Cadena de favores a la mendocina: una red de consumo colaborativo ya suma 6.600 integrantes en Facebook
Ximena Hocevar tiene 35 años, es traductora y vive en Mendoza; Laura tiene 34, trabaja de manera independiente ofreciendo servicios y alquiler de juegos para reuniones infantiles y vive, desde hace varios años, en Buenos Aires. No se han visto las caras jamás, pero juntas administran una de las redes más grandes de consumo colaborativo que tiene la provincia. “Alguien tiene??... Yo tengo!! (MENDOZA)” es el nombre del grupo que crearon hace casi dos años en Facebook y que ya tiene más de 6.600 miembros.
Prefieren mantener sus caras en el anonimato porque están convencidas de que los protagonistas del asunto son los miembros del grupo y sus intercambios, pero le ponen el cuerpo a la administración del grupo turnándose en distintas horas del día.
Hace un par de años se enteraron, por un artículo periodístico, de la existencia de este movimiento y decidieron –por separado– abrir grupos en la red social de la “f azul”. Cuando se encontraron la una con la otra, decidieron unificar los grupos y rápidamente congeniaron. “Me pareció una iniciativa genial. Practicar el desprendimiento, dejar de acumular, darles vida a las cosas, practicar la generosidad también porque uno a veces regala cosas que sirven y que usa poco, pero sabe que la otra persona las necesita más. Es una iniciativa muy interesante, que va de la mano con otras cosas que están pasando hoy”, reflexiona Ximena. Y Laura agrega: “A mí me encantó esto de practicar el desapego, el re-circular las cosas que uno ya no usa para otro que las necesita, dar por el sólo hecho de dar, sin esperar algo a cambio. Parecen frases hechas, pero llevarlas a la práctica es todo un logro. Darnos una mano unos a otros, practicar la solidaridad, es un aprendizaje verdadero”.
Consumo colaborativo, economía de la colaboración o economía del acceso son algunos de los términos utilizados para describir este movimiento, “donde el acceso prima frente a la propiedad”, explican desde www.consumocolaborativo.com, una web especializada con sede en España. “El consumo colaborativo se puede definir como la manera tradicional de compartir, intercambiar, prestar, alquilar y regalar redefinida a través de la tecnología moderna y las comunidades”, agrega el sitio.
Compartir bicicletas, autos, viajescortos, oficinas y hasta el Wi-Fi. Ofrecer una cama o un sillón de la casa a un viajero. Realizar una tarea por una persona y que ella haga otra cosa por nosotros. Ofrecer y postularse para recibir cosas en desuso. Estos son ejemplos del consumo colaborativo y es este último el caso de “¿Alguien tiene?... ¡Yo tengo!...”.
“Con el tiempo, redistribuir puede convertirse en la quinta ‘R’, junto con reducir, reutilizar, reciclar y reparar”, argumentan desde la web española, en relación a la regla de las cuatro erres.Rachel Botsman, gurú del consumo colaborativo a nivel mundial, asegura: “Comportamientos colaborativos como el trueque, préstamos y negocios entre pares, que existieron siempre, habían perdido relevancia; ahora están siendo reinventados en una escala que nunca antes vimos. Todo gracias a internet, que funciona como una inmensa máquina de conectar gente”.
Las reglas
Con Facebook como plataforma, el grupo tiene sus propias reglas de funcionamiento. Por ejemplo, no está permitido vender, trocar o canjear objetos, ni pedir casas en alquiler, trabajo o animales para cruzar. Tampoco se pueden ofrecer ni pedir medicamentos en desuso o vencidos, drogas ilegales, alcohol u otro tipo de sustancias.
Entre las cosas más raras ofrecidas se encuentran un tanque de agua, ladrillos, un piso completo de una habitación, “¡y hasta un marido!”, recuerda Laura, “en chiste, por supuesto”, aclara Ximena. “También hay una cuota de humor. El otro día un chico pedía alguien que lo acompañara al cine para no ir solo”, suma la traductora.
Respecto del tema de la seguridad, las administradoras aclaran que los intercambios se realizan en privado y que “cada uno es responsable de sus propios actos”.
“Cuando vemos algún miembro que nos parece sospechoso o de mala fe, lo conversamos entre nosotras, lo monitoreamos y luego lo eliminamos”, advierte Laura, quien confiesa que para eso tienen mucha ayuda de los miembros más activos del grupo.
La maravilla de compartir
Luego de casi dos años de tarea, las administradoras se muestran satisfechas. Ximena destaca: “A veces hay grandes gestos. Una vez nos pasó que dos personas pedían el mismo objeto, en este caso una bicicleta, y una se la terminó cediendo a la otra porque recordó que lo venía pidiendo desde hacía un tiempo. Es un grupo que nos hace laburar y rabiar mucho, pero tenemos oportunidad de presenciar cosas hermosas”.
“Nos emociona ver el desprendimiento absoluto, la solidaridad, la generosidad que puede darse entre extraños. Eso te da esperanza. Es muy lindo ver desde dónde se conecta la gente. Es maravilloso”, cierra Laura.
“Alguien tiene??... Yo tengo!! (MENDOZA)” es el grupo de Facebook que agrupa a estos consumidores. Enteráte cómo es.
Ximena Hocevar tiene 35 años, es traductora y vive en Mendoza; Laura tiene 34, trabaja de manera independiente ofreciendo servicios y alquiler de juegos para reuniones infantiles y vive, desde hace varios años, en Buenos Aires. No se han visto las caras jamás, pero juntas administran una de las redes más grandes de consumo colaborativo que tiene la provincia. “Alguien tiene??... Yo tengo!! (MENDOZA)” es el nombre del grupo que crearon hace casi dos años en Facebook y que ya tiene más de 6.600 miembros.
Prefieren mantener sus caras en el anonimato porque están convencidas de que los protagonistas del asunto son los miembros del grupo y sus intercambios, pero le ponen el cuerpo a la administración del grupo turnándose en distintas horas del día.
Hace un par de años se enteraron, por un artículo periodístico, de la existencia de este movimiento y decidieron –por separado– abrir grupos en la red social de la “f azul”. Cuando se encontraron la una con la otra, decidieron unificar los grupos y rápidamente congeniaron. “Me pareció una iniciativa genial. Practicar el desprendimiento, dejar de acumular, darles vida a las cosas, practicar la generosidad también porque uno a veces regala cosas que sirven y que usa poco, pero sabe que la otra persona las necesita más. Es una iniciativa muy interesante, que va de la mano con otras cosas que están pasando hoy”, reflexiona Ximena. Y Laura agrega: “A mí me encantó esto de practicar el desapego, el re-circular las cosas que uno ya no usa para otro que las necesita, dar por el sólo hecho de dar, sin esperar algo a cambio. Parecen frases hechas, pero llevarlas a la práctica es todo un logro. Darnos una mano unos a otros, practicar la solidaridad, es un aprendizaje verdadero”.
Consumo colaborativo, economía de la colaboración o economía del acceso son algunos de los términos utilizados para describir este movimiento, “donde el acceso prima frente a la propiedad”, explican desde www.consumocolaborativo.com, una web especializada con sede en España. “El consumo colaborativo se puede definir como la manera tradicional de compartir, intercambiar, prestar, alquilar y regalar redefinida a través de la tecnología moderna y las comunidades”, agrega el sitio.
Compartir bicicletas, autos, viajescortos, oficinas y hasta el Wi-Fi. Ofrecer una cama o un sillón de la casa a un viajero. Realizar una tarea por una persona y que ella haga otra cosa por nosotros. Ofrecer y postularse para recibir cosas en desuso. Estos son ejemplos del consumo colaborativo y es este último el caso de “¿Alguien tiene?... ¡Yo tengo!...”.
“Con el tiempo, redistribuir puede convertirse en la quinta ‘R’, junto con reducir, reutilizar, reciclar y reparar”, argumentan desde la web española, en relación a la regla de las cuatro erres.Rachel Botsman, gurú del consumo colaborativo a nivel mundial, asegura: “Comportamientos colaborativos como el trueque, préstamos y negocios entre pares, que existieron siempre, habían perdido relevancia; ahora están siendo reinventados en una escala que nunca antes vimos. Todo gracias a internet, que funciona como una inmensa máquina de conectar gente”.
Las reglas
Con Facebook como plataforma, el grupo tiene sus propias reglas de funcionamiento. Por ejemplo, no está permitido vender, trocar o canjear objetos, ni pedir casas en alquiler, trabajo o animales para cruzar. Tampoco se pueden ofrecer ni pedir medicamentos en desuso o vencidos, drogas ilegales, alcohol u otro tipo de sustancias.
Entre las cosas más raras ofrecidas se encuentran un tanque de agua, ladrillos, un piso completo de una habitación, “¡y hasta un marido!”, recuerda Laura, “en chiste, por supuesto”, aclara Ximena. “También hay una cuota de humor. El otro día un chico pedía alguien que lo acompañara al cine para no ir solo”, suma la traductora.
Respecto del tema de la seguridad, las administradoras aclaran que los intercambios se realizan en privado y que “cada uno es responsable de sus propios actos”.
“Cuando vemos algún miembro que nos parece sospechoso o de mala fe, lo conversamos entre nosotras, lo monitoreamos y luego lo eliminamos”, advierte Laura, quien confiesa que para eso tienen mucha ayuda de los miembros más activos del grupo.
La maravilla de compartir
Luego de casi dos años de tarea, las administradoras se muestran satisfechas. Ximena destaca: “A veces hay grandes gestos. Una vez nos pasó que dos personas pedían el mismo objeto, en este caso una bicicleta, y una se la terminó cediendo a la otra porque recordó que lo venía pidiendo desde hacía un tiempo. Es un grupo que nos hace laburar y rabiar mucho, pero tenemos oportunidad de presenciar cosas hermosas”.
“Nos emociona ver el desprendimiento absoluto, la solidaridad, la generosidad que puede darse entre extraños. Eso te da esperanza. Es muy lindo ver desde dónde se conecta la gente. Es maravilloso”, cierra Laura.