Aclaración: hay que leer mucho, te doy la oportunidad de apretar la palabra "Posts" que tenés arriba a la izquierda para ahorrarte el laburo si no queres hacerlo. Por Julio Bárbaro: La descripción que me antecede es dura y está marcada por un realismo algo pesimista, porque uno no se imagina la salida. Nuestro tema es la comunicación, y respecto de eso fue muy raro lo que nos pasó. Néstor Kirchner no tenía nada que ver ni con los derechos humanos ni con la izquierda en Santa Cruz. No fue parte de su historia, ni de su compromiso. Ellos participaron activamente en la privatización de YPF. Oscar Parrilli fue el miembro informante de ese hecho. YPF fue vendida llena de riquezas y comprada vacía, y me piden que festeje nacionalmente el tema. Pero ¿qué es lo que nos pasó? Para mí Kirchner en un momento se enfrentó con que su pragmatismo le quitaba prestigio. Se fue descascarando su imagen. Yo soy un poco cruel y digo: Néstor siempre actuó con la conciencia de un manejador de bienes, y en la mesa de saldos de la Argentina lo más barato eran los restos de la izquierda de los 70. Los compró por nada. Se quedó con la actitud revolucionaria del setentismo dándole cargos secundarios, que además a él no le importaban, como el caso de la Secretaría de Cultura o la Biblioteca nacional. Entonces, mi generación, a la cual Perón le pareció reformista en el 74, ahora cree que Cristina (Fernández) es revolucionaria. Yo pienso que no es un problema ideológico sino de psiquiatra. Carlos Kunkel –que era mi amigo en aquellos tiempos- fue a renunciar ante Perón porque nosotros –me incluyo- planteábamos que esa democracia tenía que condenar a la violencia. Mi idea es que mi generación vio pasar el tren de la historia en los 70. Compramos la revolución, leímos a Gramsci, a Marx, a Lenin. Pero el tren pasó de largo. Los que entregaron su vida en la violencia, la perdieron. Y a los sobrevivientes, que hoy tienen sesenta años, alguien les entregó un cargo, una secretaria, un coche y un pasaje en business y comenzaron a aplaudir sin dejar de hacerlo. Pero ése es un lugar muy triste, porque en el fondo aquella alegría juvenil se convirtió en la alcahuetería de los mayores. Ahora que está presente este tema, recuerdo que, cuando asumió Kirchner, Bergoglio me llamó y me dijo “quiero hablar con el Presidente, apoyarlo”. A mí los jesuitas me criaron. Estudié en la Universidad del Salvador, fui diputado por Guardia de Hierro –y además soy hincha de San Lorenzo, pero eso no lo sumo. Quiero decir que me crié en esa argamasa jesuítica. Yo me peleé con Bergoglio cuando le entregó la Universidad a los que se la cedió. Nunca más pisé la Universidad. Después reformulamos nuestra relación pero yo quedé enojado, porque la Universidad que amaba se transformó en algo que no respeto. Pienso que, cuando apareció la universidad católica, fue para dar una opción superadora a la universidad pública y no para dar una nueva burocracia. La enseñanza libre fue un gran logro, el negocio de las universidades no. Terminamos en la comercialización de las universidades y no en la excelencia de los títulos. El Padre Segundo, un jesuita, decía “la universidad privada primero tiene que justificar su existencia, luego equipararse con la pública y luego ser capaz de dar opciones superadoras”. Pensemos que la religiosidad se desata con Juan XXIII. Hasta ese momento, el catolicismo estaba más ligado a las mujeres, en las procesiones o en las iglesias. Cuando surgió el debate de las encíclicas, nosotros –yo era Secretario de la Liga Humanista- le ganamos al marxismo por primera vez en la universidad –en el 63-. Y ganamos con Julio Olivera, que era el rector. Es decir, el cristianismo se impuso a la corriente marxista. Ahora, miren este detalle: en la Universidad de Buenos Aires, se podía ser socialcristiano o socialdemócrata, peronista no. La nacionalización del estudiantado llegó después de la noche de los bastones largos, cuando la bestia de Onganía mandó a reprimir al estudiantado, cuando destruimos toda nuestra intelectualidad porque eran marxistas. El hecho concreto es que esa generación encontró con Kirchner un espacio en el poder, y a cambio de ese espacio le dio una justificación ideológica al kirchnerismo. Y es cierto el hecho de que en la Argentina, con miles de cuadros políticos, si uno busca candidatos, encuentra a Scioli y Macri. Ninguno viene de la política, son aficionados. Entraron de grandes, cuando nosotros somos miles que entramos a los 18 años. La política no tiene un Lula, una Bachelet, un Mujica. Y esos países no tienen uno, tienen diez. Tienen una generación de políticos que se expresan frente a la sociedad. Nosotros, en cambio, tenemos muy pocos cuadros. Y eso es difícil de entender. Una de las comprensiones de ello es que ocurre porque nuestra historia se traba en los 70, en la represión, en el hecho de que reivindicamos a los que Perón expulsó de la Plaza –cuando ellos se suicidaron-. Y Perón al expulsarlos tuvo absoluta razón. Perón le dio a mi generación un poder enorme, y mi generación creyó que el poder estaba en la boca del fusil. Nosotros fuimos a la violencia después de la caída de Allende, cuando allí se vio claramente que la guerrilla frente al ejército regular no duraba ni tres días. Esto Péron se los decía claramente: “Ustedes no pueden confrontar con un ejército regular”. Uruguay tiene un Mujica que hizo una autocrítica, y es un hombre que la pasó mal y que tiene que ver con esa historia. Nosotros tenemos a los Kirchner que no tuvieron nada que ver con esa historia, tuvieron más que ver con la hermana que fue funcionaria, etcétera. La desgracia es que, al tener un pasado dudoso, tienen un presente exagerado. Porque ni Bachelet, ni Lula, ni Mujica, necesitan exagerar su pasión por la violencia. Yo digo siempre que no hubo dos demonios. Creo que el genocidio fue atroz, pero la atrocidad del genocida no le da lucidez a la víctima. Las víctimas parece que tienen voluntad de supervivencia ideológica a partir de la derrota. Entonces, nosotros tenemos que aguantar que ellos digan que tenían razón. ¿En qué tenían razón? Tan poca razón tenían que, en nombre de los montoneros, hablan los deudos, las abuelas y las madres, porque los sobrevivientes no tienen nada que decir. Ahora, trabado en eso, el gobierno logra un pragmatismo de lo peor. Este amor por el juego, por ejemplo. El juego es lo peor que hay. Perón nos dijo en el 73 que votemos en contra, decía que el juego es el impuesto al bobo. Ellos, entre la soja y las máquinas tragamonedas, eligen las tragamonedas. Ésa es la actitud parásita que los rige. El peronismo era la alianza entre el obrero productivo y el patrón productivo. El kirchnerismo es la alianza entre algunos docentes universitarios y algunos empleados públicos. No producen nada, sólo resentimiento. Y eso nos lleva al atraso que vivimos. Yo pienso que, si el Papa hubiera sido brasileño y un brasileño hablara en contra del Papa, lo matarían. Y acá tenemos una cantidad de personas que lo agreden. Me parece que la clave es que estamos viviendo la crisis de una política que nunca le dio importancia a la inteligencia. Si la política no expresa ideas, expresa intereses. La vida es por amor o por plata. El amor a la política es el sueño de un mundo mejor, es la causa. Si no está eso, terminamos todos en el negocio. Y pasan cosas como que hubo dos actos de De La Sota en Paraná y no salieron en ningún medio, porque Uribarri ya aplicó la ley de medios. Los que no son oficialistas no salen publicados si no pagan publicidad. Eso es la ley de medios. Menos mal que está Clarín, que sería la sinarquía o la corporación, que nos sacó una fotito. Si terminan con la corporación, desaparecemos. El debate es que somos un país sin burguesía industrial. Hay gente que llegó a un nivel económico a los 80 años y sigue aplaudiendo. Yo pienso que podrían tener un gesto. Pero si ellos, que tienen mucho que perder, siguen aplaudiendo ¿qué van a hacer los que no tienen nada que ganar? Me parece que no tenemos dignidad en el empresariado, que no tenemos pasión en los partidos políticos, y por ello no tenemos alternativas. Carlos Corach me dijo hace unos meses “vos corrés el riesgo de ser el peronista que quieren los no peronistas”. Y pienso ¿está mal eso? ¿No es lo que quería Perón en su final? Eso sería malo si los peronistas no nos ven. Creo que los no peronistas empiezan a tomar conciencia de que sólo nosotros los podemos sacar de esta estructura. El otro día un periodista me decía “¿el peronismo cuándo se acaba?” Y le contesté: “el día que se muera el último gorila, ahí dejamos de tener razón de ser”. Es como una dialéctica. Me parece que la política debe recuperar el testimonio y la inteligencia. Desde que Bergoglio fue nombrado Papa, andaba con sus cartas en el bolsillo. Hoy dije “parezco un fetichista” y las dejé en casa. Pero Bergoglio es la construcción de un hombre que elige la espiritualidad como camino y la humildad como forma de vida. Cuando lo agreden, lo ayudan, porque al agredirlo obligan a destapar todo lo positivo que él ha hecho. Entonces, desde Pérsico hasta el “Chino” Navarro y Mariotto, hablaron bien de él. Aparecen un montón de sectores del gobierno que expresan lo que él hizo, cómo vivieron al lado de un hombre que estuvo en Cromañon cuando el gobierno se borró, que estuvo siempre . Por delante, esto es el final de una etapa de la política argentina, donde la imagen que queda es que sólo el interés del pragmatismo sirve para enganchar en el poder. Y, en cambio, el Papa llegó a donde llegó por la humildad y la inteligencia. La concentración que tiene es admirable. Hay una carta que me dedica sobre un artículo que escribí en La Nación, donde me dice “en la primera lectura, porque lo leí más de una vez…” Yo pienso que si el Papa me leyó más de una vez, no sé cómo estoy acá. Pero el punto es la obsesión que tiene por el debate de ideas, por revisar eso que nosotros todavía no pudimos hacer. Creo que el ciclo histórico del kirchnerismo está agotado. Lo que aún está esperando la sociedad es que le demos una construcción intelectual y de testimonio. Mientras la política sea un camino para el ascenso social y económico, va a ocupar un lugar muy triste en la realidad. Y eso depende de que nosotros demos un pasito en este cambio que nos marca el Papa y seamos capaces de vivir con cierta humildad y dignidad. Porque en el gobierno pareciera que, a más riqueza, más socialismo –cuanto más guita tengo, más hablo de la revolución-. Ser socialista en Puerto Madero es maravilloso. Disfrutan dos veces: cuando gozan de los bienes y cuando cuentan la revolución. Creo que lo que nos queda es la política como pasión. Si recuperamos eso, le vamos a devolver a la sociedad una cuota de esperanza, que es lo que realmente hoy no tiene. * Julio Bárbaro es Licenciado en Ciencias Políticas. Referente histórico del Peronismo Nacional, escritor y pensador argentino. Fue Titular del COMFER y Secretario de Cultura de la Nación. Es autor de “Con Bronca y Esperanza”; “El Peronismo de la derrota”; “Pasiones Razonadas” y “Juicio a los 70”; y columnista de opinión en varios medios gráficos.
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