"Todavía no me lo creo, es algo que soñé de pibe", dice Isidro Salto, el chaqueño de 57 años que clasificó para el Campeonato Nacional de Bolitas
Cuesta llegar hasta Isidro Salto. En la plaza de Corzuela, donde nos encontramos, el desfile de gente que lo saluda, lo abraza, lo felicita, es interminable. Los pibes, sin embargo, son los que le generan el mayor compromiso: le acercan sus bolitas para que las autografíe, e Isidro se desespera al ver que la fila de chicos es extensa yque él lleva cinco minutos viendo cómo la birome resbala una y otra vez sobre la "paraguayita" que le extiende el primero de la cola.
Tanta popularidad no es casual. Isidro, a sus 57 años, clasificó para el Campeonato Nacional de Bolitas, ganando el torneo provincial que se desarrolló el fin de semana pasado en Corzuela. El que no lo crea, puede ver el enlace que está al pie de esta nota. Pero lo que más asombró a los especialistas fue que Isidro, en la final, le ganara nada menos que a Roger Fernández, para muchos el más grande bolitero de todos los tiempos. Isidro, con un tiro hecho en altita rodillita desde tres metros y medio, le partió el punto y desató el delirio.
"La verdad es que todavía no me lo creo, esto es algo que soñé de pibe. Siempre quise ir al Nacional, y lograrlo ganándole nada menos que a Roger, es como ser parte de una película", dice, con la modestia de los grandes.
La epopeya está repleta de detalles que la hacen más meritoria que lo que Isidro admite. El crédito de Corzuela se inscribió a último momento, porque un inoportuno martillazo en el dedo gordo de la mano derecha, al querer arreglar la puerta de un ropero, lo dejó al borde de la deserción. "Hasta dos días antes del campeonato prácticamente no podía doblar el dedo. Ni hablar de poder tirar bien la bolita, y no podés afrontar un torneo de este tipo sólo haciendo el tirito ése que se hace doblando el anular hacia la palma de la mano hasta apretar la bolita contra el pulgar extendido", dice.
Los médicos de Salto hicieron el milagro. "Me infiltraron y sacrifiqué el entrenamiento para poder tener el dedo las 24 horas con hielo y salmuera. Mi prioridad era llegar al primer partido por lo menos pudiendo hacer el tiro de potencia. No llegué al 100%, pero alcanzó", recuerda.
Ese primer encuentro fue contra Natalio Bencone, de Resistencia, "El asesino de Villa Los Lirios", así conocido por su demoledor tiro de corta distancia, que le generó una anotación de 583 puntos partidos en toda su carrera. "No jugué bien -repasa Isidro-, se notaba que estaba fuera de tiempo y de distancia, así que busqué suplirlo cantándole todo el tiempo la altita rodillita, meno ley y todo sucita. El se descuidó en un tiro, quedó al borde de la raya, sin pasarla, y ahí lo rematé".
En esa primera ronda, siguieron la victoria sobre Francisco Bevilacqua (por doble hoyito y cafa muere), el abandono de Rogelio Durán (por un nacido debajo de la uña del dedo índice) y la derrota ante el temible charatense Rino "La Bestia" Kropazuk, que le reventó en siete pedazos su bolita. Pese al traspié, Salto clasificó entre los cuatro mejores terceros, y pasó a octavos de final.
"Creo que ahí empecé a sentir que se me podía dar. El dedo ya no me molestaba, y sentí que recuperaba la chanta (puntería). Al Gringo Kaliman le dí desde casi cuatro metros, lo cociné en seis tiros", comenta.
Luego siguió el escándalo del encuentro con Jorge Leuco, de Resistencia, que ganó el partido pero al que el control antidóping le dio positivo, por lo que fue descalificado. En su orina se encontraron restos de savilosalvin litio, una sustancia que muchos jugadores de bolita consumen porque les afirma el pulso y afina el sentido de simulación virtual de trayectoria cuando van a realizar un disparo. También provoca una erección permanente que dura varias horas, que fue otro de los elementos que ya durante el partido hacía sospechar que Leuco había consumido la sustancia ilícita. "Fue un error que fuera a jugar con un pantalón buzo de lycra en lugar de un vaquero", opina Isidro.
La semifinal con el saenzpeñense Raúl Oscar Campos generó silbidos entre el público. Los dos jugadores se respetaron demasiado, y el partido se prolongó durante seis horas en las cuales ambos no hicieron más que dar continuos rodeos siguiendo el perímetro de la cancha, con las bolitas separadas 9 metros una de la otra. Campos, a las tres de la mañana, probablemente vencido por el sueño, se equivocó en un lanzamiento y dejó su bolita a quince centímetros de la de Salto, que no desaprovechó la ocasión.
Cuando llegó el turno del encuentro definitorio con Roger Fernández, el número 1 del ránking provincial desde hace siete años, nadie daba dos pesos por Salto. "Yo también sentía que era una quijotada pensar que le podía ganar. Es un tipo que la tira con las dos manos, sabe manejar los efectos y tiene un sentido estratégico tremendo", valora Salto.
Isidro sorprendió con su planteo. Cuando todos preveían una continua huida de su bolita apostando a un error de Roger, lo que hizo Salto fue apuntarle en todos los tiros y exponerse a una represalia letal. "Para mí no había vueltas: tenía que pelearle palo a palo porque escapándome no le iba a pegar nunca y el sí, tarde o temprano, me iba a embocar. Además, yo no podía buscar un partido largo, porque él con sus 13 años tiene mucha más resistencia que yo", dice Isidro.
El desenlace llegó en el momento menos pensado, cuando la bolita de Roger estaba casi escondida entre unos tréboles y además el número 1 había cantado altita rodillita. "Era una posición incómoda, porque encima yo estaba en una zona donde había un tractor viejo y había una pieza que se me clavaba en la espalda. Me concentré, pensé en mis hijos, apunté y tiré. Te juro que ni bien salió la bolita de mi mano, sentí que le iba a dar", dice Isidro. La paraguayita adquirió una potencia inusitada, y partió el punto de Roger, que se fue a llorar a los brazos de su madre, mientras Isidro se sacaba la camisa y se subía al alambrado perimetral para gritar con su hinchada. La hazaña había sido consumada.
Ahora, el desafío es mayor. "Lo que le puedo decir a los chaqueños -promete Salto- es que voy a dejar el alma en Misiones. Pero también quiero que se sepa que me la estoy jugando solo, porque ni la General Motors ni Telefónica me quisieron salir de sponsors. Igual, no me importa. Voy a poner lo que hay que poner. La Copa empieza el 12 de octubre, pero yo quiero ir ya a principios de mes, para acostumbrarme al huso horario de ellos", contó a AN. Luego, volvió a la firma de bolitas. Un grande, y todo un ejemplo para las nuevas generaciones.
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Cuesta llegar hasta Isidro Salto. En la plaza de Corzuela, donde nos encontramos, el desfile de gente que lo saluda, lo abraza, lo felicita, es interminable. Los pibes, sin embargo, son los que le generan el mayor compromiso: le acercan sus bolitas para que las autografíe, e Isidro se desespera al ver que la fila de chicos es extensa yque él lleva cinco minutos viendo cómo la birome resbala una y otra vez sobre la "paraguayita" que le extiende el primero de la cola.
Tanta popularidad no es casual. Isidro, a sus 57 años, clasificó para el Campeonato Nacional de Bolitas, ganando el torneo provincial que se desarrolló el fin de semana pasado en Corzuela. El que no lo crea, puede ver el enlace que está al pie de esta nota. Pero lo que más asombró a los especialistas fue que Isidro, en la final, le ganara nada menos que a Roger Fernández, para muchos el más grande bolitero de todos los tiempos. Isidro, con un tiro hecho en altita rodillita desde tres metros y medio, le partió el punto y desató el delirio.
"La verdad es que todavía no me lo creo, esto es algo que soñé de pibe. Siempre quise ir al Nacional, y lograrlo ganándole nada menos que a Roger, es como ser parte de una película", dice, con la modestia de los grandes.
La epopeya está repleta de detalles que la hacen más meritoria que lo que Isidro admite. El crédito de Corzuela se inscribió a último momento, porque un inoportuno martillazo en el dedo gordo de la mano derecha, al querer arreglar la puerta de un ropero, lo dejó al borde de la deserción. "Hasta dos días antes del campeonato prácticamente no podía doblar el dedo. Ni hablar de poder tirar bien la bolita, y no podés afrontar un torneo de este tipo sólo haciendo el tirito ése que se hace doblando el anular hacia la palma de la mano hasta apretar la bolita contra el pulgar extendido", dice.
Los médicos de Salto hicieron el milagro. "Me infiltraron y sacrifiqué el entrenamiento para poder tener el dedo las 24 horas con hielo y salmuera. Mi prioridad era llegar al primer partido por lo menos pudiendo hacer el tiro de potencia. No llegué al 100%, pero alcanzó", recuerda.
Ese primer encuentro fue contra Natalio Bencone, de Resistencia, "El asesino de Villa Los Lirios", así conocido por su demoledor tiro de corta distancia, que le generó una anotación de 583 puntos partidos en toda su carrera. "No jugué bien -repasa Isidro-, se notaba que estaba fuera de tiempo y de distancia, así que busqué suplirlo cantándole todo el tiempo la altita rodillita, meno ley y todo sucita. El se descuidó en un tiro, quedó al borde de la raya, sin pasarla, y ahí lo rematé".
En esa primera ronda, siguieron la victoria sobre Francisco Bevilacqua (por doble hoyito y cafa muere), el abandono de Rogelio Durán (por un nacido debajo de la uña del dedo índice) y la derrota ante el temible charatense Rino "La Bestia" Kropazuk, que le reventó en siete pedazos su bolita. Pese al traspié, Salto clasificó entre los cuatro mejores terceros, y pasó a octavos de final.
"Creo que ahí empecé a sentir que se me podía dar. El dedo ya no me molestaba, y sentí que recuperaba la chanta (puntería). Al Gringo Kaliman le dí desde casi cuatro metros, lo cociné en seis tiros", comenta.
Luego siguió el escándalo del encuentro con Jorge Leuco, de Resistencia, que ganó el partido pero al que el control antidóping le dio positivo, por lo que fue descalificado. En su orina se encontraron restos de savilosalvin litio, una sustancia que muchos jugadores de bolita consumen porque les afirma el pulso y afina el sentido de simulación virtual de trayectoria cuando van a realizar un disparo. También provoca una erección permanente que dura varias horas, que fue otro de los elementos que ya durante el partido hacía sospechar que Leuco había consumido la sustancia ilícita. "Fue un error que fuera a jugar con un pantalón buzo de lycra en lugar de un vaquero", opina Isidro.
La semifinal con el saenzpeñense Raúl Oscar Campos generó silbidos entre el público. Los dos jugadores se respetaron demasiado, y el partido se prolongó durante seis horas en las cuales ambos no hicieron más que dar continuos rodeos siguiendo el perímetro de la cancha, con las bolitas separadas 9 metros una de la otra. Campos, a las tres de la mañana, probablemente vencido por el sueño, se equivocó en un lanzamiento y dejó su bolita a quince centímetros de la de Salto, que no desaprovechó la ocasión.
Cuando llegó el turno del encuentro definitorio con Roger Fernández, el número 1 del ránking provincial desde hace siete años, nadie daba dos pesos por Salto. "Yo también sentía que era una quijotada pensar que le podía ganar. Es un tipo que la tira con las dos manos, sabe manejar los efectos y tiene un sentido estratégico tremendo", valora Salto.
Isidro sorprendió con su planteo. Cuando todos preveían una continua huida de su bolita apostando a un error de Roger, lo que hizo Salto fue apuntarle en todos los tiros y exponerse a una represalia letal. "Para mí no había vueltas: tenía que pelearle palo a palo porque escapándome no le iba a pegar nunca y el sí, tarde o temprano, me iba a embocar. Además, yo no podía buscar un partido largo, porque él con sus 13 años tiene mucha más resistencia que yo", dice Isidro.
El desenlace llegó en el momento menos pensado, cuando la bolita de Roger estaba casi escondida entre unos tréboles y además el número 1 había cantado altita rodillita. "Era una posición incómoda, porque encima yo estaba en una zona donde había un tractor viejo y había una pieza que se me clavaba en la espalda. Me concentré, pensé en mis hijos, apunté y tiré. Te juro que ni bien salió la bolita de mi mano, sentí que le iba a dar", dice Isidro. La paraguayita adquirió una potencia inusitada, y partió el punto de Roger, que se fue a llorar a los brazos de su madre, mientras Isidro se sacaba la camisa y se subía al alambrado perimetral para gritar con su hinchada. La hazaña había sido consumada.
Ahora, el desafío es mayor. "Lo que le puedo decir a los chaqueños -promete Salto- es que voy a dejar el alma en Misiones. Pero también quiero que se sepa que me la estoy jugando solo, porque ni la General Motors ni Telefónica me quisieron salir de sponsors. Igual, no me importa. Voy a poner lo que hay que poner. La Copa empieza el 12 de octubre, pero yo quiero ir ya a principios de mes, para acostumbrarme al huso horario de ellos", contó a AN. Luego, volvió a la firma de bolitas. Un grande, y todo un ejemplo para las nuevas generaciones.
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