
Mirage 5P de la Fuerza Aerea del Perú (que pasaron a poder de la FAA)
durante el conflicto de las Malvinas
En plena guerra de las Malvinas la solidaridad latinoamericana se puso de manifiesto con la ayuda prestada por la Republica del Perú, al transferir a la Argentina diez aviones Mirage V P para contribuir a mantener la capacidad de combate frente a Inglaterra
El 4 de Junio de 1982 la inminencia de la caída de Puerto Argentino, la capital de las Islas Malvinas, era evidente. La Fuerza Aérea Argentina (FAA) realizaba junto a las demás fuerzas armadas un máximo esfuerzo para procurar revertir el curso inevitable de luna guerra contra la tercera potencia mundial. Ese día en la VI Brigada Aérea en la ciudad de Tandil (provincia de Buenos Aires), muy alejada del teatro de operaciones, se produjo uno de los hechos que demostró claramente de que lado estaban alineados los países latinoamericanos (a excepción de Chile)
Diez aviones Mirage VP de la Fuerza aérea del Perú FAP aterrizaban en la VI Brigada Aérea tripulados por pilotos Peruanos. Inmediatamente entraron en servicio con las matriculas de los DAGGER perdidos en la guerra, estas eran C403, C404, C407, C409, C410, C 419, C 428, C430, C433 Y C436. Cabe destacar que pese a faltar diez días para la finalización de la guerra, no llegaron a entrar en combate.
ERAN LOS MEJORES DE LA FAP
Por entonces los Mirage M5-P eran los aviones de línea y los mejores de combate que tenía la FAP. Aunque habían llegado entre 1968 y 1969, dichas aeronaves contaban con no muchas horas de vuelo y, a decir del general Crovetto, que por entonces era jefe del Escuadrón 611 con el grado de mayor, estaban en óptimas condiciones de operatividad. Eran los aviones ideales para atacar objetivos marítimos.
En efecto, las naves peruanas de fabricación francesa tenían una respetable autonomía de vuelo gracias a sus tanques de combustible. Poseían misiles teledirigidos AS-30, con un alcance de 15 kilómetros que estaban especialmente diseñados para atacar buques. Pero también eran de temer sus cañones, que disparaban balas, algunas con cabezas explosivas, de 20 milímetros.

ALEGRÍA EN ARGENTINA
En Tandil hubo algarabía total cuando el escuadrón de cazas aterrizó. Estaba allí para recibir a los pilotos peruanos el mayor Crovetto, que ya tenía varios días en Argentina trabajando en el Estado Mayor de la Guerra, junto con el coronel FAP Gonzalo Arenas y el mayor FAP Carlos Portillo.
Los pocos pilotos argentinos de Dagger que se hallaban en la base (los otros estaban combatiendo) se estrecharon en sincero abrazo con sus colegas peruanos. "Algunos estuvieron al borde de las lágrimas. Imagínese que a usted le llevan ayuda militar cuando más la necesita y en momentos cruciales. No era para menos", recordó Crovetto, quien más tarde se encargaría de dar instrucción a sus colegas argentinos.
Vean el video, Operacion Exocet
