El SM, forma contraída de sadomasoquismo, indica a priori la idea de una relación entre caracteres opuestos o incluso contrarios. Fue Krafft-Ebing el que utilizó por primera vez este término a finales del siglo XIX para hacer referencia a los escritos de dos grandes escritores, Sade y Sacher-Masoch.
Inventario de satisfacciones
El SM tiene una parte de espectáculo que precisa de una vestimenta apropiada, un disfraz que establezca el estatuto y el rol de cada uno de los protagonistas. EL SM moderno comprende varios tipos de prácticas: la flagelación con fusta o látigos, la introducción de objetos en la vagina, el ano o la boca, la inmovilización del sometido con cuerdas, los rituales de humillación y dominación en los que se obliga al sometido a adoptar todo tipo de posiciones...
Por último, en una forma más extrema, se puede realizar modificaciones corporales temporales o permanentes en el esclavo, como piercings, escarificaciones o tatuajes.
La inversión erótica de los roles
En su forma más soft, el SM constituye una inversión lúdica, controlada y temporal de las posiciones que cada uno ocupa en la vida social. Es así como hombres de poder pueden ser grandes adeptos del SM pasivo, en el que pueden escoger la posición del esclavo. Las mujeres ocupan el lugar dominante debido a una posición social inferior aunque, dado que las mujeres ocupan hoy altas posiciones de poder social, también pueden pasar al rol de sumisa en los rituales sadomasoquistas. Desde esta perspectiva, el SM constituye una especia de válvula de escape donde se puede jugar a ser el otro.
Pero aunque actualmente se hable mucho en los medios de comunicación y aunque la moda haya extendido el uso de varios accesorios de las dominatrix, los adeptos del SM todavía son poco numerosos.
¿Erotización del dolor o capacidad de controlarlo?
En este tipo de relaciones, la violencia y el dolor resultante son una intensa fuente de placer tanto para el que lo produce como para el que lo recibe. Se trata por tanto de una erotización de la violencia y del dolor. El SM incluye también la dominación, el sufrimiento moral y la humillación. Freud es el que más insistió en la relación entre las dimensiones opuestas del sadomasoquismo y su presencia en un mismo individuo, y en el nivel de la relación entre dos personas en el que cada uno puede representar una u otra conducta.
Stoller propuso otra interpretación del la erotización del dolor: la fuente del placer masoquista no sería el dolor en sí, sino la capacidad de controlarlo de manera eficaz. Las personas que sienten este tipo de placer habrían vivido dolores físicos intensos en su infancia y habrían aprendido a controlarlos: el placer llegaría con esta posibilidad de control.
De la perversión a la psicopatología de cada uno
En su origen, el sadomasoquismo ha sido considerado como una perversión sexual patológica. Freud y los psicoanalistas ampliaron esta noción considerando que la pareja “activo-pasivo” constituye los caracteres fundamentales opuestos e indisociables de la vida sexual en general.
Hacia una dialéctica del amo y el esclavo
Poniendo en duda los prejuicios que fundan la clínica psicopatológica, el filósofo Gilles Deleuze consideró que el sadismo y el masoquismo, tal y como se describían en las obras de Sade y Sacher-Masoch, no representaban “la pareja de opuestos” de los psicoanalistas. Según Deleuze, el sadismo representaría el poder del amo que ignora voluntariamente la presencia del objeto al que impone su deseo de manera casi impersonal. El sadismo consistiría en una forma de poder absoluto, llegando incluso a la negación del otro.
El masoquismo revelaría otra lógica: la del contrato. El sometido buscaría a un dominante (o con más frecuencia una dominante) al que tendría que formar o educar, estipulando un contrato con él. El masoquismo sería, por tanto, la expresión de una relación contractual entre dos seres libres, con límites por dicho contrato. En este contrato, el masoquista provoca al dominante para que se conforme con sus términos y ceda. Así, encontraríamos la imagen del amo y del esclavo y el sadismo, como el masoquismo, no serían más que formas extremas y sexualizadas de las relaciones sociales.
Una relación plenamente consentida y contractual
El SM, tan de moda hoy en día, se basa en una relación consensual entre dos seres libres. Este contrato entre la pareja establece el desarrollo del ritual y sus límites y hace del SM una práctica aceptable en una época en la situamos la dimensión jurídica y negociada de la relaciones sociales e interpersonales en lo más alto de nuestra escala de valores.
A. Giami
NOTA MENTAL: me gusta!!

