En 1995 vi a mi viejo escuchando una canción junto a la radio, la canción hablaba de un sargento que había peleado en Malvinas, cuando le pregunte a mi papá quien era ese hombre al que se refería la canción me dijo uno de los héroes que ha olvidado la patria, yo pienso que no es así, yo no lo he olvidado ni a el ni a todos los que se quedaron en Malvinas, este post es mi homenaje.
Sargento Mario Perro Cisneros HÉROE NACIONAL
El bravo Sargento Cisnero
Nace en Catamarca el 11 Mayo de 1956.
Ingresó a la ESSC en el año 1972, egresando como Cabo de Infantería en Dic 73. En 1977, hizo el Curso de Formación de Comandos.
A partir de allí se convierte en uno de los instructores más notorios del curso, influyendo decisivamente en la personalidad y el espíritu de muchos de los futuros Comandos de esa especialidad.
Con el grado de Sargento, en la segunda quincena de mayo de 1982, llega a las Islas Malvinas, integrando la Ca Cdo(s) 602.
Muere heroicamente combatiendo contra fuerzas del SAS del Ejército Británico.
Por su perseverancia y fidelidad a sus principios, lo apodaban "Perro".
El Sargento Cisnero es una verdadera leyenda entre los que ostentan con orgullo la aptitud de comando, y un ejemplo para todos los que pertenecen al Arma de Infantería. Recibió la condecoración “La Nación Argentina al Muerto en Combate”.
Durante su preparación militar, el Sargento Cisnero cumplió misiones como instructor de comandos en un destacamento militar de la provincia de La Pampa.
Al estallar el conflicto, donó el 50% de su sueldo al Fondo Patriótico y solicitó en reiteradas oportunidades ser trasladado al frente de lucha.
En mayo logra finalmente su traslado. Cuando salió de La Pampa les escribió a sus camaradas “...no me entrego prisionero, ganamos o no vuelvo”.
Cuando partió de Buenos Aires hacia el sur, le dijo a su hermano que lo acompañaba “si no vuelvo no me lloren...”.
Su nombre y sus hazañas recogieron toda la admiración de la Patria Sudamericana.
En su honor llevan el nombre de Mario Antonio Cisnero la 1° sección de la Compañía de Tropas Especiales de la República de Panamá, la Compañía de Comandos “Chorrillos”, en la República de Perú, país en donde fue declarado Héroe Nacional, el Hall Histórico de la Compañía de Comandos 601en Campo de Mayo, el aula de Instrucción en el Destacamento de Inteligencia 143 en Neuquen, el aula de instrucción de Cuadros en el Destacamento de Inteligencia 162 de La Pampa, el Casino de Suboficiales de La Pampa, entre otros lugares.
...Silencio y oscuridad en la habitación del "Perro" Cisnero. Es muy tarde ya y no puede conciliar el sueño pensando en la guerra. Las horas de la noche se han transformado en un largo suplicio de insomnio. Es que los verdaderos hombres de armas forman una jerarquizada hermandad en donde los sufrimientos de uno son los de todos. Y por eso, la lejanía de las islas no lograba más que aumentar sus padecimientos.
No soporta más la cama. Las sábanas están demasiado tibias mientras que la turba es demasiado fría. Se levanta. Se coloca las medias blancas, la camisa verde, el pantalón de combate, los borceguíes. Va al baño. Se lava, peina y cepilla los dientes. Vuelve. Se coloca el pullóver y la chaquetilla de combate. Se ajusta los borceguíes y se encastra el cinturón. Mira la hora: la una de la mañana en punto. Ya está listo. ¿Listo para qué?. No sabe la razón, pero está listo. Toma su silla y se sienta frente a la pequeña mesa de la que dispone en su cuarto. Abre la libreta de anotaciones en una hoja al azar y lee la frase que más le gusta: "Mi respuesta: No sé rendirme. Después de muerto, hablaremos."
Golpean la puerta.
Cisnero: -Sí, ¿qué pasa?
Oficial de Servicio: (entra) -acabo de descifrar un mensaje en clave. Lo convocan para que se presente inmediatamente a la Escuela de Infantería. Aquí está el texto.
"A partir de la recepción de la siguiente orden, deberá presentarse primer medio Escuela de Infantería de combate, con casco, equipo de campaña, dotación reglamentaria, pistola según corresponda. Dejar declaración firmada para recibir haberes."
El Oficial de Servicio se va.
Cisnero no lo puede creer. Lo convocan junto a todos los comandos de la unidad. ¿Para qué otra cosa que para ir a la guerra? Por fin...
Lo demás es rápido.
Ahora sí las horas son fugaces. Prepara todo el equipo que tiene a mano. Duerme. Al levantarse sigue preparando su equipo. Se despide de todos sus superiores y amigos y a la noche sale para Buenos Aires. Llega a la Capital de madrugada y se dirige a la casa de Héctor, su hermano. Allí le cuenta la orden recibida y se alegran juntos porque es lo que Mario desea.
Ese día lo dedican a comprar algunas cosas que necesita para llevar a Malvinas y para hablar. Se queja de que la superioridad recién disponga formar otra compañía de comandos. Es, para él, una muestra de la improvisación con que se está conduciendo la guerra. Y se preocupa por la posibilidad de nos ser del todo fiel al lema de su especialidad: ¡Dios y patria o muerte!
Pero también se preocupa por su familia. Le deja a Héctor indicaciones sobre sus efectos personales. Además se pone de acuerdo con su hermano para decir ante sus parientes que iba a hacer un curso para que no se preocupen demasiado. Porque dentro de su alegría por ir al combate, siente una profunda pena por la inquietud y desasosiego que ocasionara a los suyos... aunque entienda que esto es inevitable.
Al otro día, se levantan muy temprano, desayunan y Héctor lo lleva en su coche hasta la estación de subte, para conducirlo al tren que lo llevaría a la Escuela de Infantería. Llovizna y esto le pone un toque gris a la despedida. El viaje corto es silencioso. El guerrero siente cada vez más la necesidad de partir hacia el combate y tal vez adivina su próximo fin.
Llegan a destino. Mario se abraza a su hermano. Se baja y antes de separarse del coche, se asoma por la ventanilla y le dice:
-Yo rendido no vengo. O ganamos o no vuelvo vivo.
Y se fue. Entre la sorpresa y la parálisis de Héctor Cisnero. Entre la llovizna y el frío de la madrugada porteña. Entre la incertidumbre y la ansiedad por el futuro de la Patria. Sólo él sabe que no volverá. Y esto no le importa. Porque otros son los deseos de un hombre al que se le acaba la existencia y -como diría el poeta- seres de esta talla pueden temerle a la vida, pero no a la muerte.
En la Escuela de Infantería la actividad es febril. Aún en medio de los saludos por el reencuentro entre los viejos camaradas comandos. El Mayor Rico y sus capitanes son un remolino que convierten cada rincón del Instituto en un pequeño campo de batalla.
Cuando van a retirar armamento tiene lugar la situación que sigue:
"En esos momentos, se adelantó el Sargento Mario Cisnero. El célebre Perro, temible instructor de los cursantes, y pidió ser apuntador de la MAG. Retiró una de éstas, se tiró cuerpo a tierra y comenzó a revisarla en sus menores detalles. El acto revelaba al observador avisado una serie de características de Cisnero: su espíritu de sacrificio, porque era cargar en las marchas con mayor peso; una disposición favorable al conjunto, desde que es un arma que apoya a las otras; y por último, su desprecio por el peligro, ya que la ametralladora, atrae el fuego del enemigo. Fue en tales circunstancias que el Sargento Cisnero cambió (...) frases (...) con su antiguo alumno, el Teniente Primero Losito (...):
-Vamos a ver ahora, Perro, cómo te portás en la guerra.
Este se puso súbitamente serio y le respondió:
-Pierda cuidado mi Teniente Primero, que ahora vamos a ver quiénes son realmente los buenos..."
El 26 de mayo el Mayor Rico recibe la orden de pasar a las islas con su subunidad. Esto significaba mandarlos antes del plazo previsto pero ya estaban listos. Se dirigen a Comodoro Rivadavia y de allí a las islas. Por un desperfecto mecánico casi deben volver, pero lo solucionan y siguen rumbo a Malvinas.
En las islas los comandos de la Compañía de Comandos 602, desde el principio, reciben una gran cantidad de misiones. El 29 de mayo, la primera sección al mando del Capitán Vercesi sale en dirección a las líneas de avance inglesas para explorar y enviar informes sobre los movimientos enemigos. No vuelve a saberse de ellos hasta que finalizan las hostilidades, ya que son los que protagonizan el combate de Top Malo House.
También se planea adelantar elementos de comandos para ocupar un arco de alturas que circunvale a distancia la capital del archipiélago; enviando tantas patrullas como elevaciones, permanecer en dichos cerros para dejarse sobrepasar por el avance inglés e informar a Puerto Argentino sobre el enemigo, para después atacar por su retaguardia. Pero las posiciones que intentan ocupar los comandos ya están ocupadas por los británicos y éstos atacan a los argentinos con diferentes resultados. Además se les ordenan varias misiones de exploración (cuyos datos obtenidos no eran creídos por nuestros generales) o de combate, como la emboscada sobre puente Murrell o las actividades desarrolladas en la isla Gran Malvina. Muchas impulsadas por el comando superior. Otras hechas a instancias de los comandos, como la emboscada en Monte Dos Hermanas.
El martes 8 de junio el Mayor Rico alista a toda su compañía -ya disminuida en su personal- y parte hacia la zona defendida por el Regimiento de Infantería 4, ubicada en la zona de los nombrados montes gemelos.
En la posición más occidental, la más avanzada para el lado inglés, están el Subteniente Llambías Pravaz y el Subteniente Silva (que de noche tenía la misión de patrullar Goat Ridge). El primero de ellos tiene experiencias de combate con tropas británicas que intentaban infiltrarse. Por eso y por conocer la zona, proporciona notables datos para tender una emboscada que se establece en una prolongación de la elevación que se alarga sobre la llanura. Por allí, esa misma noche, regresan los comandos británicos luego de intentar una infiltración por Monte Harriet. Pero como estaban lejos del avance de las armas patriotas, no se inició el ataque, aunque ya conocen el terreno y esto los decide a volver a establecer la emboscada al día siguiente.
Se acaba la espera. El tiempo del Héroe comienza a contarse solamente en horas. El Perro no teme, solo está tenso. Recuerda a su familia. Le manda un telegrama a su hermano por esos días. Pero sus reflexiones van siempre más allá de esto. Piensa en él y en nuestra Patria. Y en Dios. Sabe que lo ama. Entiende que quiere a nuestra tierra, ¿pero será fiel hasta el fin? Medita la frase de su libreta: "Mi respuesta: No sé rendirme. Después de muerto, hablaremos". Su vida y su muerte -que presiente cerca- debe ser así. Él ha nacido para ser soldado y éstos no deben desear otra cosa que la Victoria o la Muerte en combate. Por eso aceita la ametralladora MAG. La limpia y controla sus detalles. Ella es su compañera inseparable. El arma forma parte del cuerpo del guerrero porque frente al enemigo están solos y juntos: el hombre, su arma y Dios.
El 9 de junio a la tarde comienza a prepararse la emboscada. La compañía Comandos 602 es reforzada por una sección de Gendarmería Nacional, al mando del Segundo Comandante Santo. Desde las inmediaciones de Two Sister, el Mayor Rico ordena una exploración por la zona, sin que ésta percibiera presencia enemiga. Con ésta seguridad, a eso de las nueve de la noche, se establece la emboscada, según el siguiente dispositivo de ataque:
"Abajo del monte, en la punta de la saliente rocosa, un escalón de apoyo con una ametralladora, compuesta por el Sargento Cisnero como apuntador y el Teniente Primero Vizoso como auxiliar; más arriba, el Mayor Rico acompañado por el Capitán Ferrero y cerca de ellos, bajando a la derecha, otra ametralladora manejada por el teniente Primero Enrique Rivas y servida por el Sargento Miguel Franco. El escalón de asalto propiamente dicho estaba dividido en dos fracciones, situadas en el bajo, a ambos costados: el Capitán Tomás Fernández con su sección a la derecha y el Segundo Comandante Santo con los gendarmes y otra ametralladora a la izquierda, provistos varios hombres a cada lado con granadas de fusil. El Capitán Médico Ranieri fue situado detrás y arriba de Rico, por cierto que también armado con su fusil para caza mayor. Finalmente, a ciento cincuenta metros más elevado se hallaba el escalón protección y recibimiento, a órdenes del Capitán Villarruel. Sobre el todo, tropas del Regimiento 4 mandada por el Subteniente Llambías con ametralladora." (Ob. cit. pág. 351).
Y de nuevo el milagro del silencio ruidoso de la noche.
Especial ausencia de sonido que hace imaginar al enemigo detrás de cada piedra. Pero también a un ángel sobre cada estrella. Frío que cala los huesos pero que mantiene despierto a cada combatiente para contestar a cada ataque. Blanda tierra que quiere proteger a cada hombre y que absorbe a cada muerto, porque es suyo. El suelo guarda muchos secretos para los vivos pero ninguno para los muertos. Porque se hacen uno y, por momentos, seres purísimos transforman esas unidades en puentes bellísimos que llegan a Cristo.
En este silencio, con este frío y entre la turba, vigila nuestro Héroe.
De repente un comando alerta a Rico de la presencia enemiga. El Mayor manda a avisar al "Perro" que está con su ametralladora.
Pero el mensajero no llega.
Una explosión.
Los ingleses que debían ser sorprendidos, inician un ataque.
Todo el fuego de la Compañía Comandos 602 y de una subunidad del SAS (Comandos Británicos) se desata.
Adelante cuatro soldados ingleses avanzan hacia la punta ocupada por Cisnero y Vizoso. El "Perro" dispara con cuanto puede. Pero los británicos necesitan neutralizar esa ametralladora. Le disparan un proyectil explosivo que impacta justo en medio del arma y ésta explota partiendo en dos al cuerpo del sargento. El Perro cumple con su deber para con Dios y con la Patria.
Con todo, ni de una ni de otra parte ceden. El volumen de fuego de dos subunidades de tropas especiales es impresionante. Hasta que los ingleses comienzan su retirada. Los argentinos los persiguen con un preciso fuego de artillería, a órdenes del mismo Rico. Y la emboscada termina.
Los comandos quieren ir a buscar el cuerpo del Perro pero no pueden. La fuerza de la tierra que abraza a sus hijos es más que todos ellos.
Y el Sargento queda para siempre entre la turba.
Por eso dicen que en pleno territorio dominado por el enemigo hay un bastión argentino. Al pie de un monte de dos crestas, en Malvinas. Junto a unos arbustos y bajo el cielo nuestro. Y no hay poder humano capaz de doblegarlo.
Es el espíritu del Sargento Cisnero.
Otra fuente relata así los ultimos minutos del Sargento
LOS ULTIMOS MOMENTOS DEL "PERRO CISNEROS:
En esos momentos Quiroga aprovechó unos minutos para acercarse al lugar donde estaba Cisnero, sentado detrás de una gran piedra buscando protección.
Cruzaron un par de frases y fue en ese momento que tuvo una extraña sensación. Nunca supo si por efecto de la luz de la luna, su rostro reflejó mucha paz, como presintiendo que algo le iba pasar.
Lo percibió a flor de piel. Estaban a centímetros uno del otro.
-"¿Todo bien?", le dijo.
-"Sí, todo bien".La respuesta despertó aun más su atención y sobre todo por la expresión del rostro.
Quiroga insistió.
-"¿Hay algo que te preocupa? ¿Está todo tranquilo?, ¿todo bien?"
-"Está todo bien". repitió.-"¿Estás cansado?"
-"No, para nada. En estos momentos estuve pensando y haciendo como un balance de mi vida."
- "Pero Perro, ¿por qué ahora? No me estás hablando de cómo está el terreno más adelante o si tenemos cobertura para hacer la emboscada. ¿Por qué me hablas sobre esas cosas?"
-"No sé".Y volvió a repetirle, en medio de un gran silencio que los rodeaba.
-"Estuve pensando sobre mi vida, recordando mi infancia, a mis padres. Y vos, ¿tuviste noticias de tu familia?"
-"Sí". Contestó.
Hablaron sobre la emboscada y lo dejó solo con sus pensamientos.
Otra vez el silencio. En esas horas desesperantes, de gran incertidumbre, Vizoso le ofreció un pedazo de chocolate.
Cortó la mitad con su cuchillo y se lo pasó.
-"Le agradezco mucho su gesto, mi teniente primero. Con la hambruna que tenemos de varios días sin comer, me parece admirable que lo comparta conmigo."
– (Lo dijo con voz impostada producto de no haber hablado por largo tiempo).
-"Es que los comandos debemos ser como los mosqueteros, 'uno para todos y todos para uno'. Y compartirlo con usted me permite comer a mí también", respondió restándole importancia.
Cisnero siguió hablando.
-"Aunque a usted le parezca mentira le tengo mucho aprecio, mi familia conoce a la suya y son de buena semilla, se lo digo de todo corazón porque en estas circunstancias no caben las obsecuencias."
-"Le agradezco su sinceridad y nosotros compartimos los mismos sentimientos respecto de la suya. Sabemos que son hombres de palabra", acotó el oficial.
-"Al igual que ustedes, buscamos siempre la verdad. Usted me permitió que tuviese la ametralladora y no se arrepentirá de habérmela dejado. Estoy muy contento por eso".
-"Somos personas simples. Estamos en peligro de muerte y las cosas que valoro son las espirituales y no quisiera presentarme ante el Creador sorprendido en medio de mis vicios".-"Tiene razón, mi teniente primero pienso lo mismo.
Lo único que me interesa es mantener, aun a costa de mi vida, los ideales de Dios, Patria y Familia."
-"Sargento, creo firmemente que estamos en este mundo para probar nuestro amor, mantener la verdad más allá de los sufrimientos. La mentira está por todas partes con sus atracciones que nos arrastran por el lodo, pero cuando uno se encuentra, en un lugar olvidado de Dios, con un hombre que sé los quilate que pesa, me llena de fuerza para continuar la lucha. Ambos sabemos que las cosas no están bien, a pesar de ello estoy dispuesto a dar todo de mí, cueste lo que cueste."
-"Esas últimas palabras me resultan familiares. Se las puse a mi familia en carta."
-"Usted es famoso por su perseverancia, fidelidad a sus principios y por eso le dicen el Perro. Sé que esta noche no será fácil para nosotros, pero también sé que tanto la vida actual como la muerte no tienen sentido si no pensamos en la Resurrección. Y donde los que compartimos los ideales cristianos nos volveremos a ver."
-"En la Resurrección nos veremos, mi teniente primero."
-"Sargento, en el encuentro con la eternidad hace mucho frío, tuve una experiencia muy desagradable en la cordillera de los Andes. Me siento entumecido. Allí aprendí que la unión hace la fuerza. ¿Por qué no nos juntarnos espalda contra espalda y conformamos nuestros sectores de fuego?"
- "Estoy de acuerdo."Y así lo hicieron. El Perro quedó mirando hacia la izquierda y Vizoso hacia la derecha y en mejores condiciones para enfrentar al enemigo.Callaron, ensimismados en sus pensamientos. Pasaron varias horas.
Cerca de la medianoche los cañones del enemigo dejaron de tronar. Sobrevino la calma.Sabían que la muerte acechaba. Repentinamente, el cielo se encendió con una intensa luz que iluminó la zona de combate. Las bengalas buscaban señalar los objetivos para la artillería. Desde su posición divisaron los fogonazos de las bocas de los cañones.
El fuego no duró mucho. No dijeron nada. De nuevo el silencio. El intenso frío los afectaba cada vez más. Ateridos, entumecidos, las manos doloridas por el contacto con el helado acero de las armas.Los ingleses aparecieron como buscándolos, desplazándose hacia la zona de muerte de la emboscada. Eran las fuerzas de elite del SAS.
Vizoso recuerda: "Su presencia había sido advertida por el escalón de seguridad del teniente Rivas que estaba ahí y nosotros del otro lado. Mientras daban la voz de alarma, dejaron pasar la vanguardia inglesa compuesta por alrededor de 10 soldados, lo que indicaba que se trataba de una fuerza completa de entre 20 y 30 hombres.
Entraron por la derecha y nosotros estábamos casi en el extremo izquierdo, y por esas cosas de la guerra, el alerta rojo no llegó al escalón apoyo que integrábamos Cisnero y yo”. De pronto, sintió tensionada la espalda de Cisnero.
Giró la cabeza hacia él, sorprendido. Vio cuando abrió fuego con la Mag.En aquella emboscada a un grupo de comandos de elite ingleses, el perro murió del impacto de un cohete Law, de 66 mm, que dio de lleno en su pecho que lo mató instantáneamente.
La onda expansiva levantó a Vizoso por los aires, que cayó pesadamente sobre las rocas. Cuando reaccionó, le preguntó a su compañero
-"¿Qué te pasa hermano?"El silencio fue la única respuesta.
Lo dio vuelta tomándolo con sus dos manos. Estaba muerto, con los ojos muy abiertos.
Quiso tomar la ametralladora, pero el pedazo más grande era una parte de la culata, otro de la armadura y tramos de la banda con municiones.
Después de enfrentar a los ingleses con heroísmo, herido y sangrante, escuchó la llamada de sus camaradas. Estaba salvado.
Se dio vuelta y saludó al inerte sargento.
-Chau, Perro, hasta el encuentro con la eternidad. Lo tocó y se fue casi desangrándose.-
MARIO "PERRO" CISNEROS:¡PRESENTE!
FUENTES: http://www.lagazeta.com.ar/
Sargento Mario Perro Cisneros HÉROE NACIONAL
El bravo Sargento Cisnero
Nace en Catamarca el 11 Mayo de 1956.
Ingresó a la ESSC en el año 1972, egresando como Cabo de Infantería en Dic 73. En 1977, hizo el Curso de Formación de Comandos.
A partir de allí se convierte en uno de los instructores más notorios del curso, influyendo decisivamente en la personalidad y el espíritu de muchos de los futuros Comandos de esa especialidad.
Con el grado de Sargento, en la segunda quincena de mayo de 1982, llega a las Islas Malvinas, integrando la Ca Cdo(s) 602.
Muere heroicamente combatiendo contra fuerzas del SAS del Ejército Británico.
Por su perseverancia y fidelidad a sus principios, lo apodaban "Perro".
El Sargento Cisnero es una verdadera leyenda entre los que ostentan con orgullo la aptitud de comando, y un ejemplo para todos los que pertenecen al Arma de Infantería. Recibió la condecoración “La Nación Argentina al Muerto en Combate”.
Durante su preparación militar, el Sargento Cisnero cumplió misiones como instructor de comandos en un destacamento militar de la provincia de La Pampa.
Al estallar el conflicto, donó el 50% de su sueldo al Fondo Patriótico y solicitó en reiteradas oportunidades ser trasladado al frente de lucha.
En mayo logra finalmente su traslado. Cuando salió de La Pampa les escribió a sus camaradas “...no me entrego prisionero, ganamos o no vuelvo”.
Cuando partió de Buenos Aires hacia el sur, le dijo a su hermano que lo acompañaba “si no vuelvo no me lloren...”.
Su nombre y sus hazañas recogieron toda la admiración de la Patria Sudamericana.
En su honor llevan el nombre de Mario Antonio Cisnero la 1° sección de la Compañía de Tropas Especiales de la República de Panamá, la Compañía de Comandos “Chorrillos”, en la República de Perú, país en donde fue declarado Héroe Nacional, el Hall Histórico de la Compañía de Comandos 601en Campo de Mayo, el aula de Instrucción en el Destacamento de Inteligencia 143 en Neuquen, el aula de instrucción de Cuadros en el Destacamento de Inteligencia 162 de La Pampa, el Casino de Suboficiales de La Pampa, entre otros lugares.
...Silencio y oscuridad en la habitación del "Perro" Cisnero. Es muy tarde ya y no puede conciliar el sueño pensando en la guerra. Las horas de la noche se han transformado en un largo suplicio de insomnio. Es que los verdaderos hombres de armas forman una jerarquizada hermandad en donde los sufrimientos de uno son los de todos. Y por eso, la lejanía de las islas no lograba más que aumentar sus padecimientos.
No soporta más la cama. Las sábanas están demasiado tibias mientras que la turba es demasiado fría. Se levanta. Se coloca las medias blancas, la camisa verde, el pantalón de combate, los borceguíes. Va al baño. Se lava, peina y cepilla los dientes. Vuelve. Se coloca el pullóver y la chaquetilla de combate. Se ajusta los borceguíes y se encastra el cinturón. Mira la hora: la una de la mañana en punto. Ya está listo. ¿Listo para qué?. No sabe la razón, pero está listo. Toma su silla y se sienta frente a la pequeña mesa de la que dispone en su cuarto. Abre la libreta de anotaciones en una hoja al azar y lee la frase que más le gusta: "Mi respuesta: No sé rendirme. Después de muerto, hablaremos."
Golpean la puerta.
Cisnero: -Sí, ¿qué pasa?
Oficial de Servicio: (entra) -acabo de descifrar un mensaje en clave. Lo convocan para que se presente inmediatamente a la Escuela de Infantería. Aquí está el texto.
"A partir de la recepción de la siguiente orden, deberá presentarse primer medio Escuela de Infantería de combate, con casco, equipo de campaña, dotación reglamentaria, pistola según corresponda. Dejar declaración firmada para recibir haberes."
El Oficial de Servicio se va.
Cisnero no lo puede creer. Lo convocan junto a todos los comandos de la unidad. ¿Para qué otra cosa que para ir a la guerra? Por fin...
Lo demás es rápido.
Ahora sí las horas son fugaces. Prepara todo el equipo que tiene a mano. Duerme. Al levantarse sigue preparando su equipo. Se despide de todos sus superiores y amigos y a la noche sale para Buenos Aires. Llega a la Capital de madrugada y se dirige a la casa de Héctor, su hermano. Allí le cuenta la orden recibida y se alegran juntos porque es lo que Mario desea.
Ese día lo dedican a comprar algunas cosas que necesita para llevar a Malvinas y para hablar. Se queja de que la superioridad recién disponga formar otra compañía de comandos. Es, para él, una muestra de la improvisación con que se está conduciendo la guerra. Y se preocupa por la posibilidad de nos ser del todo fiel al lema de su especialidad: ¡Dios y patria o muerte!
Pero también se preocupa por su familia. Le deja a Héctor indicaciones sobre sus efectos personales. Además se pone de acuerdo con su hermano para decir ante sus parientes que iba a hacer un curso para que no se preocupen demasiado. Porque dentro de su alegría por ir al combate, siente una profunda pena por la inquietud y desasosiego que ocasionara a los suyos... aunque entienda que esto es inevitable.
Al otro día, se levantan muy temprano, desayunan y Héctor lo lleva en su coche hasta la estación de subte, para conducirlo al tren que lo llevaría a la Escuela de Infantería. Llovizna y esto le pone un toque gris a la despedida. El viaje corto es silencioso. El guerrero siente cada vez más la necesidad de partir hacia el combate y tal vez adivina su próximo fin.
Llegan a destino. Mario se abraza a su hermano. Se baja y antes de separarse del coche, se asoma por la ventanilla y le dice:
-Yo rendido no vengo. O ganamos o no vuelvo vivo.
Y se fue. Entre la sorpresa y la parálisis de Héctor Cisnero. Entre la llovizna y el frío de la madrugada porteña. Entre la incertidumbre y la ansiedad por el futuro de la Patria. Sólo él sabe que no volverá. Y esto no le importa. Porque otros son los deseos de un hombre al que se le acaba la existencia y -como diría el poeta- seres de esta talla pueden temerle a la vida, pero no a la muerte.
En la Escuela de Infantería la actividad es febril. Aún en medio de los saludos por el reencuentro entre los viejos camaradas comandos. El Mayor Rico y sus capitanes son un remolino que convierten cada rincón del Instituto en un pequeño campo de batalla.
Cuando van a retirar armamento tiene lugar la situación que sigue:
"En esos momentos, se adelantó el Sargento Mario Cisnero. El célebre Perro, temible instructor de los cursantes, y pidió ser apuntador de la MAG. Retiró una de éstas, se tiró cuerpo a tierra y comenzó a revisarla en sus menores detalles. El acto revelaba al observador avisado una serie de características de Cisnero: su espíritu de sacrificio, porque era cargar en las marchas con mayor peso; una disposición favorable al conjunto, desde que es un arma que apoya a las otras; y por último, su desprecio por el peligro, ya que la ametralladora, atrae el fuego del enemigo. Fue en tales circunstancias que el Sargento Cisnero cambió (...) frases (...) con su antiguo alumno, el Teniente Primero Losito (...):
-Vamos a ver ahora, Perro, cómo te portás en la guerra.
Este se puso súbitamente serio y le respondió:
-Pierda cuidado mi Teniente Primero, que ahora vamos a ver quiénes son realmente los buenos..."
El 26 de mayo el Mayor Rico recibe la orden de pasar a las islas con su subunidad. Esto significaba mandarlos antes del plazo previsto pero ya estaban listos. Se dirigen a Comodoro Rivadavia y de allí a las islas. Por un desperfecto mecánico casi deben volver, pero lo solucionan y siguen rumbo a Malvinas.
En las islas los comandos de la Compañía de Comandos 602, desde el principio, reciben una gran cantidad de misiones. El 29 de mayo, la primera sección al mando del Capitán Vercesi sale en dirección a las líneas de avance inglesas para explorar y enviar informes sobre los movimientos enemigos. No vuelve a saberse de ellos hasta que finalizan las hostilidades, ya que son los que protagonizan el combate de Top Malo House.
También se planea adelantar elementos de comandos para ocupar un arco de alturas que circunvale a distancia la capital del archipiélago; enviando tantas patrullas como elevaciones, permanecer en dichos cerros para dejarse sobrepasar por el avance inglés e informar a Puerto Argentino sobre el enemigo, para después atacar por su retaguardia. Pero las posiciones que intentan ocupar los comandos ya están ocupadas por los británicos y éstos atacan a los argentinos con diferentes resultados. Además se les ordenan varias misiones de exploración (cuyos datos obtenidos no eran creídos por nuestros generales) o de combate, como la emboscada sobre puente Murrell o las actividades desarrolladas en la isla Gran Malvina. Muchas impulsadas por el comando superior. Otras hechas a instancias de los comandos, como la emboscada en Monte Dos Hermanas.
El martes 8 de junio el Mayor Rico alista a toda su compañía -ya disminuida en su personal- y parte hacia la zona defendida por el Regimiento de Infantería 4, ubicada en la zona de los nombrados montes gemelos.
En la posición más occidental, la más avanzada para el lado inglés, están el Subteniente Llambías Pravaz y el Subteniente Silva (que de noche tenía la misión de patrullar Goat Ridge). El primero de ellos tiene experiencias de combate con tropas británicas que intentaban infiltrarse. Por eso y por conocer la zona, proporciona notables datos para tender una emboscada que se establece en una prolongación de la elevación que se alarga sobre la llanura. Por allí, esa misma noche, regresan los comandos británicos luego de intentar una infiltración por Monte Harriet. Pero como estaban lejos del avance de las armas patriotas, no se inició el ataque, aunque ya conocen el terreno y esto los decide a volver a establecer la emboscada al día siguiente.
Se acaba la espera. El tiempo del Héroe comienza a contarse solamente en horas. El Perro no teme, solo está tenso. Recuerda a su familia. Le manda un telegrama a su hermano por esos días. Pero sus reflexiones van siempre más allá de esto. Piensa en él y en nuestra Patria. Y en Dios. Sabe que lo ama. Entiende que quiere a nuestra tierra, ¿pero será fiel hasta el fin? Medita la frase de su libreta: "Mi respuesta: No sé rendirme. Después de muerto, hablaremos". Su vida y su muerte -que presiente cerca- debe ser así. Él ha nacido para ser soldado y éstos no deben desear otra cosa que la Victoria o la Muerte en combate. Por eso aceita la ametralladora MAG. La limpia y controla sus detalles. Ella es su compañera inseparable. El arma forma parte del cuerpo del guerrero porque frente al enemigo están solos y juntos: el hombre, su arma y Dios.
El 9 de junio a la tarde comienza a prepararse la emboscada. La compañía Comandos 602 es reforzada por una sección de Gendarmería Nacional, al mando del Segundo Comandante Santo. Desde las inmediaciones de Two Sister, el Mayor Rico ordena una exploración por la zona, sin que ésta percibiera presencia enemiga. Con ésta seguridad, a eso de las nueve de la noche, se establece la emboscada, según el siguiente dispositivo de ataque:
"Abajo del monte, en la punta de la saliente rocosa, un escalón de apoyo con una ametralladora, compuesta por el Sargento Cisnero como apuntador y el Teniente Primero Vizoso como auxiliar; más arriba, el Mayor Rico acompañado por el Capitán Ferrero y cerca de ellos, bajando a la derecha, otra ametralladora manejada por el teniente Primero Enrique Rivas y servida por el Sargento Miguel Franco. El escalón de asalto propiamente dicho estaba dividido en dos fracciones, situadas en el bajo, a ambos costados: el Capitán Tomás Fernández con su sección a la derecha y el Segundo Comandante Santo con los gendarmes y otra ametralladora a la izquierda, provistos varios hombres a cada lado con granadas de fusil. El Capitán Médico Ranieri fue situado detrás y arriba de Rico, por cierto que también armado con su fusil para caza mayor. Finalmente, a ciento cincuenta metros más elevado se hallaba el escalón protección y recibimiento, a órdenes del Capitán Villarruel. Sobre el todo, tropas del Regimiento 4 mandada por el Subteniente Llambías con ametralladora." (Ob. cit. pág. 351).
Y de nuevo el milagro del silencio ruidoso de la noche.
Especial ausencia de sonido que hace imaginar al enemigo detrás de cada piedra. Pero también a un ángel sobre cada estrella. Frío que cala los huesos pero que mantiene despierto a cada combatiente para contestar a cada ataque. Blanda tierra que quiere proteger a cada hombre y que absorbe a cada muerto, porque es suyo. El suelo guarda muchos secretos para los vivos pero ninguno para los muertos. Porque se hacen uno y, por momentos, seres purísimos transforman esas unidades en puentes bellísimos que llegan a Cristo.
En este silencio, con este frío y entre la turba, vigila nuestro Héroe.
De repente un comando alerta a Rico de la presencia enemiga. El Mayor manda a avisar al "Perro" que está con su ametralladora.
Pero el mensajero no llega.
Una explosión.
Los ingleses que debían ser sorprendidos, inician un ataque.
Todo el fuego de la Compañía Comandos 602 y de una subunidad del SAS (Comandos Británicos) se desata.
Adelante cuatro soldados ingleses avanzan hacia la punta ocupada por Cisnero y Vizoso. El "Perro" dispara con cuanto puede. Pero los británicos necesitan neutralizar esa ametralladora. Le disparan un proyectil explosivo que impacta justo en medio del arma y ésta explota partiendo en dos al cuerpo del sargento. El Perro cumple con su deber para con Dios y con la Patria.
Con todo, ni de una ni de otra parte ceden. El volumen de fuego de dos subunidades de tropas especiales es impresionante. Hasta que los ingleses comienzan su retirada. Los argentinos los persiguen con un preciso fuego de artillería, a órdenes del mismo Rico. Y la emboscada termina.
Los comandos quieren ir a buscar el cuerpo del Perro pero no pueden. La fuerza de la tierra que abraza a sus hijos es más que todos ellos.
Y el Sargento queda para siempre entre la turba.
Por eso dicen que en pleno territorio dominado por el enemigo hay un bastión argentino. Al pie de un monte de dos crestas, en Malvinas. Junto a unos arbustos y bajo el cielo nuestro. Y no hay poder humano capaz de doblegarlo.
Es el espíritu del Sargento Cisnero.
Otra fuente relata así los ultimos minutos del Sargento
LOS ULTIMOS MOMENTOS DEL "PERRO CISNEROS:
En esos momentos Quiroga aprovechó unos minutos para acercarse al lugar donde estaba Cisnero, sentado detrás de una gran piedra buscando protección.
Cruzaron un par de frases y fue en ese momento que tuvo una extraña sensación. Nunca supo si por efecto de la luz de la luna, su rostro reflejó mucha paz, como presintiendo que algo le iba pasar.
Lo percibió a flor de piel. Estaban a centímetros uno del otro.
-"¿Todo bien?", le dijo.
-"Sí, todo bien".La respuesta despertó aun más su atención y sobre todo por la expresión del rostro.
Quiroga insistió.
-"¿Hay algo que te preocupa? ¿Está todo tranquilo?, ¿todo bien?"
-"Está todo bien". repitió.-"¿Estás cansado?"
-"No, para nada. En estos momentos estuve pensando y haciendo como un balance de mi vida."
- "Pero Perro, ¿por qué ahora? No me estás hablando de cómo está el terreno más adelante o si tenemos cobertura para hacer la emboscada. ¿Por qué me hablas sobre esas cosas?"
-"No sé".Y volvió a repetirle, en medio de un gran silencio que los rodeaba.
-"Estuve pensando sobre mi vida, recordando mi infancia, a mis padres. Y vos, ¿tuviste noticias de tu familia?"
-"Sí". Contestó.
Hablaron sobre la emboscada y lo dejó solo con sus pensamientos.
Otra vez el silencio. En esas horas desesperantes, de gran incertidumbre, Vizoso le ofreció un pedazo de chocolate.
Cortó la mitad con su cuchillo y se lo pasó.
-"Le agradezco mucho su gesto, mi teniente primero. Con la hambruna que tenemos de varios días sin comer, me parece admirable que lo comparta conmigo."
– (Lo dijo con voz impostada producto de no haber hablado por largo tiempo).
-"Es que los comandos debemos ser como los mosqueteros, 'uno para todos y todos para uno'. Y compartirlo con usted me permite comer a mí también", respondió restándole importancia.
Cisnero siguió hablando.
-"Aunque a usted le parezca mentira le tengo mucho aprecio, mi familia conoce a la suya y son de buena semilla, se lo digo de todo corazón porque en estas circunstancias no caben las obsecuencias."
-"Le agradezco su sinceridad y nosotros compartimos los mismos sentimientos respecto de la suya. Sabemos que son hombres de palabra", acotó el oficial.
-"Al igual que ustedes, buscamos siempre la verdad. Usted me permitió que tuviese la ametralladora y no se arrepentirá de habérmela dejado. Estoy muy contento por eso".
-"Somos personas simples. Estamos en peligro de muerte y las cosas que valoro son las espirituales y no quisiera presentarme ante el Creador sorprendido en medio de mis vicios".-"Tiene razón, mi teniente primero pienso lo mismo.
Lo único que me interesa es mantener, aun a costa de mi vida, los ideales de Dios, Patria y Familia."
-"Sargento, creo firmemente que estamos en este mundo para probar nuestro amor, mantener la verdad más allá de los sufrimientos. La mentira está por todas partes con sus atracciones que nos arrastran por el lodo, pero cuando uno se encuentra, en un lugar olvidado de Dios, con un hombre que sé los quilate que pesa, me llena de fuerza para continuar la lucha. Ambos sabemos que las cosas no están bien, a pesar de ello estoy dispuesto a dar todo de mí, cueste lo que cueste."
-"Esas últimas palabras me resultan familiares. Se las puse a mi familia en carta."
-"Usted es famoso por su perseverancia, fidelidad a sus principios y por eso le dicen el Perro. Sé que esta noche no será fácil para nosotros, pero también sé que tanto la vida actual como la muerte no tienen sentido si no pensamos en la Resurrección. Y donde los que compartimos los ideales cristianos nos volveremos a ver."
-"En la Resurrección nos veremos, mi teniente primero."
-"Sargento, en el encuentro con la eternidad hace mucho frío, tuve una experiencia muy desagradable en la cordillera de los Andes. Me siento entumecido. Allí aprendí que la unión hace la fuerza. ¿Por qué no nos juntarnos espalda contra espalda y conformamos nuestros sectores de fuego?"
- "Estoy de acuerdo."Y así lo hicieron. El Perro quedó mirando hacia la izquierda y Vizoso hacia la derecha y en mejores condiciones para enfrentar al enemigo.Callaron, ensimismados en sus pensamientos. Pasaron varias horas.
Cerca de la medianoche los cañones del enemigo dejaron de tronar. Sobrevino la calma.Sabían que la muerte acechaba. Repentinamente, el cielo se encendió con una intensa luz que iluminó la zona de combate. Las bengalas buscaban señalar los objetivos para la artillería. Desde su posición divisaron los fogonazos de las bocas de los cañones.
El fuego no duró mucho. No dijeron nada. De nuevo el silencio. El intenso frío los afectaba cada vez más. Ateridos, entumecidos, las manos doloridas por el contacto con el helado acero de las armas.Los ingleses aparecieron como buscándolos, desplazándose hacia la zona de muerte de la emboscada. Eran las fuerzas de elite del SAS.
Vizoso recuerda: "Su presencia había sido advertida por el escalón de seguridad del teniente Rivas que estaba ahí y nosotros del otro lado. Mientras daban la voz de alarma, dejaron pasar la vanguardia inglesa compuesta por alrededor de 10 soldados, lo que indicaba que se trataba de una fuerza completa de entre 20 y 30 hombres.
Entraron por la derecha y nosotros estábamos casi en el extremo izquierdo, y por esas cosas de la guerra, el alerta rojo no llegó al escalón apoyo que integrábamos Cisnero y yo”. De pronto, sintió tensionada la espalda de Cisnero.
Giró la cabeza hacia él, sorprendido. Vio cuando abrió fuego con la Mag.En aquella emboscada a un grupo de comandos de elite ingleses, el perro murió del impacto de un cohete Law, de 66 mm, que dio de lleno en su pecho que lo mató instantáneamente.
La onda expansiva levantó a Vizoso por los aires, que cayó pesadamente sobre las rocas. Cuando reaccionó, le preguntó a su compañero
-"¿Qué te pasa hermano?"El silencio fue la única respuesta.
Lo dio vuelta tomándolo con sus dos manos. Estaba muerto, con los ojos muy abiertos.
Quiso tomar la ametralladora, pero el pedazo más grande era una parte de la culata, otro de la armadura y tramos de la banda con municiones.
Después de enfrentar a los ingleses con heroísmo, herido y sangrante, escuchó la llamada de sus camaradas. Estaba salvado.
Se dio vuelta y saludó al inerte sargento.
-Chau, Perro, hasta el encuentro con la eternidad. Lo tocó y se fue casi desangrándose.-
MARIO "PERRO" CISNEROS:¡PRESENTE!
FUENTES: http://www.lagazeta.com.ar/