Las personas no somos seres individuales. La cosa que somos no es más que una construcción social (moralidad, religión, relaciones afectivas, equipos de futbol, posiciones políticas, gustos sexuales, etc.).
Esta verdad ha pesado muchísimo sobre las personas, es decir, la capacidad de entenderse como el creador de nuestro destino sin más, sin algún ingrediente divino directo aparte de nuestras propias creencias, sin algún plan divino, sin un universo confabulando como su fuésemos su centro, sin nada más que nuestra voluntad, que hasta ahora no se ha encaminado más que hacía favorecer a nuestro egoísmo. Somos dueños de nuestro destino y del colectivo, aunque también el colectivo impacta en nuestras vidas y puede ser entendido como un ente vivo en su totalidad.
“Nuestras” bases del entendimiento del mundo y sus fenómenos(como país occidental) está en Grecia y su filosofía, lugar donde se pondero a favor de las ciencias y del estudio, pero desafortunadamente a diferencia de muchas otras culturas no se entendió el papel fundamental que juega entenderse como parte del entorno, es decir, un ente igual de susceptible a los cambios, igual de frágil que cualquier otra forma de vida.
Ese es el nuevo paradigma del pensamiento, que las personas nos entendamos como el colectivo que somos no solo a nivel de especie humana, sino a nivel de mundo, como un ente más que sufre por los cambios, como un ente que tiene necesidades básicas, que lo que le hace feliz no son los innumerables productos electrónicos y tecnológicos que tenemos hoy por hoy, que en la buena teoría no son más que una herramienta para acceder a dichas necesidades básicas; sustentar nuestras vidas en sus necesidades más primitivas en una comunidad de individuos con los que tenemos vínculos afectivos y los entendemos como necesarios para eso que llamamos entorno, es decir, nuestros seres queridos, nuestro lugar de residencia, los animales, las plantas, la naturaleza.
Le tenemos terror a la soledad, es nuestro miedo básico. Por otra parte tenemos la necesidad de la comunicación que es en si la base misma de la condición humana pero también tenemos terror a ser él otro, al que contaminamos, al que nos hace la ropa y pasó 15 horas trabajando, al que vemos en la calle pidiendo limosna, al que sembró nuestros alimentos por los cuales recibió una remuneración risible.
Tenemos miedo a vernos, a entendernos, a ser aquellos a los que afectamos, cerramos la comunicación hacia ellos, sean personas, animales, medio ambiente, situaciones y seguimos creyendo que el universo jira en torno nuestro alrededor y que lo qué tenemos en servido en el plato salió de nuestras billeteras, cuando en realidad está hecho apunta de sangre, sudor, agroquímicos y pesticidas, un poco de petróleo y la sonrisa hipócrita del que nos lo vendió.
No creemos que seamos los demás, y que nuestras actividades afecten el mundo. Nos sentimos individuales y únicos utilizando medios colectivos y bienes hechos por alguien más. Nos sentimos únicos y especiales cuando todos los demás sufren por la misma razón que nosotros; no hay comunicación, no hay empatía, no hay humanidad, todos sufrimos pero no nos sentimos iguales.
El reto que hoy NOSOTROS tenemos sobre si es muy sencillo de plantear, pero sumamente difícil de llevar a cabo; entender NOSOTROS y llevar ese NOSOTROS a la ejecución.
Lo que hoy está pasando en el otro lado del mundo nos afectara a nosotros mañana. Los retrogradas conceptos de nacionalidad en un sentido excluyente no sirven sino para agravar más el problema y son justamente de esas actitudes las que se oponen al planteamiento de la globalidad. Una cosa es defender la diversidad como un fenómeno necesario en cualquier ecosistema y otra es creer esa diversidad específica a la que pertenecemos, una entre muchísimas diversidades, como la única manera de entender la vida, castrando así a las demás formas de expresión. Comúnmente es lo que hacemos o nos enseñaron a hacer todos los días todos los días.
Ejercicio muy fácil para comenzar con el reto de entender NOSOTROS:
1.¿A cuántas personas podría afectar si el día de hoy yo desapareciera de este mundo?
2.¿Cómo me pudiera afectar si el día de hoy desaparecieran las personas de las que desapruebo su forma de vida, cultura, mentalidad, o de las personas que afecto yo con mis actividades o forma de consumo?
Creo que la respuesta es obvia por sí misma, somos muy muy pequeños en la proporción de lo que es la colectividad para nosotros. Dependemos más de ella que ella de nosotros por lo que seguir con la mentalidad de un sistema filosófico centrado en algo tan vacio, tan espurio, tan insignificante como la individualidad (fenómeno que es necesario para la colectividad) se debe de entender como suicidio en masa.
Mi esperanza última es que por medio de mis acciones algún día pueda inspirar a alguien más a tener la misma estima por la colectividad que por la individualidad.
Este pequeño ensayo no es más que la suma de las impresiones que hizo en mi las discusiones y opiniones en clase de mis compañeros y profesores, yo simplemente fui un observador más y tienen tanto crédito como yo por este trabajo, a ellos las gracias.
Esta verdad ha pesado muchísimo sobre las personas, es decir, la capacidad de entenderse como el creador de nuestro destino sin más, sin algún ingrediente divino directo aparte de nuestras propias creencias, sin algún plan divino, sin un universo confabulando como su fuésemos su centro, sin nada más que nuestra voluntad, que hasta ahora no se ha encaminado más que hacía favorecer a nuestro egoísmo. Somos dueños de nuestro destino y del colectivo, aunque también el colectivo impacta en nuestras vidas y puede ser entendido como un ente vivo en su totalidad.
“Nuestras” bases del entendimiento del mundo y sus fenómenos(como país occidental) está en Grecia y su filosofía, lugar donde se pondero a favor de las ciencias y del estudio, pero desafortunadamente a diferencia de muchas otras culturas no se entendió el papel fundamental que juega entenderse como parte del entorno, es decir, un ente igual de susceptible a los cambios, igual de frágil que cualquier otra forma de vida.
Ese es el nuevo paradigma del pensamiento, que las personas nos entendamos como el colectivo que somos no solo a nivel de especie humana, sino a nivel de mundo, como un ente más que sufre por los cambios, como un ente que tiene necesidades básicas, que lo que le hace feliz no son los innumerables productos electrónicos y tecnológicos que tenemos hoy por hoy, que en la buena teoría no son más que una herramienta para acceder a dichas necesidades básicas; sustentar nuestras vidas en sus necesidades más primitivas en una comunidad de individuos con los que tenemos vínculos afectivos y los entendemos como necesarios para eso que llamamos entorno, es decir, nuestros seres queridos, nuestro lugar de residencia, los animales, las plantas, la naturaleza.
Le tenemos terror a la soledad, es nuestro miedo básico. Por otra parte tenemos la necesidad de la comunicación que es en si la base misma de la condición humana pero también tenemos terror a ser él otro, al que contaminamos, al que nos hace la ropa y pasó 15 horas trabajando, al que vemos en la calle pidiendo limosna, al que sembró nuestros alimentos por los cuales recibió una remuneración risible.
Tenemos miedo a vernos, a entendernos, a ser aquellos a los que afectamos, cerramos la comunicación hacia ellos, sean personas, animales, medio ambiente, situaciones y seguimos creyendo que el universo jira en torno nuestro alrededor y que lo qué tenemos en servido en el plato salió de nuestras billeteras, cuando en realidad está hecho apunta de sangre, sudor, agroquímicos y pesticidas, un poco de petróleo y la sonrisa hipócrita del que nos lo vendió.
No creemos que seamos los demás, y que nuestras actividades afecten el mundo. Nos sentimos individuales y únicos utilizando medios colectivos y bienes hechos por alguien más. Nos sentimos únicos y especiales cuando todos los demás sufren por la misma razón que nosotros; no hay comunicación, no hay empatía, no hay humanidad, todos sufrimos pero no nos sentimos iguales.
El reto que hoy NOSOTROS tenemos sobre si es muy sencillo de plantear, pero sumamente difícil de llevar a cabo; entender NOSOTROS y llevar ese NOSOTROS a la ejecución.
Lo que hoy está pasando en el otro lado del mundo nos afectara a nosotros mañana. Los retrogradas conceptos de nacionalidad en un sentido excluyente no sirven sino para agravar más el problema y son justamente de esas actitudes las que se oponen al planteamiento de la globalidad. Una cosa es defender la diversidad como un fenómeno necesario en cualquier ecosistema y otra es creer esa diversidad específica a la que pertenecemos, una entre muchísimas diversidades, como la única manera de entender la vida, castrando así a las demás formas de expresión. Comúnmente es lo que hacemos o nos enseñaron a hacer todos los días todos los días.
Ejercicio muy fácil para comenzar con el reto de entender NOSOTROS:
1.¿A cuántas personas podría afectar si el día de hoy yo desapareciera de este mundo?
2.¿Cómo me pudiera afectar si el día de hoy desaparecieran las personas de las que desapruebo su forma de vida, cultura, mentalidad, o de las personas que afecto yo con mis actividades o forma de consumo?
Creo que la respuesta es obvia por sí misma, somos muy muy pequeños en la proporción de lo que es la colectividad para nosotros. Dependemos más de ella que ella de nosotros por lo que seguir con la mentalidad de un sistema filosófico centrado en algo tan vacio, tan espurio, tan insignificante como la individualidad (fenómeno que es necesario para la colectividad) se debe de entender como suicidio en masa.
Mi esperanza última es que por medio de mis acciones algún día pueda inspirar a alguien más a tener la misma estima por la colectividad que por la individualidad.
Este pequeño ensayo no es más que la suma de las impresiones que hizo en mi las discusiones y opiniones en clase de mis compañeros y profesores, yo simplemente fui un observador más y tienen tanto crédito como yo por este trabajo, a ellos las gracias.