Golpes en la memoria
¡Maricón! Esa palabra desconocida la escuchó Emile Griffith durante la sesión de pesaje, en el segundo combate ante Kid Paret. Griffith le había arrebatado el título welter el 1 de abril de 1961 y era el momento de la revancha para Kid Paret. Emile, quien perdió el cinturón ante el Kid, sabía que aquella era una palabra dicha en castellano, pero la sonrisa burlona del cubano le indicaba que no era un halago. Pronto entendería el significado y, furioso, esperaba el tercer combate.
Muchos hablaban de los gustos de Emile por otros hombres, sin embargo periodistas y boxeadores sabían que había un código y ése era no meterse en asuntos que se desarrollaran abajo del cuadrilátero.
Dice el historiador norteamericano Neal Gabler (Documental Ring of fire/2005) que en el Nueva York de los años 60 ser homosexual era más penado que declararse gangster o asesino. Sin embargo la gente comenzaba a susurrar... esa voz aguda... esos pantalones tan apretados... esos jóvenes latinos que lo acompañan a las fiestas. Podrían existir escritores, actores y músicos homosexuales, pero no un campeón del mundo cuyos puños imponían la ley del más fuerte arriba del ring. Un gay y un boxeador no podían habitar el mismo cuerpo.
Paret anunciaba a la prensa que el tercer duelo ante Griffith sería el último de su vida. Burlón y rumbero se asomó a la sesión de pesaje moviendo las caderas y tocándose el trasero. De su boca salía de nuevo ese susurro que soltaba un “maricón” que llegaba a oídos de su oponente. Esta vez Griffith sabía el significado de la ofensa y no estaba dispuesto a quedarse callado.
La reciente muerte del campeón mundial Emile Griffith a los 75 años lleva inevitablemente a recordar los grandes momentos del boxeo cubano, y una tragedia sobre el cuadrilátero que marcó para siempre la carrera y la vida del espectacular peleador de Islas Vírgenes.
El año de 1962 prometía ser halagueño para los boxeadores profesionales cubanos. Atrás habían dejado el comunismo y la obsesión de Fidel Castro por suprimir el boxeo rentado. Las grandes figuras se marcharon a Estados Unidos, hogar común para pugilistas de la isla.
Urtiminio Ramos, con éxito desde 1961, le pasaba las manos a todo el que se le enfrentaba en México; Mantequilla Nápoles estaba a punto de salir de Cuba rumbo a tierras aztecas; Isaac Logar se imponía en los cuadriláteros al igual que Luis Manuel Rodríguez y Florentino Fernández. Eran los mejores peleadores cubanos de esa época gloriosa.
También Benny “Kid” Paret se enfrentaba por entonces a hombres de nivel en buenas carteleras, porque su mánager, Manuel Alfaro, tenía contactos seguros con los jerarcas del boxeo, y porque el Kid daba fieros combates frente a todos sus rivales.
El deceso de Griffith me remite sin remedio a Paret, fallecido a causa del violento combate que realizaron por la corona de los pesos welter (147 libras) el 24 de marzo de 1962, en el Garden de Nueva York. Como se conoce el villaclareño murió 10 días después, sin recuperar el conocimiento.
Demasiados golpes
Una avalancha de artículos periodísticos trataron el tema, entonces y ahora, pero en los recuentos aparecidos ninguno se refirió a que la muerte prematura de Paret, a los 25 años, no tuvo como causa exacta el rally de golpes que le propinó su oponente en menos de medio minuto del round 12. El Kid, ya había recibido demasiados y contundentes golpes en pleitos anteriores.
Los magnates del boxeo, esos que viven a costa de los peleadores, los que compran y callan a jueces, los que designan quienes pelean, en aquella época, antes y ahora también, empujaron a numerosas peleas desventajosas a Paret, quien en sus ansias de ganar dinero, tuvo que enfrentar a rivales de mucha clase con superioridad enorme sobre él en el peso.
"Tuvo que iniciar sus actuaciones como peso semicompleto (175 libras) y peleó con Víctor Salazar, Cecil Shorts y Eddy Thompson, que le vencieron y fue cuando su manager Alfaro, decidió bajarlo de división”, afirma la Enciclopedia del Boxeo Cubano, editada por Willy del Pino en 1988. Más adelante el periodista señala: “En su incursión en el peso mediano (160 libras), se observó inmediatamente que se encontraba todavía en una categoría que no le correspondía y lo bajaron a su peso natural de las 147”.
En su división, Paret logró excelentes victorias, que convencieron a los que “manejaban” el negocio para una pelea con el monarca Don Jordan, a quien despojó de su título.
De un artículo publicado en el Diario de la Marina, por el admirable cronista Eladio Secades, extraje esta observación: “Frente a Jordan debe estar Isaac Logar, otro cubano rankeado en el número 3 pero los que mandan decidieron que fuera Paret...”. El glorioso periodista se refería al hecho de que El Kid discutió y ganó la faja de las 147 libras frente a Don Jordan el 27 de mayo de 1960, en 15 rounds.
En su libro Historia del Boxeo Cubano, el periodista Julio Ferreiro Mora recuerda el suceso: “Kid Paret fue empujado a la muerte en plena juventud, por la inhumana aspiración de sus promotores de forzarlo a consecutivas peleas con adversarios difíciles. Griffith le convirtió en un guiñapo humano, sin que su propia esquina suspendiera el combate o el árbitro interviniera, hasta que fuera demasiado tarde”.
La culpa se la achacaron al propio Benny Paret, quien durante el pesaje, se manifestó burlonamente acerca de las preferencias sexuales de su oponente. El cubano lo llamó maricón (faggot), mencionando que Griffith había trabajado en una fábrica de sombreros femeninos. El incidente cobró calor en los medios de comunicación bajo el eufemismo de que Griffith había sido nombrado "anti-hombre". La propia novia de Griffith llegó a cuestionarlo en esa hora de confusiones: "I didn't know about you being that way". (Años después Griffith se declararía indistintamente como gay y bisexual). Y la mesa quedó servida para una pelea de odio más que una confrontación boxística.
Asi, los magnates del lucrativo negocio de las 12 cuerdas se quitaron de arriba las verdaderas causas de la muerte del cubano, en una de las páginas negras de este deporte en toda su historia.
Han pasado 51 años de aquel capítulo trágico en el Garden. En la añorada isla del Caribe siguen los mismos gobernantes de entonces y los peleadores continuaron marchando hacia la Meca del Boxeo en busca de fama y dinero. Pero la batuta del pugilismo permanece entre magnates de cuello y corbata, que siguen dominando a su antojo, escudados en organizaciones y franquicias de lujo.
Griffith ha muerto este 23 de julio. Su vida posterior a la muerte de Paret fue un calvario emocional. En sus últimos años batalló con la demencia y necesitó asistencia a tiempo completo.
“Nunca fui el mismo boxeador después de eso. Después de esa pelea, hacía sólo lo suficiente para ganar. Usaba el jab todo el tiempo, no quería lastimar a mi oponente... Me hubiese retirado, pero no sabía hacer otra cosa además de pelear", confesó el boxeador años después.
La historia de Paret y Griffith acaba de cerrar su último y definitivo round. Ningunó ganó.
Emile Griffith murió la semana pasada, a los 75 años de edad, sumido en la pobreza y en estado casi vegetativo.En las últimas entrevistas que le realizaron al pugilista de Saint Thomas, él prefería recordar que su sueño era viajar a Nueva York y convertirse en un famoso diseñador de sombreros. Lamentablemente, para él, será recordado como el pugilista que mató a su rival tras ser agredido verbalmente. El campeón del mundo que se atrevió a declarar su amor a personas del mismo sexo, en los años que confesarse homosexual era un atrevimiento imperdonable.
En 2005, Griffith declaró a Sports Illustrated: "Me gustan tanto los hombres como las mujeres. Pero no me gusta la palabra homosexual, gay o maricón. No sé lo que soy. Amo por igual a hombres y a mujeres, pero si me preguntas cuál es mejor... me gustan las mujeres." 2 Más tarde, en 2008, se publicó su biografía Nine...Ten... And Out! The Two Worlds of Emile Griffith, escrita por Ron Ross, en la que declara: "Sigo preguntándome lo extraño que es todo esto. Mato a un hombre y la mayoría lo entiende y me perdona. Sin embargo, amo a un hombre y esa misma gente lo considera un pecado imperdonable. Aunque nunca fui a la cárcel, he estado en prisión casi toda mi vida"
Hace unos años el hijo que dejó kid paret se encontró merced a la gestión de un canal de TV, con Griffith, a quien le manifestó que no le guardaba ningún rencor, mientras Griffith llorando le decía que lamentaba lo acontecido .En una emotiva imagen.