Antes que nada, hola queridos taringueros, los tenía un poco abandonados!
Hoy les traigo un post sobre bestias mitológicas, las hay de todo tipo; dragones, ictiocentauros, dinosaurios, espero que disfruten!
El Piasa, el Dragón Pájaro de Illinois
Hacía tiempo, la tribu de Illini vivía en armonía con el piasa, que se contentaba con cazar presas como el ciervo y otros grandes mamíferos, y nunca molestaba a los indios de las llanuras que había bajo el alto precipicio, donde moraba en una inmensa cueva. No obstante, trágicamente, este pacífico equilibrio se destruyó cuando una tribu guerrera invadió el territorio de los Illini.
Durante la batalla que siguió, murieron muchos hombres de ambas tribus; y aunque acabaron venciendo, su éxito se vio empañado por un desarrollo inesperado y minuciosamente catastrófico. Aunque el piasa había observado la batalla de cerca, pero no había participado en ella, para un comedor de carne tan rapaz como él, la presencia de tantos cuerpos nuevos muertos era demasiado tentadora como para ser ignorada.
El piasa nunca antes había probado la carne humana, pero para su sorpresa y deleite, descubrió que esta nueva carne le gustaba muchísimo. Así que, desde ese día en adelante, el monstruoso dragón pájaro se convirtió en el enemigo mortal de los Illini, y solía descender para raptar a hombres, mujeres y niños, llevándoselos por el aire con sus grandes garras y metiéndolos en su nefasto escondrijo para devorarlos. Si la tribu quería sobrevivir, su némesis tendría que ser derrotada.
Se celebró una gran reunión, a la que asistieron todos los miembros de la tribu. Tras varias horas de intenso debate, sólo se había sugerido una estrategia que ofrecía alguna esperanza real de aniquilar al opresor de la tribu, y para la persona que fuera elegida como principal participante para llevarla a cabo sería excesivamente arriesgado.
La conferencia concluyó que la forma más segura de dar muerte al monstruo que se transportaba por el aire como era el caso del piasa era atraerlo al suelo, y que a continuación 20 de los guerreros más valientes de la tribu le tendieran una emboscada. Y la única forma de lograr atraer al piasa para descendiera del cielo era usar un cebo efectivo – otro guerrero, vivo pero desarmado.
Un valiente llamado Massatoga había propuesto esta atrevida estrategia tras apelar al Gran Espíritu su inspiración; y cuando se ofreció voluntario para actuar como cebo vivo del piasa, la tribu decidió implementar su plan la mañana siguiente. Así, al alba, fácilmente visible para el piasa desde su retiro montañoso, Massatoga paseó alerta por el río Mississipi, alzó sus brazos al cielo, y empezó a salmodiar con voz alta y clara, apelando al Gran Espíritu, pidiéndole ayuda para superar al perseguidor aéreo de la tribu. De repente, a medida que su fuerte voz continuo retumbando por las onduladas llanuras, los cielos se volvieron oscuros, aunque no había ni una sola nube a la vista. Era el piasa.
El dragón pájaro descendió rápidamente, e incluso el valiente Massatoga sintió temblar su corazón cuando apareció su horrorífico enemigo. Esta aparición tricolor, tan roja como la sangre, tan oscura como la noche, media al menos 9 metros de largo y 4 metros de alto, y lucía un poderoso par de alas con plumas, de una envergadura de unos 6 metros.
Tanto su cuerpo entero como sus cuatro patas estaban cubiertos de escamas, y cada uno de sus pies estaba armado con un grupo de zarpas negras con forma de cimitarra. Dando coletazos en el aire a medida que descendía arrasándolo todo, se veía una cola inmensamente larga, serpenteante, que terminaba en una aleta doble, y su cabeza estaba provista de un enorme par de astas ramificadas.
Lo que a Massatoga le resultaba más terrible incluso era el rostro del piasa – pues era el rostro de un hombre, aunque una grotesca parodia del mismo. Sus ojos carmesí brillaban con una infernal malicia, de su boca surgía un grito escalofriante, filas de dientes desgarrados de carne se alineaban en sus fauces, un vapor oscuro salía de sus amplios orificios nasales de mono.
Mientras que aún volaba, el piasa extendió sus garras para agarrar el cuerpo de Massatoga. Pero éste se apresuró en dirección a algunos árboles cercanos, perseguido por el monstruo, hasta que las ramas lo forzaron a tomar tierra y envolvieron sus alas detrás de su cuerpo impidiendo que se enredaran. De repente, los compañeros de Massatoga salieron de su escondite entre los árboles, rodearon velozmente al dragón pájaro asustado y lo bombardearon aljaba tras aljaba con flechas envenenadas.
Cegado y herido por la arremetida, el piasa no pudo protegerse mientras que los guerreros trepaban por su poderoso cuerpo y comenzaban a trocear su carne con sus afilados cuchillos y sus afiladas hachas de guerra. Pronto el temido monstruo dejó de serlo.
Tristemente, también es cierto lo de los espléndidos petroglifos descubiertos por el Padre Marquette. A mediados del siglo XIX, los trabajos de la cantera cercana deterioraron la pared del precipicio, haciendo añicos obras de arte únicas, que se destruyeron y cayeron en cascada al río. El piasa desapareció completamente.
Ictiocentauro
Los Ictiocentauros, o “centauros-peces”, son unos seres marinos que no parecen haber existido en los relatos populares, pero que constituyen un tema bastante difundido en la plástica helenística y romana. El cuerpo, hasta la cintura, es de hombre, como en los centauros, y la parte inferior, de pez.
Con frecuencia, estos seres están dotados de patas parecidas a las del león o al caballo. Figuran en el cortejo de las divinidades marinas, al lado de los hipocampos, caballos marinos, etc. Licofronte, Claudiano y el gramático bizantino Juan Tzetzes han mencionado alguna vez a los Ictiocentauros. Otra referencia a ellos no hay en los textos clásicos.
Leviatán y Behemont
El quinto día de la Creación, día en que Dios dio forma e infundió vida a todas las criaturas del mar, creó al poderoso y magnífico dragón serpiente Leviatán para que sirviera de gobernante de este extenso reino marino. Las ilimitadas espirales de su inmenso y largo cuerpo se encontraban revestidas de una cubierta impermeable de escamas montadas unas sobre otras y trillaba sobre el agua con una fuerza tan explosiva que las profundidades del océano hervían como una caldera insondable.
Sus más de 300 incandescentes ojos iluminaban los mares lejanos y los cielos con su brillo radiante. El vapor hirviente salía disparado de sus llameantes orificios nasales, y brillantes lenguas de fuego bailaban procedentes de sus enormes fauces.
Ninguna herramienta mortal podía penetrar la armadura reluciente de sus escamas de Leviatán, ningún ser vivo en la tierra podía oponerse a su poder, y nada podía prender una chispa de miedo en su firme e indestructible corazón. Los dragones de interminable longitud eran devorados como ratones, y las aguas del río Jordán se vaciaban en sus fauces carnívoras, rebosantes de dientes de aterradora magnitud y cantidad. Tras su paso por el océano, las olas relumbraban como lentejuelas de escarcha fosforescente, y todo el mundo se maravilla ante el asombroso Leviatán.
Al principio, Dios creó un par de estas fantásticas bestias, pero cuando quedó latente que su poder colectivo era tan impresionante que el mundo entero se encontraba amenazado por la posibilidad de que existiera una raza de este tipo de criaturas, Dios destruyó a una de ellas. Como medida complementaria, creó al espinoso. Este pez diminuto fue concebido por Dios para contrarrestar los salvajes excesos del superviviente Leviatán, al cual le concedió la inmortalidad, en compensación por la pérdida de su pareja.
Desde entonces, durante las tres últimas horas de cada día, Dios había estado jugando con Leviatán, divirtiéndose con su gigantesca creación – y esto había de continuar hasta el Día del Juicio. Sólo entonces moriría Leviatán asesinado por el Arcángel Gabriel, tras lo cual su carne se serviría como comida para los justos, a los cuales se les acogería en una gloriosa tienda fabricada con una porción de su iridiscente piel escamosa. El resto se esparciría por las paredes de Jerusalén, desde donde manaría su resplandor para iluminar cada rincón del mundo.
A lo largo de los siglos, los eruditos bíblicos han dedicado mucho tiempo y mucha energía al enigma de la identidad de Leviatán. ¿Es posible que este símbolo majestuoso del poder de Dios se hubiera basado en una criatura real? El candidato más popular es el cocodrilo del Nilo, que si existió en Oriente Medio durante los tiempos bíblicos. Sin embargo, mientras que Leviatán era una criatura marina, esta especie está restringida al agua dulce. Y aunque existen ciertos parecidos, el cocodrilo del Nilo carece de los orificios nasales de humos y las aletas de Leviatán.
Las ballenas constituyen otra de las posibles identidades de Leviatán. Pero, aunque varias especies son, de hecho, enormes, relativamente aerodinámicas en forma y están dotadas de aletas, y a veces de grandes dientes, así como de orificios nasales que arrojan chorros cuando exhalan aire (lo cual explicaría los orificios nasales de humo de Leviatán), no tienen escamas, ni ojos brillantes, y sus cuellos son cortos.
Pero, ¿qué es Behemot? Se dice que medía 11 km de largo, esta criatura no identificada aparece descrita con gran detalle en el Antiguo Testamento, en el Libro de Job: “Presta atención a Behemot: se alimenta de hierba como el buey. Mira qué fuerza en sus riñones, qué vigor en los músculos de su vientre. Endereza su cola como un cedro, se entrelazan los nervios de sus muslos. Sus huesos son tubos de bronce; sus cartílagos, barras de hierro. Es la primera de las obras de Dios, quien lo hizo rey de sus compañeros. Le pagan tributo las montañas y todas las fieras que en ellas retozan. Debajo de los lotos se revuelca, en la espesura de cañas y de juncos. Le cubren los lotos con su sombra, le rodean los sauces del torrente. Aunque el río anegue, no se asusta; quieto está aunque un Jordán le llegue al hocico. ¿Quién podrá apresarlo por los ojos o taladrarle la nariz con una estaca?” Libro de Job (XL,15-24)
Tradicionalmente, Behemot está considerado un hipopótamo o un cocodrilo. Pero ninguno de ellos encaja con la descripción de manera muy satisfactoria. Al fin y al cabo, la habilidad de Behemot de mover su cola “como un cedro” incluye un apéndice largo, poderoso – muy distinto de la cola pequeña e insignificante del hipopótamo. Y un cocodrilo vegetariano - que “comía hierba como un buey” – era una bestia extraña en realidad.
La Última Leyenda del Congo
(1983. República Popular del Congo)
Marcelin Agnagna, zoólogo congoleño de dilatada experiencia, recorre las selvas más frondosas del país con ánimo de ampliar sus conocimientos sobre la biodiversidad de la zona. De repente, la vegetación se agita con fuerza a escasos metros de él y en un pequeño claro, ante el zoólogo se presenta un animal cuadrúpedo, de unos diez metros de longitud, con patas cortas y garras…
De los misterios del reino animal, éste es uno de los más apasionantes. Nos situamos en la ribera del río Likouala, lejos de las zonas de conflicto civil y militar, un enclave del norte del país que aparece casi en blanco en los mapas. Pocos hombres se han dejado caer en estas tierras que combinan selva con pantanos. Es quizá por ello que el entorno está casi virgen y es, por lo tanto, apto para que especies animales enigmáticas puedan vivir allí sin sentir los latigazos ambientales del hombre moderno.
Uno de los primeros aventureros en recorrer la misteriosa región fue el militar alemán Freirer von Stein zu Lausnitz. Fueron sus guías quienes lo pusieron tras la pista: “Dicen que es una bestia de color gris parduzco y aproximadamente el tamaño de un elefante. Tiene un cuello largo y flexible y un solo diente, aunque muy grande. Unos pocos hablan de una cola musculosa como la de un caimán. Vive en los ríos y trepa a las orillas en pleno día para buscar alimento”.
Fueron los propios indígenas los que dijeron al expedicionario el nombre que han dado a la criatura desde tiempos remotos: mokele-mbembe. Y pese a que existen relatos con doscientos años de antigüedad, durante el siglo XX se recogieron muchos más testimonios y evidencias, pero fue a partir de la década de los ochenta cuando el asunto motivó el interés de algunos investigadores. En 1980 y 1981, el biólogo norteamericano Roy Makal efectuó dos expediciones al lugar, no consiguieron pruebas definitivas, pero sí muchos testimonios, e incluso localizó varias huellas que sirvieron para certificar que no correspondían a ningún animal conocido.
Algunos investigadores defienden que podría tratarse de un reptil similar al dragón de Komodo, que pese a ser un lagarto enorme, de tres metros, no fue descubierto hasta 1912. Otra teoría sostiene que es una nueva especie de hipopótamo no conocida hasta la fecha. En todo caso, el misterio está servido: un animal desconocido de grandes dimensiones habita en las profundidades del Congo...
Cerbero, el Guardián del Infierno
Cerbero, en la antigua mitología, era un perro con tres cabezas y una serpiente por cola cuya labor era guardar las puertas del Hades, para que ningún humano entrara sin permiso y al mismo tiempo, para que ningún espectro consiguiera salir de los infiernos. A la orilla del río Aqueronte, frontera entre los vivos y los muertos, y con la única compañía del barquero Caronte, el Can Cerbero siempre alerta, fue la pesadilla para todos aquellos valientes héroes que se atrevieron a cruzar aquellas puertas sin el permiso de Hades.
Su origen se relaciona con la constelación de Cetus, en la que se puede intuir las formas de las puertas del Inframundo cerradas y una bestia de tres cabezas en el centro guardándolas.
Las menciones sobre Cerbero a lo largo de la historia son muchas y variadas. En algunas aparece incluso hasta con cien cabezas y cola de dragón y en otras posee serpientes en su lomo. Aunque la clásica de tres cabezas es la más común.
Pese a la fiereza, fueron varios los que consiguieron burlar a tan temible bestia.
El último de los doce trabajos de Heracles (Hércules) fue capturar a Cerbero, y aunque existen varias versiones, en todas ellas lo consiguen. Personalmente, la que más me gusta es la que Heracles trata a Cerbero con total amabilidad, y Cerbero, como muestra de agradecimiento, pues es el primero que no lo trata con miedo, sale dócilmente del Hades.
Orfeo, con su dulce música consiguió dormirlo.
Hermes también lo durmió, pero esta vez con las aguas del río Lete.
En la mitología Romana, Eneas también lo drogó con dándole a comer tortas de miel, al igual que Psique, que usó el mismo método.
Cerbero era hijo de Equidna y Tifón, y hermano de Ortro. El mito de perros como guardianes de los infiernos aparece también en otras culturas, como es el caso del perro ensangrentado de Garm, de la mitología escandinava.
Quizás la referencia más famosa de Cerbero sea la de Dante en su Divina Comedia, en el canto VI del infierno.
En cualquier caso, el mito del Can-Cerbero ha llegado hasta nuestros días con tal fuerza que se usa la palabra para denominar comúnmente a los porteros de fútbol.
Bueno amigos, eso es todo, espero que les haya gustado. Si es así, dejen puntos que no me enojo
Hoy les traigo un post sobre bestias mitológicas, las hay de todo tipo; dragones, ictiocentauros, dinosaurios, espero que disfruten!
El Piasa, el Dragón Pájaro de Illinois
Hacía tiempo, la tribu de Illini vivía en armonía con el piasa, que se contentaba con cazar presas como el ciervo y otros grandes mamíferos, y nunca molestaba a los indios de las llanuras que había bajo el alto precipicio, donde moraba en una inmensa cueva. No obstante, trágicamente, este pacífico equilibrio se destruyó cuando una tribu guerrera invadió el territorio de los Illini.
Durante la batalla que siguió, murieron muchos hombres de ambas tribus; y aunque acabaron venciendo, su éxito se vio empañado por un desarrollo inesperado y minuciosamente catastrófico. Aunque el piasa había observado la batalla de cerca, pero no había participado en ella, para un comedor de carne tan rapaz como él, la presencia de tantos cuerpos nuevos muertos era demasiado tentadora como para ser ignorada.
El piasa nunca antes había probado la carne humana, pero para su sorpresa y deleite, descubrió que esta nueva carne le gustaba muchísimo. Así que, desde ese día en adelante, el monstruoso dragón pájaro se convirtió en el enemigo mortal de los Illini, y solía descender para raptar a hombres, mujeres y niños, llevándoselos por el aire con sus grandes garras y metiéndolos en su nefasto escondrijo para devorarlos. Si la tribu quería sobrevivir, su némesis tendría que ser derrotada.
Se celebró una gran reunión, a la que asistieron todos los miembros de la tribu. Tras varias horas de intenso debate, sólo se había sugerido una estrategia que ofrecía alguna esperanza real de aniquilar al opresor de la tribu, y para la persona que fuera elegida como principal participante para llevarla a cabo sería excesivamente arriesgado.
La conferencia concluyó que la forma más segura de dar muerte al monstruo que se transportaba por el aire como era el caso del piasa era atraerlo al suelo, y que a continuación 20 de los guerreros más valientes de la tribu le tendieran una emboscada. Y la única forma de lograr atraer al piasa para descendiera del cielo era usar un cebo efectivo – otro guerrero, vivo pero desarmado.
Un valiente llamado Massatoga había propuesto esta atrevida estrategia tras apelar al Gran Espíritu su inspiración; y cuando se ofreció voluntario para actuar como cebo vivo del piasa, la tribu decidió implementar su plan la mañana siguiente. Así, al alba, fácilmente visible para el piasa desde su retiro montañoso, Massatoga paseó alerta por el río Mississipi, alzó sus brazos al cielo, y empezó a salmodiar con voz alta y clara, apelando al Gran Espíritu, pidiéndole ayuda para superar al perseguidor aéreo de la tribu. De repente, a medida que su fuerte voz continuo retumbando por las onduladas llanuras, los cielos se volvieron oscuros, aunque no había ni una sola nube a la vista. Era el piasa.
El dragón pájaro descendió rápidamente, e incluso el valiente Massatoga sintió temblar su corazón cuando apareció su horrorífico enemigo. Esta aparición tricolor, tan roja como la sangre, tan oscura como la noche, media al menos 9 metros de largo y 4 metros de alto, y lucía un poderoso par de alas con plumas, de una envergadura de unos 6 metros.
Tanto su cuerpo entero como sus cuatro patas estaban cubiertos de escamas, y cada uno de sus pies estaba armado con un grupo de zarpas negras con forma de cimitarra. Dando coletazos en el aire a medida que descendía arrasándolo todo, se veía una cola inmensamente larga, serpenteante, que terminaba en una aleta doble, y su cabeza estaba provista de un enorme par de astas ramificadas.
Lo que a Massatoga le resultaba más terrible incluso era el rostro del piasa – pues era el rostro de un hombre, aunque una grotesca parodia del mismo. Sus ojos carmesí brillaban con una infernal malicia, de su boca surgía un grito escalofriante, filas de dientes desgarrados de carne se alineaban en sus fauces, un vapor oscuro salía de sus amplios orificios nasales de mono.
Mientras que aún volaba, el piasa extendió sus garras para agarrar el cuerpo de Massatoga. Pero éste se apresuró en dirección a algunos árboles cercanos, perseguido por el monstruo, hasta que las ramas lo forzaron a tomar tierra y envolvieron sus alas detrás de su cuerpo impidiendo que se enredaran. De repente, los compañeros de Massatoga salieron de su escondite entre los árboles, rodearon velozmente al dragón pájaro asustado y lo bombardearon aljaba tras aljaba con flechas envenenadas.
Cegado y herido por la arremetida, el piasa no pudo protegerse mientras que los guerreros trepaban por su poderoso cuerpo y comenzaban a trocear su carne con sus afilados cuchillos y sus afiladas hachas de guerra. Pronto el temido monstruo dejó de serlo.
Tristemente, también es cierto lo de los espléndidos petroglifos descubiertos por el Padre Marquette. A mediados del siglo XIX, los trabajos de la cantera cercana deterioraron la pared del precipicio, haciendo añicos obras de arte únicas, que se destruyeron y cayeron en cascada al río. El piasa desapareció completamente.
Ictiocentauro
Los Ictiocentauros, o “centauros-peces”, son unos seres marinos que no parecen haber existido en los relatos populares, pero que constituyen un tema bastante difundido en la plástica helenística y romana. El cuerpo, hasta la cintura, es de hombre, como en los centauros, y la parte inferior, de pez.
Con frecuencia, estos seres están dotados de patas parecidas a las del león o al caballo. Figuran en el cortejo de las divinidades marinas, al lado de los hipocampos, caballos marinos, etc. Licofronte, Claudiano y el gramático bizantino Juan Tzetzes han mencionado alguna vez a los Ictiocentauros. Otra referencia a ellos no hay en los textos clásicos.
Leviatán y Behemont
El quinto día de la Creación, día en que Dios dio forma e infundió vida a todas las criaturas del mar, creó al poderoso y magnífico dragón serpiente Leviatán para que sirviera de gobernante de este extenso reino marino. Las ilimitadas espirales de su inmenso y largo cuerpo se encontraban revestidas de una cubierta impermeable de escamas montadas unas sobre otras y trillaba sobre el agua con una fuerza tan explosiva que las profundidades del océano hervían como una caldera insondable.
Sus más de 300 incandescentes ojos iluminaban los mares lejanos y los cielos con su brillo radiante. El vapor hirviente salía disparado de sus llameantes orificios nasales, y brillantes lenguas de fuego bailaban procedentes de sus enormes fauces.
Ninguna herramienta mortal podía penetrar la armadura reluciente de sus escamas de Leviatán, ningún ser vivo en la tierra podía oponerse a su poder, y nada podía prender una chispa de miedo en su firme e indestructible corazón. Los dragones de interminable longitud eran devorados como ratones, y las aguas del río Jordán se vaciaban en sus fauces carnívoras, rebosantes de dientes de aterradora magnitud y cantidad. Tras su paso por el océano, las olas relumbraban como lentejuelas de escarcha fosforescente, y todo el mundo se maravilla ante el asombroso Leviatán.
Al principio, Dios creó un par de estas fantásticas bestias, pero cuando quedó latente que su poder colectivo era tan impresionante que el mundo entero se encontraba amenazado por la posibilidad de que existiera una raza de este tipo de criaturas, Dios destruyó a una de ellas. Como medida complementaria, creó al espinoso. Este pez diminuto fue concebido por Dios para contrarrestar los salvajes excesos del superviviente Leviatán, al cual le concedió la inmortalidad, en compensación por la pérdida de su pareja.
Desde entonces, durante las tres últimas horas de cada día, Dios había estado jugando con Leviatán, divirtiéndose con su gigantesca creación – y esto había de continuar hasta el Día del Juicio. Sólo entonces moriría Leviatán asesinado por el Arcángel Gabriel, tras lo cual su carne se serviría como comida para los justos, a los cuales se les acogería en una gloriosa tienda fabricada con una porción de su iridiscente piel escamosa. El resto se esparciría por las paredes de Jerusalén, desde donde manaría su resplandor para iluminar cada rincón del mundo.
A lo largo de los siglos, los eruditos bíblicos han dedicado mucho tiempo y mucha energía al enigma de la identidad de Leviatán. ¿Es posible que este símbolo majestuoso del poder de Dios se hubiera basado en una criatura real? El candidato más popular es el cocodrilo del Nilo, que si existió en Oriente Medio durante los tiempos bíblicos. Sin embargo, mientras que Leviatán era una criatura marina, esta especie está restringida al agua dulce. Y aunque existen ciertos parecidos, el cocodrilo del Nilo carece de los orificios nasales de humos y las aletas de Leviatán.
Las ballenas constituyen otra de las posibles identidades de Leviatán. Pero, aunque varias especies son, de hecho, enormes, relativamente aerodinámicas en forma y están dotadas de aletas, y a veces de grandes dientes, así como de orificios nasales que arrojan chorros cuando exhalan aire (lo cual explicaría los orificios nasales de humo de Leviatán), no tienen escamas, ni ojos brillantes, y sus cuellos son cortos.
Pero, ¿qué es Behemot? Se dice que medía 11 km de largo, esta criatura no identificada aparece descrita con gran detalle en el Antiguo Testamento, en el Libro de Job: “Presta atención a Behemot: se alimenta de hierba como el buey. Mira qué fuerza en sus riñones, qué vigor en los músculos de su vientre. Endereza su cola como un cedro, se entrelazan los nervios de sus muslos. Sus huesos son tubos de bronce; sus cartílagos, barras de hierro. Es la primera de las obras de Dios, quien lo hizo rey de sus compañeros. Le pagan tributo las montañas y todas las fieras que en ellas retozan. Debajo de los lotos se revuelca, en la espesura de cañas y de juncos. Le cubren los lotos con su sombra, le rodean los sauces del torrente. Aunque el río anegue, no se asusta; quieto está aunque un Jordán le llegue al hocico. ¿Quién podrá apresarlo por los ojos o taladrarle la nariz con una estaca?” Libro de Job (XL,15-24)
Tradicionalmente, Behemot está considerado un hipopótamo o un cocodrilo. Pero ninguno de ellos encaja con la descripción de manera muy satisfactoria. Al fin y al cabo, la habilidad de Behemot de mover su cola “como un cedro” incluye un apéndice largo, poderoso – muy distinto de la cola pequeña e insignificante del hipopótamo. Y un cocodrilo vegetariano - que “comía hierba como un buey” – era una bestia extraña en realidad.
La Última Leyenda del Congo
(1983. República Popular del Congo)
Marcelin Agnagna, zoólogo congoleño de dilatada experiencia, recorre las selvas más frondosas del país con ánimo de ampliar sus conocimientos sobre la biodiversidad de la zona. De repente, la vegetación se agita con fuerza a escasos metros de él y en un pequeño claro, ante el zoólogo se presenta un animal cuadrúpedo, de unos diez metros de longitud, con patas cortas y garras…
De los misterios del reino animal, éste es uno de los más apasionantes. Nos situamos en la ribera del río Likouala, lejos de las zonas de conflicto civil y militar, un enclave del norte del país que aparece casi en blanco en los mapas. Pocos hombres se han dejado caer en estas tierras que combinan selva con pantanos. Es quizá por ello que el entorno está casi virgen y es, por lo tanto, apto para que especies animales enigmáticas puedan vivir allí sin sentir los latigazos ambientales del hombre moderno.
Uno de los primeros aventureros en recorrer la misteriosa región fue el militar alemán Freirer von Stein zu Lausnitz. Fueron sus guías quienes lo pusieron tras la pista: “Dicen que es una bestia de color gris parduzco y aproximadamente el tamaño de un elefante. Tiene un cuello largo y flexible y un solo diente, aunque muy grande. Unos pocos hablan de una cola musculosa como la de un caimán. Vive en los ríos y trepa a las orillas en pleno día para buscar alimento”.
Fueron los propios indígenas los que dijeron al expedicionario el nombre que han dado a la criatura desde tiempos remotos: mokele-mbembe. Y pese a que existen relatos con doscientos años de antigüedad, durante el siglo XX se recogieron muchos más testimonios y evidencias, pero fue a partir de la década de los ochenta cuando el asunto motivó el interés de algunos investigadores. En 1980 y 1981, el biólogo norteamericano Roy Makal efectuó dos expediciones al lugar, no consiguieron pruebas definitivas, pero sí muchos testimonios, e incluso localizó varias huellas que sirvieron para certificar que no correspondían a ningún animal conocido.
Algunos investigadores defienden que podría tratarse de un reptil similar al dragón de Komodo, que pese a ser un lagarto enorme, de tres metros, no fue descubierto hasta 1912. Otra teoría sostiene que es una nueva especie de hipopótamo no conocida hasta la fecha. En todo caso, el misterio está servido: un animal desconocido de grandes dimensiones habita en las profundidades del Congo...
Cerbero, el Guardián del Infierno
Cerbero, en la antigua mitología, era un perro con tres cabezas y una serpiente por cola cuya labor era guardar las puertas del Hades, para que ningún humano entrara sin permiso y al mismo tiempo, para que ningún espectro consiguiera salir de los infiernos. A la orilla del río Aqueronte, frontera entre los vivos y los muertos, y con la única compañía del barquero Caronte, el Can Cerbero siempre alerta, fue la pesadilla para todos aquellos valientes héroes que se atrevieron a cruzar aquellas puertas sin el permiso de Hades.
Su origen se relaciona con la constelación de Cetus, en la que se puede intuir las formas de las puertas del Inframundo cerradas y una bestia de tres cabezas en el centro guardándolas.
Las menciones sobre Cerbero a lo largo de la historia son muchas y variadas. En algunas aparece incluso hasta con cien cabezas y cola de dragón y en otras posee serpientes en su lomo. Aunque la clásica de tres cabezas es la más común.
Pese a la fiereza, fueron varios los que consiguieron burlar a tan temible bestia.
El último de los doce trabajos de Heracles (Hércules) fue capturar a Cerbero, y aunque existen varias versiones, en todas ellas lo consiguen. Personalmente, la que más me gusta es la que Heracles trata a Cerbero con total amabilidad, y Cerbero, como muestra de agradecimiento, pues es el primero que no lo trata con miedo, sale dócilmente del Hades.
Orfeo, con su dulce música consiguió dormirlo.
Hermes también lo durmió, pero esta vez con las aguas del río Lete.
En la mitología Romana, Eneas también lo drogó con dándole a comer tortas de miel, al igual que Psique, que usó el mismo método.
Cerbero era hijo de Equidna y Tifón, y hermano de Ortro. El mito de perros como guardianes de los infiernos aparece también en otras culturas, como es el caso del perro ensangrentado de Garm, de la mitología escandinava.
Quizás la referencia más famosa de Cerbero sea la de Dante en su Divina Comedia, en el canto VI del infierno.
En cualquier caso, el mito del Can-Cerbero ha llegado hasta nuestros días con tal fuerza que se usa la palabra para denominar comúnmente a los porteros de fútbol.
Bueno amigos, eso es todo, espero que les haya gustado. Si es así, dejen puntos que no me enojo

