, crecen en abundancia el mango, el aguacate y la papaya. Aquí se puede sentir aún la tranquilidad de la provincia, la hospitalidad y calidez de su gente.
Este bello rincón Mexicano es refugio de artistas venidos de todos lados, principalmente norteamericanos. Por todos lados se pueden apreciar construcciones coloniales, calles empedradas y adoquinadas que parecen sacadas de antiguos libros donde el tiempo no ha pasado.
Los amantes del mar y de la vida animal encontrarán a tan sólo tres kilómetros de este pueblo encantado, las hermosas playas del Océano Pacífico, que ofrecen un reto a quienes desean surfear y cabalgar sus caprichosas olas. La diversidad de paisajes, los médanos, cactus, playas de arenas doradas, formaciones rocosas, el avistamiento de ballenas y de aves en la “Baja”, son sin lugar a dudas, un espectáculo natural sin igual.
Hoy por hoy, el lugar es visitado por cientos de personas que no sólo se detienen frente a la fachada del Hotel California para tomarse la foto del recuerdo, sino también para conocer las maravillas naturales circundantes. El éxito de The Eagles se convirtió sin querer en una leyenda de la leyenda. Nada mejor que visitar este pueblo y sacar sus propias conclusiones ¿no cree usted?
La mujer vestida de Negro
Hay una leyenda muy conocida aquí en La Paz, BCS, de una mujer de negro. Cuentan que esa mujer de negro sale del panteón; sale en las noches. Como a mí me han contado la leyenda es que iba en un taxi pasando por la noche frente al panteón y una mujer le hizo la parada; era una mujer vestida toda de negro. Entonces el taxi le dio raite y parece que el taxista no sabía esa historia y la llevó adonde la mujer le pidió que la llevara. No estoy seguro, pero creo que le pidió que la llevara a una iglesia. La mujer se bajó y le dijo taxista que la esperara. Entonces ella caminó y se hincó enfrente de la puerta de la iglesia que, como era noche, estaba cerrada, y luego se volvió a subir al taxi y le pidió al taxista que la volviera a llevar al mismo lugar donde la había recogido. Cuando regresaron al panteón la mujer se desapareció y dejó un olor como de flores, si como un aroma de perfume de flores. El taxista se dio cuenta que la mujer se había desaparecido y ni siquiera le había pagado el viaje y luego sintió como un viento muy fuerte y dicen que se enfermó. Estuvo enfermo del susto varios días y no había doctor que lo pudiera aliviar, hasta que ya lo llevaron con una señora que parece que le hizo una barrida con un huevo de gallina y así se curó él taxista.
El ahogado del Barco Fantasma.
Esa playa de los Cabos también tiene una historia que habla de otro ahogado. Como dicho barco era muy conocido por los aventureros que creían que había un tesoro, en cierta ocasión varios hombres bajaron a explorarlo, utilizando esnórquels solamente. Parece que uno de ellos se atoró y no pudo salir a tiempo; murió ahogado. Sus compañeros lograron sacar el cadáver y dieron aviso a las autoridades. A partir de aquel trágico accidente y por mucho tiempo, buzos y exploradores decían que al andar nadando cerca del barco un fantasma los agarraba y trataba de ahogarlos, incluso cortándoles las mangueras de los tanques de oxígeno. Años después, y ahora que el barco varado ya no está ahí, todavía hay gente que afirma que en ocasiones se ve flotar el cuerpo de un hombre ahogado, pero cuando van a rescatarlo, no hay nada. Creen que sea el fantasma de aquella persona que murió ahogado mientras buscaba el tesoro del barco.
EL NIÑO QUE ENSEÑA LOS DIENTES
El primer relato de esta horripilante aparición la dio don Hipólito Escopinichi, zapatero remendón que tenía su negocio en la esquina sureste de la bocacalle de 16 de Septiembre y Altamirano y que vivía en la zona de Reforma y Valentín Gómez Farías, área específica donde siempre se apareció aquella monstruosidad en forma de niño. Una noche que regresaba del trabajo a su casa, se encontró a bocajarro con el niño; le dio la moneda solicitada y fue entonces que recibió como gratitud la horrible escena de los dientes mostrados con todo y la encía y eso, aunque a la luz del tiempo resulte absurdo, provocó la psicosis colectiva más importante de que se tenga memoria antes de la aparición de la igualmente famosa "pideveintes".
Días después del caso del zapatero, un sargento de la Policía Municipal se encaminaba al antiguo edifico de El Sobarzo hacia el sur de la ciudad, cuando en la esquina de Reforma y Altamirano vio venir en la claridad de la noche, la figura de un chamaco de escaso un metro de estatura. Conocedor de la leyenda, que ya se había diseminado por toda la ciudad, se preparó para enfrentarse con el monstruo. Fue cuando, luego de pedirle a señas una moneda, el niño mostró su horrible sonrisa cadavérica al agente. Este, ya prevenido, tomó su fuete (instrumento policial suplido ahora por el "tolete" y se dispuso a azotar al niño aquel de la risa horripilante. El agente murió al día siguiente de un paro cardiaco.
Una mujer ya entrada en años, que regresaba del antiguo hospital Salvatierra de El Esterito, fue interceptada por el niño. Presa de terror, huyó a toda carrera por una de las calles oscuras del barrio de la Isla de Cuba, con tan mala suerte, que una jauría de perros bravos la atacó hasta dejarla maltrecha. Víctima de las terribles mordeduras caninas, la dama falleció días después.
Se decía que "el espanto" parecía salir de entre las paredes de piedra cantera que circundaban una huerta que con el tiempo desapareció y que pertenecía a los descendientes de la familia Toledo. Alguien se alcanzó a puntada de sugerir que se tirara la barda y así se hizo una mañana friolenta. Sería por la psicosis de la leyenda, pero los albañiles aseguraban escuchar horribles sonidos de entre las piedras de la pared desmoronada.
Con el tiempo, la leyenda se olvidó y nunca más se supo del muchacho aquel que espantaba con sólo mostrar sus deformes dientes y sus rojas encías a los trasnochadores de la época.
El Mechudo
En 1897, en un pequeño periódico de Baja California Sur, en México, apareció publicada en primera plana la siguiente historia:
A 40 millas del Puerto de la Paz, a 50 millas en frente de la isla de San Francisquito, junto a la de San José, hay una montaña que bañan las aguas del mar. Situada entre los 24ª 42' 30'' de latitud norte y 110ª 40' de longitud oeste, que desde tiempos muy remotos es conocida con el nombre de "el mechudo"
Uno de los buzos más antiguos de las costas de California, cuenta que cuando se decubrieron los criaderos de perla en la Baja California y que el todavía no venía al mundo, los yaquis (indígenas de la región) eran libres de efectuar la pesca de la perla. Construian como ahora (en el año de 1897 fecha en aquella época el buzo se untaba el cuerpo con grasa, se ataba el estómago con un soyate, una especie de soga, y llevaba una estaca de palo en la mano, para defenderse de la ballena, bufeo (delfín), cachalote, tiburón y otros temibles animales que abundan en aquel lugar.
Una vez que los buzos se preparaban de la forma antes mencionada se arrojaban al fondo del mar, llegando cada buzo a sacar en unas cuantas horas 300 o mas conchas.
Los yaquis tenían la costumbre de ofrecer a la virgen la última perla que sacasen en su faena o jornada, lo que hacían devota y rigurosamente cada jornada. Uno de tantos yaquis, al terminar su tarea, sin duda por darse aires de descreido o valeroso, antes de arrojarse al agua a buscar la perla que le tocaba a la virgen "dijo que iba por ella para regalársela al diablo"...dicen las crónicas que aquel desdichado no volvió a salir del fondo del mar y que sus compañeros huyeron despavoridos y comentando el resultado de aquella terrible blasfemia.
Desde entonces, según cuentan los lugareños, en ocasiones, sobre todo antes de salir el sol, muchas de las embarcaciones que por ahi pasan, han visto emerger del agua a un individuo de larguisima melena, pero al pretender acercarse para verlo de cerca, este vuelve a sumergirse. Con el paso del tiempo los yaquis abandonaron aquel fecundo criadero de perlas, pero la leyenda ya esta creada y en la región el nombre de "el mechudo" cada vez es mas conocido, respetado y hasta temido...
Asi concluye la historia publicada en aquel periódico... y cierto o no, pero aun hoy en dia aquel lugar inspira cierto temor a quienes conocen el cuento, pues la naturaleza ha dotado a aquella costa de desnudas e imponentes rocas, siempre batidas por el chapoteo de las aguas, ruido que aunado a una caprichosa neblina, da lugar a un ambiente siniestro que se quiera o no, ocasiona cierto miedo, temor y hasta cierto pavor a quienes antes de salir el sol se atreven a navegar por esas aguas...
La leyenda del tesoro de Pichilingue
Cuando en el siglo XV se iniciaron los viajes de los galeones de Manila recorriendo la ruta de Filipinas a Acapulco, aprovechando la corriente del Kuro Sivo que pasa frente a la península de California, muchos barcos piratas acechaban su paso con el fin de apoderarse de las riquezas que traían. Uno de esos galeones, el Santa Ana, fue apresado por el corsario Thomas Cavendish frente a las costas de San José del Cabo y después de apoderarse del botín lo incendiaron.
En 1615, otro pirata de origen holandés, Boris Von Spilbergen, salió del puerto de Vlissinger rumbo al continente americano en busca de los galeones a los que por cierto nunca encontró. En su recorrido llegó a las costas de la Baja California y se cree que sus barcos se refugiaron en la bahía de La Paz. Andando el tiempo esos piratas fueron conocidos como “Los Pichilingues”. La leyenda dice: “Corría el siglo XVI cuando fue inaugurada, en el año de 1565, la ruta marítima Manila-Acapulco, cuyo primer recorrido estuvo a cargo del fraile Andrés de Urdaneta. Desde esa fecha mil galeones siguieron el mismo camino durante 250 años, trayendo de Asia telas de seda, artículos de jade y marfil, muebles tallados, perlas y joyas valiosas. De la Nueva España se llevaban cacao, cobre, plata y otros productos.
El establecimiento de este comercio entre los dos continentes despertó la codicia de otras potencias como Inglaterra, que permitió a piratas de su país asaltaran a los galeones en sus travesías. Uno de estos corsarios fue Francis Drake, quien en el año de 1578 recorrió todo el literal del Océano Pacífico atacando y saqueando puertos, apoderándose de buques españoles. El botín así adquirido fue muy valioso, sobre todo por el oro y la plata que contenía.
Uno de los barcos que asaltó fue la Nao “Santa Fe” a la altura de Cabo Corrientes, que llevaba en su interior un riquísimo cargamento de monedas de oro, perlas y joyas. Perseguido de cerca por dos embarcaciones españolas, se dirigió al norte rumbo a la península de California. Penetro en la bahía de La Paz y fondeó frente a la isla de San Juan Nepomuceno que enmarca la bahía de pichilingue. Ahí, ante la amenaza de sus perseguidores, Drake decidió esconder el tesoro amparado por las sombras de la noche. Acompañado de tres hombres de su entera confianza bajó a tierra y en uno de los declives de la isla sepultó los cofres del tesoro, no sin antes tomar las debidas referencias geográficas para su posterior recuperación.
En ese lugar permaneció cinco días esperando que pasara el peligro, al cabo de los cuales el barco desplegó sus velas y enfiló al sur, con el fin de pasar por el Estrecho de Magallanes y retornar a su patria, llevando en sus bodegas parte de las riquezas obtenidas en sus correrías por los mares y costas del continente americano.
Lo que fue un secreto quedó al descubierto, por que unos indios pericués, que habían llegado unos días antes a las costas de la bahía provenientes de la isla de Espíritu Santo donde tenían su residencia, observaron de cerca los movimientos de los piratas, aunque sin saber con certeza lo que ocultaron. Así, de boca en boca, fue transmitiéndose la noticia hasta llegar a oídos de los colonizadores españoles, quienes de apresuraron a buscar el botín.
Han pasado más de 400 años y el tesoro no ha sido encontrado. Existe la creencia de que Drake simuló enterrarlo, pero lo que hizo en realidad fue arrojar los cofres al mar sujetos a una pesada ancla a fin de evitar que las corrientes marinas lo arrastraran. Prueba de ello es que en una ocasión dos pescadores que recorrían las aguas de la ensenada de Pichilingue, vieron brillar “algo” en la superficie, y al acercarse encontraron una plancha de fierro parecida a un cincho que trataron de halar sin lograrlo, porque estaba sujeto en el fondo.
Como esto sucedió al atardecer, decidieron permanecer en el lugar, acondicionando un lugar para pasar la noche. En la madrugada se levantaron y al dirigir la vista al sitio donde apareció el objeto metálico, éste había desaparecido y en su lugar rizaban las tranquilas aguas.
Bueno fue todo..! Amigos a continuacion el broche de cobre del post...ah nahh no es cierto XD de Oro
adios...!!! /

