Un salto a la modernidad. Así definió la presidente Cristina Fernández de Kirchner al proyecto de la construcción de un tren de alta velocidad (TAVE) que iba a unir Buenos Aires, Rosario y Córdoba, quizás tres de las ciudades más importantes del país.
Cristina, animada, declaraba que el tren bala iba a "cambiar el perfil de la región en forma absoluta" y que comunicaría al 60 por ciento de la población del país.
El proyecto estaba valuado en aproximadamente 2.400 millones de euros e iba a ser financiado por empresas de Francia. Aunque se haya tratado de minimizar ante la opinión pública el aumento que esto generaría a la deuda externa del país, el tren bala recibió un fuerte rechazo, tanto de la oposición como de la gente.
A pocos meses del anuncio del Tren Bala, más de un millón de argentinos ya habían firmado en contra del proyecto. En parte, gracias a la iniciativa "Tren para todos". Una propuesta de dos rosarinos para recuperar los 18 mil kilómetros de vías que hoy están fuera de uso. El proyecto incluye a las ciudades de Tucumán, Córdoba, Rosario, Viedma, Bahía Blanca, Olavarría, Buenos Aires, Mar del Plata, Mendoza, Santa Fe, Resistencia y Posadas, entre otras. A una velocidad de 120 kilómetros por hora, y con una inversión de 3.100 millones de dólares, el tren para todos se plantó como una alternativa federal, inclusiva y considerablemente más económica.
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En julio del año pasado el proyecto fue pospuesto. Argentina nunca llegó a contraer la deuda con el grupo francés, por lo que el tren bala quedó en la nada. Ante el mal escenario financiero que existía tanto local como internacionalmente, no se llegó a ningún acuerdo con el banco francés Naxitikis que iba a emitir los bonos.
Al existir un aumento en el riesgo país, la inseguridad para los inversores internacionales es tan alta que es imposible conseguir créditos a un interés razonable. Es decir que no fue el banco francés quién frenó el proyecto, fue el Gobierno. De hecho, el proyecto quedó fuera de lo que fue el presupuesto para el 2009.