El suizo, actualmente en el número uno del mundo, celebra una década y media en el tenis profesional. Es el que más semanas ocupó el primer puesto y el máximo ganador de Grand Slam. Repase sus grandes momentos


El 22 de septiembre de 1997, con 16 años y como número 800 del ranking mundial, un joven suizo irrumpió en el circuito con la firme convicción de convertirse en leyenda. El pequeño Roger optó por el tenis y dejó de lado sus prácticas en el fútbol y el hockey sobre hielo, que hasta los 14 lo tenían indeciso.
Ese año, fue elegido como el mejor junior de la ATP y deslumbró con su técnica. Pero su ascenso se fue produciendo lentamente, tan sólo jugó cinco partidos como profesional en 1998 y sus participaciones “grandes” comenzaron al año siguiente.
Sus primeras apariciones sin éxito en Roland Garros, Wimbledon, Miami, y los puntos ganados en torneos menores lo llevaron al puesto 64 de la ATP. Mientras Pete Sampras, André Agassi, Yevgeny Kafelnikov y Gustavo Kuerten eran los reyes del circuito.
Las nuevas camadas debían fortalecer el recambio, debían ser los herederos de una generación que en poco tiempo dejaría de dar frutos. Y Federer, junto a Lleyton Hewitt, Andy Roddick y Marat Safin, parecían ser los indicados.
A los 22 años, el helvético ganó su primer Wimbledon y desde allí inicio un reinado inalcanzable. El título de 2003 en el césped londinense, más las conquistas en los abierto de Houston, Marsella, Dubai, Munich, Halle y Viena, confirmaron toda su proyección.
Nueve años después, los resultados avalan una carrera notable desde lo tenístico y desde el factor humano. El "Expreso Suizo" nunca detuvo su marcha. Conquistó 17 trofeos de Grand Slam, como ningún otro tenista en la historia, y se convirtió en el que más semanas ocupó el primer puesto (297).
A los 31 años, lleva ganados 76 títulos ATP y más de 73 millones de dólares en premios. En 2011, fue elegido como el segundo humano más confiable y respetado del mundo, sólo superado por Nelson Mandela.
Sus hobbies
Amante de la comida y los quesos italianos. Su vaca Juliette, el león y el tigre son sus animales preferidos. Y AC/DC, su banda predilecta a la hora de la música.
Le gusta jugar al golf, practicar fútbol y esquí alpino cuando descansa del tenis. Es fanático del club Basilea. Nunca descuida su fundación, creada para atender a niños desamparados de Sudáfrica.
Sus grandes victorias
En 2005 ganó su por segunda vez en el Abierto de los Estados Unidos en una memorable final frente a un veterano Andre Agassi por 6-3, 2-6, 7-6 y 6-1. El legado estaba en buenas manos.
En 2009 pudo romper el hechizo en la capital francesa. Se adjudicó por primera vez Roland Garros con una contundente victoria final por 6-1, 7-6 y 6-4 sobre el sueco Robin Soderling. Rafael Nadal frustró su sueño en las finales de 2006, 2007 y 2008.
La final de Wimbledon 2009 fue una de las más emotivas en su carrera. Derrotó a Andy Roodick después de cuatro horas y 16 minutos de partido por 5–7, 7–6, 7–6, 3–6 y 16–14. Fueron siete sus triunfos en tradicional certamen londinense.
Su derrota más dolorosa
Como quíntuple campeón en Wimbledon, en 2008, Rafael Nadal vengó sus derrotas de 2006 y 2007 en Londres para cortar con su reinado en una final épica. Lo derrotó 4–6, 4–6, 7–6, 7–6 y 7–9. Fueron casi 5 horas de un tenis increíble.