¿Qué opinan los socialistas sobe "El intéres nacional"?
Desde que nacemos hasta que morimos somos inducidos a pensar en nosotros mismos como miembros de una nación. Tanto si se trata de la Copa del Mundo como de una boda real, o de las enseñanzas de historia en la escuela, o de las últimas figuras deportivas, la presión es la misma, identificarse con nuestro país, apoyar a nuestro país, creer que nuestro país es lo mejor. Y desde luego lo mismo sucede en todos los demás países. Cualquier niño norteamericano, japonés o ruso debe crecer identificándose con y creyendo en la superioridad de Norteamérica, Japón, Rusia o el lugar de que se trate. Resulta más bien absurdo cuando nos detenemos a pensar en esto.
Pero para nuestros gobernantes es también muy necesario. Quieren que esta cuestión lo impregne todo hasta tal punto, que sea tan obvia, que nunca nos paremos a pensar en ello. El patriotismo refuerza la idea de que hay un interés común que une al jefe y al trabajador contra jefes y trabajadores de otros lugares. Y en segundo lugar fortalece el poder y la autoridad del estado, que es la principal fuerza sustentadora del dominio del explotador sobre el explotado. Nosotros vemos el mundo en términos de clase, no en términos nacionales.
Esta cuestión marca una de las claras líneas divisorias entre reformistas y revolucionarios, entre aquellos que aceptan la estructura del estado nación y aquellos que quieren acabar con ella. Si escuchamos un discurso de cualquier político reformista de la izquierda o de la derecha, lo encontraremos lleno de frases como "salvar nuestra industria" o "conseguir que nuestro país marche de nuevo". Pero no se trata de "nuestra" industria o "nuestro" país: ambos los posee por completo la clase dominante. Cada vez que los reformistas hablan de esta manera demuestran que son prisioneros de la ideología de la clase dominante. Al mismo tiempo fortalecen tales ideas dentro de la clase trabajadora.
Del mismo modo que la burguesía necesita el nacionalismo para que la clase trabajadora se comprometa con ella, la clase trabajadora necesita el internacionalismo para establecer su independencia política como clase. El internacionalismo es también una necesidad para la clase trabajadora porque, como muestra el ejemplo de Rusia, la revolución puede tener éxito en un país durante un tiempo, pero si permanece aislada no puede sobrevivir indefinidamente. O bien el capitalismo internacional acabará con ella directamente o, como en Rusia, la presión económica y militar obligará al país revolucionario a competir con el capitalismo por medio de relaciones capitalistas. Eso significa el restablecimiento de la explotación, de las divisiones de clase y de la subordinación del trabajo al capital.
El internacionalismo es una necesidad cada vez mayor incluso en las luchas sindicales diarias. Enfrentados a compañías multinacionales que ponen a los trabajadores de un país contra los de otros países, la mejor defensa son los lazos internacionales entre los sindicalistas de base. "Trabajadores del Mundo Uníos" no es sólo una bonita frase.
El internacionalismo marxista significa rechazar la política de controles de importación. Aparte del hecho de que supondría un desastre económico por las represalias de otros países, reemplazaría una lucha en defensa de puestos de trabajo frente a los ataques de la clase dominante británica, por un intento de resolver el desempleo mediante la alianza con "nuestros" jefes frente a los trabajadores de Japón, Hong Kong, Alemania, Francia o cualquier otro lugar.
El verdadero internacionalismo implica mucho más que abandonar las formas más crudas de prejuicios nacionales y raciales y asumir una actitud benevolente hacia los pueblos del mundo. Tampoco es una cuestión de creencia idealista en "la fraternidad de los hombres" (o "la fraternidad de las mujeres" ). De hecho un elemento fundamental del internacionalismo marxista es la idea de que no todos los hombres son hermanos y no todas las mujeres son hermanas porque la sociedad está dividida en clases con intereses antagónicos.
Frente a la visión del mundo desde la perspectiva de un estado nacional compitiendo con otros estados nacionales, el internacionalismo marxista toma como punto de partida la lucha de la clase trabajadora mundial contra el capitalismo mundial. En esta lucha vemos los intereses de la clase como un conjunto, internacionalmente, con preferencia frente a los intereses temporales, a corto plazo, de cualquier sección nacional o local de la clase. Este tipo de internacionalismo constituye una profunda ruptura con las políticas de los medios de comunicación que declaran, de forma semejante, buscar "el interés nacional".