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El origen de las "Groserias" 1

Humor1/18/2010
Tengo la manía de aprender frases y palabras en otros idiomas, sobretodo groserias (para poder maldecir en cualquier momento sin ser censurado), al cabo de una buena lista de palabras aprendidas me dí cuenta que muchas se parecían. Luego de estudiar inglés y francés por un tiempo note que había raíces comunes para las palabras. Si las palabras tenían una raíz venían de algún vocablo antiguo (para países de habla hispana más que todo del latín y de las lenguas romances) comencé a buscar en Internet de donde provenían, así que este post amigos de taringa es para compartir esta información recopilada sobre el origen algunas "palabrotas" con un fin meramente educativo y esperando que más temprano que tarde comiencen a estudiar un segundo idioma.
donjavin.

Puta

1. f. prostituta.
□ V.
casa de putas
hijo de puta
Ver artículo enmendadoputo, ta.
(De puta).
1. adj. U. como calificación denigratoria. Me quedé en la puta calle
2. adj. Por antífrasis puede resultar encarecedor. Ha vuelto a ganar. ¡Qué puta suerte tiene!
3. adj. necio (‖ tonto).
4. m. Hombre que tiene concúbito con persona de su sexo.
a puto el postre.
1. expr. coloq. Denota el esfuerzo que se hace para no ser el último o postrero en algo.
oxte, puto.
1. loc. interj. coloq. oxte.


Encontré que el verbo latino puto, putas, putare, putavi, putatum, procedía de un vocablo griego, budza, que significaba sabiduría hacia el siglo VI antes de Cristo. Aunque ya Grecia podía jactarse de Homero, Pitágoras y Heráclito -y se preparaba para inventar el espíritu de Occidente-, también incurría en la esclavitud, el desdén por la experimentación científica y la subestimación a las mujeres. En Atenas ellas carecían de los más elementales derechos. Cuando una matrona ateniense moría, se le colocaba un epitafio indefectible: "Cuidó los hijos e hiló el telar". Una señora no debía asistir a fiestas, así se realizaran en su propia casa. Desde una cámara contigua al salón de los invitados podía escuchar la música, seguir las conversaciones y fisgonear un poco entre las cortinas, ¡faltaba más!, pero le estaba prohibido ingresar al salón, que estaba reservado a los hombres, los músicos, los sofistas y las hetairas -flores de la noche, máquinas de placer.

En Mileto la mujer sí era apreciada, quizá porque allí el homosexualismo masculino no estaba tan extendido ni era considerado tan de buen tono como en otras ciudades griegas, especialmente en Atenas. En Mileto, la ciudad de Thales, el geómetra, las mujeres podían asistir a las academias y participar de la vida pública.

Pero Atenas era, pese a todo, el centro intelectual del mundo Egeo y a ella peregrinaban filósofos, artistas, retóricos y bohemios de toda Grecia. También las mujeres milesias tomaron el camino de Atenas. Habían aprendido en su patria artes y ciencias, y en los caminos, el amor. Los atenienses quedaron maravillados de estas mujeres que además de bailar y cantar conocían de historia, astrología, filosofía o matemáticas; con las que se podía reír antes del amor, y conversar después.

Para sus esposas la fiesta fue entonces más triste. Estaban acostumbradas a que las hetairas les robaran por una noche el cuerpo de su marido, pero estas sabias, estas budzas, les estaban robando para siempre también el corazón.1 Toleraban sus retozos, pero verlo reír y conversar con otra es más de lo que una mujer puede soportar. Entonces la palabra budza, que era noble y antigua, comenzó a tomar en los celosos labios de las matronas entonaciones ásperas y significados maliciosos. "Sabihonda". "Sabida". El fonema beta, suave y bilabial, se endureció en una pi también bilabial pero explosiva, pudza. Luego, como si no fuera suficiente, como si el nuevo vocablo no tradujera bien todo el odio que albergaban, se fue haciendo más fuerte, marchó a Roma en libros y viajeros, y cuando llegó ya no era una palabra, era un escupitajo: ¡puta! Significaba, hacia el siglo I después de Cristo, sapiencia y meretriz.2

Pero como en Roma no se fingía la virtud, la segunda acepción cayó en el vacío. En la sintaxis latina -lógica y sucinta- la expresión mujer puta era un cándido pleonasmo. "Basta con decir romana", aconsejaba Cicerón. Y así, por una de esas paradojas del lenguaje, la palabra que se había degradado en Grecia, una nación virtuosa, recobró su majestad en Roma, capital del vicio. Y luego, por una traslación semántica frecuente -del efecto a la causa- puta pasó de sustantivo a verbo, de sapiencia a pensar, y perdió toda connotación moralista.

Pero siguió viajando con las legiones por los caminos de piedra del Imperio, llegó a Hispania, resonó en posadas y alcázares, la sopesaron oídos moros y cristianos, la repitieron juglares y guerreros que inventaban el castellano con jirones de árabe, latín y lenguas iberas, la conjugaron con aplicación bachilleres y cortesanas, la discutieron gramáticos y retóricos, se estremecieron al oírla, sin saber por qué, ancianas y doncellas, la gritaron, por el sólo placer de paladearla, truhanes y señores hasta que el pueblo todo, autor de lenguas y dueño de famoso oído, ignorante por supuesto del griego, del latín y de toda esta historia, intuyó el verdadero significado de la palabra adivinando en ella un odio remoto; percatándose de que no evocaba, al escucharla, la sabiduría; que no había relación musical entre el significante puta y el significado pensar, y comenzó a utilizarla primero con malicia, con ironía griega, y luego con fuerza, como látigo —puta— para censurar mujeres generosas, sabias en lides de alcoba. La palabra había encontrado su verdadero y único significado.3

Quizá sea pertinente escuchar aquí, para terminar, una décima de Clímaco Soto Borda que repite con fruición este sonoro vocablo en una original lección de etimología.


Si pública es la mujer
que por puta es conocida,
república viene a ser
la puta más corrompida.
Y siguiendo el parecer
de esta lógica absoluta,
todo aquel que se reputa
de la República hijo,
debe ser, a punto fijo,
un grandísimo hijueputa.

1 Hasta el Rey Pericles sucumbió a los encantos de las extranjeras y abandonó a su esposa por Aspasia, la más bella y talentosa de las hijas de Mileto.
2 Meretrix era el término culto usado entonces para designar la mujer liviana. El vulgar era lupa, loba. De aquí el nombre de lupanar que daban los romanos a las casas de placer.
3 Un proceso semejante ha seguido la palabra nimio, que viene del latín nimius: demasiado. Pero la gente advirtió de alguna manera que se trataba de una palabra breve, con predominio de fonemas vocálicos cerrados, anagrama de mínimo, y empezó a usarla en el sentido de pequeño, deleznable, que es el significado que tiene hoy en día en el habla corriente y en los mejores diccionarios.

Julio César Londoño (Palmira, 1953), crítico literario biógrafo y cuentista. Ha publicado La ecuación del azar (Universidad de Antioquia, 1980) y Sacrificio de dama, Gobernación del Valle (1994)
más info:
http://www.revistanumero.com/7malapa.htm

Maricón

maricón.

1. m. vulg. marica (‖ hombre afeminado). U. t. c. adj.
2. m. vulg. sodomita (‖ hombre que comete sodomía).
3. m. U. c. insulto grosero con su significado preciso o sin él.

marica.

(Del dim. de María, n. p. de mujer).
1. f. urraca (‖ pájaro).
2. f. En el juego del truque, sota de oros.
3. m. coloq. Hombre afeminado y de poco ánimo y esfuerzo.
4. m. coloq. Hombre homosexual.
5. m. U. c. insulto con los significados de hombre afeminado u homosexual o sin ellos.


Maricón es un adjetivo y sustantivo habitualmente de carácter peyorativo, originalmente aumentativo de Marica (a su vez diminutivo de María). Marica se usa como insulto grosero con los significados de hombre homosexual; hombre afeminado (que no significa homosexual, son términos relacionados pero no iguales), además de hombre de poco ánimo y esfuerzo.

En España el uso de ciertos términos con carácter peyorativo pueden dejan de tener ese carácter según el contexto en el que se use. Es el caso de su uso en el lenguaje coloquial entre personas con gran confianza entre ellas en el que esos términos pueden ser un halago referido a la habilidad o astucia con que se ha realizado algo, un ejemplo son las frases: “que maricón eres/es”, “que cabrón eres/es” o “que hijo de puta eres/es”.
Homofobia
Véase también: Homofobia

Como insulto, "maricón" no significa solamente gay (hombre homosexual), sino persona con carácter afeminado (que en su persona, modo de hablar, acciones o adornos se parece a las mujeres). Se suele utilizar como reprimenda "qué maricón eres". También se usa con el significado de hombre mal intencionado.

Ese sentido peyorativo de la expresión ha pasado incluso al lenguaje académico. Así, el Diccionario de la Real Academia Española define hasta la fecha (la edición vigésimosegunda, de 2001) la voz "maricón" de manera homofóbica: como sinónimo de ‘sodomita’ (definido como, ‘quien comete sodomía’). De esta manera, el diccionario da a entender que las relaciones sexuales entre varones homosexuales necesariamente se reducen al sexo anal, y éste es concebido como un pecado o un delito que se «comete».

Este insulto español no tiene implicaciones de tortura o muerte, a diferencia de sus equivalentes en inglés (faggot: 'leña' de una hoguera inquisitorial);[3] o italiano (finocchio, 'hinojo', porque se cubría a los homosexuales con estas frescas hojas para que el suplicio de hoguera durara más tiempo. Es históricamente falsa la derivación ‘hombre que cae de hinojos’ (para realizar una felación), que no proviene de hinojo sino de ginocchio, ‘rodilla’).
Reivindicación del término

En un importante sector de la comunidad gay, al menos en España, se usa esta palabra entre los propios homosexuales sin ninguna carga peyorativa. Muchos la reivindican frente al término gay, como se hizo entre los angloparlantes con queer. Prefieren usar maricón porque consideran la palabra gay un eufemismo extranjero. Se registran varios ejemplos de este uso entre los personajes homosexuales de la película Cachorro tales como: "Hola maricón" o "¡Por favor, cómo sois los maricones!".

Paralelamente, en la vigésimotercera edición del diccionario RAE, actualmente en preparación, esa traza despectiva del término se verá sensiblemente modificada, perdiendo maricón esa naturaleza peyorativa, para pasar a entenderse como una palabra que se utiliza comúnmente como ‘insulto grosero con su significado preciso o sin él’. Además en esa misma edición del diccionario, sodomita pasará a definirse como quien practica la sodomía.

(tenía algo mejor, se los debo)
http://es.wikipedia.org/wiki/Maric%C3%B3n

Otros post interesantes:
¿Que le ponen al cigarrillo?

Inventos asombrosos
http://taringa.net/posts/humor/4399773/Inventos-increibles!.html
Uno relacionado a las malas palabras, del taringuero CompositorArmonicoEnFuga
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