Ser consciente del lenguaje corporal y aprender algunos de sus secretos te permite comprender mejor a tus semejantes (en las buenas y en las malas), y, al mismo tiempo, lograr coherencia entre lo que realmente sentís y el mensaje de tu cuerpo.
Charles Darwin no solo es el padre de la Teoría de la Evolución. También fue el primero que postuló que la expresión facial de las emociones básicas es propia de toda la humanidad, y por ende, parte de nuestra herencia biológica. Estudios etnográficos y pruebas de laboratorio han demostrado que estaba en lo cierto.
Estos estudios han sido fundamentales para la ciencia y el arte de la detección de la mentira a través del lenguaje corporal, como lo ha mostrado durante tres temporadas la serie de Fox "Lie to me", protagonizada Tim Roth en el papel del doctor Cal Lightman.
Pero no solo sobre la mentira va la cosa. "Aprendí que hacer ciertos gestos despierta en mí determinadas emociones. Por ejemplo, si no cruzo los brazos o me atrevo a sonreír con más amplitud, mi ánimo mejora y hasta me siento más segura", afirma María Marcela Córdoba, una docente de 30 años que hizo un curso sobre lenguaje corporal. "No es que cambié, solo tomé conciencia de los gestos que hago cuando hablo, y a partir de ellos, de las emociones que voy sintiendo. Y, por supuesto, me hice más observadora de los gestos de las otras personas", agrega.
"Yo digo que el lenguaje corporal es una ventana desde la que se ve lo que pasa en el interior de la mente", define Diego Escaño, instructor en cursos sobre gestos y microgestos y terapeuta integral (porque incluye diversas terapias alternativas). Escaño destaca que conocer el lenguaje corporal, un tema que viene siendo estudiado desde la Antigüedad, permite ayudarse y ayudar. "Me ayudo cuando me doy cuenta de que mis gestos no coinciden con lo que de verdad siento o pienso. Y no es que uno es hipócrita; por lo general, no lo sabe. En el curso se aprende a ser coherente entre las palabras y el cuerpo", explica. "Y ayudo a los demás de la misma manera: les muestro la incoherencia entre lo que dicen y lo que hacen, y tomar conciencia de ello los habilita para buscar su coherencia interna", añade.
De eso también da fe María Marcela. "El curso me sirvió muchísimo para mi relación de pareja; ahora es más fácil saber qué necesita realmente la otra persona", puntualiza.
Federico Di Prinzio, un estudiante marplatense de 20 años, sostiene que el curso le sirvió para relacionarse mejor con los demás. "Sobre todo en un mundo donde la primera enfermedad es el miedo. En esta sociedad en la que no todos se muestran tal cual son y viven con máscaras, el lenguaje corporal ayuda a saber quiénes son esas personas y a distinguirlas del 'personaje' en que se ponen, generalmente por miedo", analiza.
Di Prinzio relató que, de a poco, va modificando su propio lenguaje. "Es como un régimen que me impongo; trato de controlar algunos gestos, si mi postura coincide con mi actitud o con lo que quiero comunicar. Tal vez la gente no se da cuenta, no sé, pero creo que las mujeres sí", apunta, y ríe satisfecho.
También advierte: "si tu postura corporal no coincide con tu estado de ánimo podés ser mal interpretado. O, peor todavía, que vos te la creás. Por ejemplo, si caminás encorvado, casi arrastrando los pies, terminás sintiéndote mal aunque no tengás motivos. En cambio, si caminás erguido, aunque te sientas mal al principio, poco a poco vas a levantar el ánimo".
Emociones
Diego recuerda que Wilhelm Wundt, que publicó el libro "El lenguaje de los gestos" en 1921, había llegado a la conclusión de que los gestos son un espejo de las emociones y del mundo interior del interlocutor. "Tener esto en cuenta me parece fundamental -señala-, porque las emociones son cruciales para construir las relaciones y no estamos entrenados para reconocerlas".
EL CUELLO. Si se rasca, te dice que no está convencida de lo que oye.
LA CAMISA. Si tira del cuello indica que no se siente cómodo.
LA OREJA. Si se la rasca, puede estar llamándote mentiroso.
BOCA 1. Un lápiz entre los labios es señal de que está bajo presión.
EL OJO. El que se lo frota miente, o siente que le están mintiendo.
BOCA 2. Si se la tapa con la mano, puede estar ocultándote algo.
Cómo detectás una mentira
Si tu interlocutor se toca ligeramente la nariz, se tira del cuello de la camisa (si es hombre), se tapa la boca con las manos, mira de soslayo o pone los pies o el torso en dirección hacia la salida, es muy probable que no te esté diciendo la verdad. Si le pedís que recuerde algo que ha visto, y mueve los ojos hacia arriba y a la derecha, es muy posible que lo esté inventando. En cambio, si mira hacia arriba y a la izquierda, probablemente se trate de un recuerdo real.
Charles Darwin no solo es el padre de la Teoría de la Evolución. También fue el primero que postuló que la expresión facial de las emociones básicas es propia de toda la humanidad, y por ende, parte de nuestra herencia biológica. Estudios etnográficos y pruebas de laboratorio han demostrado que estaba en lo cierto.
Estos estudios han sido fundamentales para la ciencia y el arte de la detección de la mentira a través del lenguaje corporal, como lo ha mostrado durante tres temporadas la serie de Fox "Lie to me", protagonizada Tim Roth en el papel del doctor Cal Lightman.
Pero no solo sobre la mentira va la cosa. "Aprendí que hacer ciertos gestos despierta en mí determinadas emociones. Por ejemplo, si no cruzo los brazos o me atrevo a sonreír con más amplitud, mi ánimo mejora y hasta me siento más segura", afirma María Marcela Córdoba, una docente de 30 años que hizo un curso sobre lenguaje corporal. "No es que cambié, solo tomé conciencia de los gestos que hago cuando hablo, y a partir de ellos, de las emociones que voy sintiendo. Y, por supuesto, me hice más observadora de los gestos de las otras personas", agrega.
"Yo digo que el lenguaje corporal es una ventana desde la que se ve lo que pasa en el interior de la mente", define Diego Escaño, instructor en cursos sobre gestos y microgestos y terapeuta integral (porque incluye diversas terapias alternativas). Escaño destaca que conocer el lenguaje corporal, un tema que viene siendo estudiado desde la Antigüedad, permite ayudarse y ayudar. "Me ayudo cuando me doy cuenta de que mis gestos no coinciden con lo que de verdad siento o pienso. Y no es que uno es hipócrita; por lo general, no lo sabe. En el curso se aprende a ser coherente entre las palabras y el cuerpo", explica. "Y ayudo a los demás de la misma manera: les muestro la incoherencia entre lo que dicen y lo que hacen, y tomar conciencia de ello los habilita para buscar su coherencia interna", añade.
De eso también da fe María Marcela. "El curso me sirvió muchísimo para mi relación de pareja; ahora es más fácil saber qué necesita realmente la otra persona", puntualiza.
Federico Di Prinzio, un estudiante marplatense de 20 años, sostiene que el curso le sirvió para relacionarse mejor con los demás. "Sobre todo en un mundo donde la primera enfermedad es el miedo. En esta sociedad en la que no todos se muestran tal cual son y viven con máscaras, el lenguaje corporal ayuda a saber quiénes son esas personas y a distinguirlas del 'personaje' en que se ponen, generalmente por miedo", analiza.
Di Prinzio relató que, de a poco, va modificando su propio lenguaje. "Es como un régimen que me impongo; trato de controlar algunos gestos, si mi postura coincide con mi actitud o con lo que quiero comunicar. Tal vez la gente no se da cuenta, no sé, pero creo que las mujeres sí", apunta, y ríe satisfecho.
También advierte: "si tu postura corporal no coincide con tu estado de ánimo podés ser mal interpretado. O, peor todavía, que vos te la creás. Por ejemplo, si caminás encorvado, casi arrastrando los pies, terminás sintiéndote mal aunque no tengás motivos. En cambio, si caminás erguido, aunque te sientas mal al principio, poco a poco vas a levantar el ánimo".
Emociones
Diego recuerda que Wilhelm Wundt, que publicó el libro "El lenguaje de los gestos" en 1921, había llegado a la conclusión de que los gestos son un espejo de las emociones y del mundo interior del interlocutor. "Tener esto en cuenta me parece fundamental -señala-, porque las emociones son cruciales para construir las relaciones y no estamos entrenados para reconocerlas".
EL CUELLO. Si se rasca, te dice que no está convencida de lo que oye.
LA CAMISA. Si tira del cuello indica que no se siente cómodo.
LA OREJA. Si se la rasca, puede estar llamándote mentiroso.
BOCA 1. Un lápiz entre los labios es señal de que está bajo presión.
EL OJO. El que se lo frota miente, o siente que le están mintiendo.
BOCA 2. Si se la tapa con la mano, puede estar ocultándote algo.
Cómo detectás una mentira
Si tu interlocutor se toca ligeramente la nariz, se tira del cuello de la camisa (si es hombre), se tapa la boca con las manos, mira de soslayo o pone los pies o el torso en dirección hacia la salida, es muy probable que no te esté diciendo la verdad. Si le pedís que recuerde algo que ha visto, y mueve los ojos hacia arriba y a la derecha, es muy posible que lo esté inventando. En cambio, si mira hacia arriba y a la izquierda, probablemente se trate de un recuerdo real.