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No a la contaminación racial son pasos para la evolución

Info1/7/2013
lee todo antes denunciar,acá en este post solo solo habla de la pureza racial(sea negra, asiática o blanca) de que es malo tener hijos con mujeres que no sean de tu misma raza de decir mestizaje,degeneramiento o como se le quiera llamar








1. Los tipos raciales puros originarios presentan coherencia armónica en todos sus rasgos

Cualquier raza, en su pureza, posee una armonía que se manifiesta en la personalidad congruente de sus facciones exteriores. Los nórdicos rojos son incandescentes, colorados, corpulentos y de cabello naranja, mientras que los blancos son dorados, atléticos y rubios, los arménidos marronosos, gráciles y de cabellos negros, etc. Todo está colocado en su sitio, no hay rasgos disonantes que "desafinen" en el concierto, que se hallen en contradicción con el resto, o que parezcan estar en lucha entre ellos. Esta armonía es también interior. Sólo la mezcla entre razas perturbó este equilibrio. El primer efecto de las mezclas, por tanto, es destruir la coherencia íntegra de los rasgos raciales, y ello tiene su contrapartida en el campo psicológico y espiritual. Es obvio que las mezclas están perfectamente previstas por la Naturaleza: la misma raza arménida procede de una, pero esta mezcla posteriormente evolucionó, mutó y fue seleccionada por el entorno, en condiciones naturales y acatando las duras reglas del darwinismo, hasta estabilizarse en un tipo racial nuevo muchos milenios después. Las mezclas desordenadas propias de la civilización globalista no tienen nada que ver con este libre albedrío previsto por el orden natural.


2. La mezcla de razas es un atentado contra la biodiversidad humana y una agresión contra decenas de milenios de evolución

Cada raza es el resultado de largos y cruentos procesos de depuración, afinamiento, aislamiento, adaptación y selección natural. En tiempos en los que la vida era pura y la Naturaleza seguía su curso inalterada, cada raza caminaba su propio camino, derecha a convertirse en otra especie distinta, antes de que surgiese la civilización materialista, que pervirtió el orden natural, consumando su odio a la Naturaleza y a la humanidad, y materializando su resentimiento hacia la nobleza biológica mediante la prédica de la igualdad y la apología del mestizaje desordenado. Cruzarse con otra variedad, cuanto más lejana en la escala evolutiva peor, es una abominación y una patada a todo este trabajo de perfeccionamiento y selección natural/sexual/artificial de decenas de miles de años.


3. Las razas primitivas se sienten sexualmente atraídas por las modernas —una amenaza a la evolución

Las razas más primitivas tienen inculcado el instinto de procrear con las más modernas, lo cual se ha traducido, desde siempre, en millones y millones de violaciones y raptos de mujeres europeas , incluyendo la epidemia de violaciones sin precedentes sufrida hoy en día gracias a la inmigración en Europa y Oceanía, a la "integración" en Norteamérica o Sudáfrica. Esto responde al deseo instintivo de mejorar el código genético propio sin evolución, es decir, sin el esfuerzo prolongado que supone someterse a una rígida selección natural. También responde a una sexualidad indiscriminada, desarrollada para compensar con cantidad numérica una menor calidad individual. Sin embargo, no lo excusa porque el código genético no se mejora con ese tipo de ataques a la biología. El cruce sólo "beneficiaría" a la raza más primitiva involucrada, mientras que la más moderna resulta rebajada: siendo las primitivas las antepasadas de las modernas, éstas sólo pueden aspirar a un retroceso de decenas de miles de años en la evolución de su código genético y a traumatizar su genoma para siempre si se cruzan con otras razas. Si a esto añadimos una mayor inocencia y despreocupación de las razas modernas (la autoconfianza en la capacidad propia relaja las defensas ante humanidades más astutas gracias a su impotencia para ir de frente), nos encontramos con una gravísima amenaza de retroceso en la evolución humana. Actualmente, al Tercer Mundo le fascina no sólo nuestras mujeres, sino nuestra historia, nuestro estilo de vida y nuestra idiosincrasia, y desea apropiárselos.

En suma, la promiscuidad de las razas primitivas (también de los individuos más disgenésicos y defectuosos de las razas modernas) es una amenaza para la integridad genética de las razas modernas, y por lo tanto para las garantías de evolución de toda la humanidad.


4. La estrogenización de las razas modernas —otra amenaza a la evolución

Es innegable que desde que el Neolítico trajo la alimentación cerealista —alimentación que tiende a difuminar el dimorfismo sexual y por tanto a borrar las diferencias entre sexos— la civilización ha arrancado al hombre cazador de la Naturaleza, de los instintos naturales y del salvajismo originario, y que eso se ha traducido en una castración de la especie. Este proceso, como es lógico, ha sido más fuerte en las zonas más civilizadas del planeta, que a largo plazo han venido a coincidir precisamente con aquellas que albergaban a las razas más capaces. Las zonas menos civilizadas, en cambio, han permanecido más cerca del estado natural, por lo que han preservado más intactos sus instintos y su autenticidad. Esta amenaza es la otra cara de la moneda del punto anterior. Por un lado, dichas sociedades están en condiciones de competir, no económica y militarmente, pero sí demográfica y socialmente, con las sociedades más civilizadas, a las que desprecian por su molicie. Por otro, las mujeres tienden a sentirse atraídas por hombres bien androgenizados y sexuados, con resabios de comportamiento cazador y guerrero. El afeminamiento de la Civilización Occidental y del hombre blanco, que viene patrocinado por las megacorporaciones multinacionales, tiene el efecto de arrojar a las mujeres de las razas modernas a las razas primitivas. La "nueva masculinidad" del blanco trabajador, del "hombre suave" (ése es un significado de gentleman), cortés y servil, es un fracaso bajo el punto de vista reproductivo-evolutivo, y el tiempo está maduro para ver un renacimiento de los instintos que la civilización le robó al cazador europeo. La diferencia que media entre éste y el europeo burgués moderno no es menor que la que media entre los toros y los bueyes, o entre un lobo y un perro faldero.

Cuando un lado de la balanza sube, el otro baja: el amansamiento de las razas modernas corre pareja al embrutecimiento y embravecimiento de las razas primitivas, que, al amparo de la ingenua y atolondrada generosidad políticamente correcta de nuestra civilización, se recluyen en guetos que son verdaderos pozos de fermentación de violencia, resentimiento e instinto. No es necesario ser un profeta para prever que de esta situación no va a salir nada bueno para Europa.


5. El aislamiento y la formación de comunidades reproductivas cerradas tiene un papel clave en la evolución

Para que una población mute y por lo tanto evolucione (porque la mutación y la selección natural son los ingredientes de la evolución), es imprescindible que su genética se estabilice y que no se mezcle con poblaciones genéticamente diferentes. Por ello, como bien saben todos los ganaderos y criadores de animales, la formación de poblaciones aisladas (es decir, de comunidades reproductivas únicas) es un escalón vital de la evolución, ya que en ellas las mutaciones se producen a un ritmo muchísimo mayor y la selección de los caracteres deseados se acuña con mayor efectividad. Bajo la criba de la selección natural, ése es el primer paso para la formación de una raza diferente. A su vez, la formación de una raza no es más que el preludio de la formación de una nueva especie.

En un futuro, cuando la genética y el estudio de las razas humanas haya florecido, o simplemente bajo la presión de nuevas circunstancias generales, se tendrán que formar nuevas comunidades reproductivas para salvar la evolución humana. Para ello, es vital aprender de aquellos que en el pasado intentaron hacer lo mismo.


6. Diversificación rima con evolución

Nunca se ha visto un árbol cuyas ramas, alcanzada cierta longitud, converjan unas en otras para volver a formar un tronco común "mestizo". Lo normal de cualquier árbol es que, a medida que crece, sus ramas se dividan y diversifiquen cada vez más. En eso consisten la vida y la evolución.

La convergencia sólo se da si, en vez de la dirección ascendente, tomamos la descendente y operamos un retroceso de las ramas vanguardistas más cercanas al Sol: el árbol ha dejado de crecer, ahora decrece. Por tanto, la "convergencia genética", el mestizaje de linajes, actualmente patrocinado por la globalización capitalista, es una involución y un retroceso.


7. El matrimonio es una misión biológica —importancia evolutiva de la selección de pareja

Hoy en día, cuando la inmensa mayor parte de la población europea puede considerarse "mezclada", lo mínimo que podemos hacer mientras la ingeniería genética, los "bebés a la carta" y demás avances no se impongan, es elegir bien la persona con la que vayamos a tener hijos. No basta conque sea "blanca"; ha de ser compatible con nosotros en composición racial, lo cual se determina con un análisis de las facciones y, en última instancia, un análisis genético, que supera con creces las posibilidades de los arduos estudios genealógicos del pasado (como aquellos empleados por la Inquisición española o las SS nazis). Se debe seguir la antigua ley de las castas: lo similar se une a lo similar.

Con vistas a esto, el triste matrimonio burgués monogámico de hoy, basado en el beneficio material, en la prostitución, el parasitismo, la indolencia y la domesticación, debe desaparecer a favor de la idea de que el matrimonio es, ante todo, una misión en favor de la especie y de la perfección del código genético de nuestros descendientes. La misión del matrimonio no es otra que juntar a dos seres compatibles genéticamente para engendrar niños de buena calidad genética que lleven al escalón siguiente la evolución de la especie. Allá donde no se cumpla la premisa de "el individuo no es nada, la especie lo es todo", el matrimonio no tiene sentido y no es reconocido como válido por la ley natural.


8. Es necesario regenerar la herencia genética de Occidente para evitar el colapso biológico de la humanidad

La selección de embriones, la eugenesia y la ingeniería genética podrían ser herramientas fantásticas para la regeneración de la raza blanca, pero para eso deberá superarse el oscurantismo anti-evolutivo y anti-selección-natural de los medios de comunicación, manejados por la finanza internacional ―que sólo busca corromper y hundir cualquier cosa noble y pura en el fango de un orden inferior para obtener beneficios económicos cortoplacistas. El sistema actual se regodea con la disgenesia y no quiere saber nada de perfeccionar a la especie. El anhelo del mundo moderno consiste en ganar dinero sin trabajar (esto es, beneficiándose del trabajo de otros: usura) y obtener placer de forma rápida, barata e inmediata, algo que nada tiene que ver con mejorar el código genético ni superar los límites del ser humano. Es necesario recordar que ayudar a las razas menos inteligentes sólo las ayuda a ellas, mientras que ayudar a las razas más inteligentes ayuda a todo el mundo, ya que ellas van a ser las que idearán soluciones.

Actualmente no hay nada que nos seleccione, la reproducción humana en la sociedad moderna no difiere demasiado de una masa en fermentación. A lo sumo, se puede decir que no se está seleccionando el tipo humano que le conviene a la especie, sino el que le conviene al sistema económico: una mano de obra dócil, obediente, consumista y sumisa, dotada de las cualidades que se esperan de los esclavos, los animales domésticos y el ganado. Al capitalismo usurero globalista le conviene un rebaño desarraigado, mezclado, sin identidad, rebañil, igualizado y precedible al milímetro, cuyo comportamiento pueda manipularse con facilidad. Con este fin, el actual sistema financiero-mercantilista puede verse tentado en un futuro de utilizar la ingeniería genética para manipular los parámetros naturales del comportamiento humano y su composición racial. No hay que ser un genio para entrever que todo este proceso es extremadamente peligroso, que atenta contra las leyes de evolución de la especie, y que los pueblos del mundo deben rebelarse contra las mafias parasitarias, financieras, mediáticas, comerciales y políticas que los están manteniendo en la oscuridad.


9. La creación del ser humano no está completa —las razas son el primer paso de la creación de nuevas especies

El hecho de que las razas aun puedan mezclarse entre sí y tener descendencia fértil implica que la creación de las razas (que no es más que el primer paso de la creación de nuevas especies) no está completa, y por lo tanto, la creación del ser humano está aun sin terminar. El mismo ser humano no es más que un escalón provisional hacia la creación de algo que lo supere. Las razas humanas estaban en la dirección de especiarse una a una hasta que el Neolítico inauguró una era de migraciones, que supusieron una regresión en el código genético europeo y quizás hasta una compatibilización del mismo con otras razas.

En las turbulencias venideras, nuevos mandos deberán destacarse, atraer la ciencia hacia ellos y separar el grano de la paja retomando la evolución ascendente de las razas nórdicas allá donde quedó, para operar una gran mutación en Occidente y favorecer el ascenso de una nueva variedad humana, mejor dotada y más dura e incorruptible, que complete el ciclo de la creación del hombre, convirtiendo al vetusto Homo sapiens en un modelo evolutivo tan obsoleto como lo es actualmente el Homo habilis. Puesto que la providencia espontánea ya no funciona para favorecer la evolución en un mundo artificial despojado de selección natural y sometido a las directrices totalitarias de mafias mediáticas y financieras, debe instaurarse lo que ya se ha llamado evolución consciente, un proceso guiado de mejora genética, bajo el paraguas de la eugenesia.


10. La civilización no debe existir para promover el avance de la materia, sino el avance del hombre. Importancia capital del desarrollo de la genética y del conocimiento de la salud: el desarrollo de una sociedad no se mide por su desarrollo de la materia inerte, sino por su desarrollo de la materia viva

La civilización es el producto de razas evolucionadas encontrándose bajo condiciones más propicias gracias al fin de la glaciación y la disponibilidad de mano de obra de otras razas menos evolucionadas, desarraigadas de su medio original y con escasez de recursos naturales. Debemos ser agradecidos con la Naturaleza y no aprovechar un periodo interglaciar para atacar sus premisas de existencia ni cuestionar sus caminos. Debemos, por tanto, tener presente que la civilización no debe existir para facilitar el desarrollo de la cultura, de la tecnología o del lujo, sino para favorecer el desarrollo del ser humano mismo: la evolución del código genético. Y es que la civilización depende de los genes, no viceversa, por tanto es ridículo que se vuelva contra ellos como una serpiente que se muerde la cola.

Bajo esta óptica, además, la cultura, la ciencia y la tecnología son cosas que no pueden mantenerse indefinidamente, porque dependen de la capacidad genética de una minoría de la humanidad, capacidad genética que no es ilimitada y que lleva ya miles de años degenerando y derrochándose sin parar, sin ser mimada o renovada. El hombre es un microcosmos, no puede convertirse en el esclavo de un sistema mecánico, ni debe ser reducido a un factor estadístico. Por lo tanto, la tecnología debe estar al servicio del avance del hombre, no el hombre al servicio del avance de la tecnología. Con esto en mente, la genética es sin duda alguna la rama científica que, amén de estar creciendo y avanzando en la actualidad más rápidamente que ninguna otra rama, ofrece las posibilidades más fantásticas para regenerar a la Civilización Occidental. Como toda arma de doble filo, la genética también posee un lado oscuro: permitir a la élite financiera la manipulación de la misma naturaleza humana con el objetivo de hacer que encaje a la fuerza en el molde socioeconómico que ellos deseen.


11. Conocer a las otras razas es importante

Como reflexión final que anunciará el siguiente artículo sobre este tema, se recordará que dije que en Europa también hay otros aportes aparte de los blancos, rojos y arménidos. Prestaremos atención a las demás ramas del árbol humano en un artículo futuro, y veremos hasta qué punto hay pequeñas cantidades de sangre mongoloide o negroide circulando por las venas de muchos europeos considerados perfectamente blancos e incluso "nórdicos". Este escrito es incompleto sin el que vendrá, porque en los aportes raciales en Europa no sólo entran blancos, rojos y arménidos, y hasta que sepamos distinguir aportes khoisánidos, pígmidos, cónguidos, austrálidos, mongólidos, etc., no habremos completado nuestra formación en este sentido. Todos los linajes humanos están entretejidos de tal forma que comprender la naturaleza de uno ayuda a comprender los otros.
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