“Mamá, papá, tengo algo que decirles. Soy pedófilo”
La inmensa mayoría de las personas pedófilas descubre su orientación entre los 12 y los 17 años. Simplemente descubren que son pedófilos: esto es que tienen una atracción por los niños. Eso no significa que sean pederastas o violadores, sino simplemente que sienten poca o nula atracción por personas púberes o mayores.
Nadie elige su orientación sexual. Nadie elige ser homosexual, heterosexual, pedófilo o zoófilo. Si fuera de otro modo, seguramente la mayoría elegiría ser heterosexual para ahorrarse toda la discriminación y el sufrimiento que trae aparejado la diferencia. Nadie elige ser pedófilo.
Sin embargo, estos chicos, por ser pedófilos, son considerados pederastas/violadores/abusadores/consumidores de pornografía infantil. Ahí hay una tremenda injusticia y un gran prejuicio, que hace creer que alguien por ser pedófilo (es decir, tener una atracción que no eligió) necesariamente debe ser un criminal/hijo de puta/defectuoso moral o psicológicamente.
La mayoría de las personas con esta orientación JAMÁS le harían daño a un niño, y son tan normales y morales como el resto. Pero deben sobrellevar un fuertísimo estigma que los deja imposibilitados de hablar, opinar, expresarse y comunicar sus sentimientos, incapaces de pedir ayuda o buscar comprensión.
Una persona pedófila no es un abusador/criminal/pederasta/monstruo y no se deben confundir las palabras (pedófilo=atracción, pederasta=acción). Es una persona compleja, con sentimientos, emociones, ideas y deseos, con sueños y miedos. En la mayoría de los casos buscan proteger a los niños tanto como cualquier persona homosexual o heterosexual.
Así que basta de estigmatizar a las personas por su condición sexual innata que no eligieron. Enfoquémonos en los ACTOS (pederastas) en vez de la diferencia sexual (pedófilos).
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