Ricardo Piglia: "La Ley de Medios hace posible que haya otras voces"
Uno de los escritores más destacados de la Argentina habla de la escritura como modo de resistencia; analiza el enfrentamiento entre el Gobierno y los medios y explica por qué cree que "con los Kirchner el discurso político se ha hecho más concreto"
Hace más de cincuenta años que registra una versión de su vida en un diario, páginas que inauguró a los 16 cuando su papá perseguido por la dictadura se vio obligado a exiliarse en Mar del Plata. Después vinieron los primeros cuentos y más tarde las novelas (publicó cuatro), la última de las cuales, Blanco nocturno, se editó en 2010. Ricardo Piglia, el autor de Respiración artificial, un escritor que es un clásico de la literatura contemporánea, conversa sobre su proceso de creación, sobre la escritura como resistencia y adelanta su nueva novela.
También aporta su mirada sobre la política actual, se refiere al enfrentamiento de relatos entre el Gobierno y los medios, cuenta cómo fue su paso por la televisión pública y explica por qué el discurso de los Kirchner es el más concreto del de todos los presidentes argentinos anteriores. Cree que es un avance que el discurso político se parezca a las discusiones que se tienen en la vida cotidiana. También está esperanzado en la aplicación de la ley de medios: "Espero que permita que circulen otros relatos".
-¿Cuándo supo que sería escritor? ¿Qué fue lo primero que escribió?
-Es difícil encontrar el momento. Recuerdo algunos que después retrospectivamente he encontrado importantes. Empecé a escribir un diario cuando tenía 16 años y veo eso como algo que inició un tipo de relación diferente con la experiencia. La literatura también es eso: una relación con la experiencia donde uno está al mismo tiempo viviendo y registrando. Bastante tiempo después de haber empezado a escribir el diario, empecé a escribir algunos cuentos.
-¿Cómo fue el día en que decidió empezar a escribir un diario?
-Mi padre era peronista y por una serie de problemas políticos en el 57 decidió mudarse. Nos fuimos de donde yo había nacido, en Adrogué, donde también había nacido mi madre. En ese momento estaba en tercer año del secundario y viví esa mudanza, aunque eran 400 kilómetros, como un destierro, como si fuera un cambio drástico, un exilio. Y recuerdo que mientras la casa estaba siendo levantada en algún momento me puse a escribir en un cuaderno, quizá tratando de retener ese momento, esa sensación de pérdida. Me parece que los relatos empezaron a avanzar porque mientras iba escribiendo ese diario me di cuenta de que, como no tenía experiencia, casi no me pasaba nada -como a todo el mundo-, lentamente empecé a inventar algunas cosas dentro de lo que había sido hasta ese momento la idea de registrar lo que estaba viviendo. Entonces, ciertas cuestiones que aparecían en el diario como historias empezaron a desarrollarse por su lado y fueron los cuentos.
-¿Está trabajando en alguna obra ahora?
-Sí, estoy escribiendo una novela. Sucede en EE.UU y está ligada también a ciertas experiencias mías allá, donde he estado viviendo por quince años. Es una historia ficcional pero que tiene como base algunas experiencias propias. Está bastante avanzada, no se aun cuándo estará terminada pero estoy trabajando en eso centralmente.
LA RESISTENCIA PERONISTA
-Sobre la resistencia peronista, que aparece en varios cuentos y en alguna novela: ¿Por qué escribir sobre eso?
-Eso está muy ligado a la historia de mi padre. Después del 55 estuvo conectado -aunque no era un gran activista- con gente que estaba luchando o imaginaba que luchaba por el regreso de Perón. Entonces hay recuerdos de infancia bastante nítidos de señores en mi casa que yo miraba con cierta distancia pero que tenían ese aire de la lucha un poco sin futuro, esa sensación de ver a un grupo de vencidos o con perspectivas de triunfo muy remotas y que sin embargo insisten en una suerte de práctica que en realidad empieza a tener sentido en la práctica misma, más allá del objetivo que se tenga.
-¿Ese es un espacio propicio para desarrollar una novela?
-En mi caso sí, también conozco escritores que admiro y trabajan desde otro lugar, desde la experiencia más cotidiana. En mi caso tiendo a pensar los libros como algo que intenta ir más allá, superar ese ritual de la vida cotidiana de la repetición y buscar historias o personajes que excedan ese universo cotidiano.
-¿Compartió con su padre esos escritos?
-No tanto. El conoció mis textos habitualmente después de que se publicaron. Se trata de esa distancia que uno tiene respecto al mundo de los padres. También diferían las cosas que él hacía y que yo no quería hacer. Nunca fui peronista, por ejemplo. Ahí encontré una forma de tomar distancia respecto de la experiencia de mi padre, a quien siempre admiré, por otra parte.
"Nunca fui peronista, por ejemplo. Ahí encontré una forma de tomar distancia respecto de la experiencia de mi padre, a quien siempre admiré, por otra parte"
-¿Por qué en esa época firmó textos como Renzi, su alter ego?
-En realidad escribí algunos prólogos y traducciones y ensayos firmados con el nombre de Renzi paralelamente a la aparición del personaje, que está desde el primer libro, Las invasión, que se publica en el 67. En el 65 publico una traducción de Hemingway firmada por él, después una antología del cuento policial -y el prólogo y las notas son de Renzi-. Empiezo lentamente a construir un personaje que está viviendo una vida que acompaña mi propia experiencia. El es un personaje del que me gustaría contar toda su vida en mis libros.
-¿Tenía miedo de firmar con su nombre?
-Después retrospectivamente uno le da a eso un cierto sentido. El sentido que le veo es que cualquier historia que yo cuento siempre va a haber un punto de referencia personal, propio; en todas las historias que he estado contando él siempre está aunque no forme parte de la trama de manera directa. Entonces es como si fuera una voz que yo tengo ahí más allá de lo que esté sucediendo en la historia. Siempre es para mí un ancla, un punto de referencia con la realidad. También en una época lo hice porque no podía firmar, pero eran otras épocas políticas más complicadas. Ahí también usé el nombre de Renzi.
Uno de los escritores más destacados de la Argentina habla de la escritura como modo de resistencia; analiza el enfrentamiento entre el Gobierno y los medios y explica por qué cree que "con los Kirchner el discurso político se ha hecho más concreto"
Hace más de cincuenta años que registra una versión de su vida en un diario, páginas que inauguró a los 16 cuando su papá perseguido por la dictadura se vio obligado a exiliarse en Mar del Plata. Después vinieron los primeros cuentos y más tarde las novelas (publicó cuatro), la última de las cuales, Blanco nocturno, se editó en 2010. Ricardo Piglia, el autor de Respiración artificial, un escritor que es un clásico de la literatura contemporánea, conversa sobre su proceso de creación, sobre la escritura como resistencia y adelanta su nueva novela.
También aporta su mirada sobre la política actual, se refiere al enfrentamiento de relatos entre el Gobierno y los medios, cuenta cómo fue su paso por la televisión pública y explica por qué el discurso de los Kirchner es el más concreto del de todos los presidentes argentinos anteriores. Cree que es un avance que el discurso político se parezca a las discusiones que se tienen en la vida cotidiana. También está esperanzado en la aplicación de la ley de medios: "Espero que permita que circulen otros relatos".
-¿Cuándo supo que sería escritor? ¿Qué fue lo primero que escribió?
-Es difícil encontrar el momento. Recuerdo algunos que después retrospectivamente he encontrado importantes. Empecé a escribir un diario cuando tenía 16 años y veo eso como algo que inició un tipo de relación diferente con la experiencia. La literatura también es eso: una relación con la experiencia donde uno está al mismo tiempo viviendo y registrando. Bastante tiempo después de haber empezado a escribir el diario, empecé a escribir algunos cuentos.
-¿Cómo fue el día en que decidió empezar a escribir un diario?
-Mi padre era peronista y por una serie de problemas políticos en el 57 decidió mudarse. Nos fuimos de donde yo había nacido, en Adrogué, donde también había nacido mi madre. En ese momento estaba en tercer año del secundario y viví esa mudanza, aunque eran 400 kilómetros, como un destierro, como si fuera un cambio drástico, un exilio. Y recuerdo que mientras la casa estaba siendo levantada en algún momento me puse a escribir en un cuaderno, quizá tratando de retener ese momento, esa sensación de pérdida. Me parece que los relatos empezaron a avanzar porque mientras iba escribiendo ese diario me di cuenta de que, como no tenía experiencia, casi no me pasaba nada -como a todo el mundo-, lentamente empecé a inventar algunas cosas dentro de lo que había sido hasta ese momento la idea de registrar lo que estaba viviendo. Entonces, ciertas cuestiones que aparecían en el diario como historias empezaron a desarrollarse por su lado y fueron los cuentos.
-¿Está trabajando en alguna obra ahora?
-Sí, estoy escribiendo una novela. Sucede en EE.UU y está ligada también a ciertas experiencias mías allá, donde he estado viviendo por quince años. Es una historia ficcional pero que tiene como base algunas experiencias propias. Está bastante avanzada, no se aun cuándo estará terminada pero estoy trabajando en eso centralmente.
LA RESISTENCIA PERONISTA
-Sobre la resistencia peronista, que aparece en varios cuentos y en alguna novela: ¿Por qué escribir sobre eso?
-Eso está muy ligado a la historia de mi padre. Después del 55 estuvo conectado -aunque no era un gran activista- con gente que estaba luchando o imaginaba que luchaba por el regreso de Perón. Entonces hay recuerdos de infancia bastante nítidos de señores en mi casa que yo miraba con cierta distancia pero que tenían ese aire de la lucha un poco sin futuro, esa sensación de ver a un grupo de vencidos o con perspectivas de triunfo muy remotas y que sin embargo insisten en una suerte de práctica que en realidad empieza a tener sentido en la práctica misma, más allá del objetivo que se tenga.
-¿Ese es un espacio propicio para desarrollar una novela?
-En mi caso sí, también conozco escritores que admiro y trabajan desde otro lugar, desde la experiencia más cotidiana. En mi caso tiendo a pensar los libros como algo que intenta ir más allá, superar ese ritual de la vida cotidiana de la repetición y buscar historias o personajes que excedan ese universo cotidiano.
-¿Compartió con su padre esos escritos?
-No tanto. El conoció mis textos habitualmente después de que se publicaron. Se trata de esa distancia que uno tiene respecto al mundo de los padres. También diferían las cosas que él hacía y que yo no quería hacer. Nunca fui peronista, por ejemplo. Ahí encontré una forma de tomar distancia respecto de la experiencia de mi padre, a quien siempre admiré, por otra parte.
"Nunca fui peronista, por ejemplo. Ahí encontré una forma de tomar distancia respecto de la experiencia de mi padre, a quien siempre admiré, por otra parte"
-¿Por qué en esa época firmó textos como Renzi, su alter ego?
-En realidad escribí algunos prólogos y traducciones y ensayos firmados con el nombre de Renzi paralelamente a la aparición del personaje, que está desde el primer libro, Las invasión, que se publica en el 67. En el 65 publico una traducción de Hemingway firmada por él, después una antología del cuento policial -y el prólogo y las notas son de Renzi-. Empiezo lentamente a construir un personaje que está viviendo una vida que acompaña mi propia experiencia. El es un personaje del que me gustaría contar toda su vida en mis libros.
-¿Tenía miedo de firmar con su nombre?
-Después retrospectivamente uno le da a eso un cierto sentido. El sentido que le veo es que cualquier historia que yo cuento siempre va a haber un punto de referencia personal, propio; en todas las historias que he estado contando él siempre está aunque no forme parte de la trama de manera directa. Entonces es como si fuera una voz que yo tengo ahí más allá de lo que esté sucediendo en la historia. Siempre es para mí un ancla, un punto de referencia con la realidad. También en una época lo hice porque no podía firmar, pero eran otras épocas políticas más complicadas. Ahí también usé el nombre de Renzi.