La historia de la obsesión de Humbert Humbert, un profesor cuarentón, por la doceañera Lolita es una extraordinaria novela de amor en la que intervienen dos componentes explosivos: la atracción «perversa» por las nínfulas y el incesto. Un itinerario a través de la locura y la muerte, que desemboca en una estilizadísima violencia, narrado, a la vez con autoironía y lirismo desenfrenado, por el propio Humbert Humbert. Lolita es también un retrato ácido y visionario de los Estados Unidos, de los horrores suburbanos y de la cultura del plástico y del motel. En resumen, una exhibición deslumbrante de talento y humor a cargo de un escritor que confesó que le hubiera encantado filmar los pic-nics de Lewis Carrol.
Fue el mayor de los hijos de Vladímir Dmítrievich Nabókov y de su mujer Yelena Ivánovna Rukavíshnikova, una familia rica y aristocrática de San Petersburgo, donde se crio durante su infancia y juventud (casa de Nabókov). La familia hablaba en ruso, inglés y francés, por lo que Nabókov fue trilingüe desde muy pequeño. Incluso, por la labor de sus institutrices, aprendió primero el idioma inglés que el ruso. En 1919 su familia se exilió a Alemania por temor al bolchevismo, y Nabókov ingresó en la Universidad de Cambridge. En 1922 su padre fue asesinado, presuntamente por los nazis. En 1940 llegó a los Estados Unidos (aunque ya había abandonado la lengua rusa desde 1938), procedente de Francia y huyendo de los horrores de la Segunda Guerra Mundial; su hermano Serguéi moriría en un campo de concentración alemán, en 1944.
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