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40 Cosas que todo buen borracho debe saber hacer.

Humor10/16/2010

Hola aqui os dejo un listado de cosas que deben saber hacer los borrachos.

Etapas del camino hacia la perdición
En última instancia, somos la suma de todas nuestras hazañas.
Cada cultura, por supuesto, tiene una idea distinta en
cuanto a lo que se considera o no una hazaña. Los musulmanes,
por ejemplo, se toman muy en serio la peregrinación
a La Meca, mientras los franceses llevan años enorgulleciéndose
de no tropezar con el rifle al huir de los alemanes.
Pero los que formamos esta subcultura de bebedores voraces
con normas y prioridades propias tenemos un concepto
de hazaña totalmente distinto, hasta el punto de considerar
un objetivo válido algo que los miembros de la gran cultura
central clasifican como inadecuado o incluso delictivo.
Es un triste signo de estos tiempos de tradicionalismo y
corrección política que a una persona se la juzgue más por
lo que se reprime de hacer que por lo que realmente hace. Lo
importante no es haber escalado la montaña, sino la cantidad
de rocas que uno no ha despeñado sobre el valle donde se han
quedado los menos valientes.
Afortunadamente, los dipsómanos siempre han sabido
ignorar la opinión popular y de ahí la lista que viene a continuación.
Si consigues hacer estas cuarenta cosas antes de subir
al mesón de las Puertas del Cielo de San Gabriel, habrás
tenido una vida plenamente satisfactoria, aunque sólo lo sepan
tus colegas del bar. Y cuando llegues a la gran barra libre
del cielo y el camarero te pregunte: «¿Qué vida llevabas?»,
podrás mirarlo directamente a los ojos y decir: «Gabi, amigo
mío, me alegro de que vayamos a estar aquí para toda la eternidad,
porque no sabes la de historias que te voy a contar».

1. Abre y cierra un bar
Localiza un sitio que abra antes del mediodía, elige un asiento
cómodo e instálate. Resiste la tentación de informar al
camarero sobre tu intrépido plan, porque te pondrá una ristra
de chupitos para celebrarlo y así sólo conseguirás emborracharte
antes de tiempo. Lo importante es dosificarse. Hay
que disfrutar mirando a la gente entrar y salir, a los camareros
aparecer, triunfar y desaparecer mientras tú te mantienes
firme, como un prudente Matusalén. A partir de ese día,
al menos entre las cuatro paredes de ese bar, tu nombre será
toda una leyenda.

2. Haz un maratón
No me refiero a una borrachera de fin de semana. Estoy hablando
de una buena cogorza de garrafón de las de no poder
ir a trabajar por la mañana. Vale, es peligroso, pero levantarse
de la cama por la mañana también tiene sus riesgos. La
buena cogorza tiene hoy tanta solera como el sombrero de
fieltro de toda la vida, cosa que aumenta su valor en el mundo
de los alcohólicos. En cualquier caso, no será fácil.
Tienes que empezar a beber nada más despertarte y seguir hasta que
caigas por tu propio peso. Y entonces, vuelta a empezar. En
tiempos de tu abuelo tenías que pasarte dos semanas seguidas
bebiendo antes de poder decir oficialmente que habías estado
de juerga como Dios manda, pero eso era cuando una
jarra de cerveza costaba cinco céntimos. Hoy en día cuatro
días y cuatro noches seguidos te dan derecho a presumir todo
lo que quieras.

3. Bébete un litro de alcohol serio, a solas
y en una sola noche
Para algunas personas ésta será una noche cualquiera, pero el
resto lo tendrá más complicado. Se trata de desconectar el teléfono,
no abrir la puerta y sentarnos mano a mano con nuestro
lado oscuro. Hazte con una buena provisión de hielo y
compra refrescos para mezclar si es necesario. Abre la botella
y, centímetro a centímetro, métetela en el cuerpo. Al irla
acabando, descubrirás un rico paisaje interior donde creías tener
un árido desierto. Explóralo.

4. Baila sin miedo al ridículo rodeado de gente marchosa
Olvida el respeto que tienes a la opinión ajena, plántate en
el centro del local, donde llames bien la atención, y dale alegría
al cuerpo. No necesitas compañero de baile. Casi ni música,
si me apuras. Basta con que sepas hacer un bonito bailoteo
al ritmo de tu propio tambor. Por supuesto, conviene
estar borracho de verdad.

5. Pasa una noche en la comisaría rodeado de borrachos
Aunque dejarse cazar va contra los instintos más primarios
del buen borracho, dada una cantidad razonable de tiempo y
alcohol, acabará sucediendo. Procura estar a la altura de las
circunstancias. Tienes que ir de tío duro de película. Y no te
cortes a la hora de contárselo a tus amigos. Para un borracho
auténtico, una noche en la comisaría es todo un triunfo.

6. Emborráchate sobre la tumba de tu ídolo
Espera a que cierren el cementerio por la noche, hazte con una
botella de algo fuerte y salta la valla. Apoya la espalda en la lápida
y cuenta a tu ídolo lo mucho que te ha inspirado y cómo
te cambió la vida. Déjate llevar por la idea de que sólo está a
dos metros de distancia, bajo un buen puñado de tierra. Será
la mejor conversación a una sola banda que tengas en toda tu
vida. Después, desmáyate tranquilamente. Deja que el encargado
de mantenimiento te sirva de despertador.

7. Invita a una ronda a la concurrencia de un bar abarrotado
Como el que no quiere la cosa, ponte de pie en uno de los taburetes
del bar y di a gritos: «¡Os invito a todos a una ronda!
¡Ésta la pago yo!». Asegúrate de tener un buen brindis
preparado, porque, por una vez en la vida, van a estar atentos
a lo que dices.

8. Lánzate a hacer un viaje improvisado por carretera
Sin venir a cuento, propón un viaje a Las Vegas, a Londres, a
la tumba de Jack Kerouac o —cómo no se te había ocurrido
antes— al Museo del Ganado Bicéfalo. No importa el destino:
el placer está en el viaje en sí. No hay nada como una
explosión de libertad irresponsable para cambiar tu manera
de ver el mundo. Será una aventura que no olvidarás nunca
y de la que hablarás sin parar.

9. Consigue que te echen de un bar
En general, en el mundo hay dos tipos de borrachos. A unos
siempre los echan de los bares y a los otros no los echan nunca.
Si eres de estos últimos, te estás perdiendo una sensación
única. Una persona con un mínimo de carácter, por poco que
sea, tendrá enemigos y sitios donde no le reciban de brazos
abiertos. A la hora de la verdad, no se nos define sólo por
los amigos, sino también por los enemigos. Así que elige un
tipo de bar que odies. Emborráchate de tequila a lo bestia y
deja que tu cerebro de lagartija diga lo primero que se le pase
por la cabeza. Será como soltar un chorro de gasolina, dejar
caer una cerilla encendida y ver cómo arde el puente. Pocas
frases son tan claras y contundentes como: «Aquí no me
dejan entrar y, sinceramente, me lo tengo ganado».

10. Da una propina disparatada a un camarero
La próxima vez que un camarero o camarera sea especialmente
amable y eficaz, dale una propina descomunal. Pero descomunal.
Tienes que estar relativamente sobrio, porque, si no, les
parecerá una de esas tonterías que hacen los borrachos. Di algo
que suene bien como: «Eres de lo que no hay», suelta la
munición y —esto es importante— lárgate del bar sin decir
ni una palabra más. Con este sencillo acto de insospechada
generosidad lograrás que el camarero recupere su fe en la humanidad
y darás un lavado de cara a tu imagen.

11. Acércate a un desconocido o desconocida atractiva
que esté totalmente fuera de tu alcance e invítale a una
copa
Siempre has querido hacerlo. Has visto envidiosamente cómo
lo hacían tus amigos más baqueteados. Ahora te toca a
ti. El miedo que tengas no es nada comparado con el riesgo
que corre tu ego (recuerda que la persona está fuera de tu
alcance), aunque la operación requiera un cierto valor. Para
entendernos, es como meter la mano en una batidora. No se
va a poner en marcha sola, pero...

12. Consigue que te dejen seguir bebiendo en un bar
cerrado
No me refiero a que te dejen tomar una copita rápida en la
parte de atrás mientras están limpiando. Me refiero a beber
hasta que entre el sol por las rendijas de las persianas cerradas.
Para ganarte este privilegio, tendrás que invertir mucho
tiempo y muchas propinas, pero la cosa merece la pena.

13. Haz un Martini perfecto a tu mejor amigo
Y me refiero a perfecto de verdad. Compra el mejor alcohol que
te puedas permitir, usa los elementos adecuados y tómate todo
el tiempo necesario. ¿Verdad que algo hecho a mano por un niño
siempre gusta más a sus padres que un regalo carísimo? Pues
esto es lo mismo. Un detallito para agradecer a tu colega todas
las veces que te ha sacado del atolladero. Y, cuando tu amigo se
haya pimplado tu sublime creación, prepárate uno tú.

14. Compra, fabrícate o roba una barra para instalártela
en casa
Ya llevas mucho tiempo viviendo de arrendado. Hazte con un
terruño propio. No hay nada como sentarse en un taburete
en tu propia barra con un cóctel bien cargado y pensar: «Este
bar es mío. Aquí nadie puede negarse a ponerme copas ni
echarme a patadas. Y el que decide cuándo ha llegado la hora
de la última copa soy yo».

15. Consigue que tus compañeros de juerga
te lleven a casa a rastras
Si estás con amigos de los que te puedas fiar, cógete una cogorza
monumental, hasta el punto de que no puedas tenerte
en pie y no digamos andar. Deja que se ponga uno a cada lado
y te lleven como un fardo a tu casa. Canta como un irlandés.
Jura amor y fidelidad eterna a tus dos muletas humanas.
Éstas son las amistades que jamás se rompen.

16. Emborráchate con tu padre
Cogerte un buen pedal con el hombre que te trajo al mundo
es una de las vivencias más profundamente místicas que vayas
a experimentar en tu vida. Si no consigues que tu padre se
apunte al bombardeo, busca a una persona mayor a la que respetes.

17. Métete en una buena pelea
Ya lo dijo Samuel Johnson: «Todo hombre se avergüenza de
no haber sido soldado o marinero». Y los que llegan a la tumba
sin haberse peleado alguna vez a puñetazos se van con la
misma sensación. ¿Cuántas veces te marchas a casa pensando:
«Mierda, tenía que haberle metido un buen mamporro
a ese capullo»? La próxima vez, hazlo. Pega el primero, pega
fuerte y asegúrate de tener razón. Puede que no ganes, pero
al menos has estado metido en el ajo.

18. Visita la fábrica de tu cerveza, vino o brebaje
alcohólico preferido
Haz una peregrinación a las fuentes del Nilo, por así decirlo.
Descubre el nacimiento del río que tan feliz te hace. Pasea entre
las cubas y los barriles y asimila la idea de que ésta es la
fuente de la que mana toda la diversión. Quizá implique un
viaje a Dublín o a Kentucky, pero a partir de ese momento
podrás mirar fijamente a tu vaso y decirle: «Chaval, yo conocí
a tu madre».

19. Ve salir el sol estando borracho con tus compañeros
de juerga y con una botella aún llena
Anda que no has pasado horas quejándote de que van a apagar
las luces... Esta vez recibe la llegada de la luz con tus
colegas.

20. Acude a una reunión de Alcohólicos Anónimos
Esto archívalo en el apartado de «Enfréntate a tus miedos».
Jonás halló la luz en el vientre de un animal y a ti te pasará
lo mismo. Puedes tomártelo como un sobrio repaso a tu red
de seguridad (o trampolín, dependiendo del caso). O puedes
verlo como un aleccionador descenso a los infiernos. En cualquier
caso, no volverás a tener dudas sobre el tema.

21. Ve a una docena de bares en una sola noche
Haz lo de Marco Polo. En lugar de andar mordisqueando
siempre la misma manzana, pega un bocado a una docena
de frutas exóticas. Intenta dar caza a la puñetera diversión. Te
advierto que es muy escurridiza. Siempre está en el bar siguiente.

22. Prueba al menos cien bebidas distintas
A menudo los borrachos nos quedamos atascados en la rutina,
olvidando que existe todo un mundo dorado de cóc-
teles olvidados, cervezas de extraños colores, misteriosos licores
y vinos de sitios que ni siquiera sabemos pronunciar.
Explora el mundo desde el taburete del bar. Basta con ojear
una guía de cócteles para darse cuenta de lo grande que es
el mundo. Y cuando regreses a tu rutina de siempre, cosa
que probablemente hagas, descubrirás lo maravilloso que
es volver a casa después de pasar muchos meses en la carretera.

23. Cógete una buena castaña en la tierra de tus
antepasados
Un acto sin importancia para un sobrio, un gran paso para un
borracho. Regresa al terruño del que procede la sangre de
tu sangre. Siéntate a tomar copas con las gentes a quienes tus
recios antepasados dejaron atrás. Y, por el amor de Dios, no
pidas «una clara».

24. Dale al frasco en la oficina
Nunca sabrás lo agradable que puede ser el curro diario hasta
que te lleves a tu viejo amigo el alcohol para hacerte compañía.
No hace falta que te emborraches como para pegarte
con el jefe. Basta con soplar lo suficiente como para aflojarte
un poco las cadenas.

25. Comparte un mágnum de champán del bueno
con tu gran amor
Móntatelo como F. Scott Fitzgerald y Zelda antes de volverse
locos. Ten en cuenta que será una de las escasas ocasiones
en que puedas cocerte delante de tu otra mitad y que lo considere
maravillosamente romántico.
26. Da veinte euros a un borracho sin techo
Hazle prometerte que se lo va a gastar en pimplar. Has hecho
cosas mucho más difíciles. Ten en cuenta que para ti veinte
euros es lo que cuesta una camisa maleja, pero para nuestro
hermano sin techo es como una lluvia caída del cielo en mitad
de una larga sequía.

27. Cógete una buena tajada y habla largo y tendido
con tu jefe
Puede ser en una comida de empresa, en la fiesta de Navidad,
o incluso, si estás empeñado en obedecer al pie de la
letra el consejo número 24, en la oficina por las buenas. Es
increíblemente catártico. Te quitarás de encima el peso de
años de estrés y amargura y, por primera vez, cuando acabes
de cantarle las cuarenta, verás a tu jefe como un ser humano.
Es muy posible que te despidan, pero, bien mirado, si tienes
tanta furia contenida como para montarle el pifostio a
tu jefe, puede que te convenga ir buscando trabajo de todas
formas.

28. Manda a un amigo una botella de algo caro
Tienes que hacerlo sin ningún motivo y sin decirle nada del
tema. Acompáñala de una tarjeta que diga: «Hoy las copas las
pago yo». No lo olvidará en su vida.

29. Pídete una tapa de huevas aliñadas
Llevas años oyendo a los más valientes pedirlo: huevas aliñadas.
También llevas años viendo el aspecto de víscera descolorida
que tiene. Siempre has querido saber a qué sabe y ya
va siendo hora de salir de dudas.

30. Vete a pescar con un grupo de amigos
Asegúrate de llevar las suficientes cervezas y botellas de alcohol
como para paralizar la nación de Liechtenstein entera. Bebe
cerca de una gran masa de agua (no hace falta que entres
en contacto con ella ni la veas, pero tienes que notarla cerca)
y, al caer la noche, ayuda a preparar una enorme fogata.
Nada une más que empinar el codo junto a una buena hoguera.
Hazme caso. Los clubs de estriptis ocupan un segundo
puesto, pero se quedan muy atrás.

31. Cómete el gusano
Está muy visto, pero no más que las estríperes de una despedida
de soltero. Hay que hacerlo y punto. Cualquier cosa con
tal de no tener que mentir a tus nietos cuando chillen: «Abu,
¿te comiste el gusano?».

32. Aprende al menos una canción para cantarla
borracho
Como cada vez estamos más fraccionados y mezclados étnicamente,
hemos perdido el arte de la balada del borracho. Por
supuesto que todos nos sabemos de memoria el Asturias, patria
querida, pero ¿qué tienen de malo Quiero estar borracho
otra vez, En el último trago o, incluso, Clavado en un bar? Para
aterrorizar a los empleados de un bar, no hay nada como una
mesa de borrachos berreando una canción todos juntos. Así
que, hala, a cantar y a disfrutar.

33. Roba algo de beber
¿Que es ilegal? Pues claro. ¿Que da un morbo que no veas?
Por supuesto. Huelga decir que es muy importante que no te
pillen. Organízalo bien. Nada sabe tan dulce como el alcohol
robado.

34. Compra y bébete una botella de vino o licor
disparatadamente cara
Nos pasamos la vida pensando en sacar partido hasta a la más
mínima inversión. Y por puro despecho, nos decimos a nosotros
mismos: «A la mierda. Lo importante es que tenga
alcohol. ¿Qué pasa, que porque sea caro me va a emborrachar
cinco veces más? Será en un mundo feliz, no en éste»... Pero,
si damos el salto cualitativo, descubriremos que, si no merece
la pena pagar por las cosas buenas de la vida, entonces los
ricos son una panda de tarados. En cualquier caso, lo que sí
merece la pena es salir de dudas.

35. Empieza esa autobiografía muy personal tan
largamente esperada: El alcohol y yo: una historia
de amor
No tienes por qué acabarla. Muy pocos lo hacen. Lo importante
aquí es que el hecho de empezar una autobiografía significa
que crees haber vivido una vida lo suficientemente emocionante
como para merecer ser escrita. Procura que ese día
llegue cuanto antes.

36. Prueba la absenta
Asegúrate de beber lo suficiente para que te haga efecto como
está mandado. Sigue la senda que se patearon Hemingway,
Van Gogh, Degas, F. Scott Fitzgerald y una multitud de
genios. Sólo tienes que recordar una cosa: estás mejor con las
dos orejas.

37. Ve la película El borracho con cuatro de tus mejores
amigos
Sin duda alguna, es la mejor película que se ha hecho nunca
sobre el tema de la bebida. Asegúrate de tener un buen arsenal
de alcohol, porque te van a entrar ganas de darle al frasco.

38. Trabaja de camarero durante al menos una semana
Nunca entenderás del todo la cultura del bebedor sin haber
pasado un tiempo al otro lado de la madera, en el dedicado al
suministro. A partir de entonces tu alma tendrá una capacidad
de comprensión que cambiará para siempre tu forma de
comportarte en un bar.

39. Hazte tu propia cerveza, vino o garrafón
Es parecido a sorber oro por una pajita, con la diferencia de
que este oro se te sube. Hay pocas cosas mejores que emborracharte
con un alcohol hecho por ti mismo con los ingredientes
más inocentones. Basta con hacerlo una vez para que
te quedes tranquilo sabiendo que, pase lo que pase, beberás.

40. Ve mamado a tu lugar de culto habitual
No vayas tan cocido como para que te tomen por la encarnación
andante del tequila Diablo, sólo lo bastante para que los
soporíferos sermones te hagan tanta gracia que tengas que
morderte el labio para no soltar una carcajada. A menudo se
dice que el alcohol puede hacerte sentir más cerca de Dios,
así que piensa en lo cerquísima que te vas a sentir cuando te
mames en su propia Casa.
«A papá le va a encantar nuestra cerveza
hecha en casa, ¿verdad?». «¿A quién
dices?». «Háztelo tú. Bébetelo tú».

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