¿Cómo ha creído, pues, el Brasil que el general Urquiza será traidor?
La respuesta sería fulminante. Agraviado como argentino y como jefe militar responde Urquiza el 20 de abril de 1849. Después de "hacer votos por la feliz terminación de la negociación, Lepredour", para lo cual estaría dispuesto a "dar uno de sus brazos"...
"... si las miras del gobierno francés fueron ambiciosas y de conquista, ¡que prepare y vaya preparando sus francos y sus hombres, persuadido que la lucha será terrible!..."
... entra al objetivo de la carta. Lo indigna con estruendo la sola suposición del enemigo:
"Crea Vd. que me ha sorprendido sobremanera que el gobierno brasilero, como lo asevera, haya dado orden a su encargado de Negocios en esa ciudad para averiguar si podía contar con mi neutralidad... Yo gobernador y capitán general de la Provincia de Entre Ríos, parte integrante de la Confederación Argentina, General en Jefe de su Ejército de Operaciones, que viese empeñada a ésta o a su aliada República Oriental en una guerra, en que por este medio se ventilasen cuestiones para ella de vida o muerte vitales a su existencia y soberanía, y que por consecuencia atañasen tan inmediatamente a la sección que mando. ¿Cómo cree pues, el Brasil, como lo ha imaginado por un momento, que permanecería frío e impasible espectador de esa contienda en que se juega nada menos que la suerte de nuestra nacionalidad, o de sus más sagradas prerrogativas, sin traicionar a mi patria, sin romper los indisolubles compromisos que a ella me unen, y sin borrar con esa ignominiosa mancha mis antecedentes?"
"El gabinete imperial al expresarse así me ha inferido una grave ofensa suponiéndome capaz de faltar a mis santos y obligatorios deberes, olvidando que siempre los he llevado del modo que mejor posible me ha sido, y que así lo verificaré; y si se ha ofendido el mismo al juzgar tan desfavorablemente las acciones de otro gobierno, es -y puede deducirse probablemente- porque las de él no son buenas y que germinen en su corazón sentimientos bajos, innobles, aborrecibles, y que por ello ha inferido de los míos vilezas en que no he incurrido, ni jamás cometeré. De ello, pues, debe el Brasil estar cierto: estarlo también que el general Urquiza con 14 o 16 mil valiente entrerrianos y correntinos que tiene a sus órdenes sabrá, en el caso que ha indicado, lidiar en sus campos de batalla por los derechos de su Patria, y sacrificar, si necesario fuera, su persona, sus intereses, famas y cuanto posee".
Cuando un poder extranjero nos provoque, se verá inmortal Urquiza al lado de Rosas (junio)
El 20 de abril. Urquiza escribe la vibrante carta; en la misma fecha -18 y 20- su secretario Cabral se dirige a Cuyás haciéndole saber que, por orden del gobernador, debe mostrarla al "ministro brasilero". El 19 de mayo ha dispuesto la movilización del Ejército de Operaciones.
Cuyas acusa recibo el 6 de mayo:
"Hacen tres días que recibí la apreciable de V.E. del 20 del cote. (sic) y juntamente con ella las del Sr. Cabral del 18 y 20 del mismo de que me he impuesto literalmente..."
"De la de V.E. no haré ahora el uso que el Sr. Cabral me indica, por temor de que comprometiera mi seguridad personal, derramando la sospecha de ser agente político de V.E., mas estaré a las miras de un momento oportuno para hacerla saber del Sr. encargado de Negocios del Brasil y demás personas influyentes en ésta, y entre tanto procuraré que se traduzcan y generalicen sus pensamientos y miras políticas, tan abundantemente patriótico".
Si en 1850 le parecían a Cuyás patrióticos los pensamientos de la carta de Urquiza del 20 de abril, en 1888 (fecha de sus apuntes) decía que las risueñas "esperanzas se desvanecieron sin quedar más que desengaños y aumentos de desconfianza".
Es comprensible que Cuyás no quisiera mostrar la carta de Urquiza a Pontes, para no dejar en evidencia la magnitud de la indiscreción de Herrera al usar el nombre del Imperio; no tienen explicación los motivos de "seguridad personal" aducidos, pues en Montevideo todos lo sabían agente de Urquiza y eso no lo le había traído molestias. Tal vez temía que el espionaje de Rosas en Río de Janeiro conociera sus gestiones si mostraba la carta a Pontes.
Pero Urquiza quiere a toda costa que Pontes lea la carta. Para el encargado de Negocios y no para su agente se había gastado en adjetivos. La publica en el Federal Entre-Riano, de Paraná, el 6 de junio, callando el nombre del destinatario para no comprometer a Cuyás. La acompaña un editorial elocuente encargado tal vez a la pluma del Dr. Severo González, director del periódico:
"Sepa el mundo todo, que cuando un poder extranjero nos provoque, esa será la circunstancia indefectible en que se verá al inmortal general Urquiza, al lado de su honorable compañero el Gran Rosas, ser el primero que con su noble espada vengue a la América... El general Urquiza ningún motivo tiene para desligarse de la amistad que lo une al inmortal Rosas".
Deixemos-le é esperemos (julio)
Valentín Alsina se había estusiasmado mucho con una posible conversión de Urquiza a la causa de la libertad. Después de su informee a Lamas de 18-11-49 sobre la necesidad para Brasil de "tantear a Urquiza", ha supuesto que se estaba en ello, pues solamente con el pronunciamiento del jefe del Ejército de Operaciones el Imperio podría arriesgarse a una actitud complaciente con las californias y con las correrías de los paraguayos. Pero ni Lamas, ni Herrera, saben nada; y Pontes está impenetrable. De allí que un informe del corresponsal recibido a mediados de mayo lo hubiera sorprendido con agrado: Brasil está en contacto con Urquiza, aunque Rosas lo conoce por su servicio de espionaje en Río de Janeiro. La información era falsa, pero al recibirla se creyó la obligación de escribir a Lamas (21 de mayo):
"Con igual reserva (y esto también lo digo al Sr. H.) digo a Vd. que debe advertir al Sr. Paulino que se precava por Dios. Juzgue Vd. por este pasaje (del corresponsal) que me ha sorprendido, pues contiene la indirecta y revelación de un secreto que ignorábamos".
"Casi puedo asegurar a Vd., aunque no con completa certeza, que muy adentro del gabinete brasilero tiene este hombre (Rosas) espías que le comunican todo. Todos los manejos que aquel gobierno tiene con Urquiza los sabe este hombre. Sus espías se entienden directamente con él, pues Guido no tiene ingerencia en esto."
"Esto es serio. Cuando al secreto que aparece revelado sobre negociaciones con U., puede Vd. dar al Sr. Paulino la seguridad de la completa reserva de nuestra parte. Añádale que tengo un amigo, y de Urquiza, cercano a éste y de mi confianza. Voy a escribirle que avise a U. que Rosas sabe esto, pues puede importar que él lo sepa, pero sin decirle que lo sabe por tales espías."
No había tales contactos; eran exclusivas suposiciones "no con completa certeza" del corresponsal. Si éste era un agente de Rosas -como lo supongo con verosimilitud-, su objeto era el de averiguar si Brasil andaba en contactos con el general del Ejército de Operaciones en momento de disponerse la movilización de su ejército contra el Paraguay. Una precaución elemental con quien ya había andado en malos pasos.
No había nada, y Madero pudo asegurárselo tiempo después al corresponsal; "Urquiza no quiere saber nada con brasileros". A Alsina, antes de la respuesta de Lamas, le llegó el Federal Entre-Riano del 6 de junio con la "patriótica" carta de Urquiza. El iracundo unitario se desahogó con Cuyás, como cuenta este en sus apuntes: "Urquiza era el mismo de siempre que hacía alimentar ilusiones y después daba marcha atrás; con un hombre así no se podía saber a qué atenerse". "No quedaron más que desengaños y aumentos de desconfianzas", escribe el catalán en su libro.
Mayor desagrado fue el de Pontes. La indiscreción del "agente de Urquiza" o del imaginativo Herrera dejaba a su país -y a él- en incómoda situación. Redacta un formal desmentido. Lo eleva en consulta a Paulino con una carta explicativa de su conducta; de Urquiza había hablado tan sólo con dos personas: Pedro Ferreyra, "homem do mais sagrado que na realidade é", y Herrera, cuya "frondosa imaginación" pudo "intender que a minha opiniao individual se poderia traduzir por opiniao do Governo Imperial". Supone, con acierto, a este último el vehículo de la pregunta al agente de Urquiza; el nombre de Cuyás aparece por primera vez en la correspondencia diplomática brasileña:
"Aquí ha um conhecido agente de Urquiza. E´um Hespanhol de asome F. Cuyás que certamente nao e um Cujaccio. Costuma ver com frecuencia a D.M. Herrera. E´ a este Cuyás parece ter sido escrita a carta de Urquiza".
Paulino le dará una magnífica lección de habilidad diplomática. Debería Pontes pasar por alto la carta de Urquiza, no obstante sus injurias al gobierno imperial:
"Nao me parece político occuparmo-nos de Urquiza, nem para dizer de elle bem, ne mal. Si diseermos bem, por-lo-hemos na necessidade de praticar actos de dedicaçao a Rosas que com elles ganha. Si dissermos mal, irritaremos um homem do qual, em tempo competente, haveremos de precisar, e que em tempo competente, pode aludarnos, Deixemos-lo e esperemos..."
Con eso Paulino acababa de ganar la guerra.
De Urquiza he recibido una visita muy expresiva (septiembre)
Después de la desilusión de abril, las menciones al general argentino desaparecen de la correspondencia de Herrera; tampoco se las encuentra en la de Pontes.
Hasta la inminencia de la ruptura. El 14 de septiembre, Herrera escribe a Lamas: "De Urquiza he recibido una visita muy expresiva (sub. orig.). No tengo perdidas mis antiguas esperanzas". La visita no es Cuyás, sino el oriental Manuel N. Núñez, emplado de Urquiza en el corretaje de carnes. Lo que llevó y trajo en septiembre no se sabe; pero sí dos meses después. Vuelve Muñoz a Montevideo el 18 de noviembre y redacta a Herrera un informe escrito con fecha 21 de noviembre:
"S.E. (Urquiza) no oculta el odio que tiene a Rosas, cuya conducta desaprueba en muchas cosas... pero al mismo tiempo declara altamente que en caso de una invasión extranjera, especialmente brasilera, combinará sus fuerzas con las de las demás provincias de la República para repeler cualquier agresión".
No era esto, no, lo que se esperaba en Montevideo y en Río de Janeiro de Urquiza.
"La caída de Rosas", de Jose María Rosa
La respuesta sería fulminante. Agraviado como argentino y como jefe militar responde Urquiza el 20 de abril de 1849. Después de "hacer votos por la feliz terminación de la negociación, Lepredour", para lo cual estaría dispuesto a "dar uno de sus brazos"...
"... si las miras del gobierno francés fueron ambiciosas y de conquista, ¡que prepare y vaya preparando sus francos y sus hombres, persuadido que la lucha será terrible!..."
... entra al objetivo de la carta. Lo indigna con estruendo la sola suposición del enemigo:
"Crea Vd. que me ha sorprendido sobremanera que el gobierno brasilero, como lo asevera, haya dado orden a su encargado de Negocios en esa ciudad para averiguar si podía contar con mi neutralidad... Yo gobernador y capitán general de la Provincia de Entre Ríos, parte integrante de la Confederación Argentina, General en Jefe de su Ejército de Operaciones, que viese empeñada a ésta o a su aliada República Oriental en una guerra, en que por este medio se ventilasen cuestiones para ella de vida o muerte vitales a su existencia y soberanía, y que por consecuencia atañasen tan inmediatamente a la sección que mando. ¿Cómo cree pues, el Brasil, como lo ha imaginado por un momento, que permanecería frío e impasible espectador de esa contienda en que se juega nada menos que la suerte de nuestra nacionalidad, o de sus más sagradas prerrogativas, sin traicionar a mi patria, sin romper los indisolubles compromisos que a ella me unen, y sin borrar con esa ignominiosa mancha mis antecedentes?"
"El gabinete imperial al expresarse así me ha inferido una grave ofensa suponiéndome capaz de faltar a mis santos y obligatorios deberes, olvidando que siempre los he llevado del modo que mejor posible me ha sido, y que así lo verificaré; y si se ha ofendido el mismo al juzgar tan desfavorablemente las acciones de otro gobierno, es -y puede deducirse probablemente- porque las de él no son buenas y que germinen en su corazón sentimientos bajos, innobles, aborrecibles, y que por ello ha inferido de los míos vilezas en que no he incurrido, ni jamás cometeré. De ello, pues, debe el Brasil estar cierto: estarlo también que el general Urquiza con 14 o 16 mil valiente entrerrianos y correntinos que tiene a sus órdenes sabrá, en el caso que ha indicado, lidiar en sus campos de batalla por los derechos de su Patria, y sacrificar, si necesario fuera, su persona, sus intereses, famas y cuanto posee".
Cuando un poder extranjero nos provoque, se verá inmortal Urquiza al lado de Rosas (junio)
El 20 de abril. Urquiza escribe la vibrante carta; en la misma fecha -18 y 20- su secretario Cabral se dirige a Cuyás haciéndole saber que, por orden del gobernador, debe mostrarla al "ministro brasilero". El 19 de mayo ha dispuesto la movilización del Ejército de Operaciones.
Cuyas acusa recibo el 6 de mayo:
"Hacen tres días que recibí la apreciable de V.E. del 20 del cote. (sic) y juntamente con ella las del Sr. Cabral del 18 y 20 del mismo de que me he impuesto literalmente..."
"De la de V.E. no haré ahora el uso que el Sr. Cabral me indica, por temor de que comprometiera mi seguridad personal, derramando la sospecha de ser agente político de V.E., mas estaré a las miras de un momento oportuno para hacerla saber del Sr. encargado de Negocios del Brasil y demás personas influyentes en ésta, y entre tanto procuraré que se traduzcan y generalicen sus pensamientos y miras políticas, tan abundantemente patriótico".
Si en 1850 le parecían a Cuyás patrióticos los pensamientos de la carta de Urquiza del 20 de abril, en 1888 (fecha de sus apuntes) decía que las risueñas "esperanzas se desvanecieron sin quedar más que desengaños y aumentos de desconfianza".
Es comprensible que Cuyás no quisiera mostrar la carta de Urquiza a Pontes, para no dejar en evidencia la magnitud de la indiscreción de Herrera al usar el nombre del Imperio; no tienen explicación los motivos de "seguridad personal" aducidos, pues en Montevideo todos lo sabían agente de Urquiza y eso no lo le había traído molestias. Tal vez temía que el espionaje de Rosas en Río de Janeiro conociera sus gestiones si mostraba la carta a Pontes.
Pero Urquiza quiere a toda costa que Pontes lea la carta. Para el encargado de Negocios y no para su agente se había gastado en adjetivos. La publica en el Federal Entre-Riano, de Paraná, el 6 de junio, callando el nombre del destinatario para no comprometer a Cuyás. La acompaña un editorial elocuente encargado tal vez a la pluma del Dr. Severo González, director del periódico:
"Sepa el mundo todo, que cuando un poder extranjero nos provoque, esa será la circunstancia indefectible en que se verá al inmortal general Urquiza, al lado de su honorable compañero el Gran Rosas, ser el primero que con su noble espada vengue a la América... El general Urquiza ningún motivo tiene para desligarse de la amistad que lo une al inmortal Rosas".
Deixemos-le é esperemos (julio)
Valentín Alsina se había estusiasmado mucho con una posible conversión de Urquiza a la causa de la libertad. Después de su informee a Lamas de 18-11-49 sobre la necesidad para Brasil de "tantear a Urquiza", ha supuesto que se estaba en ello, pues solamente con el pronunciamiento del jefe del Ejército de Operaciones el Imperio podría arriesgarse a una actitud complaciente con las californias y con las correrías de los paraguayos. Pero ni Lamas, ni Herrera, saben nada; y Pontes está impenetrable. De allí que un informe del corresponsal recibido a mediados de mayo lo hubiera sorprendido con agrado: Brasil está en contacto con Urquiza, aunque Rosas lo conoce por su servicio de espionaje en Río de Janeiro. La información era falsa, pero al recibirla se creyó la obligación de escribir a Lamas (21 de mayo):
"Con igual reserva (y esto también lo digo al Sr. H.) digo a Vd. que debe advertir al Sr. Paulino que se precava por Dios. Juzgue Vd. por este pasaje (del corresponsal) que me ha sorprendido, pues contiene la indirecta y revelación de un secreto que ignorábamos".
"Casi puedo asegurar a Vd., aunque no con completa certeza, que muy adentro del gabinete brasilero tiene este hombre (Rosas) espías que le comunican todo. Todos los manejos que aquel gobierno tiene con Urquiza los sabe este hombre. Sus espías se entienden directamente con él, pues Guido no tiene ingerencia en esto."
"Esto es serio. Cuando al secreto que aparece revelado sobre negociaciones con U., puede Vd. dar al Sr. Paulino la seguridad de la completa reserva de nuestra parte. Añádale que tengo un amigo, y de Urquiza, cercano a éste y de mi confianza. Voy a escribirle que avise a U. que Rosas sabe esto, pues puede importar que él lo sepa, pero sin decirle que lo sabe por tales espías."
No había tales contactos; eran exclusivas suposiciones "no con completa certeza" del corresponsal. Si éste era un agente de Rosas -como lo supongo con verosimilitud-, su objeto era el de averiguar si Brasil andaba en contactos con el general del Ejército de Operaciones en momento de disponerse la movilización de su ejército contra el Paraguay. Una precaución elemental con quien ya había andado en malos pasos.
No había nada, y Madero pudo asegurárselo tiempo después al corresponsal; "Urquiza no quiere saber nada con brasileros". A Alsina, antes de la respuesta de Lamas, le llegó el Federal Entre-Riano del 6 de junio con la "patriótica" carta de Urquiza. El iracundo unitario se desahogó con Cuyás, como cuenta este en sus apuntes: "Urquiza era el mismo de siempre que hacía alimentar ilusiones y después daba marcha atrás; con un hombre así no se podía saber a qué atenerse". "No quedaron más que desengaños y aumentos de desconfianzas", escribe el catalán en su libro.
Mayor desagrado fue el de Pontes. La indiscreción del "agente de Urquiza" o del imaginativo Herrera dejaba a su país -y a él- en incómoda situación. Redacta un formal desmentido. Lo eleva en consulta a Paulino con una carta explicativa de su conducta; de Urquiza había hablado tan sólo con dos personas: Pedro Ferreyra, "homem do mais sagrado que na realidade é", y Herrera, cuya "frondosa imaginación" pudo "intender que a minha opiniao individual se poderia traduzir por opiniao do Governo Imperial". Supone, con acierto, a este último el vehículo de la pregunta al agente de Urquiza; el nombre de Cuyás aparece por primera vez en la correspondencia diplomática brasileña:
"Aquí ha um conhecido agente de Urquiza. E´um Hespanhol de asome F. Cuyás que certamente nao e um Cujaccio. Costuma ver com frecuencia a D.M. Herrera. E´ a este Cuyás parece ter sido escrita a carta de Urquiza".
Paulino le dará una magnífica lección de habilidad diplomática. Debería Pontes pasar por alto la carta de Urquiza, no obstante sus injurias al gobierno imperial:
"Nao me parece político occuparmo-nos de Urquiza, nem para dizer de elle bem, ne mal. Si diseermos bem, por-lo-hemos na necessidade de praticar actos de dedicaçao a Rosas que com elles ganha. Si dissermos mal, irritaremos um homem do qual, em tempo competente, haveremos de precisar, e que em tempo competente, pode aludarnos, Deixemos-lo e esperemos..."
Con eso Paulino acababa de ganar la guerra.
De Urquiza he recibido una visita muy expresiva (septiembre)
Después de la desilusión de abril, las menciones al general argentino desaparecen de la correspondencia de Herrera; tampoco se las encuentra en la de Pontes.
Hasta la inminencia de la ruptura. El 14 de septiembre, Herrera escribe a Lamas: "De Urquiza he recibido una visita muy expresiva (sub. orig.). No tengo perdidas mis antiguas esperanzas". La visita no es Cuyás, sino el oriental Manuel N. Núñez, emplado de Urquiza en el corretaje de carnes. Lo que llevó y trajo en septiembre no se sabe; pero sí dos meses después. Vuelve Muñoz a Montevideo el 18 de noviembre y redacta a Herrera un informe escrito con fecha 21 de noviembre:
"S.E. (Urquiza) no oculta el odio que tiene a Rosas, cuya conducta desaprueba en muchas cosas... pero al mismo tiempo declara altamente que en caso de una invasión extranjera, especialmente brasilera, combinará sus fuerzas con las de las demás provincias de la República para repeler cualquier agresión".
No era esto, no, lo que se esperaba en Montevideo y en Río de Janeiro de Urquiza.
"La caída de Rosas", de Jose María Rosa