Era un trabajo sencillo, una tarea simple, José había decidido robar una antigua y solitaria mansión, solo el bosque y la montaña eran vecinos de aquella mansión, la casa más cercana estaba a varias horas de distancia.

Fue en el diario donde José vio el aviso “se necesita persona para cuidar a un anciano, una noche, buen pago”. Al ver la dirección supo de inmediato que era la mansión al final del pueblo, aquella mansión en la que Vivian solo un anciano y su hijo, los comerciantes contaban que siempre pagaban con monedas de oro, José era pobre, lo único que tenia era ambición y esta era su oportunidad.

En el aviso no había número telefónico, solo ponía la dirección q José sabía muy bien, fue a la mansión, golpeo la puerta y al abrió la puerta un joven.

-Hola, ¿Qué quiere?- Dijo el muchacho.

-Vengo por el aviso en el diario- Contesto José.

El joven lo hiso pasar, la mansión era enorme, José estaba maravillado, fueron hacia una mesa y se sentaron a conversar.

Soy Felipe, vivo en esta mansión solo con mi padre Juan, últimamente me siento muy mal, creo que estoy

enfermando, iré al hospital este fin de semana, no quiero dejar a mi padre solo, el ya es muy mayor y solo lo haría sufrir llevándolo conmigo.

-Entiendo- Dijo José, disculpe olvide presentarme, soy José y vivo aquí mismo en este pueblo, me interesa el trabajo.

-Ya que nadie ha venido y pienso salir mañana, está contratado José, pero además mi padre es ciego y un poco mal genio- Explico Felipe.

-No importa, mientras me paguen bien no hay problema- Dijo José.

-10 monedas de oro, ¿De acuerdo?- Pregunto Felipe.

-Por supuesto- Contesto José.

Mañana vera a mi padre, ahora está durmiendo, tome aquí está la llave de la puerta principal, venga mañana Sábado a las 10 de la noche, yo volveré el Domingo en la mañana para pagarle, por favor cuide bien de mi padre. Dicho esto ambos se dieron la mano, Felipe saco una moneda de oro y se la entrego a José.

-Toma, esto es un adelanto-

José se fue de la mansión sonriendo maliciosamente, se decía para sí “Los rumores eran ciertos, estos tipos están forrados y que mejor que en oro, demasiado fácil, mañana

tendré muchas más monedas de oro”. Esa noche José durmió plácidamente pensando en el botín que aun no tenía.

Llego la hora, José fue a la mansión, estaba nervioso pero feliz al mismo tiempo, abrió la puerta principal y entro, miro a su alrededor, no se veía nadie, solo había un sobre rojo encima de una mesa, lentamente se acerco al sobre y estaba a punto de tomarlo cuando una voz de anciano le susurro: - Bienvenido José-

José siente como un escalofrió recorre su cuerpo, se da vuelta lentamente y ve a un anciano que lleva gafas y un bastón.

-¿Usted debe ser Juan verdad?- Pregunto José.

El anciano solo sonríe – Ven sentémonos a conversar- Dice el anciano.

-No- Contesta José, mejor dime donde está el oro.

-¿Oro? ¿Para qué quieres oro si te vas a morir ahora?- Susurra el anciano.

José ríe burlescamente, - El único que se va a morir eres tu viejo maldito si no me dices donde está el oro- Respondió José.

-El oro esta en ese cuarto de ahí, esta con candado y yo tengo la llave, -Mira- El anciano pone la llave en su boca y se la traga.

-Ahhhh!!! Maldito!!! Crees que me daré por vencido solo por eso- José se abalanzo sobre el anciano, le quita el bastón y repetidas veces golpea la cabeza del anciano hasta que ya no se movió mas.

-Ahí tienes vejestorio, rayos, necesito recuperar la llave- Desesperado José busca por todos lados hasta dar con la cocina, hay cuchillos para regodearse, toma el más grande y se dirige al cuerpo abatido del anciano y le clava el cuchillo en el abdomen, le abre el estomago y busca en su interior hasta que por fin encontró la llave, riendo va hacia el cuarto con candado, lo abre y en su interior estaba de pie y frente a José el anciano sin ningún rasguño. José queda paralizado por el miedo, el anciano sonríe, saca del bolsillo el sobre rojo que antes estaba en la mesa, se lo pasa entrega a José, casi inconscientemente José lo abre y en su interior había 10 monedas de oro y una nota que decía: “Hola José, disculpa pero mi padre Juan insistió tanto en acompañarme que no tuve más opción que llevarlo conmigo, aquí te dejo las 10 monedas de oro, nos vemos mañana, te agradecemos, atentamente Felipe y Juan”.

Apenas termino de leer la nota José soltó el sobre, las monedas rodaron por el suelo y aquel anciano que no era precisamente Juan, puso la mano en el pecho de José y devoro su alma.

Al día siguiente encontraron muerto a José con él sobre rojo en su mano. Dicen que murió de un infarto…yo digo que la codicia lo mato.
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