Bariloche: Instan a informarse sobre los peligros de la actividad volcánica de la región Gustavo Villarosa, integrante del grupo de estudios ambientales de la Universidad Nacional del Comahue, afirmó en su exposición sobre “los peligros volcánicos en la zona del Nahuel Huapi” que el principal problema de la actividad volcánica es el “desconocimiento del fenómeno”. En el marco del ciclo de charlas sobre medio ambiente que organiza el CRUB cada quince días, el doctor en Ciencias Geológicas de la Universidad de Buenos Aires e integrante del Conicet, sostuvo el miércoles pasado que es necesario “empezar a trabajar dentro de un marco de extensión universitaria sobre los peligros volcánicos” para “conocer nuestra situación frente al fenómeno y entenderlo para ver cómo proceder”. Durante su exposición, Gustavo Villarosa explicó que toda la cordillera forma parte de un sistema conocido como el “Cinturón de Fuego del Pacífico” que “concentra más del 90 % del volcanismo activo del mundo”. El cinturón es un enorme anillo formado por el movimiento de placas de la corteza terrestre que bordea casi todas las costas del océano, desde Australia y el sudeste de Asia, pasando por Estados Unidos y Centroamérica hasta Sudamérica. Según comentó Villarosa, las zonas de subducción en las que unas placas se hunden en otras a gran velocidad geológica (es decir, a varios centímetros por año) generan un fenómeno que acumula enormes tensiones que se liberan y producen vulcanicidad y sismos. La cordillera de los Andes surge en el proceso de subducción que realiza la placa de Nazca al hundirse bajo la Sudamericana y Bariloche forma parte de ese “sistema de fractura” cuyo movimiento genera fenómenos volcánicos y sísmicos desde tiempos jurásicos. Esto significa, en realidad, que el fenómeno no es “excepcional” sino “normal” dentro de los tiempos y procesos geológicos de la región. Cómo saber si un volcán está activo Villarosa explicó que el movimiento de los continentes es constante desde hace millones de años y esto genera procesos que ocurren en períodos de tiempo muy variables y de difícil comprensión para la percepción humana de los fenómenos. El doctor en Geología explicó a la audiencia que para comprender la naturaleza del volcanismo es necesario tener en cuenta que la tierra no es estática y que los procesos de cada volcán son únicos en tiempos y características. Un volcán que está activo pasa por momentos de erupción y quietud de los que no se puede determinar el tiempo preciso entre erupción y erupción. Por lo tanto, su tiempo de actividad es “indeterminado”. La erupción del Chaitén, por ejemplo, sorprendió a los especialistas chilenos y argentinos porque, si bien era considerado “potencialmente activo”, el índice de probabilidad de entrar en erupción era “mínimo”. Gustavo Villarosa, afirmó que el Chaitén “dejó de manifiesto que no había Manual de Procedimiento para enfrentar la situación” y advirtió que “el problema más grave que se enfrenta es el desconocimiento” y la falta de previsión. Por otro lado, su sorpresiva actividad focalizó la atención en otros volcanes cercanos, principalmente en territorio chileno. En este sentido, el geólogo del Conicet tranquilizó a la audiencia al explicar que cada volcán tiene una vida independiente de los demás y que no se registran casos de erupción en cadena. Por otro lado, también despejó dudas sobre la relación entre las erupciones volcánicas y los movimientos sísmicos y afirmó que no existe una relación directa comprobada entre ambos. A grandes rasgos, las erupciones de los volcanes pueden ser lávicas-efusivas o explosivas. Las erupciones lávicas implican un desplazamiento lento de la materia volcánica y, dentro de la región, es el caso del volcán Villarica. Por otro lado, están las erupciones explosivas que son las más frecuentes en la zona. En este caso, el volcán tiene un mayor contenido de gas y produce una liberación violenta de la energía que alcanza velocidades supersónicas y por eso puede llegar a alturas por encima de los 12 km, introduciéndose en la estratósfera. Villarosa insistió en que cada caso “es puntual” y que “no hay que entrar fácilmente en pánico”. Por la zona en que está ubicada Bariloche, explicó que “estamos bastante liberados de los gases del volcán, de los jugos piroclásticos y los deslizamientos de magma”. En este sentido, ni el “domo” que produce el volcán (lava densa y viscosa que afecta áreas cercanas) ni la “lluvia ácida” (que a más de 100 km no produce efectos significativos sobre el ambiente) afectarían la ciudad y sus alrededores. Teniendo en cuenta que los vientos dominantes de la región provienen del oeste y sur oeste, el principal peligro volcánico para la ciudad sería la caída del material que transporta la “pluma de ceniza”. La “pluma de ceniza” es la nube que se desplazó en el aire y llegó a Bariloche con la erupción del Chaitén generando “molestias en la población” y “problemas en el sistema de aeronavegación”. Gustavo Villarosa explicó que en Bariloche “no hay riesgo de vida” y sostuvo que sólo se trata de “incomodidades y de cómo afrontarlas”. La ceniza es magma fragmentado que, en contacto con la atmósfera, se enfría y solidifica. Cada partícula es como un vidrio muy pequeño, por debajo de los 100 micrones, más pesado que la nieve. Según afirmó el doctor en Geología de la UBA, el problema que genera en el ser humano y el ambiente se daría por el tiempo de exposición y no por la exposición misma. También agregó que produce efectos negativos sobre la tierra, la actividad agrícola ganadera, el tránsito, la aeronavegación y las trasmisiones eléctricas. Situación del Nahuel Huapi La mayor parte de los volcanes activos de la zona están ubicados en territorio chileno o zona limítrofe, a una distancia relativamente prudente de los centros poblados argentinos. Dentro de los volcanes chilenos más cercanos a Bariloche se encuentran: el Cordón Caulle, que es un sistema de volcanes de los más activos con 25 erupciones importantes en los últimos 7 mil años; el Grupo Antillanica, que está compuesto por varios volcanes activos de los que no hay datos precisos; el Cordón Cenizos, otro sistema de la región del que tampoco hay demasiada información y los volcanes Osorno y Calbuco que son los más conocidos por su actividad. Dentro del PNNH, al sur del viejo Tronador, se encuentra el Cerro Volcánico, de actividad posglaciar, del que tampoco se tiene mayor información. Al finalizar la charla, Gustavo Villarosa indicó que resulta “inquietante” la prolongación del “período de silencio” de algunos volcanes de la zona y afirmó que es imprescindible realizar un “monitoreo volcánico y un plan de vigilancia” para obtener información y prepararse ante posibles situaciones de erupción. En este sentido, expresó no estar seguro de la “capacidad de respuesta” de las instituciones nacionales, provinciales y locales si se produce un fenómeno de estas características. Por otro lado, Villarosa comentó que el Conicet estaría generando conocimiento básico para trabajar a nivel educativo y capacitar a bomberos, personal de defensa civil y policía con el objetivo de “ser menos vulnerables y recuperar la capacidad de respuesta y de previsión”. Recomendaciones durante una lluvia de cenizas * Permanezca en casa con su familia y escuche las indicaciones que se difundan por los medios de comunicación. * Evite los viajes y utilice su automóvil sólo en caso de suma necesidad. * Si debe salir utilice barbijo (o pañuelo húmedo) y antiparras. * Tape todas las aberturas de la casa y evite entrar de la calle con abrigos y calzado. * Si es sorprendido fuera de su casa busque refugio en un lugar cerrado confiable y permanezca allí o diríjase rápidamente a su hogar. * Si no encuentra refugio use un pañuelo húmedo para respirar y proteja sus ojos lo mejor posible. * Mantenga a sus mascotas dentro de su casa, los animales suelen asustarse y escapar, provocando más caos en la vía pública. * Vigile la acumulación de ceniza en techos, conviene que no supere un espesor de 5 cm y en ningún caso debería llegar a los 10. * Evite la acumulación de ceniza en su hogar, en lo posible use aspiradora o trapo húmedo en lugar de barrer. ¿Cómo es una lluvia de ceniza? Las lluvias de ceniza pueden afectarnos de varias maneras, generando molestias y trastornos en nuestra vida cotidiana. La ceniza volcánica se produce cuando ocurre una erupción explosiva la que origina fragmentos de roca y vidrio volcánico que entran en la atmósfera y son arrastrados por el viento. Estos fragmentos, que caen del cielo como una lluvia, pueden tener tamaño de polvo fino, arena o pequeñas piedras más cerca del volcán y su peso y densidad suele ser semejante a la del granizo. Durante una caída de ceniza la atmósfera se oscurece, llegando a veces a convertir el día en noche, esto es normal y no es razón para asustarse. Puede llover y producirse tormentas eléctricas. Las señales de radio pueden verse interrumpidas temporalmente y puede haber cortes de energía eléctrica. La ceniza es abrasiva y a veces corrosiva, siempre es muy molesta y puede provocar irritación y ardor en los ojos y las vías respiratorias. También provoca desgaste en motores, retenes de maquinaria hidráulica, sistemas de frenos y otras partes móviles, taponando sistemas de ventilación, desagües, filtros de aire, etc. La ceniza se adhiere a las plantas, cables y otras estructuras, se acumula en el suelo y puede flotar sobre el lago. En la ciudad cubre las calles y los techos, generando una sobrecarga que puede producir su derrumbe. Una capa de ceniza de 2,5 cm de espesor puede pesar de 25 a 50 kg/m2 y estando mojada por la lluvia puede superar los 70 kg/m2. Para mayor información comuníquese con: Defensa Civil: 440023 o al 103 (emergencias) o con INIBIOMA, Grupo GEA CONICET-Centro Regional Universitario Bariloche, Universidad Nacional del Comahue. Fuente:Conicet en los medios
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