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"Taringa at nite" noche de terror (2 cuentos

Humor1/30/2010

El último evangelio

Los Evangelios son cuatro libros encontrados en el Nuevo Testamento que registran las historias de lo que Jesús dijo e hizo. Se consideran evangelios canónicos los que la Iglesia ha reconocido como aquellos que transmiten auténticamente la tradición apostólica y están inspirados por Dios. Son cuatro y sólo cuatro: Mateo, Marcos, Lucas y Juan. Los evangelios apócrifos son los que la Iglesia no aceptó como auténticos y, además muchos de ellos contenían doctrinas que no estaban de acuerdo con la enseñanza postólica. “Apócrifo” primero significó “secreto” en cuanto eran escritos que se dirigían a un grupo especial de iniciados y eran conservados en ese grupo; después pasó a significar inauténtico e incluso herético. El número de “evangelios apócrifos” conocidos es algo superior a cincuenta.
-¿Se ha verificado su autenticidad? Preguntó el nuncio de Benedicto XVI.
-No cabe ninguna duda. Sería el quinto y último evangelio canónico. Contestó Evans.
-¿Quién conoce la existencia de este documento?
-De momento tan sólo usted y yo. Al hombre que lo encontró en Egipto, mandé que le cortaran la lengua y como no sabía escribir...
-Bien. Esto no debe salir de aquí bajo ningún concepto.
-¿Quiere que desaparezca?
-Todavía no. Posiblemente su santidad quiera leerlo... y yo también. No tiene uno todos los días la posibilidad de leer un texto del puño y letra del mismísimo Jesucristo.
-Le aseguro que su lectura es sumamente inquietante.
-No lo dudo pero, por su bien, más le vale que la olvide. ¿Nos entendemos?
-Perfectamente.
¿Qué verdad inconfesable contendría aquel documento? Agazapada tras los largos cortinajes de la sala de actos contigua, María, la secretaria del nuncio, no se atrevía a moverse. Si alguien descubría su presencia su destino iba a ser, si cabe, peor que el de hombre que halló el documento. Ella, a diferencia de aquel pobre diablo, sí sabía escribir. Expectante, María pudo ver con precisión dónde guardaba su excelencia los documentos. Luego, esperó pacientemente a que abandonara el despacho y entró sigilosamente en él. A bien seguro que lo más inteligente hubiese sido irse y olvidarse de aquel incidente, pero su instinto le decía lo contrario. Se asomó al pasillo y se aseguró que nadie iba a molestarla. Luego, haciendo uso del abrecartas que había sobre la mesa, forzó el cajón de la cómoda y cogió los pergaminos. Primero pensó en fotocopiarlos y devolverlos a su lugar pero, el hecho de que el cajón hubiese sido forzado, pondría igualmente en alerta al nuncio. Además, si no era por ella, aquel documento histórico iba a ser irremediablemente destruido. Ocultó cuidadosamente los documentos bajo su ropa y huyó del lugar lo más rápido posible.
Sabía que ya no podía volver a su casa. Las huellas que habría dejado y su ausencia, la habrían convertido hacía rato en la principal sospechosa. Por otro lado, María sabía que debía encontrar a alguien capaz de traducir el contenido de aquel misterioso evangelio.
Sin dudarlo María se dirigió a la facultad de filología. Seguro que allí alguien podría ayudarla.
-Esto está escrito en arameo. Si fuese hebreo o árabe... Dijo el viejo profesor Hormes observando atentamente aquel viejo pergamino.
-Ya y ¿no conoce a nadie que pudiese ayudarme?
-Quizás Elías... ¡Espera! Dame cinco minutos. Contestó Hormes dejando por unos instantes la sala.
Pasaron cinco largos minutos y Hormes regresó a la sala acompañado por un joven de tez y cabellos oscuros.
-Buenas tardes señorita, mi nombre es Elías.
-Encantada
-Ernesto me ha comentado que necesitaba traducir un texto del arameo.
-Así es. Dijo María mostrándole uno de los pergaminos.
Elías abrió el documento sobre la mesa y empezó a leerlo.
-¿Es original? Masculló en voz baja mientras seguía concentrado en el documento.
-Por supuesto.
-A juzgar por los primero párrafos parece un texto bíblico y muy antiguo.
-¿Podría traducirlo entero?
-Supongo. ¿Qué extensión tiene?
María sacó todos los pergaminos de la bolsa y los depositó sobre la mesa.
-Deben haber unos ocho o nueve documentos. Dijo mirando al hombre.
-Esto me llevará un tiempo y bueno... si sólo fuera un par de frases yo...
-Le pagaré bien, se lo prometo. Lo único es que me corre prisa y en cualquier caso, no puedo alejarme de estos pergaminos.
-Bien, en ese caso nos espera una larga noche.
-Perfecto.
-¿Le parece bien mi apartamento? La biblioteca cierra en un par de horas.
-Ningún problema.
Pasadas las dos primeras horas Elías dejó de traducir por dinero y empezó a hacerlo por pura curiosidad.
-¿Y dices que este documento estaba en manos de nuncio de su santidad?
-Eso es. Siento haberte metido en este tremendo lío, pero no sabía a quien recurrir.
-No pasa nada. Lo realmente importante ahora es saber el alcance de lo que este texto relata.
-¿Puedes avanzarme algo?
-Lo que te voy a contar te va a poner los pelos de punta.
-Adelante.
-Verás, si este texto es auténtico, estamos ante el único documento escrito por el puño del propio Jesús.
-¡Madre mía!
-El texto es de carácter profético y más allá del hecho de que esté escrito por el propio Jesucristo, no sería tan extraordinario si no fuese porque en él aparecen nombres y apellidos de personas influyentes en la actualidad y fechas muy exactas.
-¿Cómo?
-Lo que oyes. Es el primer texto profético, cuya autoría y credibilidad son incuestionables, donde aparecen todos los nombres de los implicados en la trama.
-¡Joder!
-¿Quién sabe que esto está en tu poder?
-Su excelencia y probablemente la persona que le llevó los documentos.
-Estás en peligro. Bueno, si lo que cuenta este documento es real, lo estamos todos.
A las diez de la mañana María amaneció recostada en el sofá mientras que Elías seguía todavía en vela, descifrando aquel jeroglífico.
-¡Lo siento, me he dormido!
-No te preocupes, justo acabo de terminar.
-¿Y?
-No sé si quieres saberlo...
-¿Tengo otra alternativa?
-Supongo que no. Bien, lee tu misma la traducción del texto.
María se sentó nuevamente en el sofá y empezó a leer.
-¡Esto no puede estar pasando!
-Me temo que sí.
-Pero ¿qué podemos hacer tú y yo?
-No lo sé. Si tal como afirma el documento Ratzinger va estar detrás del magnicidio de Obama y de la proclamación como nuevo presidente de los EEUU del anticristo, sólo se me ocurren cuatro hipótesis.
-¿Cuáles?
-O bien hacemos público el documento, o hacemos desaparecer Ratzinger, o nos cargamos al anticristo o conseguimos que nadie mate a Obama. ¿Cuál prefieres?
-Creo que voy a pedir el comodín del público. Contestó María tratando de imprimir algo de humor a aquella tensa situación.
-Vamos a ser realistas. Hacerlo público no significa pararlo, por otro lado, con el anticristo, no creo que tengamos muchas probabilidades. No sabemos quien es y aunque lo supiéramos, dudo que lo pillásemos por sorpresa. Proteger a Obama estaría bien si se tratase de algo puntual pero, no podemos garantizar esa protección eternamente. Creo que la única opción lógica es cargarse al Papa.
-Eso como mínimo, seguro que además de ser una herejía, es pecado.
Tras una sonora risotada, Elías añadió:
Ahora necesitamos un plan.
-¿Cómo vamos a llegar hasta él?
-Si no puedes con tu enemigo, únete a él.
-Ya entiendo, pero a mí me conocen. Tarde o temprano alguien me iba a reconocer.
-No temas, yo lo haré. Tu tan sólo ocúpate de hacer llegar estos a La Casa Blanca. Necesitaré una buena defensa cuando todo esto termine.
-Por supuesto.
Atentar contra el Papa no iba a ser algo sencillo pero llegar hasta Obama, tampoco. Ambos dedicaron un buen rato a pensar cómo llegar hasta ambos personajes.
-Creo que tengo la forma de llegar hasta Ratzinger. Afirmó Elías.
-¿Cuál?
-Hacerle llegar la noticia de que los documentos están en mi poder y que quiero pasta a cambio. Y por supuesto, que sólo hablaré con él.
-Arriesgado pero coherente. ¿Y cómo llego yo hasta Obama?
-Para eso quizás haya que esperar a que me apresen y entonces hacer públicos los documentos. Ocupate de autentificar los pergaminos y de mantenerlos a salvo.
-Cuenta con ello.
Aquel mismo día María hizo llegar al Vaticano la información oportuna acompañada de una fotocopia del papiro donde aparecía el nombre del pontífice. Cinco años al servicio del nuncio daban, al menos, para saber como hacer llegar un sobre al Papa. La llamada no se hizo esperar.
-¿Hablo con Elías Stein?
-Sí, soy yo.
Tras un incómodo silencio la voz al otro lado del teléfono prosiguió.
-Soy Joseph Ratzinger. Creo que tiene algo que me pertenece.
-¿Pertenece? Digamos algo que le interesa.
-¿Cuánto quiere?
-¿Cuánto está dispuesto a pagar?
-¿Le parece suficiente un millón de Euros?
-No está mal. Pero el intercambio lo haremos usted y yo a solas.
Tras otro largo silencio la voz volvió a contestar.
-De acuerdo, a solas.
-Si por un solo momento creo que me la va a jugar debe saber que existe una copia de los documentos, los resultados de autenticidad y un video donde se explica todo. Ah, y me olvidaba, la grabación de esta conversación.
-¿Cómo sabré que todo eso desaparecerá tras el intercambio?
-Si todo sale bien le daré una llave y la dirección de una taquilla. Lo podrá destruir usted mismo.
-Está bien. ¿Qué le parece el jueves a las 16:00?
-Bien pero la dirección la pongo yo.
-De acuerdo.
Tras pactar la dirección Elías colgó el teléfono.
Demasiado fácil. Dijo María.
-Puede que tengas razón, pero no tiene muchas más opciones.
-En cuanto vea que no llevas los documentos te matarán. Voy a ir contigo.
-¡No!
-¡Sí! Aunque sólo sea a una cierta distancia con un rifle con mira telescópica. Al menos, si falla uno, siempre quedará el otro.
Había llegado el día y los nervios estaba a flor de piel. La llave de la taquilla donde estaban los documentos originales y una carta con instrucciones, habían sido mandadas a un familiar de Elías en Nueva York y una copia de los pergaminos, debidamente documentada, a cada medio de comunicación internacional. No podían dejar nada al azar.
De camino al lugar, ambos se sumergieron en un silencio casi cortante. Cuando faltaban pocos metros, María rompió la calma y dijo:
-El primero que pueda, que dispare. No vamos a tener demasiadas oportunidades ¿lo sabes no?
-¿Has pensado que quizás no salgamos vivos de esta?
-Tampoco saldríamos vivos si se cumple lo que está escrito. Puestos a elegir prefiero morir peleando.
-Recuérdame que si salimos vivos de esta te pida una cita.
-Hecho.
María bajó primero y, tal y como habían planeado subió a la azotea del edificio más cercano. Mientras, Elías aparcó el vehículo cerca del lugar. De camino, Elías se percató de algo extraño estaba ocurriendo. La gente con la que se cruzaba en la calle parecía muy alterada. Entonces, al pasar frente al ventanal de un bar, pudo ver a varias personas aglomeradas frente al televisor viendo las noticias. En ellas, se hablaba de un doble y terrible magnicidio; el de Obama y el del Papa.
Tanto María como Elías habían cometido un gran error; Ratzinger tanto sólo era el mensajero y, fuera quien fuese el que estaba detrás de todo aquello, no dudó ni un sólo instante en deshacerse de él. Desgraciadamente, el Apocalipsis había empezado.




Mal de ojo

Claudia iba a trabajar como todos los días en el autobús. Era lunes y el tráfico hacía que se moviera con excesiva lentitud. En una de las paradas se fijó en la gente que transitaba por las calles y una mujer le llamó la atención porque la miraba desde la acera muy fijamente, como si la odiara por algo.
nmediatamente después el autobús se puso en marcha y siguió mirando a la mujer por si no la miraba a ella, pero a medida que se movía hacia adelante, la mujer la seguía con la mirada. Se preguntó si la conocía de algo y sintió miedo ya que con ese cruce de miradas era obvio que no le estaba deseando ningún bien.
En cuanto sus miradas se separaron comenzó a sentir ganas de vomitar. Se había sentido mareada todo el camino pero después de eso no pudo aguantar más y a duras penas logró sacar una bolsa de plástico de su bolso y vomitó todo el desayuno.
Llegó a su trabajo y su malestar continuaba. Sentía que sus miembros habían perdido fuerza, como si tuviera que caminar en medio del agua. Le costaba muchísimo dar cada paso que la llevaba a la oficina. Pensó que se trataría de algún virus o que se le pasaría en cuanto comiera algo. No le dio mucha importancia a pesar de que todos sus compañeros le decían que tenía muy mala cara y que debería irse a su casa a descansar. Se negó porque sabía que si se marchaba, le quitarían el día de sueldo y estaban tan justos de dinero que no podía permitirse ese lujo. Aguantaría hasta el último minuto.
Desayunó algo y no se encontró mejor. Al contrario, lo vomitó todo otra vez en menos de media hora.
- Eso es un virus - decían los compañeros.
- No sé - decía ella -. Debí comer algo en el desayuno en mal estado.
- Vete a casa o nos contagiarás a todos - decía otro, medio en broma.
- Uy, no tendréis esa suerte - dijo ella, sonriendo -. Mañana vendréis todos a trabajar.
Con las bromas y el trabajo, Claudia pasó el día como pudo, entretenida pero sin poder comer nada. Medio mareada y sin fuerzas casi ni para moverse de la silla.
Cuando llegó la hora de irse, un compañero le dijo que no permitiría que se fuera sola a casa en ese estado. Le ofreció llevarla a casa en su coche y ella se lo agradeció de corazón.
Una vez en casa llamó al doctor y éste le hizo un chequeo completo.
- Señora, ha debido beber agua del grifo -dijo. El agua de la ciudad no era muy saludable-, o ha podido comer algún alimento en mal estado. Tómese estas pastillas, beba muchos líquidos y no coma nada hasta pasadas 24 horas. Las pastillas cada 8 horas.
Así lo hicieron y mientras no comió se sintió estupendamente aunque muy débil. Al día siguiente se atrevió con el desayuno y tomó una tostada con mantequilla y un café con leche. Le sentó bien en un principio, fue a trabajar y en el autobús volvió a vomitarlo todo y el malestar volvió a dejarla sin fuerzas durante todo el día. Esta vez el compañero la llevó al hospital en lugar de ir a su casa. Estaba tan débil que pensaron que era algún tipo de enfermedad infecciosa.
Sin embargo en el hospital no supieron qué tenía. Los médicos la tuvieron en cuarentena hasta que los resultados de los análisis de sangre determinaron que no tenía absolutamente nada extraño. Al estar allí se sintió algo mejor y la dijeron que podía irse a casa, que tomara vitaminas y no tendría por qué recaer.
Una vez en su casa, tomándose las vitaminas, se sintió un poco mejor. Aun así todo lo que comía lo vomitaba y después de otro día entero de vómitos decidieron llevarla de nuevo al hospital. Algo tenía que tener.
Una vecina fue a verla justo cuando estaban preparándose para salir. Esta le dijo que no era la primera vez que veía algo así y le dijo que lo único que tenía era un mal de ojo. Ella y su marido le dijeron educadamente que no creían en esas supersticiones así que no podía ser eso. Haciendo caso omiso se despidieron educadamente de ella y fueron al hospital.
Una vez allí la examinaron más detenidamente, le hicieron pruebas todo el día y llegaron a la misma conclusión del día anterior. Debía tener alguna infección del sistema digestivo, le recetaron dieta líquida durante tres días y mucho reposo.
De vuelta a casa comenzó la dieta de líquidos, bebió zumos y su estómago comenzó a rechazar incluso los zumos. Cosa que comía, cosa que vomitaba. El malestar era tan fuerte que dejó de tener fuerzas de levantarse incluso para ir al baño.
La vecina volvió a visitarla y le dijo que ella conocía la cura para su problema. Que no perdía nada en dejarse tratar ya que solo tenía que pasarle "el huevo".
- No necesito tus recetas de supercherías - se quejaba el marido -. Vete, mujer, no nos ayudas y mi mujer está muy débil.
- No pierdes nada. Déjame intentarlo, ni siquiera la tocaré así que no corre ningún peligro. Si no funciona aceptaré irme y no os molestaré más… pero si funciona quiero una tarta de manzana, de esas tan ricas que hace tu mujer. ¿Qué me dices?
Ese descaro le hizo reír y aceptó finalmente.
- Y como no funcione te echaré de casa a patadas - bromeó él.
- Va a funcionar, no es el primer mal de ojo que trato - dijo la otra, muy segura de si misma.
- Está bien, ¿qué necesitas?
- ¿Tienes un huevo? Un huevo fresco, corriente.
- Claro, espera.
El hombre bajó a la cocina, a la nevera y cogió un huevo. Subió corriendo a la habitación y se lo entregó a la mujer. Esta comenzó a pasarlo cerca del cuerpo dormido de Claudia y murmuraba algunas extrañas plegarias. Pasó el huevo desde la cabeza hasta los pies, por los brazos, el cuerpo y por los lados. Finalmente cogió un plato y lo rompió en él.
El contenido dejó al marido boquiabierto. Parecía que dentro del huevo había petróleo, era un líquido que olía a podrido y tan negro como el alquitrán.
- Ya está, tu mujer está curada - dijo.
Claudia la escuchó y abrió los ojos.
- ¿Qué ha pasado? - preguntó.
- Acaba de pasarte el huevo - se mofó el marido -. ¿Cómo estás amor?
- Me encuentro… bien. ¿Qué habéis hecho? Siento como si... me hubieran quitado una tonelada de encima.
La vecina sonrió satisfecha.
- Me debéis una tarta de manzana de las tuyas.
- ¿Qué es eso del huevo?
- El huevo, un huevo de gallina normal - explicó la mujer -. Son células perfectas, tienen el poder de absorber todas las influencias negativas. "Lo malo" siempre busca "el bien" más perfecto posible. Por eso el huevo absorbe y libera del mal de ojo.
- No puedo creer que fuera eso en serio - dijo Claudia-, siempre pensé que esas cosas solo le afectan a los que creen en ellas.
Claudia estaba tan bien que pudo levantarse sin problemas. Estaba completamente sana. Comió algo con miedo a vomitarlo después, eligió un yogourt, y después de un rato, al ver que le sentaba bien, comió con la familia sin problemas. Por la tarde la vecina regresó a su casa a ver cómo estaba.
- Es increíble, estoy curada.
- Ya ves, hija. No eres la primera que curo, ni seguramente la última. Lo peor es admitir que lo tienes porque ya has visto que solución tan fácil tiene.
- Gracias, te haré una tarta… Pero, ¿quién podría querer echarme mal de ojo? ¿Por qué?
- Hay una forma de protegerte en el futuro. Solo tienes que poner algo rojo en las ventanas de tu casa y el mal de ojo no entrará ni para ti, ni para tu familia.
- Pues no creía en estas cosas, pero voy a hacerte caso.
Colocó lazos rojos en todas las puertas y ventanas por dentro de la casa. Nunca supieron por qué esa mujer le echó un mal de ojo y nunca volvió a encontrarse con ella. Pero lo cierto es que nadie más en la familia volvió a sufrirlo.




Historias de asesinos en serie. psicopatas.

Bruno Lüdke - El bruto


Bruno Lüdke nació el 03 de abril de 1908 en Köpenick un pueblo cerca de Berlín. Era el cuarto hijo de de Otto y Emma Lüdke en total fueron seis hermanos. Bruno Lüdke recibió un traumatismo craneal que limitó sus facultades mentales siendo un niño.
Bruno ingresó a la escuela pública de Köpenick en 1914, cinco años después los profesores de Lüdke se percataron de las dificultades de aprendizaje que Bruno presentaba, razón por la que fue enviado a una escuela para jóvenes con problemas de aprendizaje. Sin embargo en 1922 el adolescente se retiró de clases para trabajar en la lavandería de su familia. Tras el fallecimiento de su padre a causa de un cáncer a la garganta en 1937, Bruno se vio obligado a encargarse del trabajo pesado del negocio familiar. Es a partir de 1938 que el joven Lüdke comienza a tener problemas con la policía local, varias personas se quejaron del maltrato de Bruno hacia el caballo que jalaba la carreta de la lavandería. Al parecer Lüdke azotaba al animal con mucha fuerza.
Antes de proseguir con la detención de Lüdke, la policía lo sometió a varios exámenes médicos para ver si aun podía manejar su carreta. Aunque Bruno era un fumador empedernido los resultados de las pruebas demostraron que era saludable físicamente, pero su capacidad mental era limitada. Carecía de una correcta habilidad para ubicarse en el espacio y tiempo, tampoco era capaz de calcular, escribir o hacer simples ejercicios mentales, pero si podía manejar su carreta sin riesgo alguno.
Por su buena naturaleza y poca inteligencia Bruno era conocido como “el tonto bueno”, los niños del pueblo solían molestarlo por lo que el gigante les tenía miedo. En enero de 1939 la ley de “prevención y posteridad sobre enfermos mentales” obligaba a Lüdke ser esterilizado, evento que se llevo a cabo el 22 de mayo de 1940 en un hospital de Berlín.
La policía local de Köpenick tenía un archivo de los atracos de Lüdke, que en la mayoría eran simples robos y venta de madera, crímenes que realizaba con la misma carreta que trabajaba. Motivos como estos hacían que Bruno pasara semanas o meses en la prisión de la comisaria, sin embargo la policía no consideraba a Lüdke como un criminal o amenaza, era visto como alguien enfermo cuyos actos se debían a su limitada inteligencia. Un incidente similar sucedió el 16 de febrero de 1940, cuando Bruno al café Fuchs en Köpenick y trato de vender un pato muerto a un visitante, pronto un oficial de policía que no era de la zona, arrestó a Lüdke y confiscó el pato. En la estación de policía descubrieron que Bruno robó el animal a un granjero, por este crimen el gigante pasó 5 semanas encerrado pero no fue juzgado debido a la clausula 51, ley que protegía a los enfermos mentales.

Pesadilla en Köpenick


El viernes 29 de enero de 1943, unos niños que jugaban al escondite encontraron el cadáver de Frieda Rössener, una viuda de 59 años que había sido estrangulada y violada posteriormente, su cartera también fue robada. Pronto la policía local de Köpenick envió un reporte a Berlín y se formó un grupo de tres detectives para encargarse del homicidio. El trió estaba comprendido por el criminólogo Heinz Franz y los investigadores Jachode y Mahnke quienes el mismo día llegaron a la escena del crimen y tras hacer preguntas a los locales descubrieron que un hombre con retraso mental y ropas de obrero merodeaba por el lugar con frecuencia. Los oficiales de Berlín pronto comprendieron que se trataba de Bruno Lüdke, el gigante bonachón del pueblo a quien la gente apodaba tonto o bruto. El detective Franz arrestó a Bruno cuando se dio cuenta que tenía manchas de sangre en su ropa, al preguntarle sobre esto, el gigante dijo que era de una gallina. El investigador recordó que en la escena del crimen había plumas de dicho animal y pronto arrestó a Bruno el 18 de marzo de 1943.


Después de ser detenido solo Franz interrogó a Lüdke, al poco tiempo se dio cuenta que las respuestas de Lüdke servirían para que el criminólogo pueda continuar con la investigación a su manera. En el interrogatorio declaró:

-Yo había agarrado el pollo, lo reconozco. La vieja estaba sentada en el tronco de un árbol y yo me acerqué.

-¿Y tú que le dijiste? -preguntó el comisario.

-Pues, eso, que si quería… pero ella dijo que no.

-¿Y tú qué hiciste?

-La agarré por el cuello.


En la medida que la investigación progresaba, Franz descubrió que si se acercaba a Bruno de una manera amable, el gigante le daría toda la información que sus preguntas revelen. Pronto las investigaciones de Franz descubrieron que Lüdke era el responsable de estrangular y violar a 51 mujeres en un periodo de quince años. Durante el largo periodo que le interrogaron aparecieron los nombres de algunas víctimas como Käthe Mundt, Bertha Schulz y la familia Umann. Esta nueva información sorprendió a Franz debido a que ninguno de los lugareños señalaba a Bruno como el asesino y no había reportes de algunas de las muertes. De inmediato el criminólogo investigó los casos de estas víctimas.
La verdad de estos crímenes cambió cuando se leyeron los registros policiales de Berlín en los que se descubrió que Heinz Franz ya sabía de los asesinatos de Mundt, Schulz y los Umann. Bruno posiblemente solamente “confesaba” lo que el detective quería escuchar y cuando se mencionaba otra víctima Lüdke “recordaba” haberla asesinado también, como sucedió en el interrogatorio de la familia Umann, donde Bruno no dijo nada sobre la señora Gutermann quien había sido asesinada dos días antes que Lüdke matase a todos los Umann. Meses más tarde cuando Franz le preguntaba al asesino sobre la señora Gutermann, el gigante “recordó” haberla matado, sin embargo no podía dar información correcta de donde lo había hecho.
En ocasiones Lüdke afirmaba haber matado en Munich, Hamburgo y Berlín, pero cuando era llevado a los estados donde había asesinado, era obvio que el hombre no sabía dónde estaba.

El subterfugio de Franz y Lüdke

Bruno Lüdke era una persona con inteligencia limitada, pero no era el tonto que todos creían. Al parecer en el transcurso de las preguntas se formó un vínculo entre los dos hombres. Mientras el asesino estaba contento por ser el centro de atención, todos querían hacerle preguntas y tomarle fotos, además tenía el apoyo de su “amigo” el detective Heinz Franz, la persona que se aseguraba que Lüdke coma tres veces al día y no le falten cigarrillos. Franz en cambio era un hombre ambicioso que veía a Bruno como el medio para crecer en su carrera policiaca, arreglando las confesiones de Bruno y hacer entender en su reporte que “el tonto gigante” era el asesino de varios crímenes sin resolver.

Lüdke teniendo todo a su favor se sentía protegido por la clausula 51, ley que decía que una persona con deficiencias mentales no era responsable de sus actos y por esto no podía ser enjuiciado. Pronto se volvió claro que Lüdke no le dijo a Franz sobre los asesinatos, fue el mismo detective que le dijo sobre las víctimas y como fueron ejecutadas. En el reporte final de los homicidios el detective Franz hizo que las confesiones de Bruno concuerden con el resto de asesinatos de Alemania y así “resolverlos”.

JOHN WAYNE GACY- EL PAYASO ASESINO


El lector que a partir de ahora va a adentrarse en la historia real de John Wayne Gacy descubrirá que el mal humano se esconde en lugares todavía menos accesibles que una arteria cerebral colapsada, la que tenía Gacy desde que se cayera en el jardín de su casa cuando era niño y que, según algunos expertos, transformó su cerebro en una mente psicopática. Quizás el mal anide en las entrañas del alma de algunos hombres que parecen, pero sólo parecen, buenos.
No cabría otra forma de calificar a un ciudadano tan ejemplar como John. Era un eficaz hombre de negocios, dedicado plenamente a hacer crecer su empresa de albañilería y decoración, a cuidar de su casa, a amar a su segunda esposa y a cultivar las relaciones sociales. El tiempo libre siempre lo dedicaba a los demás: organizaba las fiestas vecinales más famosas del barrio, se vestía de payaso y amenizaba las tardes de los niños ingresados en el hospital local. Incluso fue tentado por la política y se presentó como candidato a concejal. Y lo habría llegado a ser si no se hubiera cruzado en su camino el joven Jeffrey Rignall y su tenaz lucha por la supervivencia.

El 22 de mayo de 1978, Rignall decidió salir a tomar unas copas en alguno de los bares del New Town de Chicago. Mientras paseaba, ya de noche, un coche le cortó el paso. Un hombre de mediana edad y peso excesivo se ofreció para llevarle a la zona de bares más famosa del lugar. Rignall, osado, despreocupado, acostumbrado a viajar haciendo auto stop y, sobre todo, harto de pasar frío, aceptó la invitación sin sospechar que aquel hombre, en un descuido, le iba a atacar desde el asiento del conductor y a taparle la nariz violentamente con un pañuelo impregnado de cloroformo.



Con el hígado reventado por el cloroformo

Lo siguiente que Rignall pudo recordar fue la imagen de su nuevo colega desnudo frente a él, exhibiendo una colección de objetos de tortura sexual y describiendo con exactitud cómo funcionaban y cuánto daño podrían llegar a producir. Rignall pasó toda la noche aprendiendo sobre sus propias carnes mancilladas una y otra vez la dolorosa teoría que su secuestrador iba explicando. A la mañana siguiente, el joven torturado despertaba bajo una estatua del Lincoln Park de Chicago, completamente vestido, lleno de heridas, con el hígado destrozado para siempre por el cloroformo, traumatizado… pero vivo. Tenía el triste honor de ser una de las pocas víctimas que escaparon a la muerte después de haber pernoctado en el salón de torturas de John Wayne Gacy. En sólo seis años, 33 jóvenes como él vivieron la misma experiencia, pero no pudieron contarlo. A veces, el camino hacia el mal es inescrutable, se esconde y aflora, parece evidente y vuelve a difuminarse. Toda la vida de Gacy resultó una constante sucesión de idas y venidas. Fue torpe en los estudios, se matriculó en cinco universidades y tuvo que abandonarlas todas; sin embargo, terminó su último intento de estudiar Ciencias Empresariales y se licenció con brillantez. Hasta llegó a ser un hábil hombre de negocios. Se enroló en cuantas asociaciones caritativas, cristianas y civiles pudo, pero mantuvo una oscura relación con su primera esposa, llena de altibajos y cambios de temperamento. Tuvo dos hijos a los que amó y respetó, sin que eso nublara un ápice su eficacia para atraer y matar a otros adolescentes. Resulta, incluso, paradójico que un hombre obeso y aquejado de graves problemas en la espalda fuera capaz de atacar, maltratar, matar y enterrar a jóvenes llenos de vigor. Pero lo hizo una y otra vez, hasta en 33 ocasiones.

De día actuaba como el "Payaso Pogo" para niños enfermos hospitalizados.

Algunos detalles premonitorios

Pero si fue doloroso encontrar los cadáveres de 33 jóvenes incautos, peor resultó saber que su asesino ya había dado muestras de lo que era capaz de hacer. Poco después de casarse por primera vez, comenzaron a circular insistentes rumores sobre la tendencia de Gacy a rodearse de jóvenes varones. Rumores que sus vecinos vieron confirmados cuando el amable John fue acusado formalmente por un juez de violentar sexualmente a un niño de la ciudad de Waterloo. Él siempre sostuvo que las acusaciones no eran más que un montaje creado por el sector crítico de una de las asociaciones cívicas a las que pertenecía. Pero cuatro meses más tarde, la mesa del juzgado recibía la documentación de una nueva denuncia. La propia víctima del supuesto ataque sexual había sido apaleada. El agresor, un joven de 18 años con dudosa reputación, declaró que fue Gacy quien le pagó para escarmentar al niño que le acusaba. El caso estaba claro: Gacy fue sentenciado a 10 años de prisión en la penitenciaría de Iowa. La historia de un asaltador de menores parecía tocar felizmente a su fin…, cuando en realidad, no había hecho más que empezar. Incomprensiblemente, Gacy salió de la cárcel un año y medio después, aireando un indulto concedido en atención a su buen comportamiento y las "evidentes muestras de reforma dadas por el reo". El juez no tuvo duda de que aquel preso de 27 años se había transformado en otro hombre: lo que no supo hasta tres años después es que el nuevo John Wayne Gacy era aún peor. Gacy no sólo se las arregló para engañar al juez, también engañó a los vecinos de Sumerdale Avenue que lo acogieron en su segunda vida; a Lillie Grexa, una mujer divorciada y madre de dos hijos que se enamoró de él y aceptó su propuesta de matrimonio; a los clientes de una brillante empresa de reformas de albañilería que él mismo montó y, lo que es peor, a decenas de jóvenes varones que acudían a casa de Gacy bajo la promesa de un trabajo bien remunerado como albañiles.

Andrei Chikatilo

Nació en Ucrania el 16 de Octubre de 1936, en una pequeña aldea en tiempos de hambruna, cuando morían millones de personas cuyos cadáveres se amontonan en las calles y campos, lo más cruel para el pequeño Andrei y su hermana era escuchar en el regazo de su madre como su hermano mayor, Stepan había sido raptado y devorado, aunque no era un caso aislado en aquellos duros años treinta, el hecho marcaría notablemente al niño, quien se sentía en esos momentos más solo que nunca, de hecho no existe ningún documento que informe acerca del nacimiento o muerte de Stepan pero la manera en como su madre se los contaba hacia que la historia pareciera verídica.

En la escuela era muy introvertido, incapaz de aceptar su miopía, (sus primeras gafas las tubo a los treinta años, y hasta los doce se orinó en la cama). Siempre era humillado por los otros compañeros, cualquiera podía decirle lo que fuese, él se limitaba a escuchar y a aguantar. No es de extrañar que con el tiempo, su ánimo se llenase con las lágrimas contenidas y con todas esas injurias. A medida que iba creciendo, se hacía más tímido con las mujeres, hasta el punto de hacer fracasar su primer intento sexual, por eyacular en pocos segundos mientras abrazaba una chica, de ahí surgieron los primeros rumores de su impotencia.

Como todos los ciudadanos soviéticos sirvió en el ejército y luego se dedicó a los estudios, obteniendo tres títulos: en lengua y literatura rusa, en ingeniería y en marxismo-leninismo.

En 1971, un diploma universitario le dio el grado de maestro. Sentía una creciente atracción por las menores de doce años, y se colaba en los dormitorios para verlas en ropa interior mientras se masturbaba con la mano dentro del bolsillo. Más tarde Chikatilo se refugió en el Comunismo, pero su fijación con el dogma político rayaba en la demencia.

A pesar de su problema, pudo encontrar una esposa, y aunque era incapaz de mantener una erección, sí podía eyacular. Logró alcanzar en contadísimas ocasiones la suficiente erección para dejar embarazada a su esposa, pero no dejaba de pensar, que la naturaleza lo había castigado castrándolo al nacer. Era un marido de carácter estable y trabajador, un padre que nunca levantaba la voz ante los hijos, un respetado miembro del partido comunista que leía los periódicos y se mantenía al corriente de la actualidad. Discreto, vivía con la rigurosa austeridad que corresponde a un verdadero soviético.

En la escuela en la que trabajaba, sus alumnos se reían de él, le apodaban "el ganso" porque sus largos hombros encorvados hacían que su cuello pareciese alargado, y por que lo tenían por tonto. Él no hacía nada por remediarlo, tampoco cuando le empezaron a llamar "maricón", ni cuando le pegaban arrojándole una manta por encima o cuando lo sacaban de las aulas a patadas. Después de cierto tiempo le adquirió tanto miedo a los chicos que empezó a llevar un cuchillo a su trabajo.

El 22 de diciembre de 1978, Chikatilo mató por primera vez a los 42, abordó en la calle a una niña de nueve años de edad, y la convenció para que se fuera con él a una cabaña que poseía en las afueras de la ciudad. Sabía como hablar a los niños, él mismo había sido maestro y tenía a sus dos hijos. Una vez allí la desvistió con violencia. Accidentalmente, le hizo un rasguño del que brotó sangre, hecho que le propició una erección inmediata, estableciendo el vínculo fatal entre sangre y sexo. Luego, sacó un cuchillo y se lo clavó a la niña en el estómago. Con cada puñalada notaba que se acercaba más al orgasmo, por lo que no cesó de hacerlo hasta la eyaculación. Chikatilo había intentado satisfacer su necesidad sexual movido por la esperanza de llegar a ser igual que los demás, pero no lo era. Su flacidez y las burlas de las mujeres que se lo recordaban a cada momento, era más de lo que podía esperar. También se dio cuenta de que su placer no consistía en acariciar los genitales ajenos, sino en maltratarlos.

Dos días después de este crimen la policía encontró los restos de la niña en el río Grushovka, y cerca de la cabaña de Chikatilo una gran mancha de sangre. Los policías interrogaron al hombre, pero acabaron inculpando a otro agresor sexual, Alexander Kravchenko. Chikatilo era, por las paradojas que marcaban sus actos, más dual que nunca.

Era el típico marido sumiso y asexual. Hacía todo lo que su mujer le ordenaba o casi todo. Ella solía desear los placeres del lecho con más frecuencia que él, y eso les llevaba a frecuentes discusiones, a que ella le recordase en todo momento lo taciturno e inerte que era. Su acusación de haber molestado sexualmente a los estudiantes le costo el trabajo, pero gano uno nuevo en una fabrica en el que tenia que estar viajando constantemente, siempre se estaba moviendo lo cual le ayudaba a escoger sus nuevas víctimas.

Tres años pasarían antes de que Chikatilo asesinara por segunda vez, el 3 de septiembre de 1981. Su segunda víctima fue Larisa Tkachenko de 17 años de edad, la convenció de ir con él al bosque para tener relaciones sexuales, pero fallo en el intento por lo que ella se río de él, esto lo enfureció, perdió el control, estranguló a la mujer y eyaculó sobre el cadáver, mordisqueo su garganta, le corto los senos y en su frenesí se comió los pezones. Luego, comenzó a lanzar aullidos mientras bailaba una danza de guerra alrededor del cuerpo, dejó el cuerpo sin vida con un palo enterrado. En esos momentos supo que volvería a matar. Los dos primeros asesinatos de Chikatilo tuvieron cierto carácter fortuito. Es posible que, en ambos casos, sus intenciones fueran solamente de índole sexual. Los gritos de terror le excitaban, pero era el asesinato en sí lo que presentaba para él el acto sexual supremo.

Su tercera víctima fue Lyuba Biryuk, fue raptada de una villa y fue acuchillada 40 veces en el bosque, le mutilaron los ojos esto se volvería algo común en sus asesinatos, la firma mortal de Chikatilo.

Chikatilo asesinó a otras 3 personas ese año, entre ellas se encontraba su primera víctima masculina, Oleg Podzhivaev de 9 años de edad, el cuerpo no se encontró pero Chikatilo afirmó ser el responsable y que le había arrancado los genitales, la prensa estaba enloquecida con el asesino en serie, el modus operandi era siempre el mismo, sus víctimas siempre se encontraban en los bosques, con indicios de violencia y sadomasoquismo, y en ocasiones les faltaban miembros a las víctimas, eran niños, niñas y chicas jóvenes. Entre ellos había muchos escapados de casa y retrasados mentales, pues se dejaban convencer más fácilmente y agradecían su ayuda en el laberinto del sistema de transportes local, con el que no estaban familiarizados. En 1984 asesinó a 15 personas, mientras el tiempo entre sus asesinatos iba disminuyendo el número de víctimas iba en ascenso. Chikatilo los elegía entre la multitud en estaciones ferroviarias y en paradas de autobús, y con algún pretexto, los convencía para que lo siguieran a alguna zona boscosa. Una vez allí les infligía numerosas puñaladas (entre treinta y cincuenta). Casi todas las víctimas sufrían la mutilación de los ojos. A las adolescentes o chicas jóvenes les seccionaba los pechos o los pezones, ya fuera con sus afilados cuchillos o con los dientes. El útero era extirpado con tal precisión que todos los cirujanos de la provincia de Rosstov pasaron a ser sospechosos en potencia. Mientras las violaba, se enfurecía tanto por llegar tan rápidamente al orgasmo que les machacaba la cara a golpes. Para ocultar su impotencia, a veces, con la ayuda de una ramita, colocaba el semen en la vagina de la víctima. En el caso de los niños, los atacaba nada más hallarse a solas con ellos en el bosque: un golpe para aturdirlos con las manos atadas y unos golpes de cuchillo poco profundos para establecer su dominio sobre ellos. Posteriormente los mutilaba a mordiscos, les cortaba los genitales o solamente extirpaba los testículos, que guardaba a modo de trofeo. También arrancaba los ojos de todas sus víctimas, quizás para evitar encontrarse con sus miradas. En algunas ocasiones realizaba estas amputaciones cuando la víctima se hallaba aún con vida, aunque no consciente. En ninguno de los casos se encontraron las partes del cuerpo seccionadas en las cercanías de la escena del crimen.

Además practicaba actos de canibalismo, en sus declaraciones confesaría que le gustaba tragarse las partes del cuerpo más blanditas... En 1981, se convirtió en funcionario de abastecimiento de una fábrica, y el trabajo, que le obligaba a recorrer una buena parte de la región, le proporcionaba la tapadera perfecta.


El Instituto Serbsky de Moscú diseñó el perfil de un hombre ostensiblemente normal, probablemente casado, con un trabajo regular, y por esperma hallado en los cuerpos de sus víctimas, se supo que su sangre era del grupo AB. El 14 de septiembre de 1984, detuvieron a Chikatilo en el mercado de Rosstov, pues en líneas generales encajaba con la descripción del asesino, pero no pudieron demostrar nada más. Chikatilo parecía un hombre respetable, y tras hacerle un análisis de sangre, ésta resultó ser de grupo A. Enseguida fue puesto en libertad sin cargos. Por esas alturas, los archivos de la policía contenían datos de unos 26.500 sospechosos. Cuando apareció el cadáver número treinta, los periódicos empezaron a dar noticias del posible asesino en serie, quienes todos creían un retrasado mental, a pesar que la policía no estaba de acuerdo, pues la amplia dispersión del asesino indicaba que éste disponía de un vehículo, factor que en Rusia era eliminativo.

Chikatilo fue acusado de haber robado un rollo de linoleo de su oficina, siete meses después con ese caso aun pendiente, fue arrestado por comportamiento impropio en la estación de autobuses de Rostov, fue sentenciado a 15 días en prisión, pero la policía creía que él era el asesino, así que compararon la sangre de Chikatilo con el semen encontrado en los cuerpos de las víctimas e inexplicablemente no era el mismo tipo de sangre, fue sentenciado a un año en cárcel por el robo del linoleo pero el juez simpatizó con él y lo liberó antes, el asesino estaba libre otra vez.
El 17 de octubre de 1990, volvió a matar en un bosque cercano a la estación de Donlesjoz. Este crimen absorbió a toda la policía local y a una fuerza antidisturbios de 100 hombres. Pero dos semanas después, Chikatilo volvió a actuar, y ésta vez fueron unos 600 detectives los encargados de investigar a lo largo de la línea de los bosques, en dónde montaban guardia tres o cuatro oficiales en los apeaderos más aislados.

El 6 de noviembre de 1990, uno de estos detectives, el sargento Igor Rybakov, vio surgir del bosque un hombre con traje y corbata. Mientras observaba cómo éste se lavaba las manos en la fuente advirtió que tenía un dedo vendado y una mejilla manchada de sangre. Le pidió los documentos y elevó un informe de rutina. Cinco días después encontraban un nuevo cadáver en ese mismo lugar el cual estimaron que llevaba muerto más o menos una semana.
El homicida tenía que haber pasado por la estación, y el culpable no podía ser otro que el sospechoso del informe de Rybakov. Lo arrestaron el 20 de noviembre, sospechoso de haber asesinado a 36 víctimas, todos ellos mujeres y niños. Su esperma, aunque no su sangre, sí era AB.


El fiscal general de la provincia de Rosstov emitiría una orden de detención contra Chikatilo, efectiva a partir del 20 de noviembre de 1990. Y ese mismo día, en efecto, fue retenido por la KGB, mientras éste con paso lento y senil decía "¿Cómo pueden hacerle esto a una persona de mi edad?". En los interrogatorios, afirmó que simplemente era un ciudadano normal, que no había cometido ningún tipo de delito, y que era objeto de una persecución absurda por parte de la policía. El 27 de noviembre prometió que estaba dispuesto a aportar pruebas de sus crímenes si no continuaban atosigándole con los interrogatorios que le recordaban los detalles, y dos días después se derrumbó ante un psicólogo a quién acabó confesando 53 asesinatos. Posteriormente guió a los investigadores a los distintos lugares con la esperanza de que el número de muertes lo convirtiera en un "espécimen de estudio científico".

Escribió una declaración firmada para el Fiscal General, que decía: "Me detuvieron el 20 de noviembre de 1990 y ha permanecido bajo custodia desde entonces. Quiero exponer mis sentimientos con sinceridad. Me hallo en un estado de profunda depresión, y reconozco que tengo impulsos sexuales perturbados, por eso he cometido ciertos actos. Anteriormente busqué ayuda psiquiátrica por mis dolores de cabeza, por la pérdida de memoria, el insomnio y los trastornos sexuales. Pero los tratamientos que me aplicaron o que yo puse en práctica no dieron resultados. Tengo esposa y dos hijos y sufro una debilidad sexual, impotencia. La gente se reía de mí porque no podía recordar nada. No me daba cuenta que me tocaba los genitales a menudo, y sólo me lo dijeron más tarde. Me siento humillado. La gente se burla de mí en el trabajo y en otras situaciones. Me he sentido degradado desde la infancia, y siempre he sufrido. En mi época escolar estaba hinchado a causa del hambre e iba vestido con harapos. Todo el mundo se metía conmigo. En la escuela estudiaba con tanta intensidad que a veces perdía la consciencia y me desmayaba. Soy un graduado universitario. Quería demostrar mi valía en el trabajo y me entregué a él por completo. La gente me valoraba pero se aprovechaba de mi carácter débil. Ahora que soy mayor, el aspecto sexual no tiene tanta importancia para mí, mis problemas son todos mentales (...) En los actos sexuales perversos experimentaba una especie de furor, una sensación de no tener freno. No podía controlar mis actos. Desde la niñez me he sentido insuficiente como hombre y como persona. Lo que hice no fue por el placer sexual, sino porque me proporcionaba cierta paz de mente y de alma durante largos periodos. Sobre todo después de contemplar todo tipo de películas sexuales. Lo que hice, lo hice después de mirar los vídeos de actos sexuales perversos, crueldades y horrores." Lo que la policía dedujo de esta declaración, es que el asesino trataba de buscarse una posible salida alegando enfermedad mental, una obsesión de tratamiento psiquiátrico.

Los psiquiatras del Instituto Serbsky, no obstante, lo veían como un sádico prudente que no sufría ningún trastorno que pudiera impedirle que sus actos estaban mal, que eran actos premeditados. Por esa razón, en octubre de 1991, dieron a conocer sus conclusiones, diagnosticando que el asesino estaba "legalmente cuerdo". El juicio de Andrei Chikatilo se iniciaba en abril de 1992, y duraría hasta octubre de ese mismo año. Éste, con la cabeza rasurada, presenció su juicio desde un cubículo de metal. El primer día deleitó a los fotógrafos esgrimiendo una revista porno, pero más tarde, abatido, se quitó la ropa y meneó el pene gritando: "Fijaos que inutilidad, ¿Qué os pensáis que iba a hacer con esto?"

Los jueces no dudaron en anunciar el veredicto que habían nominado: el 15 de octubre de 1992 fue sentenciado a la pena capital, y fue ejecutado en la prisión de Moscú el 16 de febrero de 1994.


CHarles Manson



Charles Milles Manson nació en Cincinnati, Ohio (EEUU), el 12 de noviembre de 1934. Hijo ilegítimo de una joven adolescente de 17 años, Kathleer Maddox.

Su verdadero padre es un misterio, a pesar de que su madre interpuso una demanda judicial para demostrar la paternidad de un hombre con el que convivio unos años, como dijo el mismo Manson su madre era una: "prostituta de diecisiete años".

Su infancia transcurrio viajando de ciudad en ciudad hasta que a los 8 años su madre salio de prision, donde cumplia una pena de cinco años por robo y agresión. Durante este tiempo convivio con su tia, una beata contraria a cualquier forma de placer, el cual consideraba pecaminoso.

Vivio con su madre (alcohólica) unos años hasta que por medio de un robo reunio el dinero necesario para "independizarse", a los 14 años fue detenido por primera vez y a partir de este momento su vida transcurrio entre fugas e ingresos en prisión, por lo cual se podría decir que su formación fue la que recibio en centros penitenciarios con otros presos.

Recien cumplida su mayoría de edad ya contaban entre sus hazañas el robo, una violación homosexual a un compañero, agresiones y varias fugas.

En 1953 con 19 años se casa con una enfermera de 17 años, habiendo tenido hasta ese momento solo relaciones homosexuales, tuvo su primer hijo pero el matrimonio fracaso y se divorciarion en 1958. Un año despues se caso con una prostituta para que no declarara contra él y de ese matrimonio nació su segundo hijo.

Posteriormente ingreso en prisión donde comenzó a formarse en el esoterismo y paso a formar parte de la Iglesia de la Cienciología, todo esto desencadeno en que en 1967 cuando abandono la carcel con 32 años llevase 17 años de su vida en la carcel.

Esta formación esoterica le llevo a contar con un grupo de seguidores "su familia", segun su filosofia solo los que les siguiesen se salvarían del apocalipsis.

Manson, que se autodenominaba Satán (además de Jesucristo, el Espíritu, el Anticristo y el Demonio), predicaba una curiosa doctrina, una mezcla de conceptos orientalistas y una reinterpretación de la Biblia.

El viernes 8 de agosto de 1969 Manson ordenó la ejecución de todas las personas que se encontrasen en el 10050 de Cielo Drive, la vivienda por aquel entonces de Roman Polanski.

Espero que les guste y

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