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René Guénon sobre la Democracia y el Mundo Moderno

Info4/27/2013
René Guénon sobre la Democracia y el Mundo Moderno



La Crisis del Mundo Moderno (1927)


Extracto

Individualismo

Lo que entendemos por «individualismo», es la negación de todo principio superior a la individualidad, y, por consiguiente, la reducción de la civilización, en todos los dominios, únicamente a los elementos puramente humanos; así pues, en el fondo, es la misma cosa que lo que, en la época del Renacimiento, se ha designado bajo el nombre de «humanismo», como lo hemos dicho más atrás, y es también lo que caracteriza propiamente a lo que llamábamos hace un momento el «punto de vista profano». Todo eso, en suma, no es más que una sola y misma cosa bajo designaciones diversas; y hemos dicho también que este espíritu «profano» se confunde con el espíritu antitradicional, en el cual se resumen todas las tendencias específicamente modernas. Sin duda, no es que este espíritu sea enteramente nuevo;ha habido ya, en otras épocas, manifestaciones suyas más o menos acentuadas, pero siempre limitadas y aberrantes, y que no se habían extendido nunca a todo el conjunto de una civilización como lo han hecho en Occidente en el curso de estos últimos siglos. Lo que no se había visto nunca hasta aquí, es una civilización edificada toda entera sobre algo puramente negativo, sobre lo que se podría llamar una ausencia de principio; es eso, precisamente, lo que da al mundo moderno su carácter anormal, lo que hace de él una suerte de monstruosidad explicable solamente si se considera como correspondiendo al fin de un periodo cíclico, según lo que hemos explicado primeramente. Así pues, es efectivamente el individualismo,tal como acabamos de definirle, el que es la causa determinante de la decadencia actual de Occidente, por eso mismo de que es en cierto modo el motor del desarrollo exclusivo de las posibilidades más inferiores de la humanidad, de aquellas cuya expansión no exige la intervención de ningún elemento supra humano, y que incluso no pueden desplegarse completamente más que en la ausencia de un tal elemento, porque están en el extremo opuesto de toda espiritualidad y de toda intelectualidad verdadera. El individualismo implica primeramente la negación de la intuición intelectual, en tanto que ésta es esencialmente una facultad supra individual, y del orden de conocimiento que es el dominio propio de esta intuición, es decir, de la metafísica (...)

(...)
Aquí, no serán inútiles algunas explicaciones para hacer sobresalir, por una parte,los sofismas que se ocultan bajo la idea «democrática», y, por otra, los lazos que atan esta misma idea a todo el conjunto de la mentalidad moderna; por lo demás, es casi superfluo, dado el punto de vista donde nos colocamos, hacer destacar que estas observaciones serán formuladas al margen de todas las cuestiones de partidos y de todas las querellas políticas, a las que no entendemos mezclarnos ni de cerca ni de lejos. Consideramos las cosas de una manera absolutamente desinteresada, como podríamos hacerlo para no importa cuál otro objeto de estudio, y buscando solamente darnos cuenta tan claramente como sea posible de lo que hay en el fondo de todo eso, lo que, por lo demás, es la condición necesaria y suficiente para que se disipen todas las ilusiones que nuestros contemporáneos se hacen sobre este punto.En eso también, se trata verdaderamente de «sugestión», como lo decíamos hace un momento para ideas un poco diferentes, pero sin embargo conexas, y, desde que se sabe que no es más que una sugestión, desde que se comprende como actúa, ya no puede ejercerse más; contra cosas de este género, un examen algo profundo y puramente «objetivo», como se dice hoy día en la jerga especial que se ha tomado a los filósofos alemanes, se encuentra que es mucho más eficaz que todas las declamaciones sentimentales y todas las polémicas de partido, que no prueban nada y que no son más que la expresión de simples preferencias individuales.

El argumento más concluyente contra la “democracia” se resume en pocas palabras: LO SUPERIOR NO PUEDE EMANAR DE LO INFERIOR PORQUE LO ‘MAS’ NO PUEDE SALIR DE LO ‘MENOS’. Eso es de absoluto rigor matemático, contra lo cual nada podría prevalecer (es importante observar que se trata precisamente del mismo argumento que, aplicado a otro orden, vale también contra el ‘materialismo’). Es harto evidente que EL PUEBLO NO PUEDE CONFERIR UN PODER QUE EL MISMO NO POSEE. EL VERDADERO PODER SÓLO PUEDE VENIR DE ARRIBA; y por eso, digamos al pasar, no puede ser legitimado más que por la sanción de algo SUPERIOR AL ORDEN SOCIAL, o sea, una AUTORIDAD ESPIRITUAL. De otra manera solo se tiene una APARIENCIA DE PODER, un estado de hecho que es injustificable por falta de principio y en el que solo puede existir el DESORDEN y la CONFUSIÓN.

Si se define la ‘democracia’ como el gobierno del pueblo por el pueblo mismo, es esa una VERDADERA IMPOSIBILIDAD, algo que sólo puede tener existencia de hecho, tanto en nuestra época como en cualquier otra. No hay que dejarse embaucar por las palabras: es una CONTRADICCIÓN admitir que los mismos hombres puedan ser A LA VEZ gobernantes y gobernados puesto que, empleando el lenguaje aristotélico, un mismo ser no puede ser EN ACTO y EN POTENCIA al mismo tiempo y bajo la misma relación. Se trata de una relación que SUPONE necesariamente la presencia de dos términos: no podría haber gobernados si no hubiese también gobernantes, aunque fuesen ilegítimos y sin más derechos al poder que el que ellos mismos se atribuyesen. Pero LA GRAN HABILIDAD de los dirigentes, en el mundo moderno, ES HACER CREER AL PUEBLO QUE EL MISMO SE GOBIERNA y EL PUEBLO SE DEJA PERSUADIR tanto más de buen grado cuanto que ESO LO HALAGA y además porque ES INCAPAZ DE REFLEXIONAR y ver que tal cosa es IMPOSIBLE. Para crear esa ILUSIÓN se ha inventado el “SUFRAGIO UNIVERSAL”: se supone que la OPINIÓN de la MAYORÍA es la que hace la ley; pero LO QUE NO SE ADVIERTE ES QUE LA OPINIÓN PÚBLICA ES ALGO QUE SE PUEDE DIRIGIR Y MODIFICAR CON MUCHA FACILIDAD. Con ayuda de SUGESTIONES apropiadas siempre se pueden PROVOCAR corrientes de opinión que van en tal o cual sentido. En efecto, solamente en esas condiciones pueden aparecer los políticos en cuestión como emanación de LA MAYORÍA, sea cual fuere la materia sobre la que tenga que opinar, SIEMPRE ESTÁ CONSTITUIDA POR LOS INCOMPETENTES, cuyo número es incomparablemente mayor que el de los hombres capaces de pronunciarse con perfecto conocimiento de causa.

Una consecuencia inmediata de la idea “democrática” es la NEGACIÓN DE LA ÉLITE entendida en su única acepción legítima; no por nada ‘democracia’ se opone a ‘aristocracia’ , palabra esta última que designa precisamente – al menos en su sentido etimológico – el poder de la ÉLITE. Esta, por definición en cierta manera, no puede ser otra cosa que el pequeño número, y su poder, mejor dicho SU AUTORIDAD, que proviene solamente de SU SUPERIORIDAD INTELECTUAL, nada tiene en común con la fuerza numérica sobre la que reposa la “democracia” cuyo carácter principal es sacrificar la minoría a la mayoría y también, por eso mismo, la calidad a la cantidad, por ende la ÉLITE a la masa. De ese modo el papel rector de una verdadera ÉLITE y su misma existencia – pues desempeña forzosamente ese papel desde el momento que existe – son radicalmente INCOMPATIBLES con la ‘democracia’ que está en íntima vinculación con la concepción ‘igualitaria’, vale decir, la negación de toda jerarquía; el fondo mismo de la idea “democrática” es que un individuo cualquiera vale lo mismo que otro, porque todos son iguales numéricamente.

Ya hemos dicho que una verdadera ÉLITE sólo puede serlo en lo intelectual; por eso la ‘democracia’ sólo puede instaurarse allí donde la intelectualidad pura ya no existe, cual es en efecto el caso del mundo moderno. Sólo que, como LA IGUALDAD ES IMPOSIBLE de hecho y como NO SE PUEDE SUPRIMIR PRÁCTICAMENTE TODA DIFERENCIA ENTRE LOS HOMBRES, A DESPECHO DE TODOS LOS ESFUERZOS DE NIVELACIÓN, SE LLEGA POR UN CURIOSO ABSURDO A INVENTAR FALSAS ÉLITES, por otra parte múltiples, que pretender sustituir a la única élite real; y esas FALSAS ÉLITES se basan en la consideración de superioridades cualesquiera, eminentemente relativas y contingentes y siempre de orden puramente MATERIAL. Eso puede advertirse con facilidad al notar que la diferencia social que pesa más, en la situación actual, es la de la FORTUNA, es decir, basada en una superioridad del todo exterior y de orden CUANTITATIVO exclusivamente, la única al fin y al cabo que puede conciliarse con la ‘democracia’ porque procede del mismo punto de vista.



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