I
Nacimiento y ocaso de la pornstar
Imposible entender el fenómeno de la "pornstar" sin hablar antes de la primera mujer en detentar el término. Linda Lovelace (Linda Boreman por su nombre real), se convirtió -de la noche a la mañana- en la primera dama de una nueva y legitimada industria del porno que en los setenta encontró su mayor auge.
Fue una época en que el cine porno se exhibía no sólo en lugares clandestinos, sino en las grandes salas. Una época en la que el porno dejó de ser cosa de hombres en gabardinas, lentes oscuros e intenciones masturbatorias, para convertirse en una moda que expresaba libertad de acción y de pensamiento. La alta sociedad norteamericana, incluyendo a muchas figuras del propio Hollywood, acudían a las premieres de estas cintas, sin pudor o pena alguna. Ver porno, en un pantalla grande, era chic.
La película que inició aquella revolución pornográfica fue justamente Garganta Profunda (Damiano, 1972), cinta protagonizada por Lovelace y que la elevaría a nivel de mito total de este nuevo porno. Descubierta por Jerry Damiano, un estilista con intenciones frustradas de cineasta, escribe el guión de esta disparatada cinta a partir de ver la 'filmografía' de la señorita Lovelace, compuesta de una serie de cortometrajes que, entre otras cosas, dejaba en claro su extraordinaria habilidad: tragar, sin chistar, penes completos de más de 20 centímetros de largo (amén de ser una swallower).
El éxito de esta cinta, azuzado por el constante acoso del gobierno norteamericano en su afán de censurar la proyección de la película, dio a Lovelace sus respectivos quince minutos de fama: portadas de revista, desnudos para incontables publicaciones, entrevistas en radio y televisión. Todos amaban (y envidiaban) las proezas sexuales de Lovelace.
Después vino el ocaso, las malas decisiones artísticas (las secuelas a Garganta Profunda fueron una completa basura) y el olvido de los medios que se tradujo en una cruda incurable. La fiesta para Lovelace había acabado y sin embargo, fue en esas condiciones como supo impactar al porno por segunda vez, ahora como víctima.
El comeback de Lovelace fue en forma de denuncia descarnada. A principios de la década de los ochenta, la ahora ex-actriz sufre una transformación radical y se convierte, gracias a su libro autobiográfico titulado Ordeal, en una de las detractoras más recalcitrantes de la industria pornográfica.
En su libro, la otrora pornstar narra las vejaciones a las que fue sometida en su carrera como actriz porno, desde el maltrato físico y mental por parte de su entonces marido hasta las pocas ganancias que la cinta le reportó, siendo que la película ha ganado (y sigue ganando) millones de dólares. 'Cada que ven esa película lo que ven es cómo me violan sistemáticamente' declaraba una Lovelace no sólo alejada del cine, sino del maquillaje y de la imagen glamorosa de sus años de fama porno.
Lovelace pasaba del mito de la mujer sexualmente plena y liberada al de la mujer indefensa, dominada por las obscuras fuerzas masculinas que la torturaban y usaban como objeto sexual. 'Me gustaría ver a la gente que le gusta la pornografía encerrada en un psiquiátrico', declaraba una Lovelace cada vez más maniquea y sensacionalista.
Con su historia de sufrimiento y explotación, Lovelace terminó nutriendo de argumentos a la derecha conservadora y al feminismo más atroz. Lo suyo se convertía en una especie de parábola cristiana, una fábula donde la lección era que el sexo --por supuesto- era malo, que el porno destruía a las mujeres volviéndolas paquetes de carne a la venta. El feminismo y el machismo encontraban un gran aliado en esta mujer victimizada, vejada, y al final por completo olvidada. Murió de una manera tan trágica como gris: estrellando su coche contra un poste.
II
La pornstar existencialista.
Sasha Grey despedaza el mito de la 'pornstar' como víctima de una industria que supuestamente trata a las mujeres cual si fueran carne molida. Si la mítica Linda Lovelace contaba historias de terror sobre la industria y los "traumas" causados por su paso por el cine porno, Grey en cambio no lo duda y a pregunta expresa responde: "El porno no me causó trauma alguno. Véanme, aquí estoy, sonriendo".
Así es, la californiana de 24 años llega a la conferencia de prensa, previo a su presentación como DJ en el Club Babilonia de la Ciudad de México (situado donde antes estaba el mítico "Medusas", con la ligereza de quien ha hecho con su vida lo que ha querido, saliéndose además con la suya.
Grey no cumple con el cliché de una pornstar: no está operada, no es voluptuosa, no viste estrafalario ni provocativo. Llega a su cita con la prensa mexicana portando jeans pegados, botas tipo industrial (sucias, además), chamarra negra de piel y una blusa café sin escote. Su rostro, sin gota de maquillaje, es adornado por una encantadora sonrisa.
No se abruma ni se molesta por el constante flasheo de las cámaras, atiende a la prensa como toda una experta, con un discurso bien articulado, mostrándose incluso divertida. Relata sobre su gusto por la música en aquellos días en los que, cuando adolescente, se encerraba en su cuarto a ver porno y escuchar música: "el porno me gustaba pero a la vez sentía que algo le faltaba, ese algo lo pude proveer yo".
Hasta antes de los 18, Marinna Ann Hantzis, joven criada en Sacramento, de madre burócrata y padre mecánico (ambos de origen griego, después divorciados), era la típica adolescente que se encerraba en su cuarto. Sus dos pasiones: la música electrónica industrial y el porno. Marinna era especialmente fan de los grupos underground y es justo en aquellas figuras en las que encontró correspondencia. De hecho, su nombre artístico fue inspirado por Sascha Konietzko, líder de una oscura banda de rock industrial alemán, y por El retrato de Dorian Gray. Antes sopesó rebautizarse Anna Karina, como la musa de Godard.
Sasha Grey 'nace' en mayo de 2006 justo al cumplir 18 años. Se estrena en el cine porno con el actor italiano Rocco Siffredi y en plena filmación de un gang bang, sorprende por su determinación y una naturaleza auténticamente extrema. La leyenda dice que, saliéndose de guión y en medio del acto sexual, le grita a Rocco que la golpee en el estómago, "PUNCH ME IN THE STOMACH".
Desde entonces, Rocco la adiestraría por el mundo de lo que la industria llama 'degradación consensuada', ese tipo de sexo sumiso en el que la otra persona acepta le practiquen toda serie de actos que en apariencia son 'denigrantes' pero que en realidad son parte del juego sexual. He aquí donde Sasha Grey comienza a diferenciarse de las otras actrices porno: si bien lo suyo es 'degradación consensuada', no lo asume como una persona sumisa.
Sasha Grey rompe el mito de la mujer como ente pasivo del porno. Ella no está en esto por que no le quede de otra, no se trata de un bello cuerpo que ante la oferta económica que ofrece el porno, decida dedicarse a ello por simple economía. Así, lo suyo no es mera actuación, es un paso más, una especie de performance donde el público la acompaña en la delirante búsqueda de sus propios límites (mismos que al parecer nunca existieron).
Así, la leyenda de aquella mujer delgada, pálida, famosa por sus proezas anales y por la cuasi invención del 'gagging' (práctica oral donde la chica simula ahogarse haciendo sonidos guturales ante la 'magnitud' del falo de su oponente), comenzó a correr por la red.
Incluso hasta aquí, Sasha Grey podría no parecer diferente a las otras pornstars, pero Grey sabe capitalizar su fama de manera diferente y es donde comienza a descubrirse como una auténtica rara avis dentro de la industria. En las entrevistas, Grey citaba a Sartre, se decía fan del cine de Godard, hablaba de grupos musicales desconocidos, demostraba un desparpajo que nada tenía que ver con la clásica barbie siliconada, pueril y monosilábica. Grey tenía mucho que decir y lo decía frente a las pantallas, en entrevistas, con ropa o sin ella.
El New York Times decía de ella: "La señorita Grey, cuya carrera en la pornografía se ha caracterizado tanto por la naturaleza extrema de lo que hace como por el inusual grado de profundidad intelectual con el que lo afronta, más que actuar, plantea una serie de problemas filosóficos".
"Cada vez que estoy en locación, siento que adquiero una valiosa mirada al mundo y la forma que este trabaja (la condición humana)... Muy temprano aprendí que los hombres son increíblemente inseguros en cuanto a su sexualidad. Mientras que yo prefiero el sexo sin culpas, creo que la idea de que el hombre tiene que estar a la altura de ciertas expectativas machistas es, como diría Jung, una modalidad. Nuestra sociedad le ha impuesto al hombre una marca de excelencia que debe superar, así, estos hombres se enfrentan a un conflicto y sienten la necesidad de una mujer arquetípica que les ayude en la necesidad inconsciente de su ego por poder."
Lo anterior es el tipo de respuestas que Sasha Gray da en las entrevistas. Es entonces cuando los medios comenzaron a endilgarle el mote (un cuanto tanto ridículo) de 'la pornstar existencialista'.
II
¿Por qué Sasha Grey?
¿Por qué Sasha? Básicamente, porque no es una víctima. A diferencia de Linda Lovelace y su historia que ha servido de 'cautionary tale' para ahuyentar a 'nuestros jóvenes' del camino del porno, he aquí una mujer que ejerce con libertad y responsabilidad plena su deseo de dedicarse a la pornografía.
Le tomaron apenas cuatro años a Sasha Grey convertirse en una diva, revolucionar al género y huir con el dinero. Ahora ya está retirada del medio, sin manchar una sola de sus plumas, sin traumas, sin nada que reclamarle al porno. Probablemente sea la primera pornstar en lograrlo.
Su mayor revolución consistió en simple actitud: estamos ante una mujer que sabe los juegos y las mecánicas del sexo frente a una cámara, que sabe jugar a las fantasías pero que siempre se demuestra como alguien que reta a su oponente. Podrá jugar el rol pasivo, pero nunca lo asume como tal: Grey en sus videos constantemente está retando verbalmente a su contraparte, insultando incluso, haciéndole ver que si bien ella estará de rodillas, atada de manos y recibiendo un falo en la boca, el control sigue siendo de ella y sólo de ella.
Peor aún, Sasha en cada uno de sus videos comete un acto de transgresión que nuestra sociedad machista-feminista encuentra completamente reprobable e inaudito ( pero que, al menos para quien esto escribe, resulta admirable): lo disfruta; sin culpas, sin miedos, sin remordimientos.
'Hay muchas ideas que nos impiden explorar nuestras fantasías. Si hay un área de tu sexualidad que te gustaría explorar, definitivamente deberías de hacerlo. Tu eres tu propio dictador, nunca nadie debiera decirte que está bien o mal, y debieras sentirte seguro y orgulloso de tus deseos, tus decisiones y de tus futuros' descubrmientos'