Alguna de las razones por las cuales ud. puede ser visto como un presunto delincuente por el simple hecho de pagar con billetes. Hace poco estuve en una gran ciudad. Rascacielos, gente, ruido enloquecedor, inagotables luces, metro, autos, ardillas, toneladas de basura y tiendas. Miles de tiendas con estímulos de todo tipo para que uno entre, quede hipnotizado cuál rata por Hamelin entre sus góndolas e intercambie su dinero por alguno de sus productos. Y como no soy inmune a todas las artimañas desarrolladas por gente que durante años ha estudiado para que uno sienta que necesita estos bienes, dejé parte de mis ahorros en tal ciudad. Para pagar por estas nuevas necesidades, que se me generaron al son de villancicos navideños en formato pop repetidos hasta el hartazgo y gente que no para de comprar, muchas veces elegí pagar con billetes. La otra opción que tenía era pagar con tarjeta de crédito, pero usarla en el exterior tiene un costo abusivo, con lo cual preferí sacar efectivo del cajero automático (tiene costo, pero menor). Esta elección tuvo efectos. Cada vez que quería pagar con billetes sorprendía al interlocutor, parecía como si éste dudara de la legitimidad de mi dinero. Habitantes de una ciudad que no se inmutan ante un auto incendiándose en plena avenida o ante alguien que en el subte lava sus testículos en un vaso de cadena de hamburguesas, pueden quedar desconcertados ante un cliente que quiere pagar sus compras con billetes. En los países desarrollados el uso de plata en papel es poco frecuente. Desde la economía, siguiendo al profesor Mishkin, el dinero se define como todo aquello que generalmente se acepta para pagar por bienes y servicios o deudas. Un tema central de esta definición es que tiene implícita una convención social: el dinero vale porque todos estamos de acuerdo en que vale. Lo que los individuos de una sociedad decidan aceptar como medio de pago es dinero. Y al ser una convención social, se va modificando. Por diversos motivos, entre ellos durabilidad del bien, capacidad de almacenamiento y movilidad, medios para defenderlo o facilidad de determinar su valor, las sociedades han ido cambiando qué usan como dinero. Desde ganado en pie, granos, metales en diversas aleaciones (que se custodiaban en el castillo con guardias armados para asegurar el valor) hasta whisky y cigarrillos. Los seres humanos han inventado diversas formas para el dinero, un producto que, entre otras funciones, les permite a las personas satisfacer sus necesidades a través del intercambio. Los billetes, ya sean dólares, euros o pesos, son dinero fiduciario. Esto significa que son papeles que no tienen valor en sí mismo, ni relación directa con oro o mercancías, pero tienen un valor legal. Es un papel creíble para el intercambio. Como plantea el economista Kocherlakota (presidente del Banco de la Reserva Federal de Minessota), el dinero fiduciario es una innovación tecnológica en las sociedades, como la máquina a vapor o el tren. Y lo hemos aceptado durante años. La gente está dispuesta a entregar algo a cambio de dinero (trabajo, una casa, un auto) porque cree que cuando ella necesite algo, se lo van a aceptar también. Y esa credibilidad se basa, en el sistema monetario actual, en los Estados que están detrás de la moneda, y por tanto, en la fortaleza y poder de esos países y su economía. Ahora, más allá de cual sea la moneda, se están generando muchos medios de pago que expanden nuestras opciones de consumo. Tarjetas de crédito (que no son dinero, porque al cerrar el mes hay que pagarlas con dinero), tarjetas de débito, pagos a través de transferencias bancarias y compras a través de dispositivos móviles, entre otras. En todos los casos, las tecnologías de la información y comunicación tienen un rol preponderante, generándose medios de pago electrónicos y dinero electrónico. El consenso actual, es que esto también vale. En Estados Unidos en 2011, el 61% del total de pagos de la economía se realizó con instrumentos que no son de papel. Crecen los pagos con tarjetas de débito y transacciones electrónicas. Además, como establece el economista Oz Shy, los consumidores incluyen nuevas opciones, pero no abandonan las anteriores. De hecho, sólo un 4% de los hogares en Estados Unidos utiliza únicamente efectivo, en los demás hay una mezcla de opciones con efectivo, tarjeta de débito y cheques como base. Así, no tener un plástico para realizar pagos es cada vez más raro. Para cerrar, cualquiera sea la forma de dinero y el medio de pago, la seguridad siempre ha sido un elemento clave. Los medios electrónicos no son la excepción y a medida que aumenta su uso crecen también los crímenes asociados. Pero, en los medios electrónicos se suma un elemento que en los billetes no está. La privacidad. El avance del uso de medios electrónicos en transacciones monetarias, al igual que en tantas otras cosas de la vida, trae aparejado un mayor control y una pérdida de privacidad. Si se considera que la privacidad es aún un valor, el uso de dinero electrónico o tarjetas de crédito iría en su contra, ya que deja constancia de todo lo que hemos consumido en nuestra historia. De ahí también, que muchas veces se asocia el uso de efectivo con actividades ilegales (los clásicos sobres de Tony Soprano) y quizás la razón de la expresión de los interlocutores de esta gran ciudad que me tocó visitar. Lo que se hace electrónicamente deja huellas. Los billetes, según nos han enseñado las películas, si son de baja denominación y no están marcados son fácilmente insertables en el sistema. El mundo electrónico, que brinda bienestar y facilita la vida de muchas maneras, parece ser (por ahora) más fácilmente rastreable. Como suele pasar, lo interesante es tener alternativas y ser libre de elegir conociendo las implicancias, incluso en algo que parece tan sencillo como con qué pagar una compra.
dinero vs pago electrónico: analisis
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