Las rosas mueren con cada suspiro que dan. Sus pétalos se marchitan y comienzan a caer uno a uno, esperando el momento final. Teñidas de rojo carmesí, como la sangre que corre por mis venas, se van pudriendo con cada minuto transcurrido, con cada beso perdido. Esperan atentas el regreso de la vida; aguardan en vano la sonrisa ya disipada. Se paran, escuchan, esperan. Silencio; miedo en la habitación. Las rosas lloran, añoran que la muerte negra no las cubra con su manto de tristeza. Ya no ríen, solo agonizan; el momento está por llegar. La despedida final.