Alguna vez se te ha pedido en el trabajo que hagas algún esfuerzo extra que con el tiempo se volvió permanente? Se te exige como profesional en todo momento, pero ¿se te brindan las herramientas para desenvolverte como tal? ¿La computadora que usás, es obsoleta? ¿La capacitación que recibís, cuando la recibís, está actualizada? ¿El salario que cobrás, te permite llegar cómodo a fin de mes?
¿Qué es el “trabajo duro”?
Generalmente cuando uno piensa en trabajo duro la primera imagen que se viene a la mente está relacionada con trabajos físicos tradicionales: el estibador del puerto, el albañil, el obrero de una fábrica; el camionero transportando carga pesada. Rara vez pensamos que la imagen de un empleado sentado frente a una computadora puede interpretarse como “trabajo duro”. Pero puede ser tan duro como cualquiera de los mencionados. Muchas veces nosotros mismos como trabajadores de la informática, tendemos a relativizar el alcance de nuestras tareas, y el esfuerzo que éstas implican. En realidad a diferencia de los “trabajos duros” tradicionales, nuestra exigencia como trabajadores es más mental que física. Y muchas veces esto nos juega en contra al momento de ponderar objetivamente nuestro trabajo.
Evaluaciones e intereses
La mayoría de las empresas de tecnología tiene sus propios mecanismos de evaluación para “incentivar” a través del salario. Pero: ¿realmente refleja siempre la calificación que la empresa nos pone el trabajo que estamos haciendo? Si bien es válido que nuestro empleador tenga su propio criterio para calificar nuestro trabajo, las empresas se enfocan en sus propios intereses, y no en los nuestros. Si no tenemos elementos claros que nos permitan defender nuestro trabajo, las compensaciones que recibamos no estarán a la altura del esfuerzo que hacemos. La realidad es que nadie puede defender nuestros intereses mejor que nosotros mismos colectivamente.
El salario es nuestro
Recordemos también que siempre que hablemos de salario estaremos hablando de algo que es patrimonio nuestro. Siendo este patrimonio un interés obvio, hablar de estos temas se vuelve necesario y es además un derecho de quienes trabajamos. Nadie puede determinar si podemos o no hablar acerca de nuestro patrimonio, en público o en privado. ¿Acaso alguien puede decirnos si podemos o no hablar sobre cualquier otro objeto de nuestra pertenencia personal durante las horas laborales?
El trabajo que realizamos en tecnología contribuye a que funcione un mundo cada vez más informatizado. Somos responsables de que las empresas en las que trabajamos puedan facturar, brindar servicios e intercambiar información vital. Por eso la próxima vez que te devuelvan tu calificación de desempeño, informémonos y comparemos lo que percibe la empresa de tu esfuerzo, y así organizados encontraremos los argumentos para negociar nuestras condiciones de trabajo.
El salario es nuestro. Nuestro trabajo vale. ¡Hagamos valer nuestros derechos!
¿Qué es el “trabajo duro”?
Generalmente cuando uno piensa en trabajo duro la primera imagen que se viene a la mente está relacionada con trabajos físicos tradicionales: el estibador del puerto, el albañil, el obrero de una fábrica; el camionero transportando carga pesada. Rara vez pensamos que la imagen de un empleado sentado frente a una computadora puede interpretarse como “trabajo duro”. Pero puede ser tan duro como cualquiera de los mencionados. Muchas veces nosotros mismos como trabajadores de la informática, tendemos a relativizar el alcance de nuestras tareas, y el esfuerzo que éstas implican. En realidad a diferencia de los “trabajos duros” tradicionales, nuestra exigencia como trabajadores es más mental que física. Y muchas veces esto nos juega en contra al momento de ponderar objetivamente nuestro trabajo.
Evaluaciones e intereses
La mayoría de las empresas de tecnología tiene sus propios mecanismos de evaluación para “incentivar” a través del salario. Pero: ¿realmente refleja siempre la calificación que la empresa nos pone el trabajo que estamos haciendo? Si bien es válido que nuestro empleador tenga su propio criterio para calificar nuestro trabajo, las empresas se enfocan en sus propios intereses, y no en los nuestros. Si no tenemos elementos claros que nos permitan defender nuestro trabajo, las compensaciones que recibamos no estarán a la altura del esfuerzo que hacemos. La realidad es que nadie puede defender nuestros intereses mejor que nosotros mismos colectivamente.
El salario es nuestro
Recordemos también que siempre que hablemos de salario estaremos hablando de algo que es patrimonio nuestro. Siendo este patrimonio un interés obvio, hablar de estos temas se vuelve necesario y es además un derecho de quienes trabajamos. Nadie puede determinar si podemos o no hablar acerca de nuestro patrimonio, en público o en privado. ¿Acaso alguien puede decirnos si podemos o no hablar sobre cualquier otro objeto de nuestra pertenencia personal durante las horas laborales?
El trabajo que realizamos en tecnología contribuye a que funcione un mundo cada vez más informatizado. Somos responsables de que las empresas en las que trabajamos puedan facturar, brindar servicios e intercambiar información vital. Por eso la próxima vez que te devuelvan tu calificación de desempeño, informémonos y comparemos lo que percibe la empresa de tu esfuerzo, y así organizados encontraremos los argumentos para negociar nuestras condiciones de trabajo.
El salario es nuestro. Nuestro trabajo vale. ¡Hagamos valer nuestros derechos!