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Escalofriantes vivencias de bomberos mendocinos

Paranormal2/10/2018
Hola gente de T!, encontré esto en el diario Los Andes y me pareció interesante, se los comparto, espero les guste Mauricio Quiroga, "Tutuka" 1 - PACTO SUICIDA EN POTRERILLOS "En 1997 me enviaron al destacamento de Potrerillos. En esa época no estaba el dique y el trabajo era muy tranquilo. Por las noches, en verano, íbamos con mi compañero a tomar mate al lado del río al caer la tarde. Y casi siempre se nos aparecía un hombre con un chico y se ponían a conversar con nosotros. Hablábamos de cosas triviales como de nuestro trabajo. Lo que sí, cuando les ofrecíamos mate, nunca nos aceptaban. Y en el momento en que decidíamos volver al cuartel, los dos desaparecían: de pronto no estaban. Eso nos pasó varias veces: aparecían los dos, nos daban charla y se iban sin que los viéramos. Nos llegó el comentario, como una leyenda, de que un padre y un hijo habían muerto por la zona: como un pacto suicida, pero poco claro. Entonces, una vez con mi compañero dijimos que íbamos a traer desde Mendoza un grabador (en esa época no había tecnología de celulares como ahora), para colocarlo en el bolso cuando fuéramos al río a tomar mate. Queríamos grabar esas conversaciones porque nos parecían raras; mi compañero se comprometió a que él llevaría el grabador. El día que teníamos que subir a Potrerillos me llamaron por teléfono a mi casa para decirme que mi compañero se había ahorcado en una habitación de hotel. Nunca volví a la vera del río a tomar mate solo. Tenía miedo de encontrarme con los visitantes. A los pocos meses, pedí el traslado". 2 - ALMAS EN PENA EN EL CARRIZAL "Desde del Cuartel de El Carrizal, teníamos vista directa al ingreso del barrio conocido como 'La Hidráulica', donde vivieron los ingenieros que hicieron el dique en el año 1971. Cuando terminaron su trabajo el barrio quedó semiabandonado, eran unas diez casas de material que a veces usaban los fines de semana básicamente los de Náutica. Ninguna casa cuenta con agua potable. A mediados de la década pasada, hubo dos hermanos que se ahogaron, eran chicos de 10 y 13 años. Una noche de 2008. cerca de las 22, desde el Destacamento, a más de treinta metros de distancia, vi entrar al barrio tres personas; uno de 10 años y otro un poco más grande y un hombre de unos 40. Ingresaban a pie por esa calle principal que es bastante tenebrosa: los árboles altos se cierran en sus copas y provocan un túnel que no deja entrar ni la luz en las lunas llenas: es como una calle sin fin. Allí los que entran tienen que dar una vuelta por el pequeño caserío y después salir por el mismo lugar por donde entraron porque no hay otra salida del barrio: la salida es la entrada. Con mi compañero les dimos tiempo para calcular ese paseo pero no salieron nunca. Cuando los fuimos a buscar no estaban por ningún lado. Luego se lo comenté a un colega que llevaba años allí. Y me dijo 'no te hagas problema: son almas en pena de algunos de los ahogados del dique. Pero son inofensivos'. Después nos enteramos que días atrás, el padre de aquellos dos chicos ahogados hacía tres años, había fallecido en un accidente". Salvador Quiroga, otro de los efectivos del Cuartel Central que relata sus experiencias paranormales "Hablé con un muerto" 1 - SOBREVIVIENTE Sucedió de madrugada en el carril Mathus Hoyos de Bermejo. Un auto había chocado violentamente contra uno de los carolinos que bordean al camino; eran muy comunes esos choques. Llegamos primeros con un compañero. Atrás nuestro venía la ambulancia. Nos bajamos de la movilidad y nos encontramos con un joven parado delante del auto chocado. Estaba bañado en sangre pero de pie y aparentemente muy tranquilo, como en un shock pasivo. "Por favor -nos imploró-, mis amigos están en el auto, tienen que ayudarlos". Le pedimos que se calmara, que los médicos lo atenderían. Fuimos hasta el auto y en su interior había tres chicos más: dos con vida y uno que no se movía. Como en los salvatajes la prioridad la tienen los sobrevivientes, comenzamos a sacar a los dos de adelante que estaban mal, pero uno de ellos estaba consciente. Logramos rescatarlos del vehículo y le preguntamos cuántos eran: "Somos tres", contestó. Los números no nos cerraban y fuimos por el tercero que no se movía y había quedado con el torso hacia adelante en el asiento trasero del auto. Uno de los médicos le tomó el pulso y corroboró que estaba muerto. Cuando lo levantamos le vimos la cara: era el mismo joven que minutos antes estaba frente al auto y que nos pedía que atendiéramos a sus amigos. 2 - AYUDA Cuando fui destinado a la jurisdicción El Carrizal, me tocaba estar con tres compañeros más. En mi primera guardia en el Destacamento me entero que mis colegas de iban franco. Entonces me tenía que quedar solo. Había un móvil, el 1249 que aún está, que tenía un problemita de arranque: se paraba a cada rato. Entonces había que ir con un arrancador o bien empujar al móvil cada vez que se paraba. Mi primera patrulla fue por la zona de los campings. Me olvidé el cargador así que tenía la precaución de dejar el móvil siempre "en alto" para empujarlo más fácil. Con todo el recorrido hecho en el costado este y oeste, me detuve en la zona del paredón. Era una noche muy clara, al lado de la "Bahía de los pobres" (queda cerca del vertedero y la llamamos así porque allí se baña la gente que no puede pagar un camping, donde mueren muchos pobres ahogados). Me bajé para mirar y en eso se paró la camioneta. Estaba a 20 metros de la ruta y en ese predio no había nadie. No quería ir hasta el cuartel porque quedaba a más de un kilómetro y decidí ponerme a empujar el móvil solo, cuesta arriba. Entonces apareció un hombre vestido de gaucho, con chaleco, pañuelo al cuello. Pensé: seguro que va a una fiesta. Me saludó y me preguntó si me podía ayudar; yo estaba fascinado; "claro", le dije. Empujamos la camioneta que enseguida se alivianó; para mí se alivianó demasiado pero no le iba a preguntar al hombre si tenía mucha fuerza. Llegamos hasta la ruta y me subí; puse el cambio y la camioneta arrancó. Me di vuelta y estaba el hombre parado y le grité: "Gracias maestro, muchas gracias". Anduve unos metros y me dije "qué desagradecido, tal vez el hombre iba a algún lugar y ni le pregunté". Puse la marcha atrás y cuando llegué donde lo había dejado, no había nadie. Cuando volvieron mis compañeros les conté. "Ah sí, le decimos Mandinga; le gusta ayudara a la gente que se le para el auto. Con esta camioneta te lo vas a encontrar seguido", me respondieron. FUENTE: Diario Los Andes Escalofriantes vivencias de bomberos mendocinos entrega 1 Escalofriantes vivencias de bomberos mendocinos entrega 2 Por Rolando López - [email protected]
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