Soy muy escéptico en lo referente a ese supuesto reloj que prepara Apple y los competidores que el resto de la industria parece tener ya en la rampa de despegue (esta categoría de producto parece saturada incluso antes de llegar a las muñecas de los consumidores).
Soy escéptico por varias razones pero la principal es que no es un mercado del mismo tamaño que el de la telefonía móvil. Ni siquiera se le acerca. Estamos hablando, con toda probabilidad, de un accesorio para el teléfono móvil, no un sustituto. La idea de estos relojes es que son una segunda pantalla donde ver los mensajes, correos o llamadas perdidas de forma más conveniente, sin necesidad de sacar el teléfono del bolso o el bolsillo. Tal vez incluso responder a algunos mensajes usando solo la voz.
Pero incluso aunque demuestren ser un dispositivo popular van a representar sólo una fracción del mercado de la telefonía y además probablemente con un margen de beneficios por unidad mucho menor y puntos de precio más bajos. Para Apple, por ejemplo, es posible que se parezca a la rama de negocio del iPod (y no me extrañaría que estuviese integrado dentro de ésta, si realmente planean sacar uno a la venta). No es un mercado insignificante, en absoluto, pero está lejos de las cifras que mueven el iPhone o el iPad. Lo mismo ocurrirá con su futura competencia.
Ahora bien, un mercado pequeño no es lo mismo que un mercado inexistente y lo mismo estas empresas han dado con un caso de uso tan interesante para el usuario de a pie que la carrera por crear el mejor reloj inteligente domina las portadas de los próximos años en el mundo de la tecnología.
Si es así durante la última semana he estado probando el que probablemente se verá como el eslabón perdido entre el reloj de pulsera digital y el "smartwatch". Hace poco menos de un año me sumé a quienes apoyaron en Kickstarter el reloj Pebble, un dispositivo de pulsera que se conecta a teléfonos Android o iOS a través de Bluetooth y muestra en la pantalla (parecida a la tinta electrónica, aunque menos legible a plena luz del día) notificaciones y mensajes.
Por el momento es muy limitado y mi experiencia deja con ganas de más. Es fácil ver las posibilidades que tiene el producto y como encajarían en la vida de un entusiasta de la tecnología, algo más complicado hacerse una idea de un caso de uso más general.
El reloj que se actualiza
Empecemos por un detalle importante: en la última semana he tenido que actualizar dos veces el software del reloj. Esto se puede hacer de forma inalámbrica desde una app en el propio teléfono. No serán las últimas. Parte de la gracia de Pebble es que en un futuro se podrán instalar en él aplicaciones desarrolladas por terceros y previsiblemente habrá que hacer algún ajuste más antes de que llegue ese momento porque en pebble tienen la intención de actualizar el software cada dos o tres semanas, aproximadamente.
En otras tantas ocasiones he tenido algún error en el funcionamiento. He probado el Pebble tanto con iOS como con Android y en las dos plataformas me ha dado algún problema. En iOS durante la recepción de un mensaje el motor de vibración del reloj (al igual que el teléfono vibra al recibir un mensaje o cuando suena la alarma programable) se quedó activo hasta que reseteé el dispositivo. En Android se reseteó al recibir una llamada en el teléfono. Son casos aislados dentro de la experiencia de toda una semana, pero sirven para hacerse una idea de que este tipo de dispositivos añade una capa de complejidad a un producto, el reloj, que consideramos muy fiable y eficiente en su forma actual.
http://vimeo.com/40128933