Los arácnidos han desarrollado muchos métodos que les permiten ser considerados unos de los cazadores más exitosos de la naturaleza.
Por ejemplo, la araña escupidora (Scytodes globula) -también llamada ‘araña tigre’ por sus colores-, tiene una estrategia muy interesante: no teje telarañas como la gran mayoría de los arácnidos de su especie. Esta variedad mide la distancia hacia su víctima con las patas delanteras, y en el momento en que logra acercarse lo suficiente, arroja una red de telaraña que atrapa a su presa y la inmoviliza, mientras se alimenta de ella.
En cuanto a la telaraña que producen estos animales, recientemente se descubrió una especie que produce la tela mas resistente de todas: la Caerostris darwini. Esta araña genera una sólida tela, que puede extender hasta 25 metros y capturar un gran número de presas, a pesar de que los machos de la especie solo miden 6mm y las hembras pueden llegar a alcanzar hasta 18mm.
La viuda negra por su parte, es capaz de crear una telaraña especial de forma vertical, con cierta semejanza a un embudo, que utiliza como trampa para cazar a sus presas. En el momento preciso en el que algún insecto toca un hilo de esta compleja telaraña, dicha estructura se desprende de la superficie y levanta a la presa para dejarla colgada, aguardando a que la viuda negra pueda devorarla.
Los arácnidos tienen 8 ojos, por lo que cuentan con visión periférica de 360 grados; los pelos que cubren su cuerpo son sensibles a detectar cualquier cambio de presión en el ambiente, la velocidad del viento o cualquier vibración minúscula en los alrededores. También poseen unos colmillos (quelíceros) a través de los que inyectan veneno a sus víctimas y algunas especies incluso pueden modificar su apariencia para parecer hormigas o mantis.