![[Mexico] opacidad bancaria y deuda publica](https://storage.posteamelo.com/assets-adonis/assets/2013/08/15/4DA-6wR1FKkUCCU.webp)
Secreto bancario: opacidad e impunidad en un México endeudado
En México, como en todo el mundo el sistema bancario es un fracaso que se escuda detrás de la impunidad y la opacidad permitida dentro del libre mercado. El banco es una corporación encargada de vender dinero caro y "comprarlo" barato al ahorrador, al cuál no tiene porqué dar cuentas de nada. El ahorrador se siente seguro y confía en que el banco le regresará su dinero cuando lo necesite, pero no es así, en escencia un banco está siempre quebrado porque no puede responder ante todas sus responsabilidades con los ahorradores los cuáles no pueden exigir su dinero sin darle tiempo al banco para que lo recupere cobrando los créditos (que están determinados por plazos cada vez mayores). Bastaría con que un pequeño porcentaje de ahorradores retiraran todo su dinero para que el banco suspenda su actividad por falta de fondos. Nuestro dinero pasa la mayor parte del tiempo en los bancos pero nuestra percepción del riesgo de impago se diluye tanto que nuestra condición de prestamistas de la banca se nos olvida. Dentro de los tipos de créditos que otorga un banco están los públicos, de los cuáles han abusado los gobernantes en México al punto de dejar congresos locales y ayuntamientos quebrados y hacer necesaria la socialización de esa deuda vía aprobación de más impuestos (IVA a medicinas y alimentos). Es una deuda pública sin un beneficio social, más bien privado (término en el que incluyo a políticos y empresarios privilegiados), es un robo que quedó impune detrás del secreto bancario.

Frente a la necesidad de esclarecer las condiciones en que se ha dado el crecimiento exponencial de las deudas de estados y municipios, resulta preocupante la respuesta de la Comisión Nacional Bancaria y de Valores ante la solicitud –formulada por el senador perredista Mario Delgado– de entregar información sobre los créditos contratados por entidades y ayuntamientos. De acuerdo con el propio legislador, la entidad encabezada por Jaime González Aguadé aduce que la información solicitada tiene carácter confidencial, por lo que los bancos "en protección del derecho a la privacidad de sus clientes y usuarios, en ningún caso podrán dar noticias o información de los depósitos, operaciones o servicios".
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Así, como ha ocurrido en episodios similares del pasado reciente, se pretende generar un falso debate entre los derechos a la privacidad y a la información, como si la defensa del segundo implicara necesariamente la anulación del primero. Tal contraposición es, sin embargo, improcedente, en la medida en que la información solicitada involucra la contratación de créditos que comprometen recursos públicos –es decir, con dinero de la población– y es además riesgosa, por cuanto merma las posibilidades de conocer el monto total y las condiciones del endeudamiento en que han incurrido esos gobiernos, y de determinar, en consecuencia, si dicho fenómeno es en efecto un asunto menor e inofensivo para las finanzas públicas –como insisten las autoridades hacendarias del país–, o si es un asunto más grave de lo que se reconoce.
Por añadidura, la resistencia de la CNBV a informar conlleva riesgos para el propio sistema financiero, no sólo porque obstaculiza el esclarecimiento de posibles prácticas irresponsables de las instituciones financieras que han fungido como prestamistas en estos casos, sino también porque dificulta identificar el grado de afectación del sobrendeudamiento de esos gobiernos sobre los bancos pequeños, los más expuestos al deterioro financiero de estados y municipios.
Por desgracia, el esgrimir el derecho a la privacidad y el secreto fiscal y bancario para encubrir toda suerte de ilegalidades se ha convertido en una práctica común entre las autoridades del país. Un botón de muestra es la recurrente invocación del secreto bancario por parte de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público y la propia CNBV para no revelar las identidades de los defraudadores del Fobaproa, responsables de realizar operaciones irregulares o abiertamente ilegales en el proceso de transferencia de deudas privadas al Estado. Sería particularmente desastroso que la voluntad de opacidad de ese organismo en lo que concierne a la deuda pública esté albergando la semilla de un desfalco similar.
En suma, las consideraciones señaladas permiten ponderar la necesidad de reformar las reglas de operación del secreto bancario, a efecto de excluir de su aplicación, cuando menos, la información que involucre recursos del erario. De lo contrario, las autoridades y las entidades privadas seguirán desvirtuando el sentido y el espíritu de principios jurídicos concebidos para proteger la privacidad de las personas pero que hoy son usados, en cambio, para extender patentes de impunidad y para encubrir toda suerte de actividades irregulares.
“Si la gente supiera lo que hacen los bancos con su dinero al día siguiente habría una revolución”
Henry Ford

Al depositar dinero en los bancos somos complices de las peores atrocidades humanas:
...la democracia actual es la del mercado, vale más tener dinero que ejercer tu derecho al voto para cambiar e influir en los cambios sociales. Desde esta perspectiva se podría decir que los bancos son recaudadores de votos monetarios (los buenos, buenos) ya que se adueñan, no no, corrijo, les damos voluntariamente nuestro dinero para que hagan con él lo que quieran; invertir en empresas de energías alternativas o en empresas armamentísticas...
Una alternativa a la opacidad bancaria
